TRABAJA EN LA CADENA VP HOTELES

La odisea de un padre de gemelas: "Me negaron la jornada reducida por ser hombre"

En España hay 300.000 mujeres con reducción de jornada para cuidar a sus familiares. Hombres hay solo 16.000, y suelen encontrar problemas para conseguirla

Foto: Eduardo Gordillo, junto a sus hijas gemelas.
Eduardo Gordillo, junto a sus hijas gemelas.

Eduardo Gordillo, de 44 años, es uno de los empleados más antiguos de VP Hoteles. Comenzó a trabajar allí en septiembre de 2005, cuando la empresa apenas contaba ocho años. Primero fue recepcionista, después subjefe de recepción y, en abril de 2016, fue ascendido al departamento de 'revenue management', una sección en boga en los hoteles que aprovecha los datos del mercado para ajustar al máximo los precios a la demanda.

"Yo estaba encantado, porque no solo implicaba moverme de un hotel a la central de VP, además de aprender nuevas cosas, sino que además me permitía un horario fijo, algo que necesitaba para cuidar a mis hijas recién nacidas", dice Gordillo a este periódico. Sin embargo, las cuentas son tercas y salir a las seis de la tarde obligaba a los padres a contratar cuidadores para los niños, algo que fue diezmando los ahorros familiares: "Aguantamos hasta que pudimos, pero en febrero de 2018 tuve que pedir una reducción de jornada para hacerme cargo de las gemelas; no nos quedaba dinero. Intenté que me quitaran dos horas: una hora al final de mi horario y aprovechar la hora de la comida para seguir trabajando", explica.

El 95% de las personas con jornada laboral reducida son mujeres

La situación de Gordillo es peculiar porque la abrumadora mayoría de quienes piden reducción de jornada, en un 95% de los casos, son mujeres. En España, solo 16.000 hombres están en esta categoría -el triple de los que había en 2005-, mientras que la cifra de mujeres oscila en torno a 300.000. "Es que mi mujer trabaja en banca y gana mucho más que yo, así que decidimos que yo me sacrificase por la familia", continúa el hotelero.

A pesar de que implicaba salir solo una hora antes, la gerencia del hotel le denegó la petición.

La explicación que le dieron es que tenía un puesto de demasiada responsabilidad como para ausentarse antes de las seis. Tajante. "Tuve que amenazarles con la demanda, no solo porque es un derecho recogido en el Estatuto de los Trabajadores, sino porque no llegaba a fin de mes, tenía que hacerlo sí o sí", continúa Gordillo. La empresa le pidió un tiempo para considerarlo; Gordillo aceptó, pero reclamó que al menos los jueves y los viernes, los días que más se le complicaba recoger y cuidar a las niñas, le permitiesen salir antes. "No me contestaron. Sabían que el plazo de 20 días desde que pedí la jornada reducida estaba a punto de expirar y querían dejarlo estar a ver si me olvidaba, de modo que me vi obligado a demandarles".

Entonces se abrieron las puertas del infierno. "Justo antes del juicio me concedieron la jornada reducida, porque sabían que iban a perder, de modo que solo pudieron negarse a otorgarme la concreción horaria, la que hace referencia a la hora de comer", sigue el trabajador. Después del juicio, Gordillo regresó a su puesto de trabajo y se encontró su ordenador bloqueado. Al preguntar, la dirección le dijo que se tomase la tarde libre, que allí no se podía quedar. "Entonces me fui a casa y me salió toda la tensión que había acumulado las semanas anteriores. Me entró una taquicardia muy fuerte, me fui a Urgencias y me diagnosticaron un cuadro de ansiedad. Me dieron la baja", afirma.

Eduardo Gordillo ahora recorre 110 kilómetros a diario para ir a trabajar. (E. Villarino)
Eduardo Gordillo ahora recorre 110 kilómetros a diario para ir a trabajar. (E. Villarino)

Durante los siguientes nueve meses, Gordillo acudió regularmente a las revisiones con su médico de cabecera y con el perito de la aseguradora del hotel, y siempre le alargaban la baja. En ese lapso, Gordillo inició otra causa judicial por 'mobbing' y la empresa le acusó ante el juez de ser un mal trabajador e incluso de haber amenazado a su jefa. "Mintieron gravemente para menoscabar mis derechos y consiguieron que perdiese el juicio, pero es que no tenía opciones de ganar: en estos casos la empresa siempre puede encontrar a un trabajador o dos que declaren contra ti, pero al revés es muy difícil", dice Gordillo.

El 8 de febrero, ya con el alta médica, Gordillo regresó a su puesto de trabajo. Nada más llegar le cerraron las puertas de la oficina alegando que tenía que gastar las vacaciones que había ido acumulando. Otro mes a casa. El 11 de marzo se volvió a presentar en la central de VP Hoteles, pero el director general le estaba esperando en la entrada: "Te hemos destinado a otro hotel, no puedes quedarte aquí", le dijeron.

Le mandaron al hotel más lejano que podían por contrato, el VP Jardín de Tres Cantos. "Yo vivo en Arroyomolinos, casi en Navalcarnero, al sur de Madrid. He pasado de recorrer 36 kilómetros hasta mi puesto de trabajo a hacer más de 110 diarios", lamenta. También le han devuelto a la recepción, olvidando el ascenso laboral que le concedieron en 2016. Para colmo, debido a la lejanía de su nuevo centro de trabajo, se ha visto forzado a recortar aún más su jornada, de dos a cuatro horas: "Entre los atascos en la M-40 y la distancia, al final tengo una reducción de la mitad de jornada y una rebaja de salario del 50%, más de lo que queríamos ninguna de las partes cuando empezamos".

Gordillo cree que "están esperando ver cuánto tardo en cansarme y largarme sin indemnización", pero reconoce que el apoyo de sus compañeros está siendo clave: "Me esperaba un recibimiento hostil por parte de la plantilla del hotel del Tres Cantos y ha sido al revés. Me han acogido con cariño y con respeto, y nos hemos ayudado mutuamente, de modo que solo puedo agradecerles su actitud después de lo mal que lo he pasado", dice. "Son gente excepcional".

Que los hombres antepongan sus hijos al trabajo está mal visto, y esto tiene que cambiar

¿Por qué Gordillo se arriesga a airear su situación y exponerse a mayores represalias? "Porque quiero que el resto de hombres que están en mi situación no tengan miedo, ni a la sociedad ni a sus jefes. En mi oficina, a dos metros de mi mesa, dos compañeras pidieron la reducción y les fue concedida sin problema. En mi caso fue distinto, porque los hombres no vemos bien que otros hombres quieran cuidar de sus hijos. Que los hombres antepongan los niños al trabajo están mal visto socialmente, y eso tiene que cambiar. No dejamos de hablar del envejecimiento del país, de que no llegamos a pagar las pensiones, y luego resulta que el cuidado de los hijos es una labor exclusivamente femenina", concluye.

Pese a que en primera instancia no contestaron a las peticiones de información de este diario, desde VP Hoteles han remitido un documento que reproducimos íntegramente:

- La versión del trabajador expresada de manera literal en el artículo recoge una única versión, la suya, sesgada, subjetiva, mal intencionada, sin ningún tipo de fundamento jurídico recogido en la sentencia judicial firme existente al respecto, y que no deja lugar a duda.

- Dicha sentencia desestima todas y cada una de las pretensiones del trabajador, con la opinión rotunda e inequívoca de Fiscalía y Juez, expresada por cada una de ellos, por la que da la razón a la empresa en cada uno de sus aspectos, tanto es así que el trabajador ni siquiera recurrió la misma.

- En el artículo, el trabajador acusa a empresa y asistentes al juicio de cometer un delito de perjurio, por lo que tanto VP Hoteles como los testigos que participaron en el juicio tomarán las medidas legales contra el trabajador, que acusa a organización y personas físicas sin prueba alguna.

- VP Hoteles ha actuado en el pasado, en el presente y lo hará en el futuro de acuerdo a la máxima legalidad laboral y social, respetando, como no puede ser de otra manera, los derechos de todos sus trabajadores, independientemente de su género, religión, raza o tendencia sexual. La empresa reconoce en su plantilla su máximo activo, del que como empresa nos sentimos plenamente orgullosos y creemos que es el eje del éxito de nuestra cadena.

- La empresa ha concedido el 100% de las solicitudes de reducción de jornada que cualquier empleado/a le ha solicitado. Tan sólo como aclaración y curiosidad sobre la versión del trabajador se dio la casualidad de que el mismo nos remite el alta de su enfermedad común al dia siguiente a recibir la sentencia contraria a todos sus intereses.

- En el juicio la empresa sólo presentó la mitad de sus testigos ya que la misma jueza desestimó gran parte de las pruebas falsas, como recoge la sentencia contra la empresa, y dejó visto para sentencia el mismo sin que quisiera si quiera tomar testimonio a más trabajadores.

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