Impacto limitado de la crisis

El experimento sueco frente al virus salva su economía... al menos hasta marzo

Con una contracción del 0,3% en el primer trimestre, la economía sueca parece haber capeado con menor daño las tensiones de la crisis, con una política de confinamiento 'light'

Foto: Ciudadanos suecos se reúnen en una terraza en Estocolmo durante la crisis del covid-19. (Reuters)
Ciudadanos suecos se reúnen en una terraza en Estocolmo durante la crisis del covid-19. (Reuters)
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Si en el país de los ciegos el tuerto es el rey, Suecia se ha erigido esta misma semana en soberano indiscutible de una Europa arrasada por la crisis del coronavirus: frente a las debacles experimentadas por las principales economías de la región, el mayor de los Estados nórdicos se ha desmarcado este martes con una contracción intertrimestral de su PIB de apenas el 0,3% que ha vuelto a acaparar la atención internacional.

A decir verdad, Suecia no ha dejado de concentrar las miradas de sus vecinos casi desde el origen de la crisis del coronavirus, a causa del enfoque radicalmente distinto adoptado por su Gobierno para hacer frente a la epidemia. Frente a las medidas de confinamiento forzoso dictadas en otros países de su entorno, las autoridades suecas han fiado prácticamente toda su estrategia al distanciamiento físico voluntario, manteniendo abiertas tiendas, bares o restaurantes.

En un momento en que la mayoría de los países europeos avanza ya hacia la desescalada de las medidas de confinamiento más extremas, el modelo sueco ha sido repetidamente presentado como un ejemplo a seguir, incluso desde la Organización Mundial de la Salud. Y la aparente resistencia de su economía al 'shock' del covid-19 viene en refuerzo de esos llamamientos.

Sin embargo, este mismo martes, el banco Goldman Sachs se apresuraba a descartar el sueco como un modelo a imitar por otras naciones. “La experiencia sueca no se puede extrapolar para apoyar una reapertura rápida en otros lugares”, señala un informe del banco estadounidense, en el que se resalta que “su densidad de población es aproximadamente la mitad que la de Italia, y Suecia tiene una alta proporción de hogares de ocupación individual, y una proporción relativamente baja de hogares multigeneracionales”.

Argumentos similares expone Víctor Lapuente, catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Gotemburgo, para explicar por qué el modelo sueco sería difícilmente replicable en un país como España. Del mismo modo que para Suecia no sería nada sencillo haber adoptado el enfoque español. “No cuentan con las mismas infraestructuras en áreas como la policía, por lo que les sería muy difícil controlar el cumplimiento del confinamiento. Y ni siquiera contaban hasta hace poco con la posibilidad legal, porque la Constitución no contemplaba restringir el libre tránsito de los ciudadanos salvo en tiempos de guerra”, señala.

Aunque mejores que las de España o Reino Unido, las cifras sanitarias de Suecia salen mal paradas ante sus vecinas Noruega, Finlandia o Dinamarca

Lapuente apunta que la sueca es una sociedad “virtualmente tecnocrática”, en la que existe un elevado respeto por los dictámenes de los expertos. La agencia encargada de determinar la estrategia a seguir frente al covid-19 es independiente del Gobierno —aunque, obviamente, la última decisión queda en manos de los gobernantes— y, pese a lo controvertido del camino seguido, la oposición apenas ha levantado la voz contra el gabinete del socialdemócrata Stefan Löfven.

Esa escasa controversia política no responde, ni mucho menos, al éxito sanitario de la estrategia emprendida por Suecia. Es cierto que sus datos son menos preocupantes que los que presentan los países más golpeados por la crisis, como pueden ser España o Reino Unido. Pero con más de 23.000 casos confirmados y 2.854 muertes, sus guarismos superan con creces los de países de su entorno, como Noruega o Finlandia, con 10 veces menos fallecidos, o Dinamarca, donde los decesos por la enfermedad apenas rebasan el medio millar. De hecho, su proporción de fallecidos sobre el total de la población es superior a la de Estados Unidos, el país con más muertes registradas por el covid-19.

El primer ministro sueco, Stefan Löfven. (Reuters)
El primer ministro sueco, Stefan Löfven. (Reuters)

Esto no ha impedido, sin embargo, que en las últimas semanas se hayan hecho más frecuentes ciertas imágenes de concentraciones populares en restaurantes, bares o parques, que han obligado a las autoridades sanitarias a intensificar sus advertencias. “Aunque el cumplimiento de las normas de distanciamiento suele ser elevado, he visto varias situaciones de concentraciones de esas que en España han generado tanta alarma en los últimos días”, comenta Lapuente.

Lo cierto es que las autoridades suecas han asumido una estrategia basada en alcanzar un elevado grado de inmunidad de la población. Con el margen que les ofrece el que su sistema sanitario no se haya visto en ningún momento al borde del colapso, parecen haber aceptado el perjuicio de sufrir una mayor proporción de muertes en el momento actual para estar mejor preparados ante una segunda ola del virus que, creen, acabaría mostrando una imagen relativa de sus resultados sanitarios más favorable que la actual.

Y todo ello, además, respaldado en un mejor comportamiento económico, como parecen validar los datos exhibidos este martes. Sin embargo, la situación en este aspecto podría no ser tan positiva como parece: “Esto es la calma antes de la tormenta”, advertía tras conocerse la cifra del PIB la economista de Bloomberg Johanna Jeansson.

También Mario del Rosal, profesor de la Universidad Complutense de Madrid especializado en el estudio de la economía sueca, alerta de la necesidad de ser cautos en la interpretación de las cifras del PIB sueco en el primer trimestre, advirtiendo de que la incidencia de la crisis en el país ha sido más tardía y que su curva de contagios aún evoluciona al alza. “Suecia se encuentra en una fase distinta del proceso, lo que invalida las comparaciones directas con otros países”, de modo que “no creo que sea acertado ni considerar estas cifras como una tendencia fiable ni, por supuesto, establecer una relación causal entre ese dato y las políticas menos restrictivas del Gobierno”.

La economía sueca, menos basada que las del sur de Europa en el consumo y los servicios, y más enfocada en la industria y la exportación, ha encontrado, de forma llamativa, en el comercio exterior su principal soporte para minimizar la contracción durante el primer trimestre. “El problema de este tipo de estrategias es que, obviamente, dependen en gran medida de la demanda exterior, por lo que su evolución no es fácilmente previsible. Recordemos, por ejemplo, que las principales partidas de exportación de Suecia son coches y petróleo refinado, y los principales destinos, además de los otros países nórdicos, son Alemania, Estados Unidos y Reino Unido, de modo que la tendencia no se presume muy halagüeña”, comenta Del Rosal.

Su dependencia del comercio exterior hace improbable que la economía sueca no sufra un fuerte impacto durante el segundo trimestre

Esta visión es compartida por Neal Kilbane, economista de Oxford Economist, quien subraya que, “como una pequeña economía abierta que depende del comercio con la eurozona, Suecia no podrá continuar sola”, y llama la atención sobre algunos indicadores adelantados, como los datos de empleo o el PMI manufacturero, que ha caído a sus niveles más bajos desde 2009, para augurar un hundimiento del 6,6% de la economía sueca en el segundo trimestre.

Como él, la mayor parte de las firmas de análisis esperan un deterioro adicional de las cifras de la economía sueca en los próximos trimestres. En las últimas semanas, firmas como UniCredit, Citigroup, Morgan Stanley, JP Morgan o Credit Suisse han situado sus previsiones de contracción del PIB de Suecia en 2020 entre el 4,4 y el 6%, un golpe que no mejora el previsto para sus vecinas Noruega o Dinamarca.

E incluso el Riksbank, el banco central sueco, se muestra menos optimista, al cifrar entre el 6,9 y el 9,7% el revés que presumiblemente encajará este año la economía nacional.

Sin el respaldo de los datos sanitarios y con los económicos en entredicho, el de Suecia tiene muy difícil presentarse como el modelo a seguir por los restantes gobiernos europeos. Aunque tal vez convenga, como insisten sus gobernantes, esperar a la foto final antes de extraer las conclusiones definitivas.

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