sin poder regresar a Marruecos

No habrá paso del Estrecho, pero miles de marroquíes siguen varados en España

Rabat no da señales de querer permitir que 3,2 millones de marroquíes regresen de vacaciones cruzando la península Ibérica. Mantiene sus fronteras cerradas a cal y canto

Foto: La Operación Paso del Estrecho, el año pasado. (EFE)
La Operación Paso del Estrecho, el año pasado. (EFE)
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Cuando en abril de 2001 la negociación para renovar el acuerdo de pesca entre Marruecos y la Unión Europea fracasó, dejando sin trabajo a 4.000 pescadores españoles, Mohamed VI se asustó. Temía que el presidente José María Aznar se vengase vetando la operación Paso del Estrecho (OPE). Para rogarle que no lo hiciera —no era esa su intención—, envió deprisa y corriendo a Madrid a sus ministros de Asuntos Exteriores y de Interior. Argumentaron que los hijos de Marruecos no podían ser castigados por España privándoles de ese contacto anual con su tierra.

Casi dos décadas después, es ahora el monarca el que no desea que se lleve a cabo ese gigantesco vaivén veraniego. Cada año, cruzan España en 760.000 coches unos 3,34 millones de magrebíes residentes en Francia, Bélgica, Países Bajos e Italia, para, en su mayoría, regresar de vacaciones a Marruecos, aunque cerca de un 3% (menos de 100.000 inmigrantes) también viaja a Argelia desde Alicante y Almería.

Fuente: Ministerio del Interior.
Fuente: Ministerio del Interior.

Cuando la pandemia provocada por el nuevo coronavirus empezó a remitir, el Gobierno español fijó su posición sobre la OPE. Solo se celebraría si Marruecos la solicitaba expresamente y si abría sus fronteras terrestres de Ceuta y Melilla, por donde en 2019 transitaron 444.000 inmigrantes que regresaban a su país, según indican fuentes asociadas a la preparación de esa operación.

 Fuente: Ministerio del Interior.
Fuente: Ministerio del Interior.

Hasta el pasado fin de semana, las autoridades marroquíes no habían mostrado el menor interés en que se desarrollara la OPE, ni siquiera una versión reducida en el tiempo que no se prolongase tres meses (de 15 de junio a 15 de septiembre), como sucede desde que arrancó hace 34 años.

 Fuente: Ministerio del Interior.
Fuente: Ministerio del Interior.

Para Rabat, “este asunto no es prioritario”, escribía el lunes 8 el diario 'L’Economiste' de Casablanca, pese a que la emigración marroquí deja pingues ingresos cuando vuelve a casa. “Parece que los esfuerzos del reino están concentrados en poner los medios en repatriar a los marroquíes bloqueados en el extranjero”, añadía. “Sería lógico que sea cancelada esta edición de la operación Marhaba”, concluía recordando el nombre que se da en Marruecos a la acogida en verano de los inmigrantes procedentes de Europa.

La emergencia sanitaria decretada el 20 de marzo en Marruecos para poder confinar a la población y que iba a finalizar el 10 de junio será prorrogada al menos otras dos semanas. Los vuelos internacionales siguen suspendidos y las fronteras terrestres cerradas a cal y canto, excepto para permitir, tarde y con cuenta gotas, la repatriación de ciudadanos extranjeros y de marroquíes residentes en Europa que se quedaron atrapados en el reino alauí hace ya casi tres meses. Unos 11.000 españoles han regresado efectuando, a veces, viajes esperpénticos, como el de los melillenses que debieron dar la vuelta al Mediterráneo porque no se les permitió cruzar la frontera terrestre.

Marroquíes haciendo cola el lunes ante el consulado de Marruecos en Algeciras para pedir ayudas y apuntarse para regresar a su país cuando abra las fronteras.
Marroquíes haciendo cola el lunes ante el consulado de Marruecos en Algeciras para pedir ayudas y apuntarse para regresar a su país cuando abra las fronteras.

En su reunión telemática del domingo 7 con los presidentes de las comunidades autónomas, Pedro Sánchez echó balones fuera cuando le preguntaron por la OPE. Les dijo que era un asunto “delicado y complejo” que debía ser “abordado con las debidas cautelas”. Respondió así a la intervención del presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno, que le instó a cancelar la OPE porque “no se dan las condiciones sanitarias”. Recabó el respaldo de los presidentes de Ceuta, Juan Jesús Vivas, y de Melilla, Eduardo de Castro, según fuentes conocedoras del desarrollo de aquella reunión.

En el fondo, al Gobierno español el mutismo de Marruecos le proporciona un cierto alivio. Además del riesgo sanitario que supone, la OPE es costosa. Conlleva una enorme movilización de fuerzas de seguridad, sanitarios, intérpretes y hasta técnicos en nueve puertos españoles, el primero de ellos Algeciras, para atender a unos inmigrantes que apenas dejan dinero en España. No consumen, si se exceptúa el combustible de sus coches.

Por si, al final, Rabat cambiase de opinión, y hubiese que improvisar una OPE corta, se han hecho preparativos en los puertos españoles donde se suelen acumular miles de coches —hasta 13.300 en un solo día en Algeciras— a la espera de embarcar. “Llevamos semanas trabajando, realizando protocolos de actuación con, a diferencia de otros años, criterios sanitarios”, explica una fuente del Ministerio del Interior.

Si España parece haberse librado, por ahora, de la OPE, tiene, sin embargo, otro problema pendiente con Rabat: los miles de marroquíes varados en su territorio que no pueden regresar a su país. Marruecos es el único país del mundo que, desde marzo, no permite a sus ciudadanos volver a sus casas por miedo a que propaguen el virus.

En España son, como mínimo, unos 2.500. No son inmigrantes regulares sino turistas, comerciantes, enfermos que se habían desplazado para seguir un tratamiento médico y, en el caso de Ceuta y Melilla, muchos trabajadores transfronterizos legales o en negro. A ellos se les van a añadir ahora 7.000 temporeras que a principios de año viajaron a Huelva para recoger la fresa. Sus contratos están a punto de expirar, pero Marruecos no está dispuesto a readmitirlas pese a que la Junta de Andalucía se ofreció a hacerles un test antes de que embarcaran.

Rabat organizó, entre el 15 y el 24 de mayo, varias mini repatriaciones de marroquíes —en total, menos de 500— atrapados en Ceuta y Melilla, con listas elaboradas con criterios desconocidos y sin consultarlas con las delegaciones del Gobierno en ambas ciudades. Después las suspendió sin explicar el motivo. A continuación, hizo otro tanto con una parte de los que se habían quedado varados en Argelia, pero tampoco esa operación ha tenido continuación. Y eso que el ministro de Sanidad, Khalid Aït Taleb, aseguró el 28 de mayo ante el Parlamento que gracias a “una iniciativa real” 300 serían repatriados cada semana.

A día de hoy hay aún, según la prensa marroquí, unos 38.000 súbditos de Mohamed VI bloqueados en el extranjero, de los que unos 6.000 habrían recibido algún tipo de ayuda por parte de los consulados de su país. Faltos de recursos, muchos de ellos viven de la caridad pública o privada, con frecuencia brindada por asociaciones islámicas. Firman peticiones en internet implorando a su Gobierno y a su rey que les deje regresar y se manifiestan también ante embajadas y consulados de Marruecos. En Algeciras, entraron incluso a la fuerza en el consulado.

El caso más dramático entre las víctimas del cerrojazo fronterizo ha sido hasta ahora el de Younes Zabdi, de 29 años, que se quedó atrapado en Filipinas, desde donde grabó un vídeo pidiendo ayuda porque padecía una enfermedad respiratoria y carecía de medios para adquirir la medicación. Su llamamiento sirvió de poco porque falleció el jueves pasado, suscitando un sinfín de reacciones indignadas en las redes sociales.

El blindaje fronterizo y el drástico confinamiento de la población marroquí han dado resultados. Hasta el lunes 8, solo se habían registrado 8.224 contagios y 208 muertos en un país de 35 millones de habitantes, según la estadística oficial. Si los infectados hubiesen sido más numerosos, el frágil sistema sanitario habría quedado completamente desbordado.

Mohamed VI preside una ceremonia en Palacio, con una mascarilla facial y guardando las distancias. (EFE)
Mohamed VI preside una ceremonia en Palacio, con una mascarilla facial y guardando las distancias. (EFE)

A la preocupación por evitar el colapso sanitario se añade, probablemente, la propia inquietud de Mohamed VI, que forma parte de un grupo de riesgo. Es asmático, como cuenta en su libro 'Mohamed VI, derrière les masques' ('Mohamed VI, detrás de las máscaras', París, 2014), el periodista marroquí Omar Brouksy. Sus dificultades respiratorias saltan a la vista cuando pronuncia un discurso o cuando sube unas escaleras ante las cámaras de televisión, como sucedió en la cumbre del clima de París en 2015. Además, fue operado de una arritmia cardiaca en la capital francesa en febrero de 2018. Por eso, para no correr el menor riesgo, durante estos tres meses no ha visitado ningún hospital ni se ha reunido con el personal sanitario para darle ánimo.

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