SIN AVANCE DOS MESES DESPUÉS DE LAS GENERALES

El marianismo de Sánchez alinea a Podemos y Ciudadanos: "No nos puede tratar así"

El PSOE deja que Iglesias y Rivera sufran la presión sin ofertas de calado para conseguir su apoyo

Foto: El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez (d), se reúne con el líder de Podemos, Pablo Iglesias. (EFE)
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez (d), se reúne con el líder de Podemos, Pablo Iglesias. (EFE)

Dos meses después de las elecciones generales, España no tiene Gobierno, las negociaciones apenas avanzan y la presión ambiental crece sobre Unidas Podemos para que apoye la investidura de Pedro Sánchez sin entrar en el Ejecutivo y/o para que Ciudadanos se abstenga por el bien del país. La situación ha tejido un extraño alineamiento sin precedentes. Podemos y Ciudadanos coinciden en los pasillos del Congreso en quitarse la responsabilidad y apuntar a Sánchez. "No puede ningunear así a Podemos, que tiene 42 diputados imprescindibles", comenta un diputado de Ciudadanos. Otro de Unidas Podemos ofrece una imagen especular: "Si quiere que Ciudadanos se abstenga les tiene que ofrecer algo, pero no está haciendo nada, solo esperar en Moncloa a que nos vayamos cociendo los demás". La política española, en un remolino desde las elecciones de 2015, no había ofrecido aún esa alineación de astros: los de Pablo Iglesias coincidiendo con los Albert Rivera.

Es un lugar común estos días recordar 2016. Entonces, y tras un desgarro interno brutal, el PSOE se abstuvo para hacer presidente a Mariano Rajoy. Los socialistas reclaman ahora que Ciudadanos haga lo mismo. Aunque la petición ha recibido una rotunda negativa, sí ha logrado un objetivo: el partido naranja empieza a cocerse a fuego lento entre el Ibex y las disensiones internas. El lunes, con la dimisión de Toni Roldán aún retumbando, cuatro miembros de la ejecutiva de Ciudadanos apoyaron que el partido negociase con Sánchez. Hay quien lo consideró prematuro, que queda mucho partido para la investidura.

Rivera ocultó a su ejecutiva que había rechazado la invitación de Sánchez para reunirse en Moncloa

En Ciudadanos señalan que, al contrario que lo que le pasaba a Rajoy en 2016, Sánchez sí tiene la investidura en su mano. Tendría que pactar con Unidas Podemos, sumar al PNV y lograr (o esperar) la abstención de ERC o Bildu. No es nada descabellado, es el conjunto con el que buscó sacar los Presupuestos hace unos meses. El partido de Albert Rivera argumenta además que abstenerse ahora para que salga Sánchez equivale en la práctica a apoyar los Presupuestos que pactaron PSOE y Unidas Podemos y que incluyen 5.654 millones de euros en subidas de impuestos. Algo incompatible con su ideario. Además, si dejó algo claro en campaña es que no apoyaría a Sánchez, y nada se ha movido.

El marianismo de Sánchez alinea a Podemos y Ciudadanos: "No nos puede tratar así"

El 'no es no' a Sánchez tiene más apoyos internos que la estrategia seguida en comunidades y ayuntamientos, y que replicaba mayoritariamente ese veto al PSOE. Allí Ciudadanos ha rebajado el precio de sus votos al negarse siquiera a sentarse con los socialistas en lugares como Castilla y León o Murcia, donde podía argumentar que la regeneración era clave. En el partido hay quien considera que antes tenían un discurso claro, de apoyar la lista más votada, y que ahora ha dado una impresión errática, de ir a por sillones y de jugarlo mal frente al PP. Según esto, la reclamación de Luis Garicano de que se votara en la ejecutiva una negociación con Sánchez estaba mal tirada: el problema no está tanto en Moncloa sino en el plan para comunidades y alcaldías. En esa reunión hubo críticas a la estrategia de pactos en comunidades y ayuntamientos, pero un apoyo mayoritario al no a Sánchez.

Reunión del comité ejecutivo de Ciudadanos. (EFE)
Reunión del comité ejecutivo de Ciudadanos. (EFE)

Rivera sigue manejando el partido con mano de hierro, con un núcleo de fieles cada vez más reducido. Durante la tensa ejecutiva, mientras el partido debatía a cara de perro sobre la estrategia de pactos, omitió que Sánchez le había solicitado siete días antes una reunión discreta en Moncloa. "Rechazó dicho encuentro ya que le ha dicho en dos ocasiones y en persona, y otra en la reunión con el jefe del Estado, que los electores han querido que Ciudadanos haga una oposición seria, firme y constructiva y que la dirección de Ciudadanos ha respaldado no apoyar la investidura, ni por activa ni por pasiva, del señor Sánchez", justifica el partido.

La enemistad de Rivera con Sánchez es manifiesta. La tesis y otros episodios personales han enturbiado y dejado muy lejos el pacto del abrazo, el acuerdo que rubricaron en 2016 y que frustró la negativa de Podemos a abstenerse. Ciudadanos está enrocado en e no y es difícil que lo reconsidere. Moncloa quiere mantener abiertas las opciones a derecha e izquierda y oficialmente no cierra la puerta a un pacto con Ciudadanos, pero esa oferta, que daría 180 diputados, cuatro por encima de la mayoría absoluta, no ha existido. Al menos en público. El riesgo es grande si no cuaja porque traicionaría el 'con Rivera, no' de la noche electoral ante Ferraz.

Sin Ciudadanos, el otro camino, el obvio, el previsible, es el de Unidas Podemos. Pero el PSOE también espera que salga barato. El Ejecutivo ha ofrecido "un Gobierno de cooperación" en el que Podemos tendría "cooperación en ámbitos gubernamentales", que no ministeriales. La factoría de Moncloa crea géneros nuevos que permiten ir cociendo a Podemos a la par que a Ciudadanos. "Nos tiene que ofrecer una salida, que tenemos 42 diputados, no es un apoyo menor. No nos puede ningunear así", resume un diputado del grupo de Pablo Iglesias.

Si a Ciudadanos la presión le llega del Ibex —no hay encuentro casual en un restaurante o fiesta en Madrid en el que los directivos de las empresas no pidan a los de Ciudadanos que se abstengan—, la palanca sobre Unidas Podemos es la amenaza de repetición electoral. Las encuestas dan que en unos nuevos comicios subiría el PSOE a costa de Unidas Podemos. La última, de GAD3 para 'ABC', daba 130 escaños al PSOE y 34 a Unidas Podemos, lo que dejaría la suma en 164 diputados, uno menos que lo que tienen ahora. Según eso, Podemos tendría mucho que perder en términos de poder y de subvenciones. Los socialistas tienen menos prisa y creen que la formación de Gobierno en Navarra es prioritaria porque muestra la vía a seguir (si la previsible, de Podemos con la abstención de Bildu y ERC, o un pacto al centro).

Pasan las semanas y el Congreso sigue sin constituirse. La Cámata lleva al ralentí desde principios de marzo en una situación que podría durar en la práctica hasta septiembre. De consumarse, sumaría seis meses sin iniciativas legislativas y sin control sobre el Gobierno. Lo habitual era esperar a que se formara el Gobierno para que el reparto de las comisiones fuese similar a los ministerios y que el control al Ejecutivo estuviese organizado de forma que cada comisión fiscalizase a un ministerio. Según eso, si no hay Gobierno, el Congreso espera y a eso se atiene Meritxell Batet, que el martes seguía sin fijar fecha para la investidura.

Pero no siempre ha sido así. A principios de febrero de 2016, con el socialista Patxi López de presidente del Congreso, la Cámara formó las comisiones para poder controlar al Gobierno en funciones, ya que Rajoy no se movía para la investidura. Hoy, los socialistas dan largas y solo en privado han concedido que lo abordarán la segunda quincena de julio si para entonces no hay investidura. Sánchez irá a la investidura en julio aunque no tenga amarrados los apoyos. No tiene prisa. La oposición sigue haciendo chup chup en la olla.

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