LA ACCIÓN SUFRE LA MAYOR CAÍDA EN DOS MESES

ACS explora fuertes desinversiones por la deuda y el ataque bajista en plena pandemia

Florentino Pérez ha empezado a preocuparse por dos de las patologías de las que ACS se había curado en los últimos años: la deuda y la caja

Foto: El presidente de ACS, Florentino Pérez, en una intervención durante una junta. (EFE)
El presidente de ACS, Florentino Pérez, en una intervención durante una junta. (EFE)
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Florentino Pérez ha empezado a preocuparse por dos de las patologías de las que ACS se había curado en los últimos años: la deuda, que ha crecido un 164% en el primer trimestre, y la caja, de la que ha quemado el doble en los tres primeros meses del año. Por ello, según informan fuentes financieras, el presidente del 'holding' de construcción y servicios se ha puesto a explorar nuevas ventas de activos, como la totalidad o parte de su filial australiana Cimic, que tiene un valor de mercado de 4.500 millones de euros.

Según aseguran las mismas fuentes, ACS ya recibió un acercamiento de una multinacional china a finales de 2019 para comprar Cimic, la compañía cuyos problemas en la ejecución de varias obras en Oriente Medio obligaron a la empresa española a provisionar 400 millones e incumplir su objetivo de llegar a los 1.000 millones de beneficios. La operación fue intermediada por Société Générale, que mantuvo abiertas las negociaciones hasta poco antes de la irrupción del covid-19. Posteriormente, la batalla diplomática entre Australia y China (la primera pidió una investigación sobre el origen de la pandemia en Wuhan y la segunda ha amenazado con un boicot comercial) ha frenado por completo esta opción.

Al tiempo, ACS contrató a JP Morgan para intentar vender la división de minería de Cimic, valorada en 1.900 millones. No obstante, distintas fuentes señalan que esta desinversión no ha cuajado hasta la fecha, pese a que este negocio es el que mejor se comportó en el primer trimestre del año, según un reciente informe de Morgan Stanley. El banco de inversión estadounidense, que ya advirtió en 2016 sobre los problemas financieros de la subsidiaria australiana, ha reiterado un informe firmado el 11 de mayo de ‘infraponderar’ las acciones de ACS, pese a que le otorga un precio objetivo de 31 euros, 11 euros por encima de su cotización actual.

ACS se desplomó este martes un 9,4% en el día en que la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) autorizó, tras dos meses de prohibición, la toma de posiciones cortas o bajistas contra los valores. Este desplome representa la mayor caída desde el pasado 18 de marzo, momento en que los títulos de la constructora se habían hundido hasta los 11 euros, su nivel más bajo desde 2012. Desde que la CNMV impidió apostar a la baja contra las compañías, ACS llegó a duplicar su capitalización, al tocar los 23 euros. Una subida favorecida por la compra masiva de acciones por parte de la propia compañía en concepto de autocartera con la ayuda de Goldman Sachs.

Fachada de la sede de ACS. (EFE)
Fachada de la sede de ACS. (EFE)

Aunque ACS trató la semana pasada de quitar hierro a la caída de sus beneficios en el primer trimestre e hizo hincapié en la junta de accionistas a su sólida posición financiera (dispone de líneas por 12.000 millones), Florentino ha admitido en los últimos consejos de administración su preocupación por el incremento de la deuda, que ya supera los 2.370 millones. Si bien la ratio en comparación con su ebitda es baja, de tan solo 0,7 veces, el presidente del grupo quiere evitar que Standard & Poor´s le rebaje su calificación de solvencia en la revisión a la que será sometida en las próximas semanas. El recorte de S&P y Fitch al 'rating' de Abertis, la principal fuente de dividendo de ACS (es dueña del 40%) es un mal augurio para el 'holding'.

Entramado societario

Por ello, Florentino ha encargado a su equipo, liderado por Marcelino Fernández Verdes, y a sus banqueros de confianza, como Société Générale, Goldman Sachs, JP Morgan y Key Capital, que le propongan potenciales operaciones de desinversión para recuperar el apetito de los inversores por las acciones de ACS. Además de Cimic, en la cartera de activos que podrían entrar en el plan de desinversiones se encuentran Cobra y Clece. La compañía no ha tomado ninguna decisión concreta todavía, más allá de culminar la venta de su negocio de energías renovables en Latinoamérica, dada la escasa visibilidad de los negocios por el covid-19.

Una operación de poco más de 250 millones que no resuelve la inquietud del presidente del grupo, que en los últimos años había hecho un esfuerzo ímprobo en reducir la deuda casi a cero, igual que ha hecho en el Real Madrid, para evitar los problemas del pasado.

En 2019, ACS hizo desinversiones significativas, como la de sus proyectos de energías renovables, ZERO-E, por 2.200 millones; las autovías de peaje en sombra en España por 703 millones al fondo británico Hermes; la autopista Northeast Anthony Henday en Canadá al fondo galo Meridiam por 438 millones, y otra en Florida (Estados Unidos) por unos 400 millones al fondo TIAA. Pese a todo, su deuda se ha disparado un 165%.

En lo que va de año, ACS ha caído un 42% en bolsa, mientras que Hochtief, de la que tiene el 50%, se ha dejado un 37%, y Cimic, de la que posee el 76,68% a través de la alemana, se ha dejado un 37%. Un entramado de sociedades que Florentino también quiere simplificar para que los problemas de las filiales no afecten directamente a la matriz. De los 6.500 millones que capitaliza ACS, Cimic aporta 1.720 millones y Hochtief, 2.500. Los restantes 2.280 millones proceden del negocio puro y duro de Dragados y del resto de filiales históricas de la constructora española.

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