De las subprime de 2008 a las cepas del covid de 2021: historia de dos crisis muy distintas
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La recuperación vuelve a retrasarse

De las subprime de 2008 a las cepas del covid de 2021: historia de dos crisis muy distintas

La caída histórica del PIB por la pandemia vino seguida de una rápida recuperación del optimismo y un fuerte rebote del empleo. Sin embargo, la pandemia no se ha acabado y los desequilibrios se van acumulando

Foto: Foto: Reuters/Stephane Mahe.
Foto: Reuters/Stephane Mahe.
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Esta crisis es diferente a todas las demás de la época moderna. Lo es en el mundo entero, porque el desencadenante fue el cierre de la economía, pero aún más en España, que por primera vez tuvo una balanza de pagos positiva. Esto permitió evitar los problemas financieros y contener la duración de la contracción. La recesión apenas duró dos meses, lo que despertó las expectativas sobre una rápida recuperación. La vuelta del optimismo desde el verano de 2020 llevó a las empresas a recuperar rápidamente a sus trabajadores, hasta el punto de que un año después ya se han superado los niveles de afiliación de 2019. Muchos economistas se olvidaron de que esta crisis es diferente y empezaron a especular con la fecha de salida de la crisis. La propia vicepresidenta económica, Nadia Calviño, aseguró hace apenas dos meses que España recuperaría el nivel de actividad diario previo a la pandemia antes de acabar el año.

Igual que la recesión fue diferente a las anteriores, también lo está siendo la recuperación. Habitualmente cuando un país toca suelo y se produce el cambio de tendencia, la recuperación ya es imparable. Lo es porque se produce un círculo virtuoso: los hogares mejoran sus expectativas y aumentan el consumo, lo que estimula a su vez la creación de empleo que genera aún más consumo. Este ciclo de la demanda es lo que permite a los países salir de las crisis.

Foto:  El exministro de Hacienda, Cristobal Montoro, durante una entrevista con EC en la redacción. (Sergio Beleña)

En esta pandemia, por el contrario, la recuperación de la confianza en las empresas se ha traducido en una intensa recuperación del empleo, pero el consumo de los hogares sigue atascado, ya que el virus sigue golpeando. El suelo de esta crisis son arenas movedizas como consecuencia de las variantes del virus, y a medida que pasan los meses se van acumulando los desequilibrios. Si bien los economistas creían hace dos meses que la recuperación era ya definitiva, ahora vuelven las dudas por la variable sudafricana y la dureza de la sexta ola en Europa. La crisis no se ha acabado y los riesgos siguen siendo altos.

Una crisis sin desequilibrios

La recesión provocada por el coronavirus, aunque fue muy intensa, también fue corta: apenas duró una primavera, la del gran confinamiento. En el verano, con el alivio de las restricciones, se produjo un gran rebote económico que fue clave para evitar la entrada en un círculo vicioso como el que habitualmente ocurre en las crisis. Hay dos factores que explican esta diferencia.

El primero es que los gobiernos, los bancos centrales y los organismos internacionales se coordinaron para poner en marcha políticas expansivas que contuvieran la caída de las rentas de los hogares. El resultado fue que se evitó el colapso del consumo, favoreciendo una rápida recuperación.

El segundo es que el sector privado entró en la pandemia muy saneado después de una década digiriendo los excesos de la crisis financiera. La deuda de las familias en el año 2008 superaba el 130% del PIB; sin embargo, antes de la pandemia se había reducido en 40 puntos porcentuales. Este desapalancamiento dio margen a las empresas para soportar una buena parte de los costes de la crisis del covid. De hecho, el comportamiento de las empresas explica, en gran medida, la contención de la pandemia: la destrucción de empleo fue limitada y no se produjeron descuelgues de convenios ni bajadas de salarios.

El apoyo financiero del sector público, tanto los estímulos del Banco Central Europeo como los avales del ICO, permitió que el flujo del crédito siguiera creciendo. Al contrario que en las crisis de 2008 y 2011, las empresas pudieron asumir en sus balances pérdidas pidiendo deuda a los bancos. Según los datos de la contabilidad nacional, el beneficio bruto de empresas y autónomos (medido como el EBE y las rentas mixtas) sigue casi un 10% por debajo de los niveles previos a la crisis. Esta situación es extraordinaria, ya que lo normal es que las empresas trasladen la caída de la facturación a sus trabajadores a través de los despidos. Eso fue lo que ocurrió en la crisis de 2008 y la de 2011, en ambas la caída de los beneficios brutos de las empresas fue inferior al 4%; sin embargo, durante la pandemia el desplome fue superior al 22%.

Por el contrario, la remuneración de los trabajadores se ha recuperado mucho más rápido y durante el pasado verano ya estaba apenas un 4% por debajo de los niveles previos a la pandemia. Y eso a pesar del retroceso sufrido durante el verano y que previsiblemente revisará el INE cuando actualice los datos de la Contabilidad Nacional. En otras palabras, la renta empresarial ha caído más del doble que la masa salarial. Las empresas han sido un dique de contención de la crisis evitando un gran desplome en las rentas de las familias que habría deteriorado mucho más la confianza de los hogares.

Cuando se levantaron las restricciones a la actividad económica el empleo se recuperó rápidamente. A un ritmo nunca antes visto. Si se observa en términos de horas trabajadas (para corregir el efecto de los ERTE), en apenas dos trimestres se perdió el 25% del empleo, una caída nunca antes vista. Sin embargo, el mercado laboral se recuperó rápidamente, hasta el punto de que durante el pasado verano se quedó apenas un 4% por debajo de los niveles previos a la pandemia. Esto es, registra ya un descenso inferior a los de las crisis de 2008 y 2011.

La rápida recuperación del empleo encaja con el optimismo que han mostrado las empresas en los últimos meses. Los indicadores de sentimiento que publica mensualmente la Comisión Europea han marcado máximos desde la burbuja financiera tras el final del estado de alarma. La expectativa de un rápido crecimiento fue clave para que los empleadores hayan recuperado a sus trabajadores incluso aunque la demanda siguiese débil.

Pero las expectativas no se han cumplido y la reactivación en España ha sido más lenta y, además, ahora está sujeta a nuevos riesgos por la sexta ola del virus y las variantes. La recuperación de la confianza de los hogares ha sido más lenta y todavía se mantiene por debajo de la media histórica. Este dato es consistente con los pobres datos de consumo de los últimos meses. En las crisis anteriores, la recuperación de la confianza de las familias iba al mismo ritmo que el resto de la economía, pero en esta ocasión va con mucho retraso, lo que anticipa que los hogares seguirán ahorrando.

La respuesta de política fiscal fue otra de las claves de esta crisis económica. Sin embargo, se ha sobreestimado el esfuerzo presupuestario que ha realizado el país para la magnitud de la crisis que ha sufrido. De hecho, España aumentó el déficit en 7 puntos del PIB en el año 2020, mientras que el conjunto de la eurozona lo aumentó un 6,2%. Esto es, una cifra similar a la de España para una crisis mucho más leve.

Si se compara con las crisis anteriores, se observa que en esta ocasión el esfuerzo fiscal de España fue más moderado. En 2008 y 2009 el déficit aumentó en casi 7 puntos del PIB en cada uno de los años, más del triple que en la eurozona. Y en 2011 y 2012 volvió a aumentar el déficit mientras que el conjunto de la eurozona lo iba reduciendo. En esta ocasión, por el contrario, el incremento del déficit ha sido menor que el de Italia y similar al del conjunto del euro. No ha habido, por tanto, un esfuerzo diferencial.

El Gobierno centró los recursos públicos en proteger la renta de los hogares a través de los ERTE y los seguros de desempleo; sin embargo, las ayudas apenas llegaron a las empresas. Esto explica que el tejido productivo esté saliendo de la crisis en una situación más delicada. Es el resultado de llegar a una crisis con las cuentas públicas en una situación comprometida, que el margen fiscal se reduce notablemente.

Foto: La vicepresidenta económica, Nadia Calviño. (EFE)

La deuda creciente de empresas y administraciones públicas aumenta los riesgos económicos a medida que la crisis sigue sin resolverse. España terminó el año 2020 como el país europeo con más indicadores macro en de desequilibrio del listado que mide anualmente la Comisión Europea. Eso significa que los riesgos económicos se siguen acumulando y no empezarán a corregirse hasta que la recuperación se consolide.

Este hecho es clave, ya que remarca la importancia de recuperar los niveles de actividad prepandemia lo antes posible. Los vaivenes económicos derivados de las variantes del virus solo provocan más dudas sobre la recuperación y acumulan desequilibrios. Por ejemplo, la deuda pública de España volverá a aumentar en este año 2021 aunque el Gobierno prometió que empezaría a reducirse. El motivo es que la recuperación del PIB está siendo mucho más lenta de lo esperado y, por tanto, el déficit público volverá a ser mayor que el crecimiento, lo que significa que la ratio de apalancamiento volverá a crecer.

En resumen, es cierto que esta crisis, aunque más profunda, está siendo más leve que las de los años 2008 y 2011 gracias a que el sector privado entró en una situación financiera holgada y pudo evitar el ajuste brusco de la demanda interna. Sin embargo, los desequilibrios se siguen aumentando, lo que provoca que la prolongación de la crisis pueda deparar consecuencias económicas muy negativas e imprevisibles.

Esta crisis es diferente a todas las demás de la época moderna. Lo es en el mundo entero, porque el desencadenante fue el cierre de la economía, pero aún más en España, que por primera vez tuvo una balanza de pagos positiva. Esto permitió evitar los problemas financieros y contener la duración de la contracción. La recesión apenas duró dos meses, lo que despertó las expectativas sobre una rápida recuperación. La vuelta del optimismo desde el verano de 2020 llevó a las empresas a recuperar rápidamente a sus trabajadores, hasta el punto de que un año después ya se han superado los niveles de afiliación de 2019. Muchos economistas se olvidaron de que esta crisis es diferente y empezaron a especular con la fecha de salida de la crisis. La propia vicepresidenta económica, Nadia Calviño, aseguró hace apenas dos meses que España recuperaría el nivel de actividad diario previo a la pandemia antes de acabar el año.

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