PARA amortizar DEUDA

El Corte Inglés abre la puerta a vender su autocartera a un socio estratégico

Busca un inversor de perfil cómodo que esté dispuesto a acompañar al actual equipo gestor a concluir el periodo de reestructuración financiera en curso y llevar a la compañía a una nueva fase

Foto: El Corte Inglés (ECI)
El Corte Inglés (ECI)

No es urgente, pero sí es necesario. Bajo esta premisa, El Corte Inglés mantiene abierto un proceso para elegir un socio estratégico al que dar entrada en su accionariado. La operación, capitaneada por el banco de inversión Morgan Stanley, tiene por objeto desprenderse de una parte de su autocartera (12%) y obtener así recursos extraordinarios con los que amortizar un tramo de los 4.900 millones de euros de deuda corporativa que refinanció en noviembre de 2013, según explican fuentes próximas al consejo de administración del gigante de la distribución.

Las cosas en el viejo palacio de la calle Hermosilla van despacio. La cúpula de El Corte Inglés no está dispuesta a echarse en manos de cualquier fondo oportunista o soberano. Más bien al contrario, tanto el presidente Dimas Gimeno como la vieja guardia representada por los consejeros Florencio Lasaga y Carlos Martínez Echevarría prefieren un inversor de perfil más cómodo que esté dispuesto a acompañar al actual equipo gestor a concluir el periodo de reestructuración financiera en curso y llevar a la compañía a una nueva fase, donde cabría una posible salida a bolsa.

El contexto actual es más favorable para El Corte Inglés que cuando refinanció su deuda. Entonces, con Isidoro Álvarez todavía presidente, la compañía se resistió a ‘malvender’ activos estratégicos sugeridos por los acreedores. Ni siquiera prosperaron otros acercamientos amistosos, como el mantenido con el gigante chileno Falabella, un holding familiar equivalente a El Corte Inglés con presencia en el mercado latinoamericano (Chile, Argentina, Perú y Colombia), cuyos planteamientos no encajaron con la estructura de negocio desarrollada por el retailer español.

Sin la presión de hace 18 meses, El Corte Inglés ha amortizado en este tiempo un 25% de su deuda, cumpliendo así plazos fijados en el calendario de ocho años que logró para refinanciar los 4.900 millones originales. Este cumplimiento ha sido posible gracias a desinversiones en activos no estratégicos, tanto participaciones en otras compañías (IAG o Inversis), a la venta de inmuebles (Madrid-Preciados, Barcelona-Plaza Cataluña y Sfera-Preciados) y al uso de instrumentos financieros nunca antes utilizados, como titulización de préstamos al consumo (600 millones) y emisión de bonos (600 millones).

Además de los activos inmobiliarios (valorados en 18.000 millones), la autocartera de El Corte Inglés es el activo con más plusvalías latentes y posibilidad de ser líquido. De hecho, en su última auditoría de cuentas, la compañía reconoce tener "en su poder acciones propias con carácter transitorio, destinadas a una próxima enajenación". Aunque es un formalismo recurrente en los informes, también es cierto que esta fue una de las alternativas favoritas manejadas por los principales acreedores (seis bancos nacionales) durante los momentos críticos (2012-13) previos a la posterior refinanciación.

Hacer liquidez

La hoja de ruta fijada se vio afectada en septiembre de 2014 con la muerte de Isidoro Álvarez. Pese a que la sucesión estaba decidida, El Corte Inglés ha necesitado seis meses para configurar un nuevo reparto de poderes entre equipo directivo y accionistas, un binomio que por primera vez no se concentra en las mismas manos. De esta manera, mientras se resolvían cuestiones internas, el núcleo duro de los acreedores, con Banco Santander a la cabeza, pues llegó a tener un 25% de la deuda bancaria (900 millones), ha urgido a la compañía a que no interrumpa el plan de desinversiones, con la vista puesta en que haga liquidez con su vasto patrimonio inmobiliario y con su autocartera para sanear el balance.

El presidente Dimas Gimeno, las hijas de Isidoro Álvarez, Marta (2i) y Cristina y Florencio Lasaga (Fundación Ramón Areces)
El presidente Dimas Gimeno, las hijas de Isidoro Álvarez, Marta (2i) y Cristina y Florencio Lasaga (Fundación Ramón Areces)

De momento, más allá del 51% de la  financiera vendida al Santander, el resto de unidades de negocio y el patrimonio inmobiliario siguen bajo perímetro de El Corte Inglés, aunque no por falta de interés de los acreedores. Tanto antes como después de la refinanciación, los bancos han canalizado ofertas de inversores interesados en distintos tipos de activos, sobre todo inmobiliarios, para acelerar la generación de caja con la que repagar la deuda. Sin embargo, la compañía es un duro negociador, cuyas elevadas expectativas de precio marcan un ritmo diferente al que desearían los acreedores.

Por este motivo, el gigante de la distribución sigue trabajando con la esperanza de dar con el inversor ideal para entrar en su accionariado. De hecho, Morgan Stanley ha filtrado el acceso a las condiciones de la operación a fondos de inversión con perfiles de rentabilidad muy elevada.

Según recoge su última auditoría de cuentas, la compañía cuenta con 8,7 millones de acciones tipo A, con valor nominal de 6 euros, en autocartera, el 13,6% del total; mientras que de las tipo B, cuyo valor nominal asciende a 60 euros por título, hay 194.833 en autocartera, lo que equivale a un 11,3% del total. Esta bolsa de acciones propias se ha ido construyendo en los últimos años y, sólo desde 2009, El Corte Inglés ha multiplicado por seis el número de títulos que tiene en autocartera, un ejercicio que le permite contar con un paquete lo suficientemente representativo como para dar entrada a un socio estratégico.

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