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Europa afila cuchillos de cara a la batalla por los presupuestos comunitarios

La próxima semana los líderes se reúnen en una cumbre extraordinaria que debe decidir los números de los futuros presupuestos de la Unión Europea

Foto: El comisario europeo de Presupuesto, Günther Oettinger
El comisario europeo de Presupuesto, Günther Oettinger

Hay dos cosas que gustan mucho a la Unión Europea: unas negociaciones largas y embarradas, y unas buenas siglas. Ambas cosas hacen que el público general desconecte bastante rápido de la política europea, pero la próxima semana se celebra una cumbre que tendrá ambos ingredientes como protagonistas y que es crucial para el futuro del proyecto comunitario: se tienen que arreglar las cuentas europeas para los próximos siete años.

Los líderes se reúnen el próximo jueves para intentar llegar a un acuerdo sobre el próximo Marco Financiero Plurianual (MFP) que cubrirá siete ejercicios, entre 2021 y 2027. Una batalla campal por un par de décimas que representan miles de millones de euros en una guerra en la que cada país se niega a ceder un centímetro de su territorio y cada capital pelea por evitar que se produzcan recortes en sus prioridades estratégicas.

El MFP, una idea surgida en los años ochenta con la intención de evitar que se volvieran a repetir las crisis presupuestarias del club comunitario que se habían vivido durante la segunda mitad de la década, es protagonista cada siete años y marca cuáles van a ser realmente las prioridades europeas durante los próximos cursos. Básicamente es una especie de “molde” o carpeta en la que tienen que entrar después los siete distintos presupuestos, pero marca un máximo de hasta dónde se puede comprometer la UE y cuánto tiene que pagar cada año. Marca los límites, la ruta. Es un ejercicio tremendamente complejo y difícil, pero que una vez se logra finalizar simplifica enormemente la vida durante los siguientes años.

Se llega a la cumbre con un importante retraso acumulado: el objetivo inicial aunque irreal era tener acordado un MFP antes de las elecciones europeas de mayo de 2019, un proceso de negociación que comenzó con la primera propuesta de la Comisión Europea en mayo de 2018. Desde entonces todos los bloques han chocado y se han bloqueado, incapaces de sacar adelante un acuerdo. La cumbre de esta semana se ve como la última oportunidad para amortiguar el daño que puede generar un mayor retraso.

El efecto Brexit y un nuevo mundo

Estas negociaciones no son iguales a las que se han vivido hasta ahora. Por primera vez un país, el Reino Unido, ha abandonado el club y con él se han ido los 65.000 millones de euros que ponía sobre la mesa en el presupuesto europeo, unos 10.000 millones al año. Así que los veintisiete países restantes tienen que hacer frente a un importantísimo agujero en la bolsa.

Los problemas no se quedan ahí. El último MFP se acordó en 2014, y el mundo entonces era un lugar radicalmente distinto al actual, y por lo tanto las prioridades de la Unión Europea eran unas completamente distintas a las actuales. La crisis migratoria, la preocupación por la seguridad y una nueva economía están cambiando la dirección de la brújula europea.

Así que, en cierto modo, la lucha se centra también en la percepción que se tiene de para qué debe servir el MFP. España, junto a los “Amigos de la Cohesión”, un grupo en el que también se enmarca Portugal y otros países del este, tienen como prioridad que no se hagan recortes en la partida de fondos de cohesión, destinados a ayudar a las regiones más desfavorecidas de Europa, y tampoco sobre la Política Agraria Común (PAC).

El otro sector, los “frugales” del norte, es el que apuesta por redirigir fondos desde las partidas más tradicionales y voluminosas, como la agrícola o la de cohesión, por nuevas prioridades como seguridad o innovación y desarrollo, abandonando poco a poco los otros bloques, especialmente la PAC, que consideran que tienen ya poco valor añadido para la UE.

Es un choque en el que se mezclan las prioridades con el tamaño del propio MFP. La realidad que defienden los Estados miembros nórdicos es que una Unión Europea más pequeña se traduce en un presupuesto más pequeño, en el que además, hay que repartir los fondos entre nuevas partidas. La negativa de los “Amigos de la Cohesión” se mantiene por el momento, pero todo el mundo da por hecho que los recortes van a llegar a las partidas tradicionales.

Los números globales

No es tanto un debate entre más o menos Europa, sino sobre las prioridades del proyecto comunitario. Es cierto que también es un pulso entre más o menos dinero: los sureños apuestan por un presupuesto más grandes, y los nórdicos por uno menos cuantioso. Una de las razones por las que se descuadran los números es la diferencia que existe entre los países que quieren mantener partidas tradicionales y los que creen que deben sufrir recortes de donde sacar dinero para las nuevas preocupaciones.

Hasta ahora la única propuesta concreta que se ha conocido fue la que la presidencia finlandesa puso sobre la mesa a principios de diciembre: 1,087 billones de euros, lo que es el equivalente al 1,07% de la renta nacional bruta (RNB) de la Unión Europea.

Los Estados miembros del sur, entre ellos Portugal y España, montaron en cólera porque los números se quedaban muy lejos de las propuestas que hacen la propia Comisión Europea y el Parlamento Europeo. En diciembre Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, ante el bloqueo y el cabreo generalizado en la habitación, decidió tomar las riendas de la negociación.

Por el lado contrario, los Estados miembros fiscalmente más ortodoxos y los que buscan una renovación de las cuentas europeas, consideran que esa cifra es demasiado alta y prefieren algo más cercano al 1% del RNB. Con unos y con otros se ha pasado hablando el último mes y medio Michel, de quien se espera que en las próximas horas presente una nueva propuesta sobre la que negociar.

Si el dinero de antes era insuficiente para financiar los programas en curso, ¿cómo vamos a financiar los futuros?

La propuesta de la Comisión Europea es del 1,11% y el del Parlamento Europeo, que asegura que no va a admitir recortes en PAC ni en Cohesión, pero que exige abrirse a las nuevas partidas, señala que tiene que ser del 1,3%.

Pero fuentes diplomáticas defienden que la propuesta base sobre la que está trabajando Michel es la “caja de negociación” propuesta por los finlandeses, es decir, la del 1,07% rechazado por los Estados miembros sureños. Otra fuente diplomática muestra su preocupación con que la caja esté por debajo de la finlandesa, como se rumoreaba en Bruselas en los últimos días. “Yo no excluyo nada, pero espero que no. La propuesta finlandesa es mucho peor que la original (de la Comisión), y espero que esto no la empeore, pero no sabemos nada”, explica la fuente.

El Parlamento Europeo ha amenazado ya formalmente al Consejo de que vetará cualquier presupuesto que considere que falla a la hora asegurar la transición ecológica, en la financiación de los programas europeos clave, en la transición ecológica o en el intento de reforzar la capacidad geopolítica de la Unión. Las capitales necesitan la luz verde de la Eurocámara, que por el momento está siendo dura en su posicionamiento: “Si el dinero de antes era insuficiente para financiar los programas en curso, ¿cómo vamos a financiar los futuros?”, se preguntó esta semana David Sassoli, presidente del Parlamento Europeo.

Contenido

La cohesión es un elemento fundamental, entre otras cosas, porque está consagrado en los tratados europeos, donde se recoge que la UE debe buscar “reforzar su cohesión económica, social y territorial” y “reducir las disparidades entre los niveles de desarrollo de las distintas regiones” (artículo 174). En el pasado MFP, la Unión Europea destinó el 32,5% de su presupuesto a esta política, unos 351.800 millones de euros en el periodo 2014 – 2020.

Por su parte la Política Agraria Común (PAC) sigue siendo crucial para un buen número de países, entre ellos España. Es una de las políticas más antiguas de la Unión, anclada en 1962, con el objetivo de que Europa fuera autosuficiente a nivel alimentario tras la Segunda Guerra Mundial. Evidentemente los objetivos han cambiado, y la PAC ha pasado por varias reformas. Los grandes terratenientes siguen beneficiándose mayoritariamente de esta partida.

Agricultores ante el Parlamento Europeo.
Agricultores ante el Parlamento Europeo.

Sin embargo, además de haber sido reformada en varias ocasiones, tanto la cohesión como la PAC van menguando cada vez más. Incluso así, la política agraria sigue siendo la principal partida del presupuesto comunitario, ocupando el 38% del mismo en el último MFP (2014 – 2020) lo que le convierte en favorita para los recortes.

En cualquier caso, casi todo el mundo da por hecho en la capital comunitaria que estas dos partidas van a continuar siendo recortadas en este nuevo MFP, aunque España ha mostrado ya su oposición directa a ello. Consideran, además, que la PAC es crucial para que Bruselas pueda llevar a cabo su Pacto Verde europeo. “Somos muy partidarios de enverdecer la PAC, pero es imposible una transición ecológica sin medios para que los agricultores la acompañen”, aseguraba una fuente diplomática española.

El hecho de que la UE afronta nuevas prioridades se ve perfectamente reflejado en el planteamiento que la Comisión Europea hizo de la estructura de su presupuesto en 2018: donde había cinco capítulos ahora hay siete. De “Seguridad y ciudadanía” Bruselas ha desgajado dos capítulos enteros: por un lado “Seguridad y defensa” y por el otro “Migración y gestión de fronteras”, un asunto que no se veía reflejado en el anterior MFP, previo a la crisis migratoria de 2015 y 2016.

La ecuación es enormemente compleja. Los Veintisiete tienen que cuadrar el respeto por las partidas tradicionales al mismo tiempo que se hace hueco a las nuevas prioridades, como la seguridad, la innovación, la gestión migratoria o la lucha contra el cambio climático, y todo eso intentando equilibrar los 65.000 millones de euros menos con los que se contará.

Calendario apretado

Nadie se atreve a fijar una “fecha límite” para acordar este MFP, pero todo el mundo es consciente de que cuanto más tarde se apruebe el presupuesto, más problemas sufrirán los proyectos que deben ejecutarse al inicio del ejercicio. Por eso los que más prisa tienen en acordar el paquete son los países que más dependen de la política de cohesión, lo que da una “mano ganadora” a los Estados miembros nórdicos, que pueden alargar las negociaciones esperando que los sureños y del este prefieran sufrir importantes recortes antes que tener problemas a la hora de ejecutar proyectos.

Muchas veces en Europa no se llega a un acuerdo hasta que no queda más remedio

“Muchas veces en Europa no se llega a un acuerdo hasta que no queda más remedio”, admite una fuente diplomática. ¿Y cuándo no hay más remedio? Pues según la misma fuente, eso puede ser en otoño de 2020, aunque España apuesta por cerrar las negociaciones cuanto antes.

Hay más razones para desear que las negociaciones terminen en la cumbre de la semana que viene. Estas conversaciones son tremendamente divisivas y corrosivas, y distraen a las capitales de otras negociaciones complicadas. “Con la crisis del Brexit sería bueno quitarnos la otra gran negociación divisiva, que es la crisis presupuestaria, y sería bueno que nos la quitásemos de encima cuanto antes”, asegura una fuente diplomática.

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