UN ENCLAVE CONVERTIDO EN RECLAMO DE CAMPAÑA

De Vox a una pareja LGTBI: no todos odian a Pedro Sánchez en el Valle de los Caídos

A la basílica donde aún yace Franco, que registra cifras récord de visitantes, se acercan nostálgicos del régimen y votantes de derechas, pero también ciudadanos progresistas o simplemente curiosos

Foto: La explanada del Valle de los Caídos, con la imponente cruz y la basílica donde yace Francisco Franco, el pasado 13 de abril. (J. R. | EC)
La explanada del Valle de los Caídos, con la imponente cruz y la basílica donde yace Francisco Franco, el pasado 13 de abril. (J. R. | EC)

—Él fue el mayor católico del mundo. Franco nos salvó a los católicos de morir. Los comunistas y los socialistas mataban a la gente por ser católica, y no está el comunismo en España gracias a él.

Purificación, 73 años, agente comercial, acaba de completar todas las estaciones del viacrucis del Valle de los Caídos, 2.300 escalones, y se dirige presta hacia el interior de la basílica. "Empezamos a las cuatro de la tarde y acabamos de llegar". Pasan las 19 horas y aunque ha hecho buen día ya comienza a sentirse el frío de la sierra de Guadarrama. "Soy muy creyente y vengo mucho a misa aquí", afirma. Pero no tiene problema en confesar que no le importa en absoluto que allí, bajo esa gigantesca mole de granito, construida mayoritariamente con las manos de los presos políticos republicanos, siga yaciendo el dictador Francisco Franco, 43 años después de su muerte. Es más, si finalmente saliera de Cuelgamuros, Purificación "iría a verlo, por supuesto". "Franco nos defendió. Menos mal que la guerra la ganó él, porque si no estaríamos en zuecos", señala hiperbólica. "No creo que el tema de la exhumación tenga mucho que ver en las elecciones, pero la mayoría de los que votaremos a Vox será para que haya una Ley de Memoria Histórica auténtica, la de verdad, no la que está. Conque Vox nos quite esta ley y la Alianza de Civilizaciones me basta. Porque dentro de nada me veo que España es musulmana".

Pero el de ella no es el único perfil que se acerca al Valle de los Caídos. Allí no todos odian a Pedro Sánchez.

Purificación es de las últimas en acceder al templo para asistir al último servicio religioso de la tarde. Las 21 filas de bancos dobles que pueblan la nave, en el tramo más próximo al crucero, se han ido completando rápidamente de fieles procedentes del viacrucis. Pero minutos antes de ese momento, de las 18:30 horas, los que ingresan en la iglesia son sobre todo turistas. Visitantes que se arremolinan en torno a la sepultura del dictador, una losa berroqueña de 2,26 x 1,19 metros y de 20 centímetros de espesor situada en el presbiterio, entre el altar mayor y el coro de la abadía. Este sábado, 13 de abril, víspera del arranque de Semana Santa, reposan seis ramos de flores frescas que cubren parcialmente las letras del nombre del dictador grabadas en el granito. Cuatro vigilantes de seguridad privada deambulan cerca de la lápida. "¡Fotos no!", exclaman a la mínima, en cuanto alguien se atreve a blandir un móvil.

Los visitantes se arremolinan en torno a la losa de Franco. Hoy reposan seis ramos de flores. Cuatro vigilantes de seguridad deambulan cerca


—¡Sin correr, sin correr! —grita una agente a unos niños que comienzan a trotar por el crucero, sin saber quién yace allí y quién se halla bajo la losa ubicada en el lado opuesto, José Antonio Primo de Rivera, el fundador de La Falange, fusilado en noviembre de 1936.

Un 74,74% más de visitantes

Franco podría abandonar el Valle de los Caídos, el conjunto monumental que en 1940 él mismo ordenó levantar en la finca de Cuelgamuros, en el municipio madrileño de San Lorenzo de El Escorial, el próximo 10 de junio, para ser reinhumado en el cementerio de Mingorrubio-El Pardo. Siempre, eso sí, que el Tribunal Supremo no dé la razón a la familia del dictador y paralice la exhumación. El coste de la operación es pequeño. Tanto en tiempo, tres jornadas laborales (para retirar la lápida, desenterrar el cuerpo embalsamado del general y reponer el solado), como en dinero: 3.738,90 euros.

"No veo necesaria la exhumación. Y como creyente la idea de la profanación me da yuyu. Más bien estoy a favor de lo que dicen los Franco", dice Fanny

La decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de sacar a Franco de la abadía, de despojarla de la condición de mausoleo de Estado a un dictador, ha animado las visitas al recinto. "Ha habido días en los que la cola de vehículos se prolongaba un kilómetro más allá de la puerta de entrada, hacia la misma A-6", cuenta José María de Marcos, uno de los taxistas que cubren el recorrido de 14 km desde la estación de El Escorial hasta la valla de acceso al conjunto monumental, por la carretera M-600. Los datos hablan por sí mismos. En el primer trimestre de 2019, el Valle de los Caídos recibió un total de 81.284 visitantes, por los 46.517 del mismo periodo de 2018. Un 74,74% más. Solo en marzo acudieron a la basílica 36.893 personas, y fueron 22.910 en el mismo mes del año pasado (un 61% más), según el registro de Patrimonio Nacional, el organismo público que depende del Ministerio de la Presidencia y que es titular del recinto.

"Aquí viene gente de todo tipo", observa José María. Este sábado una larga fila de coches aguarda para poder acceder al conjunto cerca de las tres de la tarde. La espera se hace corta: en la garita cobran con agilidad los nueve euros de la entrada. Pasada la valla, asciende un camino de 6 kilómetros en pendiente hasta el aparcamiento y el bar, a dos pasos de la formidable explanada de la basílica, que preside una enorme cruz de 150 metros de altura. El conjunto, obra faraónica de Pedro Muguruza y Diego Méndez, expresión del nacionalcatolicismo del régimen, cumplió el pasado 1 de abril 60 años. Costó 5.500 millones de pesetas de 1975.

Entrada a la basílica del Valle de los Caídos, el pasado 13 de abril. (J. R. | EC)
Entrada a la basílica del Valle de los Caídos, el pasado 13 de abril. (J. R. | EC)

Pasan unos minutos de las 15 horas y Fanny y Javier tienen prisa por descender hasta el punto donde comenzará el viacrucis.

—Yo no veo necesaria la exhumación. Y como creyente la idea de la profanación me da yuyu. Más bien estoy a favor de lo que dicen los Franco —tercia Fanny—, porque deben tener la última palabra, y también lo cree así la comunidad benedictina. Franco lleva 40 años aquí. Ahora bien, tampoco veo que se hagan manifestaciones aquí el 20-N. Este monumento es de reconciliación: están enterradas víctimas de los dos bandos.

El mayor osario de la Guerra Civil

Fanny tiene razón. Son 33.847 los cadáveres que descansan en los atestados columbarios, en muy mal estado, alojados en las ocho criptas de la abadía. Es el mayor osario de la Guerra Civil, y hay caídos de ambas trincheras. Pero no, Franco no fue una víctima de la contienda, la razón que esgrimió el Gobierno para promover su salida y no la de Primo de Rivera, que podría ser realojado en otro lugar menos preeminente de la basílica. El dictador, en opinión de Javier, "no está enterrado en un sitio privilegiado" y considera "estúpida" la iniciativa del Ejecutivo, más un "comodín" electoralista que otra cosa. "Y que encima nos divide más", remata Fanny.

Purificación y José María reconocen que votarán al partido de Abascal. A una le repele la Ley de Memoria, al otro le mueve "la unidad de España"

José María Leal, 20 años, estudiante de Administración y Dirección de Empresas y Derecho en la Carlos III, va hacia el Valle de los Caídos cada vez que pueden . Vive en Las Rozas, una rica localidad madrileña próxima pegada a la A-6, y le gusta "ir a rezar" allí. Hoy decidió acercarse solo. "Me siento bien. Te sientes más seguro y en paz, tranquilo. Con el anuncio de la exhumación de Franco, creo que tengo que venir. Estoy en contra de que lo saquen".

A José María le gustan la política y la historia, y reconoce que aunque sus padres son conservadores, él ha "afianzado esas ideas". No le repele que le definan como "franquista", sobre todo porque hay "valores" de la dictadura que sí respalda, aunque no comparta, "obviamente", los crímenes de la contienda y de la represión posterior. Tampoco esconde que votará a Vox en las generales del 28-A. Lo hace "por la unidad de España", que cree en peligro por la "creación de 17 miniestados". "En el franquismo se construyó mucho y ahora se está destruyendo poco a poco ese legado".

Estefanía (i) y Elena (d), el pasado 13 de abril antes de entrar en el Valle de los Caídos. (J. R. | EC)
Estefanía (i) y Elena (d), el pasado 13 de abril antes de entrar en el Valle de los Caídos. (J. R. | EC)

No quiere que le fotografíen, como la gran mayoría de aquellos a los que no les importa echar unos minutos de charla con el periodista. Kissi y Jorge, una pareja de mossos d'Esquadra "de escala básica" que han viajado a Madrid desde Barcelona con sus dos pequeños, también rechazan una imagen. Descansan en el muro de piedra que mira al bosque que se extiende bajo la explanada. Ambos vinieron "por conocer" el recinto, "por curiosidad", sin más pretensiones. "Somos apolíticos. Fuimos a Segovia y decidimos parar aquí para visitarlo. El enclave es maravilloso. Nos da igual que esté Franco o no", dice Kissi. "Tampoco somos tan conocedores de la historia", justifica Jorge. Ambos creen, no obstante, que hay cuestiones "más importantes" que la exhumación del dictador, un comentario que sí se oye a varios de los visitantes que acuden al Valle de los Caídos, del color que sean.

"Nunca es tarde"

Elena y Estefanía caminan de la mano hacia la entrada de la basílica. Son pareja desde hace dos años. Ambas trabajan y son de Madrid. Prefieren no hablar de política porque, como dicen entre risas, acaban discutiendo. Estefanía, de 29 años, se declara de derechas, y su novia, Elena, de izquierdas "y atea". Opinan de forma muy diferente sobre la necesidad de exhumar a Franco, pero no es tanto su figura lo que les llevado de excursión hasta Cuelgamuros. Para ellas, es como visitar cualquier otro monumento, "como quien va a Auschwitz". Y no les influirá a la hora de decidir su voto el 28-A.

Elena y Estefanía prefieren no hablar de política porque discrepan, pero se acercan al Valle de los Caídos por conocerlo, "como quien ve Auschwitz"

—Yo estoy en contra de que lo desentierren. Es dinero que se va a gastar al Estado para una cosa no tan importante. Está más vivo ahora Franco que hace un montón de años. Es innecesario —explica Estefanía.

—Para mí sí que no debería estar ahí. Pero en este caso me da igual porque venimos porque nos llama la atención. Yo este año voto por primera vez y optaré por algún partido que no me quite mis derechos. Estoy entre Podemos o el PSOE —comenta Elena, antes de pedir a su pareja que "abra su mente".

María Jesús (i) y María García, madre e hija, el pasado 13 de abril a las puertas de la basílica del Valle de los Caídos. (J. R. | EC)
María Jesús (i) y María García, madre e hija, el pasado 13 de abril a las puertas de la basílica del Valle de los Caídos. (J. R. | EC)

De Madrid son también María Jesús y su hija, María García, de 24 años, que quería "conocer" el monumento. Pero salen con una sensación extraña, porque la obra es "horrible, desagradable", por lo que representa, por cómo se construyó, por los represaliados republicanos. Ambas comparten que el dictador ha de salir de la basílica, aunque sea una tarea que la democracia debió de haber hecho antes. "Pero nunca es tarde", resopla María Jesús, que ve con buenos ojos que el recinto se resignifique como un museo de la memoria y que se desaloje a la comunidad benedictina que custodia la abadía y que lidera el prior administrador, Santiago Cantera. "Quitaría incluso la cruz", añade.

María considera que no puede haber "un mausoleo de Estado" y que un monumento como este, de exaltación de la dictadura, sería "la vergüenza" para países como Alemania. La conversación deriva pronto hacia el 28-A. María, que ha estudiado Periodismo y Relaciones Internacionales, tacha de "lamentable" que haya jóvenes que se sientan atraídos por Vox, por la ultraderecha, que "se dejen llevar por lo que opinan sus padres". A su juicio, "no te saben dar argumentos, dicen cuatro generalidades como la defensa de la unidad de España y poco más". Su madre asiente y conviene en lo "preocupante" que es que las nuevas generaciones se inclinen hacia Santiago Abascal. "Parece que ahora la derecha se ha apropiado de España —añade María Jesús—. Pero sería un retroceso para el país. El PP se ha quitado la careta y para mucha gente parece que se ha quedado corto. Es cierto que el tema de Cataluña está influyendo mucho. Corre ese veneno. Ahora la ultraderecha ha explosionado y va a por todas. Se ven fuertes".

Visitantes en la explanada del Valle de los Caídos, al atardecer del pasado 13 de abril. (J. R. | EC)
Visitantes en la explanada del Valle de los Caídos, al atardecer del pasado 13 de abril. (J. R. | EC)

"Una cortina de humo"

Las dos se atreven a hacer un pronóstico para el 28-A: "Ganará el PSOE". No arriesgan mucho: es lo que dicen las encuestas. "Mucha gente que no esté satisfecha con el PSOE se va a movilizar a su favor para parar a las derechas", remacha María Jesús.

María Jesús no ve mal que se resignifique el conjunto como un museo de la memoria. Ella y su hija se dicen preocupadas por el ascenso de Vox

"Si quieren exhumar a Franco, que lleva aquí 40 años, ¿por qué no desenterramos a Felipe II? ¿Por qué renegamos de nuestra historia?", se pregunta Jesús, de Córdoba, a punto de poner un pie en el templo y que se ha acercado "por curiosidad". "Desde luego, hay cosas más importantes que esto. No deja de ser una cortina de humo del Gobierno para desviar la atención de otros problemas. Pero vamos, creo que no lo sacarán", continúa.

Quico, antes de visitar la abadía del Valle de los Caídos, el pasado 13 de abril. (J. R. | EC)
Quico, antes de visitar la abadía del Valle de los Caídos, el pasado 13 de abril. (J. R. | EC)

Tampoco la salida del dictador es la "máxima preocupación" de Alberto y Ana, que con su niño pequeño (y otro en camino) vienen de la localidad madrileña de Parla, pero sí están de acuerdo con la decisión del Gobierno. Ambos han acudido hasta Cuelgamuros porque visitaron San Lorenzo de El Escorial y no conocían el recinto. Ana cree que al final "sí se conseguirá" la exhumación, y se debería "trabajar para remover conciencias, pensamientos". Lo importante, juzga, es que "no se repitan los errores".

Teodoro trae a su padre, José Gregorio Martínez, porque le había dicho que quería visitarlo. "No por simpatía con el régimen. Estamos ambos en las antípodas. Somos los dos de izquierdas", "y votantes del PSOE", precisa el hijo. Vienen de Cuenca, de un pequeño municipio de la serranía, Huerta del Marquesado. "Lo que me impacta es de dónde procedió todo este trabajo", de manos de represaliados, confiesa el padre.

(J. R. | EC)
(J. R. | EC)

José Gregorio, campesino toda su vida, nació en 1933, tres años antes del estallido de la contienda. Perdió a un hermano y a tres primos hermanos. Recuerda cómo sufrió el hambre, la miseria, la delación de los vecinos que fomentaba el franquismo, la persecución de aquellos que simpatizaban con los partidos republicanos. Le parece "increíble", dice, que ahora se frivolice sobre lo que ocurrió en aquellos años, que se haya "olvidado" tan rápidamente lo que supuso la dictadura, que se vuelva a debates ya superados.

No a homenajear a un dictador

"Con la llegada de la Transición, los gobiernos del PSOE... se creó un clima social de euforia que podía hacer pensar que se dejaban atrás temas muy casposos. Pero no. Es muy desolador", sanciona Teodoro, ingeniero técnico agrícola. Lamenta que el franquismo sociológico "haya perdido complejos y pudor y muestre ahora su máscara" y esté "resurgiendo".

Teodoro y su padre son partidarios de recuperar la memoria histórica, y respaldan la decisión de Sánchez de exhumar al dictador. "El presidente ha querido demostrar que tenía la valentía que otros no tenían. ¿Se llega tarde? Seguramente antes era complicado, porque no solo depende de un Gobierno, sino de la cúpula eclesiástica. No creo que a [José Luis Rodríguez] Zapatero le faltaran ganas, pero tropezó con el cardenal [Antonio María] Rouco Varela", opina el hijo. Los dos hombres no tienen "claro" que finalmente se acometa el desenterramiento de Franco, "quizá no el 10 de junio".

José Gregorio nació en 1933 y sufrío la guerra y le parece "increíble" que las nuevas generaciones se olviden de lo que supuso la dictadura franquista

Quico y Jon vienen del centro de Madrid. Cargan con sus cascos de moto mientras recorren los metros que separan la explanada de la entrada del templo. Quico no se declara "muy fan de la exhumación", pero a la vez ve "lamentable que se rinda tributo a un dictador". "No creo que esto vaya a dar más votos a Vox. Pero sí es una cortina de humo promovida por el PSOE para levantar rencillas. Pero no creo que lo vaya a sacar de ahí. Es un reclamo electoral más que otra cosa", agrega este joven, que se reconoce conservador, "pero no franquista". "El votante de Vox es el que el PP no ha sabido mantener", opina.

"¿Derruir el Valle de los Caídos? No. Hay mucha gente enterrada ahí, simboliza una guerra. Sería un despropósito. El que sobra ahí es Franco. La basílica es grandiosa, aunque por cómo se construyó me da muchísima pena, horror. No me lo imaginaba así, pero no merecía la pena el sudor que costó", indica Elena. Descansa con su hija adolescente en uno de los muretes de la explanada. Ambas vienen de Guadalajara y han acompañado al abuelo. Elena reconoce que le preocupan algunos comentarios que oye alrededor, la sensación de que se esté "olvidando qué fue la dictadura". "Y ese desconocimiento es peligroso. Cuando no se conoce la historia, se puede repetir".

Vista general del Valle de los Caídos y su imponente cruz de 150 metros de altura, el pasado 13 de abril. (J. R. | EC)
Vista general del Valle de los Caídos y su imponente cruz de 150 metros de altura, el pasado 13 de abril. (J. R. | EC)

—¡Haya hecho lo que haya hecho lo tienen que dejar en paz! —exclama una mujer rubia que se dirige con su grupo hacia el acceso a la basílica. Con oírla basta para saber a quién se refiere.

Pero también se escuchan voces en lenguas extranjeras. En francés, en inglés. Porque no deja de ser un monumento turístico a 50 kilómetros de la capital y muy próximo al conjunto monumental de San Lorenzo de El Escorial.

En el templo, antes de que lleguen los fieles, retumban los pasos. El largo corredor de la nave, interminable, a veces angustioso —piedra excavada en la piedra, no hay iluminación natural, el ambiente es lúgubre—, desemboca en el crucero dominado por dos nombres propios. Uno de ellos, Franco, quizá desaparezca en unos meses. Pero no todos los que van a ver al dictador simpatizan con él. Peregrinan los nostálgicos, sí, pero también los que abominan del régimen, los que desean ver al general fuera, los que quieren conocer el conjunto, los que se acercan por pura curiosidad, los feligreses católicos. El Valle de los Caídos no es tierra hostil para la izquierda. Pero su sola imagen remite a los años más negros de la historia reciente de España, al horror de la Guerra Civil y la dictadura y a la cruel represión de los vencidos.

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