¿Cómo de cerca estamos de un rebrote?

Hasta que aparezca la ansiada vacuna o alcancemos la inmunidad de grupo, los rebrotes de covid-19 son inevitables. Así está la situación en cada provincia española

Texto y datos:

A. Villarreal

J. Escudero

Diseño y desarrollo:

I. De Pablo

L. Martín

C. Muñoz

L. Rodríguez

P. Narváez

Texto y datos:

Antonio Villarreal

Jesús Escudero

Diseño y desarrollo:

Irene De Pablo

Laura Martín

Carlos Muñoz

Luis Rodríguez

Pablo Narváez

Datos actualizados a 6 de agosto de 2020*

I

gual que una gota de agua es capaz de encontrar el menor resquicio en una cañería para provocar una fuga, el coronavirus aprovecha cualquier posibilidad para seguir expandiéndose. No importa que casi todos usemos mascarillas, nos lavemos las manos o mantengamos una distancia de seguridad adecuada. En cuanto alguien deje de hacerlo, el virus se filtrará entre nuestras defensas.

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Es lo que el epidemiólogo Michael Osterholm define como ‘gravedad viral’. Igual que los objetos caen al suelo si nada se cruza en su camino, el SARS-CoV-2 va a seguir infectando a personas en cuanto aparezca la menor posibilidad.

Por tanto —como ya hemos aprendido a un gran coste, humano y material— los rebrotes son inevitables, como se puede observar en el siguiente gráfico, que mantendremos periódicamente actualizado, cada provincia está ahora siguiendo su propia curva epidémica.

Esta situación se prolongará hasta que aparezca esa ansiada vacuna o alcancemos una inmunidad de grupo suficiente, que los expertos sitúan entre el 40% y el 70% de la población, muy lejos de ese 5% estimado por el estudio nacional de seroprevalencia.

Pocas semanas después de aparecer por primera vez en España, alrededor del 12 de marzo, el virus ya había logrado transmitirse comunitariamente en todas las provincias españolas. Ceuta y Melilla caerían pocos días más tarde.

El rebrote no es el problema

La gran mayoría tocó techo en el número de casos notificados y fallecimientos diarios a finales de marzo o principios de abril. Sin embargo, ahora contemplamos cómo regiones que entonces lograron detener la hemorragia de contagios se ven ahora en problemas.

Desde finales de junio han sido la comarca del Segrià en Lleida, cuatro comarcas en Huesca, Ordizia en el País Vasco o A Mariña en Lugo, pero la impresión generalizada es que el sorteo de esta macabra lotería puede caer en cualquier parte.

Huesca y Lleida representan las dos caras de esta historia. Ambas están sufriendo nuevos brotes de covid-19 derivados de un sector muy vulnerable de población: temporeros inmigrantes que por sus características viven en dormitorios comunes y sobre los que es muy complicado establecer medidas de aislamiento o rastreo de contactos estrechos, las dos herramientas imprescindibles para cortocircuitar el brote epidémico.

En Huesca, la incidencia acumulada durante la última semana (promedio de casos diarios notificados en los últimos siete días por cada 100.000 habitantes) el pasado 21 de junio llegó hasta 81,57. Durante toda la pandemia, solo un día se registró en la provincia una cifra mayor, fue el 29 de marzo, cuando la IA alcanzó 92,45 y los días anterior y posterior superó los 75 puntos de incidencia.

Lleida, por su parte, arrancó el mes de junio con una IA sobre 25 —no desdeñable, de hecho retrasó su acceso a la Fase 2, pero controlable— que hacia finales de mes y una vez concluido el estado de alarma se disparó coincidiendo con el brote oscense, en cuyo límite autonómico lindan muchas de las fincas agrícolas implicadas.

Al principio parecía que la situación se precipitaba más del lado aragonés (el 21 de junio Lleida tenía una IA de 50 frente a los más de 80 de Huesca) pero pronto salió a relucir que la provincia de Huesca tenía algo más de preparación para hacer frente al rebrote. Concretamente, capacidad de hacer test PCR en atención primaria y de rastrear a los posibles contactos estrechos de los casos positivos.

Esto, unido a una actuación muy rápida a la hora de devolver a cuatro comarcas a Fase 2 (solo dos días después de tocar techo), propició un mejor control del brote epidémico. En Lleida, sin embargo, se discute en estos momentos sobre el confinamiento.

Que haya rebrotes activos es inevitable, el problema es que crezcan hasta desbordar el sistema de rastreo

En la provincia catalana se alcanzó el 2 de julio una incidencia acumulada en los últimos siete días de 225,89 casos, prácticamente el doble que la cifra más alta registrada durante el confinamiento: el 23 y 24 de marzo fue de 115.

No se guíen solo por titulares como “hay 120 rebrotes activos”, estos son inevitables en un contexto de mayor movilidad como el actual. El único problema es que estos brotes crezcan hasta ese punto en el que atención primaria no es capaz de hacer test PCR a todo posible contagiado o donde los rastreadores de contactos —en muchas provincias, escasos— no dan abasto para identificar a todos los sospechosos.

Ahí está la línea roja, y solo se tarda un parpadeo en cruzarla. A finales de junio estábamos promediando 360 nuevos casos al día y para mediados de julio la IA ya había subido casi a 600 diarios.

Rebrotes por el mundo

El caso de España no es inédito, simplemente estamos siguiendo los pasos del resto de países de Europa occidental. En Italia, Alemania, Bélgica, Países Bajos o Francia se da la misma tendencia: tras un mes de mayo en el que los casos cayeron considerablemente —como consecuencia del confinamiento estricto— en junio y julio la curva se mantiene plana: no han vuelto a subir como entonces, pero el SARS-CoV-2 tampoco está desapareciendo.

A esto se unen las malas noticias que llegan desde otras partes del mundo. En Estados Unidos no se ha llegado aún al clímax y a mediados de julio están registrando alrededor de 60.000 nuevos casos diarios cuando dos semanas antes sobrepasaban por poco los 40.000.

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No hay que olvidar tampoco que actualmente es el invierno austral y los países del hemisferio sur están sufriendo las consecuencias: Australia, que hace un par de meses se contaba como uno de los casos de éxito contra el covid-19, ha multiplicado por cuatro su incidencia. El sur del continente africano, de Sudáfrica a Lesoto, Zimbabue, Angola, Namibia o Madagascar, está en las mismas. Y en América del Sur, salvo las honrosas excepciones de Paraguay y Chile, todos los países están viendo sus cifras de contagios crecer.

En todos estos casos no sería preciso hablar de rebrotes, porque en el Sur, por desgracia, la primera ola está aún en su apogeo.

* Para este especial utilizamos los datos provinciales que publica oficialmente el Instituto de Salud Carlos III. Para medir los nuevos contagios, estos datos señalan la fecha de inicio de síntomas y no de notificación. Siempre que se actualicen los datos oficiales lo harán los nuestros, pero dado que la fecha de inicio de síntomas suele ser anterior a la de notificación en unos cinco días este desfase temporal se verá reflejado también en algunos de los gráficos del especial.