giro copernicano de marlaska en un año

Moncloa instala un 'cordón sanitario de silencio' en torno a Iglesias y el 'caso Dina'

El ministro del Interior, que en marzo de 2019 exigía "responsabilidades políticas" por el uso "abyecto" de la 'policía patriótica', pide ahora callar y dejar actuar a los jueces

Foto: Sánchez mira para otro lado mientras Iglesias avanza hacia su escaño en la pasada sesión de Control. (EFE)
Sánchez mira para otro lado mientras Iglesias avanza hacia su escaño en la pasada sesión de Control. (EFE)

El ministro de Interior se ha sumado ahora al cordón sanitario de silencio que se está formando dentro del Gobierno en torno a Pablo Iglesias y su suerte judicial con el robo del móvil a la que fuera su asistente, Dina Bousselham. Fernando Grande-Marlaska, tan locuaz hace poco más de un año cuando calificaba el robo de la tarjeta como "abyecto", ahora no tiene "nada que decir" y se remite "dentro de la separación de poderes y al necesario respeto a la misma, a lo que decidan y resuelvan los tribunales competentes en la materia". El ministro se suma al argumentario establecido tras el último Consejo de Ministros, cuando la portavoz del Gobierno -al menos de buena parte del mismo- María Jesús Montero se negaba a ser "intérprete del señor Iglesias".

A Pablo Iglesias se le han empezado a esconder los defensores en el Gobierno. Grande-Marlaska, que en marzo de 2019 aseguraba que había "llegado el tiempo de exigir alguna responsabilidad política" a sus antecesores del PP en el Ministerio, y que lo exigía "independientemente de las responsabilidades penales que finalmente puedan ser declaradas finalmente", ahora se suma al silencio y ha cambiado 180 grados su percepción del 'caso Dina'. Entonces, no dudó en calificar de "una vergüenza que se hayan podido supuestamente utilizar instituciones del Estado con fines absolutamente abyectos". Ahora, tras las revelaciones de El Confidencial, Marlaska prefiere callar.

El silencio en la defensa de Iglesias por el robo y destrucción de la tarjeta de su asistente, así como las filtraciones de los fiscales anticorrupción a la abogada de Podemos relacionada con el fiscal Stampa, se ha instalado en la parte socialista del Gobierno "a la espera de acontecimientos". El argumentario lo dejó claro el pasado viernes la portavoz Montero cuando se le preguntó por el caso y los recursos de Iglesias: "Alguna vez he dicho desde esta mesa que no puedo ser intérprete del señor Iglesias. El Gobierno no habla sobre cuestiones que están en curso en una investigación judicial, con las actuaciones que la Fiscalía considere que tengan que haber lugar",

Donde antes se veían persecuciones "abyectas", "policías patrióticas" y "cloacas del Estado" ahora hay una orden de "no hacer valoraciones de asuntos que están en investigación judicial"

Ni un miembro del Gobierno socialista ha dado la cara por su compañero de Consejo. Donde antes se veían persecuciones "abyectas", "policías patrióticas" y "cloacas del Estado" ahora hay una orden de "no hacer valoraciones de asuntos que están en este momento en investigación judicial" y que no "le correspondan a cualquier miembro del entorno político o del propio Ejecutivo". Palabra de la portavoz.

Por mucho que se le insistió, no se movió del nuevo argumentario de Moncloa con respecto al 'caso Dina'. Ni siquiera cuando se le requirió una defensa del Ejecutivo al recurso del vicepresidente por haber sido apartado del caso como "perjudicado" sin "base jurídica" ni "base fáctica indiciaria alguna": sobre las "declaraciones personales" del vicepresidente no pensaba decir una palabra. Y así parece que seguirá el Gobierno por lo que demuestra el giro copernicano de hoy de Grande-Marlaska.

El presidente del Gobierno tampoco ha tenido ocasión de defenderle. Y Pablo Iglesias, cuya agenda de actos lleva limpia desde hace días, tiene que dar la cara solo en las preguntas de los miércoles en la sesión de Control del Congreso. Desde entonces, ni un acto programado en la agenda de su Vicepresidencia segunda. La última vez, fuera de la obligatoria respuesta de los miércoles en la Carrera de San Jerónimo, fue una webinar telemática de la ONU sobre el Ingreso Mínimo Universal el jueves 11 de junio. A falta de defensores en el Gobierno, Iglesias tiene en redes a Pablo Echenique y a Juan Carlos Monedero para señalar a los periodistas y a los medios que denuncian las filtraciones de los fiscales a Podemos.

La oposición y el silencio de Iglesias y Sánchez

El cinturón de silencio que se ha impuesto parte del Gobierno sobre el 'caso Dina' es justamente lo que la oposición va a intentar derribar. Cs va a solicitar la comparecencia de Iglesias para que explique "los tejemanejes" que le vinculan con el caso al poner en cuestión "la campaña victimista" que en su momento hizo el líder de Podemos: "A ver si resulta que las cloacas del Estado son el señor Iglesias", ha sido la afirmación de la portavoz de la formación naranja, Melissa Rodríguez, para anunciar la decisión de la dirección del partido de obligar a Iglesias a dar cuentas en el Congreso.

A falta de defensores en el Gobierno, Iglesias tiene en redes a Echenique y Monedero para señalar a los que denuncian filtraciones de la Fiscalía a Podemos

Para Ciudadanos, Iglesias deberá dar explicaciones sobre si es cierto que ha tenido una tarjeta personal del móvil de su excolaboradora Dina Bousselham, si es verdad que "la devolvió destruida" y si ha recibido trato de favor por parte de la Fiscalía, todas las informaciones que ha ido desvelando en exclusiva este medio.

Pero el PP va más allá. Los populares apuntan más alto y quieren que Pedro Sánchez explique "si sabía" el presunto "chivatazo" de la Fiscalía. Pablo Montesinos, portavoz popular, ha indicado cuál será la estrategia a seguir: "Es nuestra responsabilidad preguntar a Pedro Sánchez si sabía que presuntamente la Fiscalía había informado a Pablo Iglesias sobre este escándalo. Tiene que romper su silencio el señor Iglesias y también tiene que romper su silencio el señor Sánchez, que es quien ha situado a Pablo Iglesias en la vicepresidencia del Gobierno". De momento, el silencio y esperar es la orden dada desde Moncloa.

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