CAMBIO DE IMAGEN ANTE EL NUEVO ESCENARIO POLÍTICO

El Consejo de Competitividad, en 'letargo invernal' para replantear su misión de lobby

El Consejo Empresarial de la Competitividad tiene los días contados, al menos en su imagen fundacional como grupo de interés y presión al servicio de los grandes del Ibex

Foto: Reunión del Consejo Empresarial de la Competitividad en La Moncloa en mayo de 2014 (Efe)
Reunión del Consejo Empresarial de la Competitividad en La Moncloa en mayo de 2014 (Efe)

Un quinquenio. Ese parece ser el periodo de caducidad que se dibuja en el ‘equity story’ del más célebre lobby del Ibex nucleado en torno al denominado Consejo Empresarial de la Competitividad (CEC). El grupo constituido en febrero del año 2011 por los jefes más ilustres de las principales sociedades cotizadas y alguna que otra empresa familiar de rancio abolengo ha entrado en un periodo de ‘letargo invernal’ que servirá para lavar su ancestral imagen y adaptarse a los nuevos tiempos que corren en la política y en la sociedad española.

El secretario general del CEC, Fernando Casado, tuvo que apresurarse esta semana a fin de desconvocar por vía de urgencia y a última hora la cumbre que el colectivo presidido por el titular de TelefónicaCésar Alierta, había organizado para el pasado jueves día 18. Otra vez la consabida llamada, uno por uno, a los eminentes gerifaltes del mundo bursátil y otra vez la misma retahíla de consabidas excusas justificando el aplazamiento por razones imponderables de agenda, lo que traducido a un lenguaje común viene a significar lisa y llanamente algo así como una ‘evidente falta de oportunidad’.

Fernando Casado. (EFE)
Fernando Casado. (EFE)

El cónclave de febrero era igual de inconveniente que el previsto el pasado 22 de diciembre y que también fue suspendido de buenas a primeras nada más conocerse los resultados electorales del 20-D. Los empresarios convinieron entonces que en boca callada no entrarían moscas y que lo mejor era esperar el desenlace de los acontecimientos. Pasados dos meses los nubarrones siguen acechando y todos han vuelto a darse ‘mus’ a la vista de un impasse político sobre el que nadie quiere hacer quinielas en público, sobre todo cuando los pronósticos suelen estar enfrentados con los sentimientos de tan distinguidos apostantes.

El Consejo Empresarial de Competitividad ha cerrado por vacaciones o, como señalan los más suspicaces observadores, ha tomado vacaciones para echar el cierre a los viejos tiempos de vino y rosas, cuando el jefe del Gobierno tenía la amabilidad de reunirse en el Palacio de la Moncloa con el cónclave empresarial para analizar la situación económica del país. La moda impuesta por Zapatero en su última etapa presidencial fue suprimida luego por Rajoy a quien los contactos masivos y repetidos con los empresarios le producían un inmediato salpullido del que todavía no ha terminado de recuperarse.

La desafección del actual Gobierno en funciones y el cambio político en ciernes han rebajado el poder efectivo de un colectivo claramente venido a menos

Los prebostes del Ibex no han dejado buen recuerdo de sus citas con el actual presidente en funciones y menos cuando han alardeado en manada de su complicidad con la política económica del Gobierno saliente. En el PP han criticado con cierto sarcasmo la arrogancia de un colectivo que se envuelve en la bandera de la competitividad cuando realmente, y con muy escasas excepciones, la mayor parte de las empresas que lo integran viven de la inversión pública o, lo que es más sarcástico todavía, proceden de antiguos monopolios del Estado.

La heterogeneidad del CEC reúne además en el mismo plató a empresas industriales con entidades financieras que no necesariamente están amparados por un mismo modelo de negocio. Más bien al contrario, muchas veces lo que caracteriza las relaciones entre ambos polos es el conflicto de sus respectivos intereses, por lo que si algo les une es el deseo de poder o, cuando menos, de influir en el inquilino de Palacio. Un afán que a día de hoy no augura mayores logros y que es necesario borrar de un plumazo para fumigar la percepción insolente que este tipo de movimientos corporativos producen en el ciudadano medio.

El lobby del Ibex necesita también una profunda regeneración para no parecer lo que quería ser o, probablemente, para dejar de ser lo algunos pretendían erróneamente que fuera. A estas alturas del gran circo político que se vive en España no conviene saltar a la pista disfrazado de rey león porque aparte de que a uno se le vean las costuras siempre habrá alguien dispuesto a demostrar sus habilidades de domador. El exceso de exposición a un sol que nadie sabe si calienta puede producir quemaduras en la piel sensible de empresarios poco curtidos reamente en refriegas políticas.

Nada tendría de extraño que César Alierta buscara un relevo al frente del CEC o diera un paso lateral para facilitar un imagen más técnica a partir de abril

El Consejo de la Competitividad es un producto obsoleto a estas alturas de la función, que nació auspiciado por algunos de los personajes tristemente desaparecidos de nuestro panorama empresarial. No en vano fue el fallecido Emilio Botín quien aupó a Alierta para que tomara las riendas de un proyecto que poco a poco ha ido perdiendo adeptos. Los presidentes del BBVA, Francisco González, y de La Caixa, Isidro Fainé, han excusado en más de una ocasión su presencia y la propia Ana Botín tampoco se ha destacado por ocupar el liderazgo del gremio que ostentaba su padre. La muerte de Isidoro Álvarez y también la de José Manuel Lara han hecho igualmente mucho daño al conglomerado.

El escenario político marcará, sin duda, el destino del CEC que hasta abril no volverá a abrir sus puertas, todo ello si la predicción de Rajoy no se cumple y al final hay que recurrir a nuevas elecciones generales. Nadie se atreve a descartar que el presidente de Telefónica busque para entonces algún relevo o dé un paso lateral que promueva alguna otra imagen menos institucional y más técnica de lo que puede ser un grupo de pensamiento, un servicio de estudios o una entidad de análisis sin mayores pretensiones. Tras el letargo de este duro invierno político el viejo lobby del Ibex sólo podrá despertar si asume lo que ha de ser una voluntaria y más que lógica metamorfosis.

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