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El 'boom' de la inflación pone a prueba la competitividad de la economía española
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Mayor brecha con Europa en 15 años

El 'boom' de la inflación pone a prueba la competitividad de la economía española

Las tasas de inflación han aumentado en España muy por encima de los países del entorno, lo que puede lastrar la actividad exterior de las empresas nacionales

Foto: Contenedores amontonados en un puerto. (EFE/Demian Alday Estévez)
Contenedores amontonados en un puerto. (EFE/Demian Alday Estévez)
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Entre la variedad de estadísticas que España lidera en Europa, se cuenta desde hace poco más de una semana la de las tasas de inflación. El repunte del 5,5% interanual que experimentaron los precios en octubre, según los datos preliminares, no solo supuso la cifra más elevada en el país en las últimas tres décadas, sino que situó a España como el país entre las diez economías más grandes de la eurozona más afectado por las presiones inflacionarias.

Aunque la inflación se ha convertido en una amenaza a escala global, impulsada por el brusco encarecimiento de los precios energéticos y una serie de problemas en las cadenas de suministro que están provocando problemas de desabastecimiento en muy diversos ámbitos, su impacto en España está siendo mucho más evidente, según revelan los últimos datos. Frente al 5,5% en que se situó la tasa en España, el alza de los precios en Alemania en octubre se quedó en un 4,6%, mientras que en Francia e Italia apenas superó el 3% y en Portugal representó un 1,8%.

De este modo, la economía española habría experimentado un 'shock' diferencial frente a los países de su entorno de una magnitud desconocida desde hace varios años. De hecho, la brecha de 0,9 puntos porcentuales con Alemania supone el mayor 'spread' de inflación entre ambos países desde enero de 2017 (también un periodo marcado por el fuerte encarecimiento de la energía), mientras que con Francia, Italia o Portugal no se habían dado diferenciales tan amplios desde la creación del euro. Tomando como referencia la tasa media de la eurozona, del 4,1%, el sobreimpacto de la inflación en España alcanzó en octubre su nivel más elevado desde el verano de 2006 (una etapa igualmente caracterizada por el fuerte repunte del precio de los carburantes), representando así un golpe de consideración para la competitividad exterior de la economía española.

"Que la inflación sea del 5% y que esté por encima de la de tus competidores ya es malo. Y será peor cuanto más se prolongue esta situación", apunta Manuel Hidalgo, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla.

El comercio exterior fue una pata fundamental en la recuperación de la economía española tras la crisis financiera en la pasada década, gracias a una mejora de la competitividad de las empresas nacionales que se basó mucho en mejoras de eficiencia y ajustes de costes, que hicieron más atractivos sus productos en el exterior. Y durante los primeros compases de 2021 algunas firmas de análisis mostraron su confianza en que nuevamente contribuiría a dar tracción a la remontada tras el 'shock' del coronavirus.

Pero a medida que se han ido haciendo evidentes las dificultades que afronta el comercio internacional por las dificultades en las cadenas de suministro, estas expectativas se han ido debilitando de forma sustancial. En las proyecciones que publicó en junio, el Banco de España asumía que la exportación de bienes y servicios crecería un 11,9% en 2021 y un 9,5% el año siguiente, con una contribución al crecimiento de la demanda exterior neta de 0,3 y 0,5 puntos porcentuales, respectivamente. Sin embargo, en la siguiente revisión, en septiembre, estas expectativas habían menguado de forma considerable, con un pronóstico de crecimiento de la exportación de bienes y servicios del 8,7 y el 11,1% este año y el próximo y una contribución al crecimiento que sería negativa este año (0,7 años). Ahora, que el gobernador de la institución, Pablo Hernández de Cos, ya ha anticipado una revisión a la baja de calado en las estimaciones de crecimiento del PIB es de suponer que estas partidas experimentarán un nuevo ajuste a la baja, que podría verse agravado por esta mella de la competitividad exterior de las empresas nacionales.

Foto: Foto: EFE/Kai Försterling.

Como indica Hidalgo, si las empresas tienen que asumir mayores costes en suministros clave como la factura eléctrica se enfrentarán a dificultades para mantener invariables precios y servicios, lo que puede derivar fácilmente en una erosión de la competitividad frente a empresas de los países del entorno. El profesor de la UPO lamenta que esta situación representa una especie de 'deja vu' para la economía española. "Frustra ver que problemas que ya sufrimos en los años 70 vuelven a sucederse una y otra vez por idénticas razones. No es de recibo que cada vez que se produzca un repunte de los precios de la energía la inflación se dispare en España", observa, antes de señalar que la política energética de los distintos gobiernos de España no ha sido capaz de resolver las vulnerabilidades que se derivan de la enorme dependencia energética del país.

Con todo, Hidalgo comparte con la mayor parte de los expertos la visión de que la elevada inflación actual supondrá un fenómeno transitorio, que no tiene por qué dejar unas huellas muy marcadas en la economía nacional. "Si nos creemos que esto es una situación transitoria, la gestionamos como tal y no se desanclan las expectativas de inflación lo normal es que los precios se moderen el próximo año", apunta en el mismo sentido José Emilio Boscá, catedrático de la Universidad de Valencia e investigador de Fedea.

Resulta obvio que la gran diferencia entre lo que resultaría un golpe moderado y fácilmente asumible o un embate de mayor calado para la economía española se basa en la duración de esta situación y, sobre todo, en la posibilidad de que se consolide. Por eso, los expertos permanecen atentos a cualquier señal de lo que se denominan efectos de segunda ronda; es decir, que el encarecimiento de determinados suministros derive en una espiral persistente de subida de costes, precios y salarios, que se retroalimentaría, azuzando las tasas de inflación.

En este sentido, desde CaixaBank Research se muestran optimistas y descartan que la economía española esté actualmente en una situación especialmente vulnerable de verse envuelto en un fenómeno de este tipo. "Tampoco creemos que los efectos de segunda ronda sean a día de hoy más preocupantes en España que en el resto de la eurozona: si miramos la inflación subyacente, el diferencial es negativo y se mantiene en niveles parecidos a principios de año (-0,7 puntos porcentuales si comparamos los datos avanzados para octubre de ambas series)", explica Màxim Ventura, economista del departamento de economía española del servicio de estudios del banco. Ventura confía en que los precios de la energía se moderarán a partir del segundo trimestre de 2022 y esto aliviará las tasas de inflación, evitando que la competitividad de las empresas españolas sufra un lastre reseñable a largo plazo.

Con todo, entre los expertos se observan algunas tendencias de la economía española con cierta cautela. Boscá, por ejemplo, observa que en las actuales circunstancias "no es una buena noticia que las pensiones estén indexadas a la inflación, ni que los sindicatos estén presionando por una subida de los salarios públicos que compense por completo la subida de los precios o lo mismo en la negociación de los convenios laborales". Como argumenta el experto de Fedea, la inflación debe entenderse como una especie de impuesto que aja las ganancias de empresas y trabajadores: gran parte de las empresas se ven obligadas a asumir una parte contra sus márgenes, por no ser capaces de trasladar el aumento de los costes a los precios de sus productos o servicios, “pero si los trabajadores no cargan también con una parte, aumenta la presión para que las empresas opten por elevar precios. Y eso puede sumirnos en una espiral de costes, precios y salarios que sería muy dañina”.

Y más si los países de nuestro entorno evitan reproducir movimientos similares y logran contener sus alzas de precios, ya que esto agudizaría el diferencial de inflación entre España y el resto de Europa. "Los países europeos son nuestros mayores socios comerciales y, al compartir moneda, no cuentas con la posibilidad de un movimiento en los tipos de cambio que amortigüe el golpe de la inflación. Por eso una sobreinflación persistente sería muy negativa para la competitividad de la economía española", argumenta Boscá.

Los expertos no creen que se den las condiciones para que la inflación se consolide

Desde este punto de vista, la apreciación de las pensiones e, incluso del salario de los trabajadores públicos, tiene una ventaja sobre lo que sería la subida para los trabajadores privados, ya que no representa una presión para una empresa que pueda verse obligada a reaccionar a un incremento de costes. Pero, al margen de añadir una dosis nada desdeñable de tensión para los precios por el lado de la demanda puede verse como una señal desde el sector público que azuzaría el riesgo de imitación en el sector privado.

Hidalgo comparte algunas de estas preocupaciones. No obstante, considera que actualmente no se observan señales que permitan atisbar esos efectos de segunda ronda: ni parece que los salarios públicos se vayan a elevar en paralelo a las actuales tasas de inflación ni los convenios laborales apuntan a subidas de esta magnitud ni el mercado laboral presenta, aparentemente, las condiciones adecuadas para que se produzcan presiones salariales generalizadas.

Aun así, el profesor de la UPO advierte de que "hay que estar muy pendiente de cómo evolucionan las presiones de trabajadores y pensionistas", que presumiblemente irá ‘in crescendo’ a medida que se prolongue la situación actual. Hidalgo considera que es normal que ante una situación como esta, que supone una muesca considerable al poder adquisitivo de pensionistas o asalariados, estos reclamen una compensación en forma de aumento de sus emolumentos. Sin embargo, cree que "hay que hacer pedagogía con los trabajadores para explicarles que ante un aumento coyuntural de los precios no se puede responder con subidas salariales equiparables, porque entras es una dinámica que no es buena para nadie. Aunque pueda parecer razonable elevar los salarios no sería conveniente", apostilla.

Entre la variedad de estadísticas que España lidera en Europa, se cuenta desde hace poco más de una semana la de las tasas de inflación. El repunte del 5,5% interanual que experimentaron los precios en octubre, según los datos preliminares, no solo supuso la cifra más elevada en el país en las últimas tres décadas, sino que situó a España como el país entre las diez economías más grandes de la eurozona más afectado por las presiones inflacionarias.

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