HABLAN LOS VECINOS Y COMERCIANTES

'Sprays' de defensa, partidarios en silencio, insultos... Así hace campaña Vox en Vallecas

El barrio es tradicionalmente de izquierdas y Podemos arrasó en las pasadas elecciones, pero la subida de los de Abascal hace impredecible el resultado incluso aquí

Foto: La Policía protege a Vox en Vallecas. (EC)
La Policía protege a Vox en Vallecas. (EC)

El madrileño barrio de Vallecas no parece 'a priori' un sitio cómodo para Vox. En los comicios generales de 2016, Podemos —que concurría junto a IU, Equo y CLI-AS— consiguió el 37% de los votos en la zona de Puente de Vallecas, con más de 37.000 sufragios, el mejor resultado de todos los partidos. Por encima del PSOE, que logró 30.500 respaldos (28%), PP (25.800 votos, 24%) o Ciudadanos (12.400 respaldos, 11,4%). Muy lejos quedó entonces el partido de Santiago Abascal, al que en aquellas elecciones apoyaron apenas 273 personas (el 0,2% de los habitantes del barrio).

En Villa de Vallecas, el resultado fue parecido. Podemos logró 15.700 votos (casi el 30% de los sufragios), PP 13.700 (26%), PSOE 11.700 (22,4%) y Ciudadanos 9.600 (18%). Lejos volvía a quedar Vox, que únicamente recibió el respaldo de 171 personas, las mismas exactamente que le habían apoyado un año antes, en las anteriores elecciones generales. Los datos reflejan claramente que la zona no es la más de derechas de Madrid y la convierten, de hecho, en un territorio hostil para la formación que en la comunidad autónoma lidera Rocío Monasterio, no definida de momento por el partido como candidata regional o municipal a los próximos comicios de mayo.

Una de las mesas de Vox en Vallecas. (EC)
Una de las mesas de Vox en Vallecas. (EC)

Las encuestas muestran una enorme subida en toda España de Vox, que pasa de no tener ni un solo escaño en las generales de 2016 a alcanzar entre 25 y 28, según el CIS, el 'tracking' de El Confidencial y otros barómetros. Las cifras reales que obtendrá la formación de Abascal, sin embargo, son enormemente difíciles de predecir. Ocurrió de hecho en los pasados comicios de Andalucía, cuando las encuestas apenas daban uno o dos escaños para Vox, que finalmente alcanzó los 12 asientos en la Cámara autonómica ante la sorpresa de la práctica totalidad de los especialistas.

Resulta por lo tanto aún más difícil predecir cuál será el respaldo que el partido recibirá en el mencionado territorio hostil que representan los madrileños barrios de Villa y Puente de Vallecas, tradicionalmente ligados al voto de izquierdas. La cuestión, además, se complica aún más si se tiene en cuenta que no termina de estar del todo claro de dónde proceden todos los respaldos que está recibiendo Vox, si se trata exclusivamente de antiguos votantes del PP o de Ciudadanos, o también hay indignados con el sistema que en su momento apoyaron a Podemos e incluso jóvenes que aún no se han posicionado políticamente en las urnas.

Al pulsar la calle, las sensaciones son encontradas. "Aquí, que no aparezcan", explica un joven que camina por pleno centro histórico de Vallecas un día de colegio. "Vallecas es de izquierdas", insiste el mismo ciudadano, que parece dejar claro lo que mayoritariamente reflejaban las urnas hace tres años y la sensación ambiental que transmiten algunos radicales, muchos de los cuales han participado activamente en escraches contra los miembros de Vox que han 'osado' poner mesas informativas por la calle durante las últimas semanas.

"Fuera fascistas de nuestros barrios", "no a la política del odio", "aquí están los jóvenes patriotas" o "viva la lucha de la clase obrera" eran algunos de los gritos que los exaltados lanzaban contra la apenas media docena de simpatizantes de Vox que se atrevió a levantar estos puestos. Según fuentes del partido en Vallecas, hasta en tres ocasiones en las que han tratado de poner mesas informativas han sido increpados por el mismo grupo de radicales, que tanto ellos como la Policía Nacional tienen perfectamente identificados. "Nos hicieron fotos y a la media hora estaban distribuidas por las redes sociales", explica uno de los miembros de Vox que acudieron a las mesas.

Manifestantes protestan contra la llegada de Vox al barrio. (EC)
Manifestantes protestan contra la llegada de Vox al barrio. (EC)

"El otro día, además de pancartas, llevaron perros grandes sin bozal", describe el mismo representante del partido, que prefiere permanecer en el anonimato por temor precisamente a represalias de estos individuos, que seguramente —afirma— conocen dónde vive. "Portaban pancartas y nos insultaban con odio, nos llamaban fascistas y nos escupían", relata el mismo miembro de Vox, que sostiene también que los agentes de la Policía Nacional han venido a cada acto. Cuando lo hacen, subraya, "están todo el rato protegiéndonos". "Gracias a ellos, no nos pasa nada", entiende.

"Después de quitar cada una de las mesas que hemos puesto, siempre hemos ido a comisaría a interponer la correspondiente denuncia", confiesa el representante de la formación, que admite llevar en todo momento consigo un 'spray' de defensa. "Es perfectamente legal", asegura. Explica que a estas mesas informativas apenas vienen simpatizantes, pero que, en número de afiliados en el barrio, su partido triplica a Ciudadanos.

José, el dueño de un comercio que también opta por no identificar, observó uno de estos ataques verbales de los radicales contra quienes organizaban una de esas mesas de Vox. "Siempre están liándola", asegura. "Sé el nombre de todos, son unos delincuentes, no quieren a la policía", describe el hombre, que se niega en redondo a que le fotografíen. "Si salgo en la prensa, vienen a por mí y le prenden fuego al negocio", afirma el propietario del local, que no quiere opinar de política más allá de estas consideraciones.

Tampoco quieren mojarse demasiado otros habitantes de Vallecas. "Vienen por aquí con su banderita de España para provocar", sostiene la clienta de una frutería algo exaltado. "Pero a mí no me pongas nada", añade antes de abandonar la tienda con cara poco simpática, muy diferente a la de la dueña del establecimiento, que esboza una pequeña sonrisa mientras sale la clienta.

Manifestantes contra las mesas de Vox. (EC)
Manifestantes contra las mesas de Vox. (EC)

Sí lo hacen los dueños de una peluquería. "Esto se supone que es un barrio de izquierdas, aunque hoy en día no sé", asegura mientras corta el pelo a un cliente que mantiene un silencio sepulcral mientras se mira al espejo como si estuviera congelado. "Vallecas es tierra hostil", continúa el otro peluquero, también mientras da los últimos retoques a otra cabeza, más joven que la del primer cliente y posiblemente con las ideas más claras. "Vox va a sacar más votos de los que la gente se piensa", añade el peluquero que cortaba al joven, que rápidamente se sumó a la conversación. "El voto del silencio", dice con cierta prudencia inicial. "Yo estoy hasta las narices, que toquen a España, a la gente le toca las narices", amplía con menos moderación.

"Lo mismo hay sorpresa, como en Andalucía", le responde su peluquero, que confiesa que a él lo que no le gustaba era el tema de las armas. "Eso es demasiado", reflexiona. "Otra cosa es que cambien la ley", agrega. "Los medios han tergiversado mucho eso", le interrumpe el cliente más joven. "Yo tengo licencia de armas y si entra alguien en mi casa, ese va para adelante; yo iré a la cárcel, pero las flores al cementerio las llevarán otros", afirma al tiempo que se levanta, se acerca a la caja y saca un fajo de billetes para pagar.

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