ESPAÑA VUELVE A LLEGAR TARDE

El retraso de las restricciones aboca a tres semanas más de expansión del coronavirus

El estado de alarma de marzo y las restricciones impuestas a mediados de julio en Cataluña y Aragón no lograron aplanar y reducir la curva de contagios hasta 20 días más tarde

Foto: Terraza de un bar en Madrid. (Reuters)
Terraza de un bar en Madrid. (Reuters)
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El Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas pisaron ayer el primer pedal de freno para intentar parar la expansión de la pandemia del coronavirus en España. El cierre de discotecas y bares de copas, la prohibición 'de facto' de fumar al aire libre y el cribado con PCR en grupos específicos, junto a la recomendación de evitar reuniones de más de 10 personas, llegan tras un mes y medio en el que la curva de contagios ha ido en aumento de forma constante hasta alcanzar los 110 casos por 100.000 habitantes en las últimas dos semanas. La inercia y propagación actual del covid-19 en España hacen que los efectos de estas medidas no vayan a verse hasta dentro de tres semanas.

En un contexto pandémico como el actual, un retraso de unos días o varias semanas a la hora de adoptar medidas es crucial para frenar el aumento de los contagios. Ya sea para imponer restricciones o contratar rastreadores, el tiempo es oro para intentar adelantarse al coronavirus. Como sostienen todos los epidemiólogos y expertos, cuanto antes se tomen estas medidas, mucho mejor. "Es la historia de la pandemia en España, siempre vamos tarde. No hacemos las cosas mal, las hacemos tarde. Y yo no sé por qué, pues la información la tenemos", manifestó el matemático Alex Arenas en una entrevista reciente en El Confidencial. "Vamos tarde o muy tarde y dos semanas con este virus son una barbaridad", añadió.

Una pandemia como la del coronavirus recuerda los mecanismos físicos y de inercia de un coche. Si pisamos el freno a 50 km/h, el vehículo necesitará menos distancia para detenerse que si vamos a 120 km/h. Lo mismo pasa con el covid-19. Si las medidas o restricciones se adoptan con una baja incidencia, la curva se aplanará antes que si hay una elevada incidencia como ocurre ahora mismo en España. "No se puede esperar a que aumenten los casos para tomar decisiones como la contratación de rastreadores. Es un fallo catastrófico", opina Javier del Águila, investigador en el Centro Nacional de Epidemiología.

Los ejemplos de Cataluña y Aragón, las dos comunidades que sirven de referencia en esta segunda ola del coronavirus, adelantan lo que puede ocurrir en las próximas semanas. Pese a que los contagios empezaron a repuntar a partir de los últimos días de junio, no fue hasta mediados de julio —con incidencias por encima de los 50 casos por 100.000— cuando los gobiernos regionales restringieron el ocio nocturno, las reuniones sociales y la movilidad entre territorios. Los efectos de estas medidas no se han visto hasta tres semanas más tarde, cuando la curva de nuevos positivos se ha aplanado en Aragón y ha comenzado a descender en Cataluña.

Lugo evidencia el ejemplo contrario. El cierre de la comarca de A Mariña llegó con una incidencia de casos relativamente baja. La rápida decisión de la Xunta de Galicia, impulsada por la celebración de las elecciones gallegas, frenó la expansión del coronavirus y el repunte de contagios apenas duró dos semanas, evitando así que la segunda ola de Lugo superase a la primera, como sí ha ocurrido en Lleida, Huesca o Zaragoza.

La política, fundamental para controlar el covid

El aumento de los contagios en Cataluña y Aragón, primero, y posteriormente en Navarra, País Vasco, Madrid y Baleares ha provocado que la incidencia nacional también haya experimentado una subida paulatina y constante desde principios de julio. "Esperábamos que los casos aumentaran porque tras el confinamiento la gente volvía a la vida social y no hemos eliminado el virus, sino que lo estamos mitigando y aprendiendo a vivir con él. Pero el crecimiento de la curva me da a entender que la estrategia de control es muy mejorable", considera Del Águila.

A diferencia de marzo, cuando el crecimiento de la curva era exponencial, el aumento estival está siendo lineal y constante, "equivalente a la primera fase de la epidemia durante febrero que no pudimos detectar para nada". Dada la gravedad de la primera ola, el gobierno tuvo que tirar de freno de mano y utilizar una situación excepcional como lo fue el estado de alarma, cuyos efectos no se apreciaron en la curva de contagios hasta tres semanas más tarde, al igual que ha ocurrido ahora en verano con las restricciones de Cataluña y Aragón.

Si la receta —tomar medidas cuanto antes— y el tiempo necesario para ver los efectos —tres semanas— están claros, ¿por qué el ministerio y las comunidades autónomas no han aprobado antes estas restricciones ante el repunte de casos del último mes y medio? "Existe un problema de cortoplacismo. La dimensión política es fundamental para el control de la transmisión de la pandemia", apunta el investigador del Centro Nacional de Epidemiología. Y añade: "Si ponemos en la balanza la economía frente a la salud, vamos a perder en las dos".

Javier del Águila también pone el ejemplo de los confinamientos locales, como el de Aranda de Duero (Burgos), que tienen que ser aprobados por un juez aunque cuenten con el respaldo de las autoridades sanitarias. "El problema es que no tenemos la herramienta jurídica adecuada y al final es cada juez el que tiene que interpretar si existe o no una emergencia sanitaria", subraya el epidemiólogo. Ayer mismo, el gobierno vasco anunció la declaración de emergencia sanitaria a partir de este lunes para que sea el propio ejecutivo autonómico, y no los jueces, el que tenga la facultad de decretar confinamientos locales. Ahora falta por ver si otras comunidades autónomas imitan al País Vasco y también declaran sus propias emergencias sanitarias.

El aumento de la incidencia del covid-19 durante el último mes y medio ha provocado que las autoridades sanitarias tengan que pisar el primer pedal de freno —el de las restricciones del ocio nocturno y las reuniones sociales—, aunque la peor situación del País Vasco ya le ha obligado a usar el segundo sistema de detención, el de la emergencia sanitaria para restringir la movilidad. Dentro de tres semanas se verá si estas medidas han logrado detener la expansión de la pandemia. Si estos pedales autonómicos no fueran suficientes, quedaría un último recurso en manos del Gobierno central: el freno de mano del estado de alarma.

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