VISITA DE ESTADO ESTE MIÉRCOLES

Viaje real a Rabat cuando Marruecos intenta acabar con el comercio con Ceuta y Melilla

La realidad está alejada de los discursos que se pronunciarán. Desde 2014, la inmigración, los problemas de Ceuta y Melilla y la fluidez de la relación política han ido a peor

Foto: Los Reyes, en el avión, antes de emprender un viaje a París. (EFE)
Los Reyes, en el avión, antes de emprender un viaje a París. (EFE)

Desde 2014, ¿cuántas veces se ha acordado la visita de Estado de los Reyes de España a Marruecos y después ha resultado cancelada? Los diplomáticos no se ponen de acuerdo, aunque sí coinciden en que la última anulación se produjo días antes de que, el 9 de enero de 2018, estuviese previsto el inicio del viaje. Para aplazar 'sine die' la visita real, Rabat alegó entonces razones de agenda de Mohamed VI, pero dos documentos gráficos demuestran que en esas fechas estaba de vacaciones en París. Trece meses después, ahora sí, don Felipe y doña Letizia se desplazan a Marruecos este miércoles en la que será su primera visita de Estado al vecino del sur.

Quizá no fuera el disfrute del ocio parisino lo que incitó al soberano alauí a postergar el viaje, sino el deseo de evitar mostrar en público las desavenencias con su esposa, la princesa Lalla Salma. En aquel momento había tomado la decisión de divorciarse —Lalla Salma fue vista por última vez en público en diciembre de 2017— pero aún no lo había anunciado. Lo hizo informalmente, en marzo, a través de la revista '¡Hola!'. Si Lalla Salma no hubiese aparecido junto a Mohamed VI durante la proyectada visita real española de enero de 2018, la separación hubiera quedado puesta de manifiesto antes de tiempo.

Durante el viaje de Estado a Marruecos de don Juan Carlos y doña Sofía, en enero de 2005, la princesa estuvo constantemente pegada a la reina de España. ¿Quién sustituirá a partir del miércoles a Lalla Salma? Probablemente una de las hermanas del rey, la princesa Lalla Hasna, que desde hace unos meses desempeña con frecuencia el papel de primera dama.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez (i), y Mohamed VI. (EFE)
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez (i), y Mohamed VI. (EFE)

Las dificultades para cerrar las fechas de la visita real y la tardanza del monarca alauí —casi seis meses— en conceder una audiencia al nuevo presidente español, Pedro Sánchez, demuestran la complejidad de la relación política —la económica va viento en popa— con el vecino del sur. Los Reyes, por su parte, ya estuvieron en Marruecos en julio de 2014, pero aquella estancia solo duró unas horas y sirvió únicamente para presentarse tras la proclamación.

La visita de Estado que empieza el miércoles 13 dará pie a Felipe VI y a los cinco miembros del Gobierno que le acompañen a ensalzar las excelentes relaciones entre ambos países vecinos, pero la realidad está alejada de los discursos que pronunciarán a mediados de semana. Desde 2014, la inmigración, los problemas de Ceuta y Melilla y la fluidez de la relación política al más alto nivel han ido a peor. Hace casi cuatro años que no se celebra la cumbre anual bilateral entre los dos gobiernos.

Pese al compromiso de la UE, anunciado por el propio Sánchez en el Congreso, de conceder ayudas a Marruecos por valor de 140 millones de euros para luchar eficazmente contra la inmigración irregular que llega a España, esta no para de aumentar. En 2018 se batió un nuevo récord, con 64.298 de entradas 'sin papeles' en España, un 131% más que el año anterior. Este 2019 ha empezado peor, con 4.612 irregulares, un 112% más que en el mismo mes de 2018.

Aunque el Ministerio del Interior rehúsa proporcionar el desglose de los inmigrantes por nacionalidades para no poner en evidencia a Marruecos, algunas fuentes señalan que la mayoría relativa (un 22%) de los que llegan por mar son marroquíes, muchos de ellos jóvenes rifeños. Algunos cuentan al desembarcar a la policía que no tuvieron ningún impedimento para zarpar de la costa del Rif, como si las autoridades de Rabat les quisieran facilitar la salida para rebajar así la presión social dentro del país.

Interior tampoco facilita el porcentaje de menores extranjeros no acompañados (MENA) que desembarcan entre los inmigrantes pero, de nuevo, las mismas fuentes señalan que este se incrementó a lo largo de 2018. Hoy en día, hay en España unos 13.000 menores tutelados por las CCAA de los que el 80% son marroquíes que no pueden ser repatriados —tampoco lo consiguen otros países europeos como Francia o Suecia— por la falta de colaboración de Rabat.

Ceuta y Melilla, las fronteras más transitadas de África y quizá las más colapsadas, son otro quebradero de cabeza. Rabat cerró el 1 de agosto la aduana comercial de Melilla abierta a mediados del siglo XIX sin ni siquiera comunicarlo previamente a Madrid, y por la que se exportaron en 2017 mercancías por valor de 47 millones de euros. El Gobierno español no protestó, pero pidió la creación de un grupo de trabajo que solo se ha reunido una vez, el 11 de diciembre en Málaga, y sin ningún resultado. La única medida de retorsión consistió en conceder solo 15.000 de las 20.000 autorizaciones adicionales para camiones solicitadas por Rabat en el marco del acuerdo bilateral de transporte, según fuentes de Fomento.

En un informe redactado a finales del mes pasado, con motivo de la preparación de la visita de los Reyes, la oficina económica y comercial de España en Rabat dejaba ya caer que esa aduana no se volverá a reabrir. “Dada la situación del comercio atípico”, se lamentaba en referencia al contrabando con Marruecos desde las ciudades autónomas, “cada vez con más restricciones, el comercio formal [vía la aduana] era la única vía de mantener un comercio sostenible en el medio y largo plazo con Marruecos”.

Además del comercio legal, a través de la aduana, Rabat quiere ahora suprimir el contrabando en el plazo de cinco a 10 años y, de nuevo, sin dialogar con el Gobierno español. Así lo anunció el 6 de febrero, en el Parlamento marroquí, Nabil Lajdar, director general de Aduanas. Hay que acabar, recalcó, “definitivamente con la actividad [de contrabando] en el paso fronterizo”. Rabat ha encargado además un informe a la consultora marroquí Toba sobre las posibles alternativas al contrabando en Ceuta.

Lajdar calculó que a través de los porteadores que operan en Ceuta y Melilla se introducían en Marruecos mercancías por valor de entre 1.100 y 1.460 millones de euros al año, el equivalente de las exportaciones de España a Australia, que no devengaban aranceles a la aduana marroquí. Sí generan, en cambio, ingresos a los ayuntamientos de las dos ciudades autónomas a través de un impuesto especial (IPSI de importación).

Felipe VI y el rey de Marruecos, en el Palacio del Elíseo. (EFE)
Felipe VI y el rey de Marruecos, en el Palacio del Elíseo. (EFE)

La prohibición del contrabando, que se añade al cierre de la aduana comercial, supondría la asfixia económica de Ceuta y Melilla. Para Rabat, no es una tarea fácil porque genera decenas de miles de puestos de trabajo, le permite ahorrar divisas haciendo pagos en dírhams y supone una fuente de ingresos para los cientos de funcionarios destinados en sus fronteras que cobran 'comisiones' por hacer la vista gorda. El llamado 'comercio atípico' es además, según informes policiales españoles, una vía para blanquear el dinero de la droga del Rif y no será fácil encontrar una alternativa.

Atenazado por la inmigración y la necesidad de contar con Marruecos en la lucha antiterrorista, el Gobierno español ha multiplicado los gestos hacia el vecino del sur. Se ha batido el cobre en Bruselas para conseguir los 140 millones de euros en ayudas o para que los nuevos acuerdos de asociación y pesca entre la UE y Marruecos incluyan al Sáhara Occidental. Gilles Devers, el abogado francés del Frente Polisario, ya ha anunciado que recurrirá los nuevos acuerdos y, según fuentes jurídicas, tiene todas las de ganar.

Ese pavor a indisponer a Marruecos explica, entre otras muchas cosas, la doble vara de medir del Ejecutivo socialista, y también del PP, en relación a su defensa de los derechos humanos más allá de las fronteras de España. Hasta el 20 de enero el número de presos políticos, cerca de 500, según dos ONG locales, era muy superior en Marruecos al de Venezuela —273 según el Foro Penal Venezolano—. La gran mayoría de los marroquíes encarcelados no son islamistas, sino jóvenes activistas rifeños víctimas de la represión que padece la región desde mayo de 2017.

Lo que sí va a toda máquina en la relación hispano-marroquí es la economía. El comercio formal, el que no transita por Ceuta y Melilla, no para de crecer. Marruecos es ya el segundo cliente de España fuera de la UE, justo por detrás de EEUU, y su undécimo proveedor. La inversión española arroja también buenos resultados. Marruecos recibe más de un tercio de la inversión española en África, aunque otros 29 países, incluidos algunos pequeños de América Latina, le pasan muy por delante a la hora de atraer capital español.

¿Por qué Marruecos, con lo cerca que está de España, solo se coloca en el puesto número 30 entre los destinos de la inversión española? La Oficina Económica y Comercial de la embajada de España en Rabat lo explica en su informe preparatorio de la visita real: “Uno de los principales problemas es la falta de seguridad jurídica de las inversiones, lo que genera numerosos contenciosos”.

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