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La banca responde a las críticas: los test de estrés son más duros de lo que parecen
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PONEN EL ACENTO EN LA REVISIÓN DE ACTIVOS (AQR)

La banca responde a las críticas: los test de estrés son más duros de lo que parecen

La banca española está molesta con las críticas recibidas respecto a la laxitud de los test de estrés, que va a provocar un aprobado general del sector (salvo sorpresa)

Foto: Nueva sede del BCE. (Efe)
Nueva sede del BCE. (Efe)

La banca española está un poco molesta con las críticas recibidas por parte de analistas y medios respecto a la laxitud de los test de estrés, que va a provocar un aprobado general del sector (salvo sorpresa mayúscula), como adelantó El Confidencial. Según las entidades, aunque el escenario adverso no sea excesivamente duro, el ejercicio ha sido tremendamente estricto ya que sus reglas son muy rigurosas y sus resultados van a dar una imagen de la banca española mucho peor de la real. Y todos señalan como más importante el otro ejercicio paralelo a los test, la revisión de la calidad de los activos (AQR).

"Algunos analistas dicen que, si no hay suspensos, los test no son creíbles y que son una repetición de 2011. La lectura es la contraria: si no hay suspensos no es porque los test no sean rigurosos, sino porque los bancos hemos reforzado muchísimo nuestras provisiones y nuestra solvencia, es decir, porque estamos bien", explican en una entidad sometida al examen. En otra razonan que este ejercicio no se puede comparar al de 2011 (que sólo encontró un déficit de 2.500 millones en toda la banca europea y que aprobaba hasta Bankia) porque esta vez el BCE ha revisado en profundidad los balances de las entidades antes de estresarlos para descubrir posibles agujeros ocultos y evitar un ridículo como el de entonces. Esta vez va en serio.

Estas fuentes explican que ese AQR (Asset Quality Revision) realizado por el BCE antes de estresar los balances ha revisado el 50% de las carteras de las entidades y no de forma aleatoria, sino las de mayor riesgo (las que tienen más impacto en los activos ponderados por riesgo, que es el denominador del ratio de solvencia). El ejercicio comprueba si las provisiones que tiene dotadas cada una de estas carteras son mayores o menores que el consumo de capital que pueden suponer estos riesgos. Si las provisiones son menores, el AQR concluye que existe un déficit de capital en esa cartera. En cambio, si son mayores, "no lo reconoce como superávit". Es decir, "si estás mal, sales mal; pero si estás bien, no sales bien".

"No se puede compensar el déficit de provisiones que tengas en un sitio con el superávit que tengas en otro (salvo dentro de una misma cartera y con restricciones)", explican en otra entidad. "El resultado te va a reducir el capital, así que las entidades tendremos que explicar que esto no es así realmente, porque tenemos un superávit por otro lado que no aparece en los resultados oficiales".

En este ejercicio, además, se exigirán las llamadas provisiones colectivas, destinadas a cubrir posibles pérdidas en los créditos al corriente de pago (no morosos), que en España no son obligatorias. Aunque el Banco de España consiguió que la provisión genérica que aún conservan algunas de nuestras entidades y la subestándar (que cubre préstamos que todavía no han entrado en mora pero es muy probable que lo hagan) computen como colectiva, lo normal es que todas las entidades de nuestro país sufran un déficit en este capítulo.

Test de estrés: el escenario base ya es muy duro

En cuanto a los test de estrés propiamente dichos, las fuentes explican que el balance que se somete al ejercicio es estático al cierre de 2013, es decir, como si el negocio no fuera a evolucionar en los tres años del ejercicio (2014, 2015 y 2016). Además, consideran que una parte de los créditos performing van a pasar a morosos y no van a generar ninguna rentabilidad (es decir, no se va a recobrar ninguno). Y para completar esa dureza, limitan los ingresos futuros y no permiten reducir los gastos. Concretamente, si el margen de intereses más las comisiones superan en alguno de los ejercicios el nivel de 2013, se descartan; no pueden ser superiores al año de partida. Con los gastos ocurre lo contrario: nunca pueden ser inferiores a los del año inicial, 2013.

Estas limitaciones hacen que el escenario base (el teóricamente más fácil, donde el listón para aprobar está en el 8% de capital) ya sea lo suficientemente duro como para que la escasa diferencia con el escenario estresado o adverso (aprobado en el 5,5%) no sea tan relevante como parece. Como es sabido, el Banco de España consiguió suavizar este escenario respecto al durísimo que quería imponer el BCE con el argumento de que es prácticamente imposible sufrir dos recesiones graves consecutivas. De esta forma, el escenario adverso sólo resta 5,9 puntos de PIB al base, pero es que en este último los márgenes ya salen muy perjudicados.

En todo caso, el todavía supervisor de la banca española insiste en que existe una probabilidad inferior al 1% de que llegue a ocurrir el escenario adverso... algo que ya dijo en los test de Oliver Wyman de 2012, que determinaron el importe del rescate europeo, algunas de cuyas hipótesis sí se han cumplido dada la gravedad de la crisis española.

La banca española está un poco molesta con las críticas recibidas por parte de analistas y medios respecto a la laxitud de los test de estrés, que va a provocar un aprobado general del sector (salvo sorpresa mayúscula), como adelantó El Confidencial. Según las entidades, aunque el escenario adverso no sea excesivamente duro, el ejercicio ha sido tremendamente estricto ya que sus reglas son muy rigurosas y sus resultados van a dar una imagen de la banca española mucho peor de la real. Y todos señalan como más importante el otro ejercicio paralelo a los test, la revisión de la calidad de los activos (AQR).

Banco Central Europeo (BCE) Mario Draghi Banco de España Luis María Linde
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