¿realmente se pueden emprender estas medidas?

¿Mismo sueldo y más tiempo libre? La productividad sube pero cuesta mucho más

Algunas empresas están fidelizando a sus trabajadores ofreciéndoles cobrar lo mismo por trabajar 6 horas en vez de 8 y multiplicar sus vacaciones

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¿Hay algo que motive más que el dinero? Normalmente, cuando una empresa más grande decide fichar a los mejores trabajadores de otra más pequeña, esta realidad deja totalmente indefensa a la segunda, sin nada que ofrecer para retener a su equipo. Los proyectos con menor tamaño, entonces, estarían condenados a perder a los que más talento tienen. Pero ¿y si hay algo que la gente valorase más que el dinero? Algunas empresas están fidelizando a sus trabajadores ofreciéndoles cobrar lo mismo por trabajar 6 horas en vez de 8 y multiplicar sus vacaciones.

La última en sumarse a esta estrategia ha sido Room Mate, que apostó por incrementar un 32% el periodo de descanso de toda su plantilla. El grupo hotelero dirigido por Kike Sarasola afirma que esto significará un 1% más de costes, pero así responden a la preocupación que existía de que no podían competir con las grandes multinacionales en términos salariales.

De esta forma no solo resultaría en un beneficio para la empresa, sino que entroncaría con algunas de las demandas sociales que dicen que 100 años con la misma jornada laboral (8 horas) es demasiado tiempo. Pero ¿realmente se pueden emprender estas medidas? Algunos expertos defienden que se trata de un punto de inflexión que cambiará para siempre el mundo laboral y empresarial para bien. Mientras, otros afirman que es un paso en falso porque la revolución no es trabajar menos horas sobre el papel, sino ir hacia trabajos flexibles donde lo que rija el esfuerzo sean los objetivos.

'Juernes' perpetuo: mejor, pero muy caro

Desde la Organización Mundial del Trabajo (OIT) han lanzado numerosos estudios en los que justifican la viabilidad de una menor jornada laboral. En estos textos piden que se implante una reducción de la jornada laboral porque "menos horas significa no solo una vida más feliz para el trabajador, sino una mayor productividad", pero ¿esto es así?

La propuesta más común es reducirla en entre 8 y 10 horas semanales. En España tanto Podemos como MásPaís lo han incluido en sus respectivos programas electorales para las próximas elecciones.

Uno de los primeros lugares donde esta opción comenzó a sonar fue en Suecia, donde ciudades como Gotemburgo ya han experimentado con esta posibilidad. Concretamente, han llevado a la práctica esto en una residencia para la tercera edad y las conclusiones fueron claras: los trabajadores realizan mejor su labor y piden la mitad de bajas por enfermedad según la auditoria hecha por las instituciones locales. Pero, pese a todo, han aparcado el proyecto por ser económicamente inviable.

Esta reducción de 10 horas requirió contratar a 17 nuevos empleados (había 68 previamente), lo que provocó unos costes extras de 1,26 millones de euros.

En la empresa privada también se ha llevado esto a la práctica. Más allá de la reducción de Room Mate, hay compañías como Tree house, Basecamp, Radioactive PR o Elektra que lo llevan a la práctica, pero no se está extendiendo de forma generalizada.

Liliana Arroyo, investigadora del Instituto de Innovación Social de ESADE, defiende que se tendría que dar este paso por el bien de la propia compañía. Los beneficios que la sociedad recibiría de esta situación serían múltiples: "trabajadores con más perspectiva, con más rendimiento y más comprometidos y fieles a la empresa".

Esto último se debería a que "el tiempo es el mayor incentivo, justo por debajo o al mismo nivel que el dinero y usarlo tiene un potencial enorme para el futuro del mercado laboral. Si se usa bien ambas partes salen ganando".

Aunque Arroyo advierte que implantar horarios reducidos por el mismo salario tiene peligros que pueden convertir esta experiencia en algo frustrante e ineficiente. El más común es que los cargos intermedios "sigan dirigiendo a los trabajadores como si no hubiera cambiado la situación". De esta manera en el fondo no cambiaría nada, el estrés, la productividad y la eficiencia sería la misma, pero se habrían reducido las horas y, por tanto, incrementado los costes.

Pese a todo, destaca que todas estas iniciativas sería mejor verlas caso a caso en vez de aplicarse de forma obligada y en todos los sectores. Cada tipo de empresa "tiene sus particularidades" y cada una "debe flexibilizar sus horarios en función a las mismas".

Otros expertos afirman sin embargo, que no es el momento de ponerse a hablar de reducir horas o días de la semana. Creen que este debate está obsoleto y que la evolución del mercado laboral no es reducir, sino acabar con los "trabajos por jornada" e iniciar una era de "trabajos por objetivos".

Diseñadores sí, camareros no

Uno de estos expertos que defiende que la reducción horaria no es el debate actualmente es Carlos Alberto Pérez, profesor de ESIC. Afirma que "estar en un trabajo no significa trabajar". Por ello explica que "hay que combatir el presencialismo y construir el trabajo en torno a proyectos, no a las horas que uno está" y sobretodo "en un contexto donde las distracciones en el entorno laboral son muchísimas".

Aun así, afirma que dar más descanso sí puede aportar "pero solo en los casos en los que haya objetivos claros como empresa". Descarta de esta forma que trabajos más manuales como el de camarero, por ejemplo, puedan mejorar mucho su productividad dándoles más días libres. "Esas reducciones funcionan con profesiones intelectuales, donde se necesita una chispa en algún momento más que otra cosa".

Pero, por encima de todo, remarca cómo un proyecto y objetivos son lo que ata a un trabajador y le lleva a su mayor productividad. Respecto a si recompensas en forma de tiempo pueden fidelizar al talento, Royo no comparte totalmente este planteamiento. Él defiende que "hay que asumir que la gente con talento se va porque los niveles de crecimiento en una empresa tienen un límite y, si son realmente buenos, una vez lleguen ahí tendrán la necesidad de cambiar". Por ello cree que "el número de horas que trabaje o las vacaciones no arreglará eso, aunque sí puede ser algo a ofrecer interesante".

Lo que tiene que hacer la empresa desde su visión, por lo tanto, es crear un clima que fomente el desarrollo de los trabajadores dentro de la organización. "Eso es lo que más fideliza".

Mar Cárdenas, profesora de ESIC comparte este planteamiento de que la empresa concebida como "ir una serie de horas a trabajar" está tendiendo a desparecer. "Cubrir ocho horas es una cosa como 'demodé'".

Pero lo que es seguro para ella es que no se puede hablar categóricamente de reducir la jornada un número de horas, "hay que analizar que bien por puestos cuánto requeriría. Hay puestos que requieren 8 y no voy a conseguir así los objetivos por lo que se va a entrar en un bucle que empeorará la situación. Sin embargo, hay otros que con 6 horas es más que suficiente y encima puedo trabajar alguno de ellos desde casa y me ahorro una hora de viaje".

Destaca también que la clave son los jefes y los cargos intermedios. La única forma de "acabar con el presentismo y flexibilizar el trabajo" sería "que los líderes tengan confianza en sus empleados para poder hacerlo" y, sobretodo "darles indicaciones para que quede claro lo que esperan de ellos". Esto sería poco a poco lo que empezará a implantarse, porque "los líderes que entran ahora vienen con esa cultura con el valor añadido de la tecnología".

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