Los retrasos en las cadenas de suministro meten más presión a la inflación
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INFORME DE LOS BANQUEROS PRIVADOS

Los retrasos en las cadenas de suministro meten más presión a la inflación

La columna vertebral del sistema económico comienza a tener achaques. Las cadenas de suministro funcionan con problemas. Como consecuencia de ello, crecen las expectativas de inflación

placeholder Foto: Un camión circula por la autovía A-30 que une Cartagena con Albacete. (EFE)
Un camión circula por la autovía A-30 que une Cartagena con Albacete. (EFE)

El buen funcionamiento de las cadenas de suministro es fundamental en una economía globalizada. De hecho, se ha dicho que la interacción entre empresas que colaboran en la fabricación de un mismo producto es la columna vertebral del siglo XXI, como lo es, por ejemplo, internet para la comunicación global. Desde teléfonos inteligentes y automóviles hasta televisores y ordenadores, como han puesto de relieve algunos estudios, hacen posible que hoy más de dos tercios del comercio internacional tengan lugar dentro de esas cadenas de valor mundiales, frente al 60% en 2001.

Pero esto no es, precisamente, lo que está sucediendo en plena recuperación de la economía mundial. Por el contrario, las cadenas de suministro no son capaces de atender el incremento de la demanda provocada por el avance de la vacunación, y eso está provocando cuellos de botella que, a la larga, se trasladan a la inflación. Esta, en resumen, es la tesis de un informe publicado por el IIF (Instituto de Finanzas Internacionales, por sus siglas en inglés) que advierte del mal funcionamiento de los mercados.

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“Lo que está sucediendo ahora supera todo lo visto en la historia reciente”, sostiene el análisis. Históricamente, el origen de la inflación ha tenido que ver con el aumento de la oferta monetaria y con el incremento en los costes, materias primas o salarios; pero nunca, desde que la globalización se impuso en el planeta, había sucedido nada igual, que se interrumpieran o retrasaran las cadenas de suministro más allá de lo razonable.

El informe concluye que la inflación subyacente en EEUU, que es la más relevante porque no tiene en cuenta los factores más volátiles, como son la energía y los alimentos no elaborados, alcanzará el 2,6% a finales de este año, por encima de la previsión de la Reserva Federal (2,2%), y ni siquiera hay que recordar que esto puede influir en la política monetaria del banco central. Aunque la Fed ha revisado sus objetivos de política monetaria, esa tasa se sitúa claramente por encima de lo que ha sido su estrategia en las últimas décadas, de ahí que el repunte inflacionista meta presión a la política de tipos de interés.

Precios en origen

Lo que sostiene la asociación que reúne a los principales banqueros privados del planeta es que desde principios de este año se viene observando que las entregas de los proveedores se están retrasando, y eso no influye solo en las cadenas de producción por falta de insumos, sino que también provoca aumentos de los precios en origen.

El IIF, incluso, estima que sus previsiones pueden quedarse cortas, ya que están sometidas a un “riesgo alcista”, toda vez que el mundo "nunca ha visto el tipo de interrupciones del suministro global que estamos viendo ahora", lo que significa que puede trasladarse a la inflación subyacente. El aumento, alertan los banqueros privados, no solo afecta a los insumos que permiten fabricar productos, sino también a los productos terminados. Es decir, aquellos que los fabricantes venden a sus clientes.

Su funcionamiento ininterrumpido ha sido una de las principales preocupaciones de las economías desde la irrupción de la pandemia

El funcionamiento ininterrumpido de las cadenas de suministro ha sido una de las principales preocupaciones de todas las economías desde la irrupción de la pandemia. Al comienzo, por el bloqueo de los puertos chinos, pero posteriormente por diversos problemas relacionados con la logística. Desde hace meses, por ejemplo, lo que preocupa son las dificultades para equilibrar oferta y demanda en el mercado de los semiconductores, lo que ha afectado a productos tan diversos como los automóviles, los ordenadores o las lavadoras. El problema es que se trata prácticamente de un oligopolio. Tan solo dos territorios, Corea del Sur y Taiwán, producen el 43% de los semiconductores que se fabrican en el planeta, por lo que son clave para evitar la interrupción de las cadenas de suministro.

‘Just in time’

Esta concentración en una industria capital tiene que ver con los modelos de producción de las empresas, principalmente mediante el sistema 'just in time', puesto en boga en los años ochenta por las fábricas de automóviles de Japón (Toyota). Entonces triunfó la idea de que las empresas no funcionaran con 'stocks' que suponían gastos financieros y una costosa estructura logística.

Esto se complementó mediante la puesta en marcha de unas muy engrasadas cadenas de producción a nivel global articuladas a través de buques, aviones o trenes de mercancías, que suponían que el abastecimiento estaba garantizado prácticamente al minuto. Eso es lo que ahora está en dificultades por el covid, por el creciente nacionalismo económico y por el fuerte aumento de la demanda al calor de la recuperación económica, que en EEUU y China, los principales clientes de productos, está siendo más rápida de lo previsto.

Foto: Empleados de una fábrica en China. (EFE)

La geopolítica también ha influido. La decisión del Gobierno de EEUU de restringir las exportaciones de tecnología a China ha significado que algunos fabricantes chinos hayan decidido acumular existencias ante la posibilidad de que el presidente Biden imponga nuevas restricciones. Algunos fabricantes han estimado que al menos hasta mediados de 2022 no se producirá una normalización en la producción de semiconductores.

Este desequilibrio entre oferta y demanda es patente en productos muy corrientes como son las bicicletas, cuyas ventas se han disparado a causa de la pandemia y de las restricciones medioambientales impuestas por muchas autoridades. En este caso, los plazos de entrega se han disparado hasta los 400 días en ciertos componentes de gama alta.

El buen funcionamiento de las cadenas de suministro es fundamental en una economía globalizada. De hecho, se ha dicho que la interacción entre empresas que colaboran en la fabricación de un mismo producto es la columna vertebral del siglo XXI, como lo es, por ejemplo, internet para la comunicación global. Desde teléfonos inteligentes y automóviles hasta televisores y ordenadores, como han puesto de relieve algunos estudios, hacen posible que hoy más de dos tercios del comercio internacional tengan lugar dentro de esas cadenas de valor mundiales, frente al 60% en 2001.

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