CIENTOS DE MILES, CONTRA LAS CUERDAS

Autónomos ahogados por el coronavirus: "Estamos acojonados. No salen las cuentas"

Analía en Valencia, Juan Luis en Irún, Marta y Berta en Madrid… Cientos de miles de autónomos se enfrentan a un desplome de ingresos por las restricciones del estado de alarma

Foto: Analía y una de sus dos empleadas, en la panadería que regenta en Valencia.
Analía y una de sus dos empleadas, en la panadería que regenta en Valencia.

Ramón no sabía si abrir la persiana este lunes. El suyo es un negocio familiar de repuestos de electrodomésticos que comparte en Valencia con sus dos hijos, los tres autónomos. El decreto gubernamental de estado de alarma lo ha dejado en tierra de nadie. Vende a particulares, pero también a profesionales de servicios técnicos de mantenimiento, que sí pueden prestar servicio. “Llamé a la Policía Local, pero no sabían muy bien qué decirme. Hay algo que no termino de cuadrar porque si un técnico necesita un repuesto viene aquí. En Valencia solamente estamos cinco o seis tiendas de repuestos para profesionales. Tienen que poder entrar y coger el material para que no se rompa la cadena”, explica.

Dejar la persiana medio cerrada (o medio abierta, depende de cómo se mire) con un cartel de “solo se atiende a profesionales” ha sido la solución de Ramón, que está convencido de que el período de estado de alarma se prolongará por lo menos un mes. “Estamos en el primer día y tenemos cosas que hacer dentro de la tienda, de organización. Pero no sabemos lo que va durar y no sabemos lo que va pasar", señala antes de ponerse a relatar la cantidad de gastos que se le vienen encima con una más que probable caída de ingresos y un empleado a sueldo. “Hay que afrontar el alquiler, la luz y los vencimientos de material, que tenemos a los 30 días. Ahora podemos asumir un retraso de salida de estocaje, pero esa rueda no sabemos si vamos a poder mantenerla”, explica preocupado.

"Hay que afrontar el alquiler, la luz y los vencimientos de material…", explica Ramón, que regenta una tienda de repuestos

Olga Pinyol, asesora y economista de Progestión en Valencia, con varios autónomos en la lista de clientes, señala que todo el colectivo está a la espera de posibles novedades en el Consejo de Ministros de este martes. Hasta ahora apenas había medidas de apoyo para los trabajadores y empresarios autónomos en la cartera de acciones desplegadas para mitigar los efectos del Covid. Al margen de la posibilidad de aplazar pagos a Hacienda durante un semestre, sin pagar intereses durante tres meses, no hay más posibilidades de demorar las obligaciones con la Administración: las principales son el pago de la cuota de autónomo y los desembolsos a la Seguridad Social. “La semana pasada consideraron a los infectados para que su baja fuese como de accidente de trabajo, pero de todo lo demás no hay nada todavía”, dice Pinyol.

Ramón y su hijo, los dos autónomos, en su almacén de repuestos en Valencia.
Ramón y su hijo, los dos autónomos, en su almacén de repuestos en Valencia.

Retrasar la factura fiscal y de la Seguridad Social y contar con algún tipo de cobertura en caso de contagio se perfilan como las necesidades inmediatas que el Gobierno podría abordar este martes. Pero si perdura el estado de alarma más allá de quince días, como ha anticipado el propio ministro de Transportes, José Luis Ábalos, los problemas van a ser mayores para muchos autónomos con pequeños negocios porque su liquidez se va a ver muy tensionada. Los costes fijos (luz, agua, alquileres, pago de nóminas si hay algún trabajador a cargo…) aprietan y pueden ahogar y abocar al cierre.

Analía, Valencia

Analía, dueña de una panadería-cafetería en la calle Manuel Candela de Valencia, encaja en ese perfil. Sigue abierta por su servicio de panadería, pero sus ingresos han caído un 90% porque ha cerrado la cafetería. Se acabaron los cafés, los almuerzos y las meriendas. Necesita 10.000 euros al mes para cubrir los gastos fijos con dos empleadas, un local en régimen de alquiler, seguros sociales, retenciones, etc. “Tengo la suerte de tener dinero de reserva en la cuenta, mío y de la panadería. Pero si viene una muy gorda se puede complicar todo. No quiero ni hacer cuentas ni mirar porque si no me amargo. Le decía a mi hermano que me dan ganas de llorar. ¿Cuántos no tienen dinero de reserva y viven al día porque solo dependen de la venta diaria? ¿Cómo van a llegar a fin de mes?”.

Uno de los conflictos más inmediatos es gestionar la reorganización del trabajo cuando hay empleados a cargo. Uno de cada cinco autónomos persona física, es decir, sin algún tipo de sociedad mercantil, tiene contratado algún empleado. Analía tiene dos. “Todas somos muy buenas amigas hasta que nos tocan el bolsillo y los días de vacaciones”. "Por ahora ha habido acuerdo. La panadería ha reducido horario y cada una de ellas trabajará una semana, gastando días de vacaciones, con la idea de no cerrar en Semana Santa o en verano si se levante la cuarentena". El problema para Analía y sus dos trabajadores será si la crisis se prolonga. “¿Qué hago, les dejo de pagar la nómina?”, se pregunta angustiada.

María y Berta, Madrid

La incertidumbre también reina en las cabezas de María y Berta (nombres ficticios para no revelar su identidad), dos autónomas madrileñas de una misma familia que hace tres años y medio se embarcaron en los juegos de escape, una de las revoluciones del ocio en los últimos tiempos. Tienen dos locales en pleno centro de Madrid y desde que el sábado echaron el cierre no han vuelto a tener noticias de lo que les espera. “Estamos completamente a ciegas, sin saber nada de lo que pasará. Sin saber si debemos tomar ya decisiones o esperar”, reconocen al otro lado del teléfono entre llamadas a su asesor jurídico.

Esperan como agua de mayo apoyo del Consejo de Ministros que se celebra este martes. En su negocio trabajan otras seis personas más repartidas en los dos locales. Asumen que el ERTE llegará, no tienen más remedio. Pero esperan que una de las medidas del Gobierno sea eliminar el plazo de 15 días desde que se anuncia hasta que se hace efectivo. “El estado de alarma está aprobado ahora para dos semanas. Si tarda ese periodo en hacerse efectivo y seguimos con la misma carga, no hemos conseguido nada”, explican.

María y Berta, con un negocio de juego de escape, asumen que el ERTE será inevitable

No es el único agujero. La cuota de seguridad social que deben asumir por sus trabajadores asciende a 1.300 euros mensuales mientras dure el ERTE. De ahí, que las fórmulas que el Ejecutivo decida este martes para facilitar los trámites de los expedientes de regulación de empleo temporales pasan a ser clave. Con todo, el verdadero quebradero de cabeza, como para muchos, recae en el alquiler de los locales. En uno de ellos, el casero les ha puesto contra las cuerdas: independientemente de lo que ocurra y a pesar de la situación excepcional, deben seguir abonando el 100% del alquiler, aunque hayan echado el cierre. Si no lo hacen, entenderá que incumplen el contrato.

“Pagar el alquiler con cero ingresos nos pone las cosas muy difíciles”, reconocen, asumiendo una doble carga difícil de aguantar: la de empresarias con sus trabajadores y la de autónomas a nivel personal.

Juan Luis Caballero, autónomo, en su agencia de comunicación y eventos en Irún.
Juan Luis Caballero, autónomo, en su agencia de comunicación y eventos en Irún.

Juan Luis y Ainhoa, Irún

Juan Luis Caballero se niega a tachar del gran tablón que preside el despacho de su agencia de comunicación, publicidad y eventos Alfil en Irún (Guipúzcoa) los actos que han ido cayendo uno tras otro en los últimos días. Ver todo cruces en la agenda de marzo y abril le provocaría una profunda depresión. “Estoy acojonado”, le sale del alma. Es autónomo y se dedica a uno de los sectores más afectados por la crisis del coronavirus. “¿Quién va a organizar ahora un evento?” No busca una respuesta. No hace falta.

En el primer día laboral de vigencia del estado de alarma ha acudido a la oficina. Pero ni suena el teléfono ni entra ningún 'e-mail'. “Esto es una ruina. Va a ser muy duro”, clama. El móvil hace ya más de dos semanas que apenas da señales de vida —de noticias de trabajo, porque sí echa humo en lo relativo a los memes y audios y vídeos jocosos relacionados con el Covid-19—. Aunque casi prefiere no tener noticias de clientes porque en estas fechas siempre son negativas. La noche del domingo, a las 19,28 horas —lo tiene grabado a fuego—, le notificaron vía WhastApp la cancelación de una campaña de publicidad prevista para finales de este mes. Es la última anulación. “De momento”, cruza los dedos mientras enumera uno tras otro los actos que le han sido cancelados en las últimas fechas.

“Esto es una ruina. Va a ser muy duro”, dice Juan Luis tras comprobar el vacío de clientes en el 'mail' de su agencia de eventos y comunicación

No hay bodas que preparar, eventos que organizar, y actuaciones de los Golden Apple Quartet que programar en su condición de agente de este grupo humorístico musical y teatral que acababa de iniciar la gira de su último espectáculo, ‘Golden Xey’, y que el coronavirus ha tumbado ya de los carteles culturales más próximos. Caballero trabaja “mucho” en Francia, pero la situación al otro lado de la frontera de Irún es la misma que en España, con similares restricciones, y “también estamos a verlas venir”. “La gente está pensando en otra cosa. No tiene la cabeza para conciertos o eventos a futuro…”, señala, convencido de que la actividad no se retomará hasta mayo “como pronto”. Ahora, mirando al futuro, reza para que no se cancele una feria “bastante gorda” en Burdeos prevista para septiembre.

La crisis del coronavirus se ha unido al ya de por sí “flojo” primer trimestre del año, históricamente el peor de todos. Por lo pronto, Caballero ya sabe a día de hoy cuál va a ser la facturación de marzo y abril de la agencia que lleva junto a su mujer Ainhoa Cajaraville: cero. Y todo cuando tiene que afrontar una hipoteca, el sueldo de una trabajadora contratada a media jornada —y que no va a tener “más remedio” que mandar a casa desde este mismo martes hasta que “la cosa mejore” porque “no la voy a poder pagar”— y los gastos asociados a un autónomo y a una oficina. Y sin olvidar las cargas familiares.

En todo caso, se niega a plantearse la posibilidad de tener que bajar la persiana. “Eso nunca”, se apresura a zanjar. Es lo que tiene ser “optimista” por naturaleza. “Además, no sabemos hacer otra cosa”, apostilla. “De todas formas, seguro que me toca la Bonoloto”, sonríe sin saber que se han suspendido todos los sorteos de Loterías por la crisis del coronavirus. “Ya ni eso”, exclama con una sonrisa al percatarse de la realidad. El carácter optimista, al menos en su plasmación en términos profesionales, tiene un límite: mayo. Si la situación sigue igual para entonces, el futuro va a estar repleto de oscuros nubarrones. “No sabemos lo que va a durar esta situación. Un mes y medio perdido está asumido, pero como sea más…”, recorre un escalofrío su cuerpo.

Urge liquidez pública

Manuel Illueca, director general del Instituto Valenciano de Finanzas, es partidario de que el Estado habilite, de entrada, líneas de liquidez para poder suplir las tensiones de tesorería de pymes, micropymes y autónomos. Es lo primero que ha comenzado a trabajar el banco público valenciano y lo que se espera del Instituto de Crédito Oficial (ICO). “Lo más necesario para empezar es que haya programas de garantías para hacer frente a los gastos fijos con líneas de crédito y de circulante al 0%. En el Instituto tenemos ya 70 millones para eso”, explica a El Confidencial.

Pero a Illueca le preocupa el largo plazo. “Si el coronavirus se extiende durante meses, los gastos los tienes que pagar y los ingresos no los vas a tener. Entonces incurres en pérdidas, te comes los fondos propios y llega la insolvencia. La banca ya no va a entrar, aunque tenga garantías”, advierte sobre un riesgo de quiebras en negocios de autónomos, microempresas y pymes. El alto cargo defiende la puesta en marcha de acciones más potentes, como préstamos subordinados y participativos desde la Administración Pública y un refuerzo de los reavales a través de Cesce para las Sociedades de Garantía Recíproca.

Roberto García, socio y regente del Restaurante Nice.
Roberto García, socio y regente del Restaurante Nice.

Roberto, Madrid

Ese escenario de iliquidez sin ingresos es el que teme Roberto García (1984, Burgos). Montó junto con otra socia el Restaurante Nice, especializado en café, sándwiches y ensaladas. Cuenta con dos establecimientos en Madrid. Uno en el barrio Salamanca y otro en un polígono de oficinas al final de la calle Alcalá. Sus clientes son principalmente empleados de grandes empresas situadas alrededor del negocio, aunque también notan el cierre de los colegios cercanos, como el Colegio del Pilar situado apenas a unos metros.

Según explica, su situación es crítica, ya que sus ingresos han pasado a ser cero y sin embargo tendrá que seguir haciendo frente a los gastos fijos. No le queda más remedio que reducir sus costes al máximo y eso le obliga a plantearse el despido de sus seis empleados, cuatro a tiempo completo y dos a media jornada. "Se puede recurrir al ERTE, pero no es una fórmula mágica, lleva su tiempo y también supone una serie de costes", lamenta.

Aun así, la declaración del estado de alarma por parte del Gobierno, que implica el cierre de toda la hostelería, le ha evitado tomar la decisión más difícil: "Cerrar de forma voluntaria por la amenaza de contagio del coronavirus o mantener abierto para que el negocio no se venga abajo pese al riesgo sanitario que supone la exposición constante al público", explica. Un cierre en el mes de marzo es un duro golpe, asegura, ya que es para el Restaurante Nice es temporada alta de trabajo, a diferencia de Navidad y verano.

Este joven se lanzó al emprendimiento hace ahora ocho años partiendo desde cero, con lo que tuvo que recurrir al endeudamiento para acometer la fuerte inversión inicial. Eso ahora le genera un alto grado de tensión financiera, dado que gran parte de los ingresos van a pagar los créditos bancarios cuyos plazos de vencimiento son a largo plazo para hacer frente a la inversión inicial. Esta situación, sumada a la elevada incertidumbre por el futuro le hace ser pesimista: "Ojalá todo esto pase pronto, pero mientras no podamos trabajar trataremos de fraccionar los pagos y aplazar deudas, sin embargo, la deuda que se va a generar es enorme, el problema no desaparece".

Sebas y Susana, Torrejón de Ardoz

Sebas, con su socia Susana y la encargada del restaurante que han cerrado, Lucía.
Sebas, con su socia Susana y la encargada del restaurante que han cerrado, Lucía.

Sebas, como le conocen amigos y empleados, tiene un pequeño restaurante en Torrejón de Ardoz con su socia Susana, uno de los primeros epicentros de la expansión de esta pandemia. “Hemos cerrado porque no nos salían las cuentas”, lamenta. Gontoro Delivery abrió hace dos años impulsado tres socios y cuenta con cinco trabajadores, que están en sus casas. “Aún no hemos decidido qué hacer, si despido o ERTE, a la espera de estudiar las opciones y saber qué medidas tomar, pero pagaremos los sueldos mientras”, señala este chileno de 31 años, que había estado trabajando varios años como cocinero en otros restaurantes del municipio antes de emprender.

La historia de Sebas: "Las ventas cayeron un 80% el primer día de cierre y decidimos cerrar".

“Se habla de aplazamiento de intereses o del pago de autónomos, pero al final tienes que pagar igualmente, no es ayuda suficiente”, critica. El restaurante se había consolidado en Torrejón, y hace solo dos semanas los socios esperaban un incremento de la actividad con la relajación del invierno que ya empezaban a notar en caja. “Se escuchaban cosas del exterior, pero hasta que no lo vives en primera persona… Fue cuando el Gobierno decretó el cierre temporal de universidades y colegios cuando la cosa se puso seria”, relata. “Ha habido mucha desinformación”, agrega.

Sebas cuenta que se habían preparado con normalidad para el fin de semana en los días previos, con el doble de pedidos de materia prima de lo habitual. “Estábamos en contacto con otros bares, restaurantes y colegas del sector y nadie esperaba lo que al final pasó”, dice haciendo referencia al cierre de todos los locales de restauración salvo para la comida a domicilio. “Las ventas ese día ya cayeron un 80%, fue un día perdido para la facturación. Ahí nos reunimos los tres socios para analizar la situación y decidimos cerrar completamente, no salían las cuentas”, recuerda.

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