800.000 VOTOS A ABASCAL, SIN DIPUTADO

El pinchazo de Vox en la España vacía deja al PP sin feudos y beneficia a PSOE y Cs

La apuesta de Vox por las provincias pequeñas se ha quedado sin premio mientras resta 14 escaños al PP. El PSOE y Ciudadanos son los más beneficiados por la fragmentación

Foto: Santiago Abascal, en la sede de su partido, valora los resultados. (Reuters)
Santiago Abascal, en la sede de su partido, valora los resultados. (Reuters)

El hundimiento del PP en las elecciones generales, a menos de la mitad de escaños de 2016 y menos de un punto por encima de Ciudadanos, no ha tenido excepción. Solo en cuatro de las provincias con más edad media, Lugo (49 años), Ourense (50), Zamora (50) y Salamanca (47), el partido de Casado es la fuerza más votada. Vox, al final, se quedó con un 10% de los votos, por debajo de lo que pronosticaban las encuestas, y solo logró dos escaños en la España menos poblada, en Ciudad Real y Valladolid. En las 26 circunscripciones con menos de cinco escaños en juego restantes, el voto al partido de Santiago Abascal no se ha traducido en diputados. Si todos los votos de Vox hubiesen ido al PP en las provincias de cinco escaños o menos, el partido de Pablo Casado tendría 16 escaños más y el PSOE ocho menos. De los 2,6 millones de votos de Vox, unos 800.000 (un 30% del total) se han dado en provincias donde no ha sacado escaño.

El pinchazo de Vox en la España vacía deja al PP sin feudos y beneficia a PSOE y Cs

Vox decidió hacer campaña incluso en la España vacía. Era una apuesta de riesgo. Allí hace falta mucho porcentaje para sacar un escaño —aunque pocos votos—, y por eso los partidos primerizos suelen centrarse en las circunscripciones grandes. Los éxitos de público de la extrema derecha hicieron parecer que podía entrar en esas provincias y lograr una gran prima de escaños que disparara sus resultados. Al final tenían razón los expertos que los definían como "una minoría ruidosa". Sus mítines eran multitudinarios y enfervorecidos, pero no suficientes como para que entraran en esas provincias aunque sí para influir en el reparto. El resultado es un pinchazo en escaños en la España vacía que lastra al PP en sus feudos tradicionales y de la que se benefician PSOE y Ciudadanos. El PSOE siempre ha convivido con un partido a su izquierda que no convierte muchos de sus votos en escaños, antes lo fue IU y ahora leocurre a Podemos, pero para el PP es una novedad y ahora critica la fragmentación.

La fragmentación de la derecha ha dejado un herido en la UVI, el Partido Popular. Pero si en las circunscripciones grandes su bajada se ha podido ver compensada en parte con la subida de escaños de Vox —al fin y al cabo, estas eran unas elecciones de bloques—, en las de menos de cinco escaños no ha sido así. En la España vacía, la vía de agua para el PP es descomunal. Vox se ha quedado fuera de 26 de las 28 circunscripciones de cinco escaños o menos y solo entra en Ciudad Real, donde la caza es la principal industria, y en Valladolid. Si esos votos hubieran ido al PP, el partido de Casado habría obtenido 16 escaños más, hasta los 82. El PSOE se beneficia con ocho escaños. Los bloques habrían estado más cerca, aunque el PSOE seguiría teniendo en su mano gobernar.

Castilla y León es un granero tradicional del PP. En 2016 obtuvo allí 18 escaños (el 44% de los votos) por nueve diputados del PSOE (23%). Son nueve circunscripciones pequeñas en las que solo Valladolid reparte cinco escaños. En esta ocasión, el resultado se ha invertido. El PP baja hasta el 26% y pierde ocho escaños. El partido de Pablo Casado, que hace gala de sus raíces castellanas, cae allí 250.000 votos.

De esos, hay 180.000 que se van presumiblemente a Vox. El partido de Abascal obtiene el 12,3% del total, por encima de la media nacional, pero de esos votos solo los 45.000 de Valladolid se traducen en un diputado: los otros 135.000 no rinden en escaños y acaban beneficiando a PSOE y Ciudadanos. Tradicionalmente, esas provincias suponían dos escaños para el PP y uno para el PSOE. Pero en esta ocasión son en muchos casos uno para el PSOE, uno para el PP y otro para Ciudadanos. Así pasa en Segovia, Ávila, Palencia y Zamora. Sin Vox, pese a la caída del PP, el resultado habría seguido siendo presumiblemente 2-1 en Ávila, Palencia y Zamora.

En la región, el PSOE sube seis puntos y gana tres escaños, hasta los 12. Ciudadanos, que solo tuvo un escaño en 2016, logra ocho, con una subida de cuatro puntos. Al quedar por delante de Podemos —que pierde sus tres escaños en la región, incluido el de Juanma del Olmo— y aprovechar la bajada del PP, Ciudadanos entra ahora en muchas circunscripciones pequeñas como Albacete, Ávila, Burgos, Cáceres, Cantabria, Castellón, Ciudad Real, Guadalajara...

Al resistir la llegada de Vox, el partido de Albert Rivera sube un 78% en escaños, como él recordó en su salida triunfal al balcón de la sede central del partido, pese a que en porcentaje de voto sube algo menos de tres puntos, del 13,06% en 2016 al 15,85%. Ciudadanos, que tradicionalmente ha criticado la Ley Electoral, convierte ahora de forma eficiente sus votos en escaños al superar a Podemos y ser claramente el tercer partido.

Cartograma provincial de las elecciones generales de 2019 y su comparación con 2016.
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Cartograma provincial de las elecciones generales de 2019 y su comparación con 2016.

La estrategia de Pablo Casado de competir con Vox no ha funcionado: Vox ha sacado un muy buen resultado —aunque peor del que vaticinaban sus líderes e incluso las encuestas— y Casado ha perdido votantes menos derechistas Los más fieles al líder del PP culpan a la fragmentación de la derecha, pero los críticos llevan tiempo señalando que el PP tenía que vender ser un partido de gestión y centrarse en la economía. Las elecciones el PP las ganaba desde el centro. En Galicia, donde Alberto Núñez Feijóo ha tenido un discurso más moderado, Vox no obtiene escaño y el PP se queda uno por detrás del PSOE.

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