LA CAPILLA ARDIENTE, abierta hasta las 14.00

Autoridades, rivales, compañeros y también sus alumnos: todos despiden a Rubalcaba

Multitud de ciudadanos y todas las instituciones del Estado, también los Reyes, acuden al Congreso a despedirse del exlíder socialista, en unas exequias presididas por Sánchez y Pastor

Foto: Los reyes Felipe y Letizia, en la capilla ardiente de Alfredo Pérez Rubalcaba, junto a su mujer, Pilar Goya, este 10 de mayo. (EFE)
Los reyes Felipe y Letizia, en la capilla ardiente de Alfredo Pérez Rubalcaba, junto a su mujer, Pilar Goya, este 10 de mayo. (EFE)

Rondaban las diez de la noche del viernes. En el Salón de Pasos Perdidos del Congreso se sentía un silencio espeso que encogía el alma. De pronto, un grupo de jóvenes, poco más de 20 años, se detenían deshechos ante el féretro de Alfredo Pérez Rubalcaba. Algunos sollozaban, a otros se les veían los rostros rojos de la tristeza. Ellos eran sus alumnos. Los estudiantes de segundo de Químicas de la Universidad Complutense. Eran ellos los que rendían honores al profesor Rubalcaba, los que lloraban su pérdida en la capilla ardiente, que ha reabierto sus puertas este sábado hasta las 14.00 horas.

No lo hemos asimilado aún. Está siendo muy duro —decía uno de ellos después, en la escalerilla que conducía al sótano de la Cámara Baja donde se había colocado un libro de condolencias.

No, no puedo hablar —señalaba otro, con la emoción y la pesadumbre pintada en su cara.

Autoridades, rivales, compañeros y también sus alumnos: todos despiden a Rubalcaba

Eran unos 35 del total de 50 alumnos del grupo de Química Orgánica a los que Rubalcaba dio su última clase el pasado miércoles. "Estaba normal, contento como siempre. Y a las 12:30 acabó y se marchó. Era muy buen profesor". El hombre que lo fue todo en el PSOE, al que solo le faltó escalar hasta la Presidencia del Gobierno, regresó a su casa, en Majadahonda (Madrid). A las 14:33 consultó su WhatsApp por última vez. Poco después era víctima de un infarto cerebral, un ictus que 48 horas más tarde le condujo a la muerte. Un adiós súbito, inesperado, a los 67 años. Solo a los 67 años. La jodida vida, como señalaban algunos de sus compañeros de partido en la capilla ardiente instalada en el Congreso desde las 20:30 de este viernes. La jodida vida que de repente se apaga cuando menos te los esperas. Y él no lo podía esperar. El martes, contaba su fiel amiga y escudera Elena Valenciano, había sufrido una arritmia, pero no fue al médico. No era nada, pensó, aunque sí habló con su cardiólogo. "Y el miércoles no tenía que haber ido a clase. No estaba bien", lamentaba.

Rubalcaba acabó su última clase a las 12:30 del miércoles, apenas un par de horas antes de que sufriera el ictus que le llevó a la muerte


Ahora Rubalcaba ya no está. Deja un enorme legado político, una "huella profunda" en el PSOE y en la historia de España, como recordaba, apenas dos horas antes de su fallecimiento, la portavoz del Gobierno, Isabel Celaá. Deja a sus colegas de partido. Amigos. A sus hermanos. Y a su mujer, Pilar Goya, su compañera incansable durante 40 años. "Ahora que podía disfrutar la vida con ella, se va. Ella, que ha sufrido sus desvelos como político, a su lado...", se lamentaba una dolida Valenciano. Una de las dirigentes más cercanas al exvicepresidente, exministro del Interior y exlíder del PSOE. Amiga del alma, como su Jaime Lissavetzky, casi su hermano de sangre, o como Antonio Hernando, Javier Fernández, Soraya Rodríguez, Óscar López, Eduardo Madina, Valeriano Gómez, José Enrique Serrano, Ángeles Álvarez, Juan Moscoso, Trinidad Jiménez, María González Veracruz. O como su Goyo Martínez, su director de Gabinete en Ferraz y que ha ejercido como portavoz de la familia y desafortunado heraldo de la muerte de su antiguo jefe. Todos estaban este viernes en el Congreso, rindiendo honores al político total.

"Los españoles enterramos muy bien"

Al lado de ella. De Pilar Goya. La que lo encontró el miércoles aturdido y desorientado en su domicilio, la que dio el aviso a los servicios de emergencia. El Summa le atendió en su vivienda. Pero ya era tarde. El daño del ictus era masivo. Irreversible. Irrecuperable. A lo que él tenía más miedo. Porque era consciente de que podía llegarle ese momento, y su mayor pavor era quedarse mal, postrado. Pero en su caso no hubo salvación. El infarto cerebral le mató pronto.

La lista de personalidades era infinita: todos los poderes del Estado y cargos de todos los colores y los expresidentes Zapatero y Rajoy

"Los españoles enterramos muy bien", decía él mismo con ironía en 2014, cuando ya había anunciado su marcha al frente del partido tras los desastrosos resultados de las europeas. Entonces recibía elogio tras elogio por su talla política. Pero también tenía aquella reflexión un punto de amargura, porque lo que hoy eran alabanzas sin término ayer eran críticas despiadadas. Este viernes habría visto algo de eso. En su propia partida. Rivales de otros partidos, y también internos, diciéndole adiós. Reconociéndole su trayectoria y su servicio a España, su altura como "hombre de Estado", como el político que "siempre tuvo el Estado en su cabeza" y que se desvivió por su país. El artífice fundamental de la derrota de ETA.

Ana Pastor (2i); Pilar Goya (3i), viuda de Alfredo Pérez Rubalcaba; Pedro Sánchez (3d); la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra (2d); la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo (d), y el presidente del TC, Juan José González Rivas (i), este 10 de mayo en la Puerta de los Leones. (EFE)
Ana Pastor (2i); Pilar Goya (3i), viuda de Alfredo Pérez Rubalcaba; Pedro Sánchez (3d); la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra (2d); la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo (d), y el presidente del TC, Juan José González Rivas (i), este 10 de mayo en la Puerta de los Leones. (EFE)

Todos estaban allí. En el Congreso. En un marco excepcional para quien no alcanzó nunca el cielo de la Moncloa ni fue padre de la Constitución. Pero el Gobierno de Pedro Sánchez pidió a la presidenta de la Cámara que acogiera la capilla ardiente, y Ana Pastor no puso ninguna pega. Aquella había sido la casa de Rubalcaba durante 21 años, el lugar en el que se sentía cómodo, en el que podía desplegar una oratoria que sus contrincantes también reconocían como brillante y afilada.

Autoridades, rivales, compañeros y también sus alumnos: todos despiden a Rubalcaba

No faltó nadie. O casi nadie. Cerca de las ocho de la tarde, llegaba Sánchez al Congreso. Ya había decretado el luto oficial, que vencerá a las 24 horas del sábado. Él, junto con Ana Pastor, la número dos del Gobierno, Carmen Calvo, el secretario de Organización y ministro de Fomento, José Luis Ábalos, la vicesecretaria general, Adriana Lastra, la Mesa de la Cámara, y la mujer y los allegados de Rubalcaba recibieron el féretro en la puerta de honores, la de los Leones. Un ataúd desnudo, sencillo, sin crucifico, que inmediatamente era portado por policías y guardias civiles hasta el interior del palacio.

Mariano Rajoy, con su mujer, Viri, y el exministro Íñigo Méndez de Vigo. (EFE)
Mariano Rajoy, con su mujer, Viri, y el exministro Íñigo Méndez de Vigo. (EFE)

Acompañaron al exministro todos los poderes del Estado. Empezando por los reyes Felipe y Letizia —"Le agradeceremos siempre su permanente y profunda visión institucional y su alto sentido del Estado en su vida política de servicio a España", escribió la Casa Real en Twitter—, y siguiendo por Sánchez y todo su Gobierno —salvo Nadia Calviño y Margarita Robles—, los presidentes de Congreso y Senado, del Tribunal Constitucional y del Supremo. Los expresidentes José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría; la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, y los líderes de PP (Pablo Casado), Podemos (Pablo Iglesias) e IU (Alberto Garzón), el número dos de Cs (José Manuel Villegas); exministros socialistas como Javier Solana, Pepe Blanco, Elena Salgado, Elena Espinosa o Miguel Sebastián, y también del PP como Fátima Báñez e Íñigo Méndez de Vigo. Los presidentes de Asturias y Aragón, Javier Fernández y Javier Lambán; el alcalde de Vigo y presidente de la FEMP, Abel Caballero; los expresidentes andaluces Susana Díaz y Pepe Griñán; la alcaldesa de la capital, Manuela Carmena; los candidatos madrileños Ángel Gabilondo, Pepu Hernández e Íñigo Errejón; la actriz Marisa Paredes... La lista de personalidades era infinita. De todos los colores, salvo Vox, que no suspendió la campaña y presumió de no acudir a las exequias en el Congreso por "falta de contacto" con el ex secretario general del PSOE.

"Esta es la España real"

La conmoción se sentía inmensa. Un encogido Lissavetzky penetraba en el interior del palacio del Congreso comido por el dolor. Un Antonio Hernando que no podía retener las lágrimas en Pasos Perdidos. Un beso de una destrozada Susana Díaz a Pedro Sánchez a la vista de todos. Una conversación distendida de Sánchez con Rajoy. Un Pepe Blanco que lloraba sin parar. Unos José Enrique Serrano y Rodolfo Ares, dirigentes y amigos, que hacían todo lo posible para que el orden reinara y el flujo de visitantes a la capilla ardiente fuera fluido. Unas coronas de flores con rosas rojas que no dejaban de llegar a la Cámara. Un Sánchez que no se movió de la sala hasta su partida, cerca de la medianoche. La colección de imágenes se tornaba poderosa. La emoción y la pesadumbre inundaban el espacio. El profundo respeto hacia un personaje fundamental de la historia reciente de España latía en cada esquina.

Cerca de las 22 horas, comenzaron a desfilar centenares de ciudadanos anónimos. Algunos portaban rosas rojas, otros levantaban el puño

En las conversaciones, la sensación de la incredulidad. "¡Se me han ido los dos, se me han ido los dos!", musitaba una devastada Susana Díaz. Tenía razón. Hace solo dos años que falleció otra exministra, Carme Chacón, de manera fulminante, y a los 46 años. Los dos protagonistas del 38º Congreso del PSOE, el que se celebró en Sevilla, el que ganó Rubalcaba a Chacón por solo 22 votos, habían muerto antes de tiempo y con 25 meses de diferencia. Los dos.

José Luis Rodríguez Zapatero y su mujer, Sonsoles Espinosa. (EFE)
José Luis Rodríguez Zapatero y su mujer, Sonsoles Espinosa. (EFE)

Era el ministro un trabajador infatigable, que como recordaban muchos compañeros y periodistas, siempre estaba disponible, de guardia. Dispuesto a hablar de política, su gran adicción, siempre disponible. "¿Lo ves, no?", repetía como muletilla a su interlocutor para intentar convencerle de sus razonamientos.

Autoridades, rivales, compañeros y también sus alumnos: todos despiden a Rubalcaba

Sobre las diez de la noche, Ares y Serrano ayudaban a organizar que la capilla ardiente se abriera al público. Centenares de ciudadanos anónimos fueron desfilando delante del féretro de Rubalcaba, cubierto con una bandera de España y otra del PSOE, sus dos pasiones (con permiso del Real Madrid). Muchos portaban rosas rojas en sus manos que primero cubrían el ataúd y luego eran colocadas a los pies, otros se paraban para dar su pésame a Pilar Goya, algunos se persignaban y otros simplemente inclinaban la cabeza en señal de respeto, alguno que otro alzaba tímidamente el puño. La cola seguía y seguía y se retorcía sobre sí misma. El silencio en Pasos Perdidos abrumaba. "Esta es la España real. Ahí está", decían algunos de sus compañeros de fatigas. "La gente ha venido porque le gustan políticos auténticos como Alfredo", indicaba una de sus máximas colaboradoras.

"Trascendió como político"

"Alfredo es de esos políticos que, si no existieran, habría que inventarlo", se oía en los pasillos del Congreso. La respuesta de las autoridades, del PSOE, de los ciudadanos de a pie venía a dar la razón. Un referente para muchos, un símbolo, un icono de largo aliento. Un "adversario admirable", como convino el mismo Rajoy en una emotiva tribuna que los socialistas aplaudían enfáticamente, un hombre que, añadía, "sabía mirar más allá del próximo cuarto de hora y contaba con un discurso sólido que merecía ser escuchado".

Sánchez, su Ejecutivo y su dirección se volcaron con Rubalcaba en sus últimas horas. El Gobierno pidió que las exequias fueran en el Congreso

"Alfredo se entregó en cuerpo y alma para hacer un país mejor. Gracias a ello, transcendió como político. Hizo de España un lugar mejor, lleno de seguridades y abierto a Europa y al mundo. Ayudó al PSOE a ser el instrumento de progreso necesario. Para la generación que representa, es una fuente de inspiración ese ejemplo. Siempre", escribió el presidente Sánchez en el libro de condolencias, minutos antes de abandonar el Congreso, cerca de la medianoche.

Susana Díaz, Pepe Griñán (2d) y Juan Cornejo (2i), este viernes. (EFE)
Susana Díaz, Pepe Griñán (2d) y Juan Cornejo (2i), este viernes. (EFE)

Él, su Ejecutivo y su dirección federal se habían volcado con el exlíder socialista. Atrás quedaban los rencores del pasado, la mala relación que mantuvo con el exvicepresidente, su distanciamiento irrecuperable. El secretario general adoptó un papel institucional que los fieles a Rubalcaba reconocían como "impecable", sin ponerle pegas. "Ninguna queja, ninguna", repetían. "Esto ha sido posible por él". "Esto" era un homenaje de honor en el Congreso, el que antes se dispensó solo a los expresidentes Leopoldo Calvo-Sotelo y Adolfo Suárez, al expresidente de la Cámara Manuel Marín y al padre de la Constitución Gabriel Cisneros.

Pero Rubalcaba era un político de otra pasta. Y eso explica su enorme tributo, que continuará este sábado, hasta las 14:00, tres horas de que sea incinerado en el cementerio madrileño de Tres Cantos. Era un dirigente "entrañable", "cariñoso", "veloz", demasiado calculador para sus detractores. Pero quizá irrepetible. Y un profesor. Un profesor bueno, como decían sus alumnos. Esos a los que debía su última clase de Química Orgánica este viernes 10 de mayo y a los que nunca jamás podrá impartírsela.

España

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
19 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios