CONTADO EN PRIMERA PERSONA

Así es tener una jornada semanal de 4 días: “Es lo mejor que me ha pasado en la vida”

Cada vez son más las empresas que optan por esta fórmula para aumentar la productividad y mejorar el bienestar de sus trabajadores. Estos explican cómo ha repercutido en sus vidas

Foto: Foto: iStock.
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La jornada laboral de cuatro días, en la que los empleados solo acuden a su puesto de trabajo de lunes a jueves, está siendo objeto de uno de los grandes debates laborales de los últimos tiempos, en un panorama de paro creciente y estancamiento de la productividad. En España, con su pertinaz presentismo y querencia por las jornadas inacabables, ha sido vista con desconfianza tanto entre la patronal como entre aquellos que, aunque estén a favor, consideran más urgentes otras medidas para mejorar la conciliación laboral.

Cada vez más empresas de países de nuestro entorno como Reino Unido implantan medidas semejantes, lo que ha provocado que los testimonios en primera persona abunden (y no solo en publirreportajes). “Tengo la suerte de poder tener una semana de cuatro días y, la verdad, es lo mejor que me ha pasado en la vida”, explicaba en Twitter Brittany Gunderson, que concluía diciendo que “los niveles de estrés se han desplomado y la productividad se ha incrementado OBVIAMENTE”. “Trabajé cuatro días a la semana y me sentía muy saludable, añadía otra usuaria. “Tiempo suficiente para organizar tu vida y para ti mismo”.

Dos días son suficientes para recuperarse de una semana estresante, pero con tres tienes tiempo para hacer lo que quieres

Algo en lo que coinciden la mayoría de los que lo han probado es que el sábado y el domingo apenas sirven para desconectar. Un tercer día permite organizarse y disponer de tiempo libre, sin reducir la productividad diaria. “Dos días de siete son suficientes para recuperarse de una semana estresante”, explicaba en un reciente reportaje de 'The Guardian' Neil Knowles, diseñador de Elektra, una empresa de 10 trabajadores que adoptó este sistema en enero. “Pero tres sirven para recuperarse y tener tiempo suficiente para hacer más cosas. Casi tienes la sensación de que es el trabajo lo que interrumpe el fin de semana y no al revés”.

Caben otras posibilidades, como la de Cockroach Labs, que implantó los “viernes flexibles” al abrir sus puertas en 2015 y ha permanecido fiel desde entonces. La diferencia, en su caso, es que cada trabajador puede decidir qué hacer el viernes, si adelantar trabajo o quedarse en casa: la clave está en alcanzar los objetivos. “Como acabo de doctorarme, me sirve para mantener mis vínculos con el mundo académico”, explicaba una de sus ingenieras. “También es un día que me sirve para ponerme al día con las tareas del hogar y los recados”.

La lucha contra la fatiga del viernes

Aunque cada uno de estos programas puede tener objetivos específicos diferentes, todos tienen como meta combatir la conocida como “fatiga del viernes”, es decir, el cansancio acumulado a lo largo de la semana que provoca que este último día sea el menos productivo con diferencia. Como explicaba en el rotativo inglés Maxim Grew de Intrepid Camera, una compañía de equipamiento fotográfico, la semana de cuatro días había acabado con esta fatiga, incrementado la moral y los niveles de energía de la plantilla. La mayoría de sus compañeros habían encontrado nuevas dedicaciones para el viernes, generalmente relacionadas con la formación: desde aprender francés hasta formar un grupo de teatro, pasando por construir robots.

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Otros señalan que es como tener un puente cada semana. En 'Metro', Juan Leahy, un trabajador de la empresa de tratamientos de fertilidad IVF, explicaba que podía irse de viaje sin tener que coger un día libre o visitar un museo sin aglomeraciones. Todo a cambio de trabajar un poco más el resto de días, entrando antes y saliendo después. “Madrugar fue un poco difícil al principio, pero ya me he acostumbrado”, explicaba. “Terminar a las seis, vaya a casa o salga por la noche, no cambia nada”. El problema, matizaba, es que la empresa no puede permitirse cerrar los viernes, así que el día libre es rotatorio, por lo que es muy probable que caiga en martes, miércoles o jueves.

El mes pasado se publicaron los resultados de un estudio realizado en una empresa neozelandesa llamada Perpetual Guardian, que llamó a dos investigadores para que valorasen los resultados de su programa de jornada semanal de cuatro días. El informe resultante mostraba que esta medida había aumentado la productividad y el compromiso de los trabajadores. “Comenzamos a discutir sobre la productividad y eso provocó que los equipos parasen a pensar conscientemente sobre lo que estaban haciendo y cómo lo hacían”, señaló Christine Brotherton, responsable de recursos humanos de la empresa.

Puedes pensar que en cuatro días tienes menos tiempo para hacer todo el trabajo, pero han metido gente para ayudar

Otro de los efectos de estos programas es que afinan el aprovechamiento del tiempo. Es lo que mostró un informe realizado por la consultora Robert Half entre 1.500 trabajadores y 600 responsables de recursos humanos, que mostró que más de tres de cada cuatro empleados consideraban que podían hacer su trabajo en una hora menos cada día si no tuviesen interrupciones. Hasta un 45% consideraba que podrían liquidarlo en apenas cinco horas. Medidas como la jornada semanal de cuatro horas sugieren que el uso que se hace del tiempo está muy mal optimizado en la empresa moderna, obligando al trabajador a largas e improductivas jornadas. Algo patente en España, uno de los países con menor productividad por hora trabajada.

Otra de las empresas pioneras en Reino Unido fue Radioactive PR, a quien 'The Guardian' dedicó un reportaje el pasado mes de noviembre. “Puedes pensar que en cuatro días tienes menos tiempo para hacer todo el trabajo, pero han metido gente para ayudar”, revelaba una de las trabajadoras, Anhgharda Planells, que añadía que había sido particularmente beneficioso para las mujeres, especialmente en su retorno tras una baja de maternidad. En su caso, los viernes libres salieron de reducir la hora de la comida a 45 minutos y recortar los días de vacaciones un 20%.

Keynes vaticionó que no trabajaríamos más de 15 horas semanales. (Cordon Press)
Keynes vaticionó que no trabajaríamos más de 15 horas semanales. (Cordon Press)

Es una variación sobre el viejo sueño de Keynes, defendido hoy desde distintos signos ideológicos. El psicólogo del bienestar Adam Grant, de la Escuela Wharton de Negocios de la Universidad de Pensilvania, autor de 'Dar y recibir' y 'Originales', ha recordado en alguna ocasión que “hay buenos experimentos que muestran que si reduces las horas de trabajo, la gente se concentra mejor, producen lo mismo, a menudo con más calidad y creatividad, y también es más leal a sus empresas”. Por su parte, Rutger Bregman, el economista que levantó polémica en el último Foro de Davos, ha defendido un descenso de las horas de trabajo: “Henry Ford, por ejemplo, descubrió que si cambiaba la semana de 60 a 40 horas, los empleados eran más productivos, porque no estaban tan cansados en su tiempo libre”.

Cuidado, es una trampa

¿De qué hablamos cuando hablamos de jornada de cuatro días? Para algunos, se trata de repartir las 40 horas de la jornada laboral (o las que correspondan a cada país) de otra manera a lo largo de la semana, generalmente añadiendo 120 minutos a cada día, pero para otros consiste en reducir el número total de horas trabajadas. En ocasiones, cobrando lo mismo, pero también con una remuneración en consonancia. Ese es uno de los grandes problemas identificados por los expertos: que sea una medida aparentemente beneficiosa para el empleado que dispare el empleo a tiempo parcial. Uno de los grandes problemas que amenazan el mercado laboral español, donde el 30% de los contratos fijos firmados en 2018 eran de esta índole.

Al contrario de lo que ocurría en Radioactive, esta medida haría particularmente vulnerables a las mujeres, que suelen ser las que se ven obligadas a trabajar con estas fórmulas. Como recordaba Stan De Spiegelaere en 'Equal Times', “con diferencia son las mujeres las que reducen su jornada para cuidar a los niños, no los padres; eso significa que son generalmente ellas las que terminan percibiendo un menor sueldo, una pensión de jubilación más baja y menos posibilidades de progresar”. Salvo que se estableciesen otras medidas, la reducción de horario podría elevar aún más el techo de cristal.

Cabe otra posibilidad, que es que la norma implique la aparición de nuevas trampas. En otras palabras, aunque se reduzcan 'de facto' el número de días de la jornada semanal, es viable que en la práctica se obligue a realizar más trabajo en menos tiempo o que, para compensar, se aumente el número de horas extra no pagadas. Y en un país en el que estas se contabilizan por millones, puede suponer un peligro aún mayor para el trabajador desprotegido. Cuidado con lo que sueñas, porque puede convertirse en realidad.

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