críticas cruzadas

Autopsia al Popular en el Congreso: ni Ron ni Saracho, sino todo lo contrario

Ángel Ron y Emilio Saracho protagonizan una comparecencia de 10 horas en la comisión sobre la crisis financiera. Dos versiones opuestas para comprender la muerte del Popular

Foto: Comparecencia de Emilio Saracho. (EFE)
Comparecencia de Emilio Saracho. (EFE)

La comisión sobre la crisis del Congreso ha pasado de la monótona frustración de no entender nada hasta el punto álgido de este jueves con Banco Popular. El objetivo del día era comprender la crisis de la entidad, que acabó en resolución y adjudicación al Santander por un euro en la noche del 6 al 7 de junio de 2017. Algo que solo es posible navegando entre un cúmulo de argumentos, justificaciones y acusaciones entre Ángel Ron y Emilio Saracho, que llevaron su disputa a una sala abarrotada, con mucho calor y con el protagonismo de los déficits de capital y de café.

La sesión tuvo dos etapas. Primero fue el turno de Ángel Ron (1962, Santiago de Compostela), que presidió el banco entre 2006 y febrero de 2017. Empezó a las 9:00 y terminó a las 15:30, exactamente 210 minutos más tarde de lo previsto. Y Emilio Saracho (1955, Madrid) tomó el testigo a las 16:00, pese a estar previsto para las 12:00, para desesperación de Ana Oramas, presidenta de la comisión de la Crisis Financiera, que ha admitido que la sala "no reunía las condiciones adecuadas", y de varios portavoces parlamentarios. “Se nos acumula el trabajo con las comisiones y los plenos este mes”, lamenta uno de ellos. Fueron 11 horas en total.

Los presentes, siete portavoces parlamentarios, asesores legales o de comunicación (cinco a dos para Saracho contra Ron) y más de una docena de periodistas, tuvieron que analizar los choques entre los dos últimos presidentes de Banco Popular, entidad nacida en 1926 y considerada durante mucho tiempo un ejemplo de solvencia y rentabilidad. Hasta que llegó la crisis o, según Saracho, hasta el mandato de Ángel Ron. Y viceversa.

Por orden cronológico, y también de importancia para llegar al meollo de la crisis, llega la primera confrontación. “De 126 bancos sistémicos en Europa, el Popular podría ser el número 120, pero era el problema número uno para la supervisión bancaria en Europa”, sostiene el ex de JP Morgan. “Popular llevaba 10 años sin conseguir velocidad de escape, con provisiones de 25.000 millones y 15.000 en operaciones de capital”, sostiene, porque en 2008 “no era sólido, no era líquido, era gaseoso. El banco había hecho barbaridades, como multiplicar su balance por cuatro con la misma red”. "Era una bomba", asegura.

De 126 bancos sistémicos en Europa, el Popular podría ser el número 120, pero era el problema número uno para la supervisión bancaria en Europa

Pero Ron tiene una visión totalmente distinta. Esto es, la exposición al ladrillo en los últimos años de la burbuja era inevitable. “Se creció en el negocio inmobiliario por una decisión del consejo previa a mi llegada, que decía que había que crecer en España frente a una hipotética expansión internacional”, alega. “Ahora esta decisión puede provocar una sonrisa, pero entonces no era evidente”, admite. Además, resta importancia al ladrillo, que pesaba en el inicio de la crisis un 36% en el activo, frente a ratios de entre el 60% y el 70% en algunas cajas de ahorros. Era la época de la burbuja, del exceso de liquidez, que en palabras de Aristóbulo de Juan, directivo de Banco Popular en otra época, con el admirado Luis Valls, es "el opio del banquero. Emborrona el sentido del riesgo, incita al crecimiento desmesurado y suele generar insolvencia".

Crisis en el consejo

Este ha sido un primer fruto de confrontación. Una diferencia por el contenido y por la forma de expresarla. Saracho tiene una retórica dura, enérgica y vehemente, gesticulando y elevando el tono para poner énfasis en contradicciones ajenas o justificaciones propias, con incluso un momento emotivo, al borde de las lágrimas, para recordar la resolución. Ron, por su parte, tiene un tono más comedido y suave, sin variaciones según el discurso, y más dado a los rodeos en el léxico. Los dos, eso sí, con ironías para cruzarse dolorosos argumentos.

El origen de la crisis, así, tiene puntos de vista diferentes. Pero la mayor disputa argumental llega con la evolución del precio de las acciones y las razones que llevaron al Popular a su defunción. De una forma muy resumida, Ron construyó un relato en el que había un banco que un grupo minoritario del consejo y del accionariado trató de desestabilizar y contó con la ayuda de Emilio Saracho, cuyas decisiones tumbaron la acción y provocaron que fuera declarado “inviable” por el Mecanismo Único de Supervisión (MUS) del Banco Central Europeo (BCE). Saracho, apoyado en un Powerpoint para sorpresa de la audiencia, recordó que Banco Popular se hundió en bolsa un 98% durante los 12 años de mandato de Ron, y el 2% restante en los 108 días en los que estuvo al frente.

Aunque en este punto merece la pena señalar que hubo cierto consenso: el consejo estaba enfrentado, y el grupo del mexicano Antonio del Valle era clave. Aunque no coinciden en el fin del magnate mexicano, que en palabras de Saracho fue “el primer elemento exógeno en el consejo durante 50 años, invitado por el propio Ron”, y que es una persona que “puso dinero, lo perdió y se cabreó”. Mientras que Ron asegura que tenía como objetivo quedarse con el “botín” de un banco con una capitalización bursátil de 3.000 millones y un patrimonio de 11.000 millones.

El argumento de Ángel Ron consiste en que “había alguien que desde dentro estaba dispuesto a poner en riesgo la estabilidad del banco”. De hecho, dice que se fue pese a tener la mayoría en el consejo para evitarlo, y a partir de ahí comenzó un argumentario agresivo encabezado por Emilio Saracho que castigó a la acción y acabó provocando salidas de depósitos. “Dijo que iba a amenazar a las autoridades con estrellar el avión en la sede del BCE”, asegura Ron, que critica que su sucesor tuviera este tipo de lenguaje con autoridades, accionistas y el mercado.

Saracho descarta esto, y no duda en arremeter contra su predecesor por la evolución del precio de la acción. “El consejo tuvo mucho aguante durante años, fue un remanso de paz hasta que se dividió y hubo un incendio masivo”, describe el escenario que se encontró. Pero el problema no era este, sino la solidez del banco. “Ron todavía dice estar perplejo por el final del banco. Tienes que ver el problema, pero no fue así”, sostiene.

El trágico final

Ante la pregunta de si precipitó el fin de Banco Popular, como le acusa Ángel Ron, Saracho responde que “honestamente, sí”, aunque de forma diferente a la que denuncia su predecesor. “Yo quería saber lo que había en el banco, era mi obligación. Quizá negar la realidad hubiera servido para durar más tiempo”, asegura, pero la realidad es que cree que Ron se tendría que haber ido antes de la ampliación de capital de 2.500 millones, porque opina que así habría habido margen de actuación y, cuanto menos, se habría evitado una inyección de 2.500 millones de euros por parte de accionistas u otros inversores a cambio de la dilución de los primeros que acabó “zampándose” meses después con el déficit de capital que tenía en 2017 y las pérdidas de 2016.

Yo quería saber lo que había en el banco, era mi obligación. Quizá negar la realidad hubiera servido para durar más tiempo

Este es un punto clave divergente entre ambos relatos. Ron asegura que no había un problema de solvencia, y que había exceso de liquidez del 54% en diciembre de 2016 y "curiosamente" mejoró durante el primer trimestre de 2017 hasta el 82%. Al contrario, Saracho argumenta que la regulación endureció la contabilización de capital, lo que dejaba al Popular en riesgo de incumplimiento en 2018. Una advertencia que hizo en privado y que Ron interpreta como el inicio de estrategia de comunicación negativa contra la acción. El caso es que Saracho se defiende con que se preocupó de evaluar la necesidad de capital, con una cuenta atrás en la que la fecha límite cada vez estaba más cerca. "Este banco estaba condenado, yo no lo sabía, es posible que Ron tampoco. En el entorno regulatorio actual, con las dificultades que tenía, este banco no tenía ninguna posibilidad de seguir, si acaso de integrarse", resume. Y esta fue su intención, aunque no lo consiguió. Según Ron, Saracho dijo que la acción "estaba cara" y que se había comprometido al aterrizar en buscar la venta del banco, y si no lo conseguía, "montaría una tómbola" para ello.

Pero no hubo posibilidad, pese a que se creó un proceso para que otros bancos pudieran evaluar la compra. Así lo hicieron Bankia y Sabadell, que estimaron una necesidad de capital para absorberlo de 6.000 y 11.000 millones respectivamente, desvela Saracho, mientras que BBVA, que en su momento hizo una oferta no vinculante de 5.500 millones que Ron rechazó por preferir una opa, la abandonó. Después se lo planteó en la fatídica noche de la resolución, pero pidió más tiempo y, finalmente, fue Banco Santander el que se adjudicó al Popular. Puso fin a su historia, implicó pérdidas de todo lo invertido para accionistas y bonistas, pero garantizó los depósitos.

Hacia desastres mayores

"Respiré", reconoce Saracho, que cree que podría haber habido "un desastre mucho mayor". El banquero de inversión, criticado por ello por Ron pero irrelevante para Saracho por recordar que "solo hizo gestión de crisis", advierte de la metodología de resolución. A su juicio, el Popular se podría haber salvado con la situación regulatoria previa a 2014, pero lo relevante aquí es que hay un mecanismo que no dispone de recursos para salvar al banco que interviene. "Es como si en un hospital no hubiera desfibrilador", dice, y avisa de que podría haber situaciones similares al Popular con un final en el que se ponga en riesgo el elevado volumen de depósitos de una entidad como Banco Popular, algo que podría haber pasado sin el interés del Santander.

Al recordar esa noche, Saracho se emocionó en el Congreso. Lejos de su discurso enérgico habitual, tuvo que hacer un parón para evitar las lágrimas. Horas antes, Ángel Ron describió esta decisión como un "atropello", porque "más de 300.000 personas, accionistas de un banco cotizado nacido en 1926 que jamás ha incumplido ni una sola vez los requerimientos legales, en una noche fueron desposeídas de su propiedad. Esto requiere una investigación profunda para encontrar a los responsables y establecer una reparación".

Frente a las críticas a las autoridades europeas, especialmente a Elke König, presidenta de la JUR, quita responsabilidad al Banco de España o a Luis de Guindos, exministro de Economía. "Poco podían hacer". Mientras que admite que hubo una reunión con el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, para conocer la situación del banco tras la reexpresión de las cuentas del 3 de marzo de 2017, otro punto de discordia entre Ron y Saracho. Para el primero, el objetivo de aquel hecho relevante fue "hacer caer la acción y echar la culpa a los ejecutivos anteriores", y para el segundo, un ejercicio de responsabilidad y sinceridad con el mercado, tras conversaciones con el Banco de España y la CNMV, cuyo presidente, Sebastián Albella, fue importante para que Saracho acabara presidiendo el Popular, según confiesa este.

Saracho ha achacado a varias noticias de prensa y a las declaraciones de König la fuga de depósitos que acabó de sentenciar al Popular. Y cree que era absurdo acudir al programa de liquidez de emergencia europeo ELA porque eso implica "la muerte" para un banco. Lo que no queda claro de la comparecencia de este jueves es el nivel de solvencia. La versión oficial es que hubo un problema de liquidez y no de solvencia, pero Saracho incidió en la falta de solidez del banco, cuidándose de no hacer referencia a la evaluación de si era o no solvente. Así seguirá la duda, mientras se instruye la causa en juzgados de medio mundo, incluyendo la Audiencia Nacional. El portavoz de ERC en la comisión, Joan Capdevila, recordó una cita de Aristóbulo de Juan, que siempre dice que "los problemas de liquidez suelen estar precedidos de problemas de solvencia". Por cierto, los mensajes de evitar negar la realidad de un banco por dolorosa que sea de Saracho parecen sacados de su libro 'De buenos banqueros a malos banqueros'. Pero ¿cuál es el bueno y cuál el malo?

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