GOLPE DESDE DENTRO A LA LEGITIMIDAD DE LA UE

El Constitucional alemán pasa el rodillo sobre el TJUE y abre una grieta institucional

El Tribunal Constitucional alemán abre una guerra con el TJUE y el Banco Central Europeo que llevará a un previsible choque institucional y dañará la legitimidad de la Unión Europea

Foto: Reunión del Constitucional alemán en junio de 2016. (Reuters)
Reunión del Constitucional alemán en junio de 2016. (Reuters)
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Este martes, poco después de las 10 de la mañana, el Tribunal Constitucional alemán, en el último baile de su presidente, Andreas Voßkuhle, publicaba una sentencia que ha sido un torpedo para toda la política del Banco Central Europeo (BCE) durante el último lustro, al considerar que su programa de compra de bonos era parcialmente inconstitucional y debería ser modificado. Pero la realidad es que esa decisión ha ido mucho más allá de un ataque al eurobanco: ha sido una declaración guerra al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE).

Uno de los comentarios más escuchados en Bruselas durante las horas siguientes a la sentencia del Constitucional alemán ha sido: ¿son conscientes de lo que están haciendo? El tribunal alemán ha dado la vuelta a la decisión del TJUE, que en 2018 consideró que el programa de compra de bonos del BCE estaba dentro de su mandato, y ha considerado que la alta corte de Luxemburgo tomó una decisión 'ultra vires', más allá de sus competencias.

Sede del Tribunal Constitucional alemán. (EFE)
Sede del Tribunal Constitucional alemán. (EFE)

Desacreditando al TJUE

En concreto, el Constitucional señala que “la revisión llevada a cabo por el TJUE respecto de si las decisiones del BCE sobre el PSPP [el programa de compras] satisfacían el principio de proporcionalidad no es exhaustiva”. También acusa al eurobanco de no haber tenido en cuenta esa proporcionalidad entre los objetivos finales de sus decisiones, y los efectos económicos que podía tener, como, por ejemplo, para los ahorradores o pensionistas alemanes. Por otro lado, el texto señala que el TJUE “excede su mandato judicial”, y que cruza una serie de líneas que hacen que la decisión de Luxemburgo, “al menos en relación con Alemania”, tenga “una falta de mínima legitimidad democrática”.

La sentencia es demoledora y abre una guerra entre el TJUE, el BCE y el Constitucional alemán, que se ha mostrado muy agresivo en el lenguaje, pasando por encima de la decisión que había tomado hace dos años el alto tribunal de Luxemburgo, que es el máximo intérprete del derecho de la Unión. Haciéndolo, ha puesto en duda la autóridad de los jueces de la corte europea, ha lanzado un torpedo contra el ordenamiento jurídico de la UE y, de esta forma, ha puesto en riesgo la integridad de los Tratados.

Sede del TJUE en Luxemburgo. (EFE)
Sede del TJUE en Luxemburgo. (EFE)

La Comisión Europea ha saltado rápidamente a la arena. Aunque al mediodía de este jueves el Ejecutivo comunitario aún no había realizado un análisis completo y pormenorizado de la sentencia del Constitucional alemán, Eric Mamer, portavoz de la Comisión, ha recordado “la primacía del derecho europeo” y que las decisiones del TJUE son vinculantes para todos los tribunales nacionales, también el Constitucional alemán.

Los efectos de esta decisión no se han hecho esperar. Polonia, que mantiene un pulso con Bruselas por su reforma del sistema judicial, que el Ejecutivo comunitario cree que busca poner a los jueces bajo el control del Gobierno, ha celebrado que esto demuestra que son los Estados miembros los que tienen primacía sobre el derecho de la Unión. En lo que es probablemente el aspecto más grave de la sentencia de este martes, el Constitucional alemán ha hecho un regalo a los autócratas europeos, que tenían en el rol del TJUE y su pulso con Bruselas uno de los principales frenos y dolores de cabeza, ofreciéndoles munición jurídica para desobedecer a la más alta corte europea. Para Polonia o Hungría, deseosos de minar su democracia desde dentro de la UE y avanzar sin oposición por la vía autocrática dentro de la Unión, esta sentencia del constitucional alemán ha mostrado la entrada a ese camino.

Susurrando amenazas al BCE

No es solo que la alta corte germana haya intentado apisonar el rol del TJUE, desacreditándolo y pasando por encima de su decisión, con unas enormes consecuencias a medio y largo plazo, sino que aplica una visión nacional a una órbita europea, sentando otro precedente peligroso, al dar primacía a una visión nacional respecto al resto. El problema es que la Constitución germana está siempre basada en la idea de la proporción y el equilibrio, dos elementos continuamente mencionados en la sentencia, pero ese cálculo se hace de manera interna: qué es lo proporcionado en Alemania. Pero tanto el BCE como el TJUE no toman decisiones teniendo en cuenta los equilibrios internos en el territorio alemán, sino en toda la Unión Europea, algo que ni hace la alta corte alemana ni tiene intención de hacer, sencillamente porque no es su papel.

Lo más probable es que esta decisión del Constitucional alemán no sea el final de la compra de bonos del BCE en su formato anterior, aunque sí que es una amenaza importante para el paquete PEPP, puesto en marcha para hacer frente al coronavirus, ya que este cuenta todavía con menos 'equilibrios' que el programa ahora abordado por los jueces alemanes. Pero lo que sí sirve es a modo de amenaza, y precisamente es un intento de llevar al BCE la interpretación alemana de lo que es el equilibrio. Una demostración de que el Constitucional germano está dispuesto incluso a pasar por encima del TJUE para considerar que un determinado programa es ilegal.

El BCE siempre puede ignorar esas decisiones, porque ante quien tiene que responder es ante el TJUE, como dejó caer en el comunicado de este martes tras una reunión urgente del Consejo de Gobierno. Pero no lo ignorarán los mercados, que tendrán menos confianza en la acción del eurobanco, teniendo en cuenta la importantísima influencia que el Constitucional alemán tiene en la opinión pública del país, y especialmente en los sectores más conservadores.

Es una amenaza en forma de susurro. El BCE ya sabe que, si quiere evitar que los asuntos acaben en el Constitucional alemán y chocar directamente con Alemania, no será suficiente con la protección que le pueda ofrecer el TJUE: tiene que ajustarse a lo que el Constitucional germano considera proporcionado, tiene que evitar que pueda haber algún modo de recibir un revés por parte de sus magistrados. Y eso es, de manera efectiva, recortar la independencia del BCE, que es el principal damnificado.

Paolo Gentiloni, comisario de Economía, ha señalado que “el BCE es una institución independiente”. “Su independencia es la base de la política monetaria europea”, ha señalado el italiano, mostrando que al menos un sector del Ejecutivo comunitario lee la decisión del Constitucional alemán como un intento de recortar la independencia del eurobanco.

Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo. (Reuters)
Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo. (Reuters)

Un corsé constitucional

La decisión del Constitucional alemán ha llevado a algunos analistas a considerar que estamos en un callejón sin salida y que es necesario un cambio en los Tratados. Pero resulta que ese es otro callejón sin salida: esos cambios no se pueden producir, porque irían en contra de elementos nucleares de la Constitución alemana.

Y aquí entra en juego un elemento cultural: aunque otros Estados miembros puedan enmendar sus constituciones para ajustarlas a la integración europea, eso no es algo que vaya a hacer Alemania en este caso. Franz C. Mayer, profesor de Derecho en la Universidad de Bielefeld, recordaba este mismo martes que la Constitución alemana tiene una serie de elementos centrales que no se pueden enmendar, porque esta se redactó después de la II Guerra Mundial con la intención de que nadie pudiera enmendar algunos principios básicos.

La alternativa sería una nueva Constitución, pero hay que recordar que ni siquiera tras la unificación Alemania decidió redactar una nueva Carta Magna, lo que muestra hasta qué punto hay una oposición en la opinión pública alemana respecto a los cambios en las leyes fundamentales. No hay una vía clara para avanzar en lo que puede ser un nuevo frente en las ya famosas y endémicas policrisis europeas.

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