LAS CONSECUENCIAS DE LA PANDEMIA

Sánchez y Casado, aceite y agua incluso en la peor crisis: la debilidad política y el Covid

El presidente del Gobierno ni siquiera informa a sus socios ni al líder de la oposición de las medidas que anuncia y para las que ha necesitado los votos de partidos de centroderecha

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados, el miércoles. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados, el miércoles. (EFE)
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¿Cómo deben ser las relaciones entre Gobierno y oposición en tiempos de crisis y oposición? ¿Debe la oposición apartarse y solo apoyar o debe mantener las funciones de control? ¿Debe dar el Gobierno el primer paso para hacer copartícipe a la oposición de sus decisiones y más en un Estado compuesto como el español?

Utilizando un símil, mientras el artificiero aborda la desactivación de la bomba puede seguir solo o pedir ayuda a otro y este puede limitarse a respaldarle o advertirle de que el cable que corta puede no ser el correcto. O también puede optar por distraerle y confundirle.

En España no hay muchos ejemplos de gestión conjunta entre Gobierno y oposición, más allá de los intentos de coordinación con administraciones autonómicas de distinto signo, pero no con partidos de signo político contrario. Nada que ver con otros países del mundo, algunos muy polarizados políticamente, en los que no hay confrontación partidaria e incluso comparecen juntos ante los ciudadanos presidentes y líderes de la oposición. Pedro Sánchez ha optado por un modelo en el que ni siquiera informa de sus decisiones a otros partidos, no lo hace ni con los que le apoyan en el Congreso.

En estas semanas se observan en España diferentes modelos e intentos y ninguno funciona con perfección, porque no se evita casi en ningún caso la bronca política y la discusión en pleno proceso de crisis, cuando las prioridades en medio del drama son la sanitaria y luego la económica.

Y nunca queda claro si eso ocurre porque el que está en el Gobierno no pide ayuda y no comparte sus informaciones o decisiones o si, según la visión opuesta, la oposición solo busca sacar rédito y desgastar. Todo depende del ángulo de visión.

En la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, según la versión de su Gobierno, habla con los partidos de la oposición frecuentemente desde que se inició la crisis.
Les avisó antes de anunciar las medidas que se van tomando, especialmente, la que supuso cerrar los colegios de Madrid; y los portavoces, a su vez, le escriben y llaman frecuentemente durante estas semanas.

Martínez Almeida, alcalde de Madrid, mantiene reuniones telemáticas con los grupos municipales aproximadamente cada 48 horas

Además, ha mantenido con ellos una reunión telemática el pasado miércoles y les ha vuelto a convocar para el próximo.

El Gobierno autonómico explica también que los consejeros afectados han creado chats con los portavoces de cada una de las materias de los partidos para compartir información y para recibir sugerencias. También realizan videoconferencias periódicas.

Algo parecido hace el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida que, según su equipo, mantiene reuniones telemáticas con los grupos municipales aproximadamente cada 48 horas.

Además, mantiene contacto telefónico cotidiano con los portavoces y con José Manuel Franco, delegado del Gobierno en Madrid.

¿Cómo es su oposición?

El equipo del socialista Ángel Gabilondo explica también que hay contacto permanente de los portavoces de área del PSOE con los diferentes consejeros y del propio líder autonómico con la presidenta Ayuso.

Desde que empezó la crisis no hay control parlamentario al Gobierno autonómico y, de hecho, la Asamblea de Madrid está cerrada hasta 12 de abril, según decidió la Mesa de la Asamblea.

"No creo en la confrontación. Sí en el debate de ideas. Sentémonos y usemos los cauces de colaboración que existen para salir juntos de esta complicada situación", aseguró Gabilondo el día 26 en la Cadena Ser.

Y le siguieron otros tuits en los que el socialista asegura, por ejemplo: "Estamos expresando a las consejerías y a la Presidencia de la CM las cosas que creemos pueden aportar alguna posibilidad de mejorar. En estos momentos hay que trabajar conjuntamente. Ese es, a nuestro entender, el modo responsable de hacer las cosas".

"Combatir la falta de personal y de material es prioritario. Todos los esfuerzos para lograrlo y para reorganizarse merecen reconocimiento. Coordinadamente y con colaboración. No nos distraigamos con reproches".

O: "Es momento de la unión y de evitar confrontación. Y de trabajar con fuerzas, con razones, encontrando ese aliento en saber que estamos haciendo lo que nos corresponde hacer".

Todo ello, no ha evitado la confrontación política en Madrid, epicentro de la pandemia en España. Primero, por la batalla abierta entre Ayuso y el Gobierno central por la ausencia de material y, segundo, por las acusaciones al PP de Madrid sobre los recortes en la sanidad pública.

Y como explican desde el PP de la Comunidad de Madrid, "una cosa es la actuación de los líderes y otra la de los segundos y terceros escalones, especialmente, a través de las redes sociales".

Por ejemplo, este sábado la secretaría de Igualdad del PSOE de Madrid colgó un tuit así de duro y ajeno al discurso de Gabilondo: "En Madrid han muerto 1150 mayores. ¿Cómo hemos llegado a esto? #AyusoPPCulpables". Al poco rato lo borraron.

Pese a todo, en la mayoría de las comunidades autónomas hay paz entre gobiernos y oposición. Porque unos buscan colaboración e implicación y los otros evitan utilizar políticamente la tragedia.

El Gobierno de Pedro Sánchez ha optado por no hacer copartícipe a la oposición de lo que puede ser la crisis más grave de la democracia. Pablo Casado aseguró en el Congreso el miércoles que en estos días solo ha hablado dos veces con el presidente del Gobierno. Buscar ese apoyo hubiera fortalecido la respuesta y hubiera debilitado la pugna política. Ni siquiera el presidente informó este sábado al líder del PP del aumento de las restricciones, según fuentes populares, lo que incrementa su malestar con la Moncloa. Y, por supuesto, no le informa de la marcha de la pandemia.

Sánchez ni siquiera consulta las medidas con sus socios de investidura, como PNV y ERC, y lo curioso es que actúa así a pesar de que necesita imperiosamente el apoyo de otros partidos. Puede aprobar las medidas por decreto, pero necesita convalidarlas antes de 30 días en el Congreso por una mayoría que no tiene solo con el PSOE y Unidas Podemos. Así, este sábado, poco después de que Sánchez acabara su rueda de prensa, el PNV hizo público un comunicado en el que señala que "desde EAJ-PNV queremos trasladar nuestra sorpresa por la forma en que el Gobierno español ha tomado y ha comunicado la medida de paralizar todas las 'actividades no esenciales', sin especificar cuáles son estas y sin detallar los criterios de los expertos en que se basa". Es decir, no llamó ni a su socio más fiel, que añadió: "No ocultamos nuestra preocupación por la excesiva unilateralidad y la falta de respeto y comunicación del Gobierno español con instituciones, agentes y partidos que estamos actuando con total lealtad, una actitud que no vemos correspondida".

 El portavoz de ERC, Gabriel Rufián. (EFE)
El portavoz de ERC, Gabriel Rufián. (EFE)

Y más curioso aún es que las medidas y el propio decreto de alarma se convalidaron con los votos de PP, Ciudadanos y Vox, es decir, los más críticos a su gestión, que han conocido todas esas medidas por el BOE. Y que al leerlas, cuando ya están en vigor, encuentran minas en forma de disposiciones ajenas a la pandemia coladas con disimulo, como la de Pablo Iglesias y la comisión del CNI. Si no fuera por esa voluntad real de apoyo, a pesar de las críticas, la oposición de centroderecha podría haber forzado derrotas parlamentarias del Gobierno oponiéndose a esas medidas.

Por ejemplo, de cara al futuro, si se mantiene esa posición, el centroderecha tendrá que votar a favor de la prohibición temporal de los despidos cuando en unas semanas se lleve a convalidación en el Congreso. O votar en contra, como harían si antepusieran su posición ideológica y sus estrategias.

Solo mantiene Sánchez una relación diferenciada con Inés Arrimadas, líder de Ciudadanos, con la que intercambia habitualmente mensajes, según fuentes de este partido.Y aún así, ayer escribió en Twitter: "Muchos españoles ven necesario reforzar las medidas para garantizar el distanciamiento social, pero el Gobierno no puede generar más incertidumbre. Sánchez debe ser claro sobre sus decisiones y dar garantías y tranquilidad a trabajadores, autónomos y empresas. Hoy no lo ha hecho".

Sí hay contacto permanente y cruzado de los líderes sindicales con diferentes ministros y con el propio presidente del Gobierno y este sábado fueron informados previamente de las nuevas medidas del estado de alarma.

El jefe del Gobierno ha mantenido tres reuniones telemáticas con todos los presidentes autonómicos. Y para las medidas que lo precisan, hay reuniones virtuales de algunos ministros con consejeros autonómicos. Pero ni siquiera eso ha evitado la confrontación política entre administraciones, como lo muestran los ejemplos de Ayuso y de Joaquim Torra, presidente de la Generalitat.

Todo ello sirve para mostrar la debilidad política e institucional de España en el pero momento de la historia reciente.

Respecto a la oposición de Casado, lo esencial por todo ello es que termina votando con el Gobierno y evitando lo que sería una derrota de Sánchez y un desastre institucional.

Fuentes del PP, partido que lidera la oposición, muestran su malestar por la falta de información de Sánchez y sus ministros y sostienen que la situación de alarma no solo no anula la labor de control al Gobierno, sino que la hace más necesaria porque hay un Ejecutivo con poderes extraordinarios que necesita ser fiscalizado. La propia Constitución y la ley orgánica así lo exigen.

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Por eso, piden que se cree una comisión de seguimiento con comparecencias de ministros y del propio presidente que sirva para escuchar al Gobierno y para que la oposición aporte propuestas. "Al Ejecutivo le vendría bien la experiencia que el PP puede aportar en ese órgano", dijo el propio Casado el viernes sobre esa comisión.

El Gobierno lo rechaza y solo acepta que el ministro de Sanidad, Salvador Illa, comparezca cada semana en la comisión correspondiente. Pero no contestará por ahora siquiera a las 300 iniciativas presentadas por el PP en el Congreso con preguntas escritas al Ejecutivo y peticiones de comparecencia.

Además, Casado y su equipo mantienen presión permanente y pública sobre el Gobierno, con duras declaraciones que vinculan las decisiones o dudas del Gobierno con las cifras de fallecidos y contagiados. Casado ha hablado estos días de "negligencia dolosa" del Gobierno.

"En el peor día del Covid-19 con 769 muertos, apoyamos a casi 5.000 familias que no pueden despedir a sus fallecidos. Hacen gran esfuerzo de contención pública pero piden eficacia para comprar material de intervención y detección del virus. Cada retraso, mentira o error cuesta vidas", y "esto es imperdonable, porque cada hora de retraso, son enfermos sin respiradores y médicos expuestos al contagio", ha escrito estos días el líder del PP en Twitter.

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