LA INCINERACIÓN, ÍNTIMA, EN TRES CANTOS

Lágrimas y aplausos cierran el adiós a Rubalcaba, el último hombre de Estado

El féretro abandona el Congreso ovacionado por un millar de personas. Cientos de personas, autoridades y dirigentes han desfilado de manera incesante por la capilla ardiente en estos dos días

Foto: Pedro Sánchez, Ana Pastor y Pilar Goya encabezan la comitiva de despedida de Alfredo Pérez Rubalcaba, este 11 de mayo en el Congreso. (EFE)
Pedro Sánchez, Ana Pastor y Pilar Goya encabezan la comitiva de despedida de Alfredo Pérez Rubalcaba, este 11 de mayo en el Congreso. (EFE)

Un aplauso eterno. Una ovación sostenida para despedir definitivamente a Alfredo Pérez Rubalcaba. Su féretro salía hacia las dos de la tarde por la puerta noble del Congreso, la de los Leones, portado por una docena de policías y guardias civiles, sucedidos por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la de la Cámara Baja, Ana Pastor, y también la viuda, la mujer que ha acompañado discretamente al histórico dirigente socialista en los últimos 40 años, Pilar Goya.

Un millar de personas aguardaba la salida del ataúd en la plaza de las Cortes. Un aplauso sin fin. Era el último adiós al hombre que ha marcado la política española en las últimas tres décadas antes de su viaje final, un "hombre de Estado" de los pies a la cabeza, como le reconocen todos. "Viva España", "Mucho ánimo", gritaba el público cuando el cuerpo de Rubalcaba era introducido en el coche fúnebre. También "Mucho ánimo, Pedro", "Mucho ánimo, Pilar". La emoción, que no ha dejado de estar presente en esta impactante capilla ardiente para quien no había alcanzado la gloria de la Presidencia del Gobierno pero lo había sido todo en política, se volvía a desbordar. La comitiva emprendía, entre palmas y lágrimas, camino hacia el tanatorio de Tres Cantos, el lugar donde se le incineró, en la intimidad, a las cinco de la tarde.

Se cerraba una capilla ardiente multitudinaria, que probablemente él jamás habría esperado, como aseguraban algunos de sus compañeros de partido. "Tú no te das cuenta de que la gente te quiere", le decía Elena Valenciano, la que fuera su vicesecretaria general y quien ha sido su escudera más fiel, cuando al exvicepresidente del Gobierno le entraban dudas. Esa gente de la calle es la que ha inundado estos dos días el Salón de Pasos Perdidos del Congreso. Ciudadanos de a pie que querían despedirse de él, que portaban rosas rojas en las manos, que se inclinaban ante su féretro o que sacaban el puño en alto.

Gritos de "Viva España" y de "Mucho ánimo, Pedro" y "Mucho ánimo, Pilar" se escuchaban en la plaza de las Cortes a la salida del féretro de Rubalcaba


Respeto. Se palpaba un infinito respeto para un personaje fundamental. Un respeto que solo se rompió, muy al final, cuando un individuo lanzó unos papeles al aire y chilló que no se marcharía hasta hablar con el jefe del Ejecutivo, la ministra de Defensa o el director del CNI. Enseguida cundió el estupor. Sánchez se levantó. "Yo soy el presidente del Gobierno. Acompáñeme", le respondió. El líder del PSOE salió con el hombre de Pasos Perdidos hasta una sala anexa del palacio de la carrera de San Jerónimo, acompañado de su ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y de la vicesecretaria general del partido, Adriana Lastra, además de por Ana Pastor. La situación se recondujo rápidamente y todo quedó en un mero incidente [aquí el momento].

El agradecimiento por el proceso de abdicación

La procesión de personalidades continuó en la segunda jornada de duelo. Ayer se habían acercado los reyes Felipe y Letizia. Y este sábado se desplazaron hasta la Cámara Baja don Juan Carlos y doña Sofía y también su hija mayor, la infanta Elena. Y también viajó desde el país vecino el primer ministro portugués, el socialista António Costa, amigo y referente de Sánchez.

"Lo echo de menos ya y estoy seguro de que lo voy a echar de menos y voy a echar de menos esta conversación interrumpida", señala González

Los padres del actual monarca saludaron cariñosos a Pilar Goya, a los hermanos de Rubalcaba, a su gran amigo Jaime Lissavetzky. El Rey emérito quiso posar su mano sobre el féretro, en señal de despedida y de duelo. Él es consciente de la contribución fundamental del exministro del Interior a la monarquía, en los momentos más complicados de su reinado y sobre todo en la preparación de su marcha, en 2014. Rubalcaba dirigía el PSOE, pero la debacle de las europeas le hizo anunciar su retirada. Tuvo que hacerla en diferido, para impedir un vacío en el poder en el partido y asegurar que la abdicación en don Felipe se hacía sin sobresaltos. No los hubo. Los ojos llorosos de don Juan Carlos resumían esa sensación de agradecimiento a un socialista que había convivido con él durante décadas.

Lágrimas y aplausos cierran el adiós a Rubalcaba, el último hombre de Estado

El abatimiento era perceptible en otros muchos compañeros de partido, colaboradores, hasta ciudadanos normales y corrientes. La congoja dominaba incluso al gran santón del PSOE, Felipe González, que junto a su mujer, Mar García Vaquero, se cruzó con los Reyes eméritos. El expresidente tampoco podía contener la emoción ni los elogios hacia una persona que, desde un cargo u otro, estuvo en todos sus Gobiernos.

Costa: "En portugués una palabra expresa el sentimiento cuando alguien nos deja, saudade, y lo que siento ahora por Alfredo es una gran saudade"

"Lo echo de menos ya y estoy seguro de que lo voy a echar de menos y voy a echar de menos esta conversación interrumpida", señaló a los periodistas tras visitar la capilla ardiente. Recordaba que él tenía 35 años y Rubalcaba 25 cuando se conocieron y, desde entonces, como diría el escritor colombiano y premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, mantuvieron una "conversación que la muerte ha roto bruscamente". "Era el político con más capacidad e inteligencia de la política española", que era capaz de trabajar de corrido, decía, de 16 a 17 horas diarias.

Lágrimas y aplausos cierran el adiós a Rubalcaba, el último hombre de Estado

"En portugués tenemos una palabra que expresa el sentimiento cuando alguien nos deja, saudade, y lo que siento ahora por Alfredo es una gran saudade", apuntó António Costa a los medios. El primer ministro luso agradeció a Rubalcaba su trabajo durante toda su larga vida política, especialmente como titular de Interior. Sentía "admiración" por una persona que "ha servido a España y a los españoles, y a los valores de la libertad y la solidaridad". El socialista rememoraba que coincidió con él cuando era responsable de Interior, y desde entonces guardaba un profundo respeto por el dirigente español, por su "inteligencia, y por su coraje y fuerza" contra el terrorismo y a favor de la libertad.

González, Zapatero y Guerra

A los Reyes eméritos y su hija mayor, a González y Costa se unió otra lista interminable de autoridades y dirigentes socialistas de todas las épocas y generaciones. Este sábado, más que ayer, Pasos Perdidos se llenó de cuadros y cargos de la primera etapa en el poder. Exministros con González como Narcís Serra, Juan Manuel Eguiagaray, José Barrionuevo, José Luis Corcuera, Pedro Solbes, Rosa Conde, Matilde Fernández, Luis Atienza o Ángeles Amador. Y, por supuesto, otro histórico, Alfonso Guerra, su primer vicepresidente y el hombre de hierro durante años en el PSOE. También regresaron al Congreso, por segundo día consecutivo, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y el que fuera su poderoso número dos, José Blanco, o la baronesa andaluza, Susana Díaz.

Acudieron dirigentes socialistas de todas las generaciones, también excargos del PP y responsables de otros partidos

La nómina se iba haciendo más grande: exministros del PP como Juan Ignacio Zoido o Federico Trillo; todos los presidentes autonómicos socialistas —Javier Lambán (Aragón), Emiliano García-Page (Castilla-La Mancha), Francina Armengol (Baleares), Ximo Puig (Valencia) y Guillermo Fernández Vara (Extremadura), más su amigo Javier Fernández (Asturias), que se acercó al Congreso ayer viernes—; barones del partido como José Manuel Franco (Madrid), Idoia Mendia (Euskadi), María Chivite (Navarra), Gonzalo Caballero (Galicia), Adrián Barbón (Asturias), Pablo Zuloaga (Cantabria), Diego Conesa (Murcia) o el líder del PSC, Miquel Iceta; exministros de Zapatero como Ramón Jáuregui, Juan Fernando López Aguilar, Magdalena Álvarez, Rosa Aguilar, Elena Salgado, Leire Pajín o Ángeles González-Sinde; los alcaldes de Valladolid y Soria, Óscar Puente y Carlos Martínez; el defensor del pueblo en funciones, Paco Fernández Marugán; un desolado expresidente andaluz Manuel Chaves; el exbarón extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra; el director de Gabinete de los dos expresidentes socialistas, José Enrique Serrano...

Lágrimas y aplausos cierran el adiós a Rubalcaba, el último hombre de Estado

Y, cómo no, allí estaban sus amigos y compañeros del partido de Euskadi y Cantabria, con quienes tejió fuertes lazos a lo largo de los años. Desde el exlendakari Patxi López y su lugarteniente Rodolfo Ares hasta el que fuera hombre clave en las negociaciones con ETA, Jesús Eguiguren, o la vicepresidenta del Gobierno cántabro, Eva Díaz Tezanos, y la jefa del Parlamento regional, Lola Gorostiaga.

Lágrimas y aplausos cierran el adiós a Rubalcaba, el último hombre de Estado

A todos ellos había que sumar dirigentes de otros partidos como los presidentes de Ciudadanos y del PDeCAT, Albert Rivera y David Bonvehí; la portavoz de Unidas Podemos, Irene Montero; la excoordinadora de los neoconvergentes, Marta Pascal, o los cantantes Ana Belén y Víctor Manuel. Se podían añadir nombres y nombres. Y todos ellos pesaban más que las ausencias, desde la atronadora falta del expresidente José María Aznar (sí estuvo Mariano Rajoy, pero ayer) a la anunciada y orgullosa espantada de la ultraderecha de Vox o el más discreto vacío dejado por ERC.

Rubalcaba unió en un mismo espacio a socialistas que rivalizaron en batallas pasadas. A Díaz con Sánchez, por descontado. Pero también a González y Guerra, e incluso González y Zapatero. Y al propio Sánchez con el fallecido, después de que la interlocución entre ambos no llegara a recomponerse tras las primarias de 2017. También sorprendieron los primeros gestos de afecto entre el presidente en funciones y Albert Rivera, tras dos años de enconamiento de sus relaciones.

El exvicepresidente aparcó viejos odios y rencillas y reconcilió al actual PSOE con su pasado más inmediato. En Ferraz la cúpula abrió un libro de condolencias —en el que este domingo firmará Sánchez, quien no volverá a la campaña hasta el lunes— e instaló una gran lona con un "Gracias, Alfredo" como homenaje al antecesor del actual líder. Rubalcaba, mientras, partía para su último viaje. Al crematorio de Tres Cantos. Una ceremonia sencilla, laica, sin símbolos religiosos, y en la que intervinieron uno de sus hermanos, un amigo y dos sobrinos con un corto discurso. Un tanatorio atestado, de nuevo, aunque ya sin los focos. El exvicepresidente, exministro, ex secretario general del PSOE, se marchaba arropado por los suyos tras haber recibido la aclamación popular y de todos los poderes del Estado.

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