Las siete claves de la EPA más extraña que se recuerda
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TERCER TRIMESTRE DE 2020

Las siete claves de la EPA más extraña que se recuerda

La Encuesta del tercer trimestre pasará a la historia de las estadísticas como la más paradójica y contradictoria. Tras el primer confinamiento, el mercado laboral se recuperó

placeholder Foto: Una calle de Barcelona. (EFE)
Una calle de Barcelona. (EFE)

La EPA del tercer trimestre de este año pasará a la pequeña historia de las estadísticas como la más contradictoria y extraña. Sin duda, porque la metodología de la EPA (Encuesta de Población Activa) no estaba preparada para un tsunami económico de estas características. Pero también porque se trata de un mercado laboral fuertemente intervenido por razones políticas, económicas y administrativas. Estas son las siete claves:

1. Sin poder trabajar, pero con empleo. La primera paradoja tiene que ver con el hecho de que los trabajadores en ERTE, muchos de los cuales llevan sin trabajar seis meses o más, sigan apareciendo como ocupados. Tanto Eurostat como la OIT (Organización Internacional del Trabajo) avalan esta interpretación, y ello está detrás de que entre junio y septiembre la ocupación se haya incrementado en 569.600 personas, con lo que el empleo (19,17 millones de ocupados) se sitúa en niveles ligeramente por encima del que había en el primer trimestre de 2018.

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Ahora bien, lo singular en este caso es que para que sean considerados como ocupados los trabajadores en ERTE debe existir una garantía de reincorporación al puesto de trabajo, una vez finalizado el periodo de suspensión. Y lo que ha hecho el Gobierno, como sostiene Estadística, es aprobar una serie de reales decretos (el último del 26 de junio) que “establecen dicha garantía”. No se sabe cómo y por qué. La realidad es que más de 600.000 trabajadores están sin trabajar desde hace más de medio año. Y si se mira con mayor perspectiva, lo cierto es que entre 31 de diciembre de este año y el 30 de septiembre la economía española ha destruido 790.000 puestos de trabajo, a lo que hay que añadir los que están todavía ERTE y que tendrán pocas probabilidades de volver a trabajar.

2. El tobogán de la población activa. La distorsión de las cifras reales hace imposible cualquier comparación homogénea, y ello se manifiesta de forma muy relevante a la hora de conocer la evolución de la población activa, es decir, la suma de los parados y de los ocupados. La población activa subió en nada menos que 924.600 personas en el tercer trimestre de este año, con lo que se sitúa en 22,89 millones. Para hacerse una idea de lo extraordinario del dato hay que tener en cuenta que es 17 veces superior al avance registrado en 2019 (53.200), lo que da idea de la enorme volatilidad que vivió el mercado laboral en el tercer trimestre, periodo en el que ya no estuvo vigente el estado de alarma. Ese fuerte avance, sin embargo, contrasta con un problema más de fondo. Pese a ese brutal incremento —un 4% sobre el trimestre anterior— la población activa ha retrocedido un 0,8% en los últimos doce meses.

placeholder Varias mujeres hacen ejercicio en una plaza del centro de Barcelona con las terrazas clausuradas. (EFE)
Varias mujeres hacen ejercicio en una plaza del centro de Barcelona con las terrazas clausuradas. (EFE)

3. Empleo público/empleo privado. La realidad de empleo también está distorsionada por un efecto coyuntural que difícilmente puede mantenerse en el tiempo por razones presupuestarias. Como es lógico, las distintas administraciones se han visto obligadas a contratar para hacer frente a las necesidades de la pandemia. El resultado es que en el tercer trimestre la ocupación aumentó en 111.200 personas en el sector público y en 458.500 en el privado. Es decir, que prácticamente uno de cada cinco empleos creados en verano ha sido público. Esto explica que el número de trabajadores dentro del perímetro del Estado se sitúe ya en 3,33 millones, nuevo récord histórico.

4. Más empleo, más parados. Entre las contradicciones aparentes que incorpora la EPA se encuentra la evolución del desempleo. La encuesta revela la creación de 569.600 empleos, pero, al mismo tiempo, estima que el paro creció en 355.000 personas, con lo que el número de trabajadores sin empleo es de 3.722.900, lo que supone el 16,26% de la población activa.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (c), acompañado por la vicepresidenta Primera, Carmen Calvo (i), y el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias. (EFE)

Puede parecer una contradicción, pero no lo es. Muchos trabajadores han perdido su empleo y han ido al paro, pero al mismo tiempo, otros muchos que perdieron su empleo en el segundo trimestre y los últimos quince días del primero) han podido volver a trabajar, aunque sea con un contrato temporal. Es decir, que conviven dos realidades distintas. Por un lado, la ‘normalidad’ sin estado de alarma (antes de que se decretara el actual) ha permitido crear puestos de trabajo, pero, por otro, el mar de fondo (la caída del PIB) sigue ahí, lo que explica que en los próximos trimestres seguirá creciendo el desempleo. El deterioro del mercado de trabajo se pone de relieve en el hecho de que los hogares que tienen a todos sus miembros activos en paro han aumentado en el tercer trimestre en 23.900, hasta un total de 1,17 millones, de ellos, casi la cuarta parte son unipersonales.

5. El misterio de las horas trabajadas. Las evidentes distorsiones de las cifras de paro y empleo a consecuencia del covid-19 ha hecho que muchos especialistas consideren que lo más significativo en el actual mercado de trabajo sea la evolución de las horas trabajadas. Y lo que ha revelado la EPA del tercer trimestre es que su número ha experimentado un incremento inusual en un tercer trimestre debido al parón económico sufrido en el segundo trimestre del año. A pesar de las vacaciones estivales, el volumen de horas de trabajo crece un 15% respecto del tiempo trabajado en el trimestre anterior. Esto se explica, lógicamente, porque al tratarse de una tasa de variación se compara con un periodo en el que el país estuvo confinado y con serias restricciones de la movilidad, al menos hasta el 21 de junio.

Los asalariados aumentan en 581.200; los que tienen contrato indefinido se incrementan en 158.300, y los de contrato temporal, en 422.900

6. Verano y empleo. Los datos del tercer trimestre, como es habitual, incorporan una enorme estacionalidad por razones de las vacaciones de verano. Y así, las CCAA más expuestas al turismo, interior o exterior, son las que más crecen en términos de ocupación, cuando son realmente las más perjudicadas por la pandemia. En concreto, los mayores incrementos de empleo se dieron en Cataluña (96.400), Comunidad Valenciana (81.800) y Andalucía (76.200). Por su parte, la ocupación descendió en Canarias (-2.800), ya que no es su temporada alta. En términos relativos, las comunidades con mayor aumento trimestral del empleo han sido Baleares (12%), Cantabria (9,4%) y Región de Murcia (4,8%).

7. Los temporales pagan la factura. Los datos de la EPA reflejan con nitidez un viejo problema de la economía española: la precariedad en el empleo. Y lo que dice la encuesta es que los asalariados aumentan este trimestre en 581.200. Pero mientras que los que tienen contrato indefinido se incrementan en 158.300, los de contrato temporal lo hacen en 422.900. En términos anuales, el número de asalariados ha disminuido en 681.900, pero es que 582.800 personas tienen contrato temporal. Es decir, que el 85% de los trabajadores por cuenta ajena que han perdido su empleo son temporales.

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