consiguen 600 adeptos cada día

Los 'profetas' del WhatsApp: el fenómeno religioso que ya escuchan 50.000 personas

Nueve sacerdotes amigos de distintos movimientos de la Iglesia 'revientan' la red de mensajería con unas charlas de 10 minutos diarias que no paran de captar adeptos

Foto: José María García de Castro, promotor de los '10 minutos con Jesús'. (EC)
José María García de Castro, promotor de los '10 minutos con Jesús'. (EC)

Un día de la primavera de 2018, la cabeza de una profesora del colegio gallego Montespiño se iluminó con una idea. María veía que sus hijos adolescentes ya no rezaban, que el mundo los llevaba por otros derroteros y que, en definitiva, se iban poco a poco alejando de lo que su madre había pensado para ellos. Pensó entonces en pedirle al capellán del centro escolar que le recomendara algún tipo de libro o de material audiovisual moderno que les ayudara a encaminarse. El sacerdote le hizo algunas recomendaciones, pero a la mujer no le gustó ninguna. Por eso le pidió el favor de que les grabara un audio él mismo con anécdotas, ideas sueltas, conceptos animantes que les estimularan.

Ante la insistencia de la madre, 'Chemacas' —como emplazaban al cura quienes tienen confianza con él— accedió y montó un primer post. Utilizando su propio móvil y un lenguaje sencillo, José María García de Castro —que así se llamaba realmente el sacerdote de 40 años— habló de cosas cotidianas y de cómo meter el Evangelio en ese día a día. En concreto, relató el contenido de una carta que le había enviado un chico que había estado colaborando con las monjas de la Madre Teresa de Calcuta en una casa de niños moribundos de Nairobi (Kenia). El chaval contó en la misiva, explicó el sacerdote, entre otras cosas, uno de los momentos que más le marcó de su estancia en África. En concreto, cuando una hermana de la caridad le pidió que cogiera en brazos a un bebé que no paraba de llorar y le invitó a que le diera cariño.

El joven se quedó paralizado, porque el bebé estaba muy caliente por la fiebre, pero las palabras de la monja le dieron seguridad. Comenzó a arrullar al pequeño, a acariciarle, a sonreírle, a darle besos. El niño dejó entonces de gimotear y sonrió. Pocos segundos después, se durmió. Sin embargo, el universitario notó que el crío no respiraba y avisó a la hermana de la caridad, que confirmó el fallecimiento. "Ella sabía que el niño se estaba muriendo y mirándome a los ojos me dijo: ha muerto en tus brazos y tú te has adelantado unos segundos al amor que Dios le va a dar para toda la eternidad", relató el joven en la carta que sirvió a 'Chemacas' para hablar en el audio de cómo puede cada persona en su día a día adelantar ese Cielo evitando discusiones en casa, sonriendo a tus seres queridos o siendo amable con los demás.

La mujer quedó entusiasmada, porque sus hijos conectaron con el mensaje. El sacerdote grabó un segundo audio y un tercero y muchos más. Al principio, los metía en una carpeta de Dropbox y de ahí se lo descargaban los interesados. María les comentó a sus amigas la iniciativa y algunos chavales más se engancharon a escuchar lo que pronto denominaron '10 minutos con Jesús'. García de Castro subía un post al día, porque la docena de adictos se lo demandaban. Por eso, pronto pidió ayuda a un cura amigo. En concreto, llamó a un compañero que conoció en la escuela de teología de Roma.

Javier Bardonaba (36 años). (EC)
Javier Bardonaba (36 años). (EC)

Mariano Carrillo (41 años) vivía ahora en Madrid y trabajaba en la parroquia de Fuente del Fresno de San Sebastián de los Reyes. Entre él y 'Chemacas' comenzaron a turnarse. Cada día se encargaba uno de hacer la charla y de subirla a la carpeta de Dropbox. La lista de seguidores crecía y los dos sentían el peso de los fieles en forma de responsabilidad. Por eso buscaron más ayuda. Carrillo acudió a su párroco, Javier Sánchez-Cervera, otro cura joven (41 años), que no dudó en embarcarse en el proyecto. Es más, le dio un impulso definitivo.

Además de turnarse con sus colegas, Sánchez-Cervera les propuso crear un grupo de WhatsApp para difundir los audios con más sencillez y ambos aceptaron. El 22 de agosto del año pasado abrió ese primer grupo. Lo llamó '10 minutos con Jesús' e invitó a una treintena de jóvenes de su parroquia. "Ese mismo día, se llenó el grupo", recuerda. "Me pidieron hacer otro y luego otro", añade. "Entre agosto y septiembre creábamos dos o tres grupos cada día", asegura el cura, que en números redondos habla de 600 nuevas adscripciones todas las jornadas.

"Como había muchos grupos ya, nombramos administradores para cada uno de ellos, con el fin de que fuera más ágil el envío diario", admite el párroco. "Es la primera vez que conozco que WhatsApp se convierte en una red social", reflexiona el sacerdote, que revela que actualmente hay 171 grupos. Cada uno de ellos, explica, es unidireccional. "Nadie puede hablar salvo el administrador", cuenta Sánchez-Cervera, quien desde el principio apostó por los grupos y no por las listas de distribución porque en estos cada persona puede salirse y suscribirse (mediante enlaces o la web) cuando quiera "con toda libertad". "Esto está descontrolado", sentencia el cura con una sonrisa en la cara.

El rápido crecimiento de la iniciativa hizo que, en paralelo a la incorporación del párroco de Fuente del Fresno, 'Chemacas' llamara a otro sacerdote que conoció en Roma. José Manuel Antuña, que cuenta algo más de 50 años y ejerce como el mayor del grupo, está destinado en Asturias y tampoco dudó en sumarse al proyecto, que pocos días después incorporó también a Álex Muñoz, Javier Bordonaba, Paul Müller, Álvaro Cortés y Fran Peláez, curas todos ellos que no superan la cuarentena. Los nueve conforman el comité directivo, por decirlo de algún modo, de 'los 10 minutos', como denominan entre ellos a lo que se traen entre manos.

Javier Sánchez-Cervera, párroco de San Sebastián de los Reyes. (EC)
Javier Sánchez-Cervera, párroco de San Sebastián de los Reyes. (EC)

El pasado 24 de febrero se reunieron todos por primera vez en la parroquia de San Sebastián de los Reyes. "La mayoría no nos habíamos visto nunca en persona, nos reconocimos por la foto de WhatsApp", recuerda Sánchez-Cervera, que define a los nueve como "un grupo de sacerdotes amigos que se une para ayudar a la gente a rezar". "Es una iniciativa privada de distintas diócesis y movimientos, nada oficial", añade el cura, que sí admite que el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, ve con buenos ojos 'los 10 minutos'. "Lo conoce y está muy contento", afirma el párroco, que revela que además de ellos se han sumado al proyecto otros voluntarios.

Conforme el asunto crecía, los propios usuarios se iban ofreciendo para ayudar, cuenta Sánchez-Cervera. "La gente tiene muchas ideas y las hemos ido aprovechando", afirma el párroco. "Un padre de familia se ofreció a abrir un canal en Telegram; una chica (Belén) comenzó a colgar los audios en YouTube por su cuenta, lo vimos, la llamamos y ahora estamos coordinados; otros voluntarios gestionan las cuentas de '10 minutos' en Twitter, Facebook, Ivoox y ahora Instagram; un equipo de creativos escucha los audios antes de que salgan, saca cuatro o cinco frases, busca fotos y hace un vídeo", cuenta con cierto vértigo en la voz. "Estos son los que controlamos, en otros sitios como Spotify o Apple ya no hay control", confiesa el cura, que considera que el éxito de la iniciativa se basa en unos puntos básicos.

Los curas hablamos muy raro y no queremos caer en eso; aquí hablamos claro y para que se entienda

"Ser normales, algo que parece básico pero que en la Iglesia es muy difícil de conseguir", afirma. "Los curas hablamos muy raro y no queremos caer en eso; hablamos claro y para que se entienda", proclama Sánchez-Cervera, que también considera clave "no poner el foco tanto en la moral y el esfuerzo como en Cristo y el amor que nos ofrece". "¡Estamos en Cuaresma y hay que esforzarse! No, no, no. Estamos en Cuaresma y hay que mirar al Señor", alega el cura, que entiende que "la Iglesia ha caído mucho en el error de poner énfasis en el esfuerzo del hombre". "Hay que ponerlo en lo que Dios hace en mí, no en lo que yo hago en Dios, como ha dicho el Papa constantemente", afirma antes de destacar que el lenguaje sencillo, "no cargante", el abordar temas cotidianos, la distribución en audio —que se pueda escuchar en cualquier sitio— y el que se haga través de WhatsApp —algo que todo el mundo usa—, también ha sido clave de un éxito por el que ninguno de los implicados cobra pero cuya repercusión social es obvia.

 Imagen de uno de los grupos
Imagen de uno de los grupos

Hoy, la iniciativa llega a más de 45.000 personas. Todas ellas se han unido voluntariamente solo a través de WhatsApp. El número de seguidores a través de la web y otras redes sociales incrementa esta cifra. Más de 8.000 fieles rezan por YouTube con los vídeos, mil lo hacen por Telegram y un número aún no calculado por el resto de vías mencionadas. Muchos de los adictos escriben su historia a través de la web de '10 minutos' y muestran que la difusión de las listas podría ser incluso mayor de forma indirecta. "Tengo ocho nietos, dos no están bautizados y nunca han oído hablar de Dios, tengo un chat con ellos y les mando todos los días las charlas; siempre veo que la flechita está encendida, no sé quiénes la pulsarán", cuenta un abuelo incondicional. Otros seguidores relatan sus historias desde Venezuela, Estados Unidos, Francia, México y medio centenar de países más. "Hace unos meses invitamos a los usuarios a ubicarse en un mapa del mundo. Contestaron 600 de más de cincuenta países", dice con alegría Sánchez-Cervera, que el pasado viernes habló con 'Chemacas' para que este le preguntara a María si sus hijos se habían enganchado a los audios. "Los escuchan cada día cuando van en la furgoneta camino del colegio", respondió la madre.

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