entrevista al presidente de sacyr

Manuel Manrique: "Por supuesto que volvería a hacer el Canal de Panamá"

Cuando faltan menos de dos meses para inaugurar la obra más importante del último siglo, el presidente de Sacyr asegura que esta se saldará con beneficios para su grupo

El próximo 26 de junio se inaugurará oficialmente el Canal de Panamá, probablemente la obra de ingeniería más importante del último siglo, pero también la que más sangre, sudor y lágrimas ha provocado en los últimos tiempos a Manuel Manrique, presidente de Sacyr. Y es que las diferencias entre el consorcio GUP, capitaneado por el grupo español, y las autoridades panameñas llegaron a adquirir tintes de conflicto diplomático hace dos años y medio, cuando los sobrecostes de la obra llevaron a poner en duda la mismísima continuidad del proyecto.

Lejos de lamentarse por los duros momentos vividos, Manrique aprovecha el Foro de Alta Dirección: Horizonte 2020, organizado por PWC y El Confidencial, para afirmar, con contundencia: "Volvería a hacer el Canal de Panamá. No solo no me arrepiento, sino que hacer esta obra es un reto de tal calibre que marca un antes y un después para nuestra compañía, nos sitúa en otra dimensión".

Al hito de ingeniería que supone el Canal de Panamá, se suma su lado económico, otra dura prueba que el presidente de Sacyr confía en saldar con éxito gracias a que los diferentes contenciosos que mantiene con las autoridades del Canal están saldándose satisfactoriamente.

La compañía solicita 3.600 millones por reclamaciones, y para finales de 2017 espera que haya una solución sobre más de 2.000 millones, con la balanza inclinándose en su favor al menos en la mitad de esta cantidad, ya que la media de los reconocimientos económicos que ha habido hasta el momento ha sido del 52%. De mantenerse esta tendencia, "el resultado para Sacyr será muy favorable y volverá caja y resultados al balance de la compañía".

Vuelta a los orígenes

Aunque la importancia del Canal haya eclipsado, en parte, el resto de actividades de Sacyr, la verdad es que la compañía ha vivido cinco intensos años desde que Manrique asumió la presidencia. "A lo largo de este tiempo hemos terminado la travesía por el desierto", señala Manrique, que reconoce haber caído en el pecado nacional de los años de la burbuja de creer que el cielo era el límite. "Hubo una época que a Sacyr se le fue la cabeza, pero se nos fue a todo el mundo". Y pone nombre y apellidos a un claro ejemplo de los excesos de su sector: las radiales. "Fue una ida de olla colectiva".

Del mismo modo, entona un 'mea culpa' cuando asegura que "21.000 millones de deuda es la mayor aberración que puede hacer una compañía", un error del que la nueva Sacyr ha aprendido, hasta el punto de asegurar que "la sobriedad, la austeridad y el espíritu de caja es lo que puede hacernos sobrevivir". 

"Hemos hecho ya los deberes en todo y solo nos queda una cosa, pero no la podemos hacer nosotros, y es que suba el precio del petróleo"

Convencido de haber realizado tres másteres desde que cofundó Sacyr hace 30 años -uno sobre cómo subir, otro sobre cómo destruir y un tercero sobre cómo reconstruir-, el futuro de su compañía lo ve como una multinacional de construcción y concesiones, con una importante pata industrial. "Cada vez queremos ir más a nuestro origen, a nuestra idea original, que ya en 1987 nos llevó a salir a Chile a hacer nuestra primera concesión".

Un buen resumen de esta hoja de ruta son las tres grandes operaciones que ha cerrado la compañía en los últimos dos años: la liquidación de Vallehermoso, la venta de Testa y la compra de Fluor España.

"Hemos hecho ya los deberes en todo y solo nos queda una cosa, que no podemos hacer nosotros, que es que suba el precio del petróleo. Lo que nosotros podemos hacer es estar preparados para lo que ocurra". En este esperar y ver, la compañía ya ha marcado su hoja de ruta con las diferentes desinversiones que realizó en el pasado y que le llevaron a rebajar su peso en la petrolera del 20% al 9,5%.

Rafael Pérez Guerra, socio de PwC (d) y Manuel Manrique, presidente de Sacyr.
Rafael Pérez Guerra, socio de PwC (d) y Manuel Manrique, presidente de Sacyr.

Sin embargo, y a pesar de los 600 millones que amortizó el pasado ejercicio, todavía hay 1.600 millones de deuda ligados a esta participación, que tienen como garantía las propias acciones de la petrolera, y estas cotizan por debajo de 11 euros, cuando Sacyr las tiene contabilizadas, tras el dividendo cobrado en enero, en 15,3 euros.

Los otros 2.600 millones de compromisos financieros de la compañía son en su inmensa mayoría 'project finance' (2.200 millones) ligados a los proyectos concesionales, lo que limita a 400 millones la deuda imputable directamente al 'holding'. Con estas cifras sobre la mesa, Manrique reconoce: "Nos queda por solucionar Repsol, pero lo haremos". Y, aunque esquiva decir cómo, adelanta que deberán "mirar algo para que esto no vuelva a pasar".

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