EL LABERINTO DEL SALARIO MÁXIMO

¿Y si tu jefe solo pudiese subirse el sueldo si te lo sube a ti?

El salario mínimo ha aumentado dos veces en un año, pero la brecha entre los trabajadores y los directivos es más amplia. ¿Se acordará Garzón de su propuesta del salario máximo?

Foto: Montaje: EC.
Montaje: EC.
Adelantado en

En noviembre de 2015, el actual ministro de Consumo y por aquel entonces candidato a la presidencia del Gobierno por IU, Alberto Garzón, propuso que el sueldo del trabajador mejor pagado en cada empresa no superase en 10 veces al del peor pagado. La medida estaba enmarcada dentro de un nuevo Estatuto del Trabajo que el partido llevaba en su programa electoral junto a otras medidas, como una subida del salario mínimo hasta 2019 de 1.176 euros.

Algo más de cuatro años después, Garzón tiene su propia cartera y el salario mínimo ha subido, aunque no tanto como proponía el actual ministro. Sin embargo, durante mucho tiempo, la limitación de los sueldos más repetida entre la izquierda española no era por abajo. Era por arriba. Especialmente, desde que el economista Vincenç Navarro defendiese la medida en un artículo de 2009 con el objetivo de “evitar la enorme concentración basada en el poder económico y político que tal concentración determina”.

Los directivos de las empresas del Ibex 35 cobran de media 123 veces más que el salario medio de sus empleados

Junto con la renta básica, fue una de las medidas económicas estrella del incipiente Podemos en el lejano mayo de 2014. Apenas un par de meses antes, ERC había solicitado al Gobierno popular un “techo salarial máximo dentro de la empresa”, que en su caso se concretaba en que un trabajador no pudiese ganar en un mes más que lo que ganaba otro a lo largo de un año. Una proporción de 1:12 que terminaría siendo debatida en el congreso en 2016.

Pero no es una cuestión únicamente española. El salario máximo ha estado en el centro del debate económico en el resto del mundo, y no solo en Cuba, con su sueldo limitado: cada vez que un nuevo informe mostraba cómo la brecha entre ricos y pobres se ampliaba, la medida volvió a tomar un nuevo impulso. Jeremy Corbyn comenzó defendiendo un límite a los sueldos más altos, utilizando el ejemplo de los futbolistas de élite, que rápidamente evolucionó a una ratio entre los sueldos más bajos y altos. Bernie Sanders ya propuso en los años setenta que fuese ilegal “amasar más riqueza que la que una familia puede necesitar a lo largo de su vida”. Hace un par de años, el veterano economista Sam Pizzigati, autor de 'Los ricos no siempre ganan', publicó un libro sobre la viabilidad de un sistema semejante. Cuanto más desigual es un país, más fácilmente parece acoger una propuesta así.

La crisis y su larga resaca parecían propicias para una medida de justicia redistributiva de este tipo, y a pesar de su aparente olvido, la brecha se ha seguido ampliando. En España, según el informe de Oxfam Intermón 'Quién parte y reparte', publicado el pasado octubre, los directivos de las empresas del Ibex 35 cobran de media 123 veces más que el salario medio. La brecha salarial aumentó en el último ejercicio, con un crecimiento de 6% en los sueldos de los altos directivos y una reducción de un 1,2% en el de los empleados.

Las primeras medidas del PSOE en el poder, primero en solitario y luego con UP, han pasado por una subida del salario mínimo, pero la limitación del salario máximo parece haber quedado en segundo plano, salvo en casos como el de Oxfam, que sigue pidiendo “establecer una ratio máxima que no pueda superarse entre el salario del primer ejecutivo y el salario más bajo de cada empresa”. La gran pregunta es si, con UP y Garzón en el Gobierno y ERC de aliado socialista, el salario máximo puede ser una realidad en España algún día… o es mejor no despertar a los leones.

¿Para qué?

La fórmula más habitual para calcular el tope salarial es la ratio entre el sueldo más bajo y el más alto. Una de las cifras propuestas con mayor frecuencia es, por ejemplo, el 12. Es decir, si el sueldo mínimo se encuentra ahora en los 950 euros mensuales, el sueldo máximo percibido dentro de la empresa sería de 11.400 euros mensuales. Esta lógica conduce a que los altos directivos sean los primeros interesados en que los trabajadores más vulnerables estén mejor remunerados.

Nadie puede pensar de verdad que el trabajo de John Paulson merece 350.000 veces el salario mínimo

Uno de los primeros economistas en promover la necesidad de un salario máximo fue el profesor austriaco Christian Felber, promotor de la conocida como economía del bien común, que acaba de publicar en español su último libro, 'La voz interior'. “La meritocracia implica que la disparidad debe estar justificada por logros reales”, explica a El Confidencial. “Nadie puede pensar de verdad que el trabajo de John Paulson [inversor fundador de Paulson & Co.], que ganó 5.000 millones (!) de dólares en 2010, merezca 350.000 veces el sueldo mínimo”.

No es una propuesta que se haya implantado demasiado, salvo en casos contados. Israel aprobó en 2016 una reforma de la remuneración de los ejecutivos del sector financiero que prohibía que este fuese 25 veces superior al del empleado peor pagado. En 2013, el Parlamento de Suiza rechazó por un 65% la iniciativa 1:12, una propuesta del Partido Socialista Suizo para limitar los altos sueldos de los ejecutivos. Para Felber, es un buen ejemplo de que no puede presentarse como una medida unívoca, sin posibilidad de negociación.

“El referéndum de Suiza por el factor 12 [solo] es un buen ejemplo, porque solo se votó una propuesta. El hecho de que la mayoría del Parlamento rechazase esa única propuesta no significa que los suizos estén en contra de la limitación de la desigualdad, no digamos ya que apoyen el factor 900, que es el grado actual de desigualdad en Suiza”, recuerda.

No se trata, por lo tanto, de salario máximo sí o no, sino del factor a negociar. Felber recuerda, por ejemplo, que Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, propuso un factor 20 para la limitación de sueldos. “Si esta propuesta, y otras como 7, 10, 15 y 20 veces se hubiesen votado el mismo día, muy probablemente habría salido adelante”, añade. Donde sí ha ocurrido ha sido en Portland, donde las empresas cuyos mayores sueldos superan en 100 veces los más bajos deben pagar un 10% adicional en impuestos. Si lo hacen en 250 veces, los impuestos ascienden al 25%.

Limitar, sí, pero de otra forma

Para otros economistas, el salario máximo no es la mejor manera de hacer frente al problema de la desigualdad económica. Juan Torres López, catedrático de Economía de la Universidad de Sevilla, que firmó junto a Vicenç Navarro el documento marco del programa económico de Podemos en 2014, afirma: “Hablar en términos de un 'salario máximo' confunde la naturaleza del problema que hoy día tienen las empresas, la economía y la sociedad en general”. “Es un término que facilita el rechazo a cualquier práctica que lleve a limitar la enorme desigualdad salarial existente”.

Para Torres, la clave no se encuentra en limitar los salarios, sino en “restaurar los derechos y la práctica de negociación que se han perdido”

En opinión del autor de 'La renta básica', se trata de una simplificación que obvia otros debates más acuciantes, como la pérdida de capacidad de negociación de los trabajadores o la repercusión de “una brecha salarial enorme” en la economía real. Para Torres, la clave no se encuentra en una limitación de salarios por ley, sino en “restaurar los derechos y la práctica de negociación que se han perdido en los últimos años”.

Como recuerda Sandalio Gómez, profesor del IESE y experto en relaciones laborales, “lo que suelen establecer las empresas, o deberían establecer, es el abanico salarial”. Un criterio que forma parte de los convenios colectivos, recuerda, que no suele afectar a los sueldos más elevados ni de los directivos. Gran parte de estos, de hecho, reciben su remuneración a través de bonus o retribuciones variables, no del salario contante y sonante. “Al margen del convenio, la empresa puede establecer los porcentajes que considere más apropiados, pero son recomendaciones y líneas de actuación empresarial, que aconsejan unas relaciones adecuadas dentro de la empresa en materia de retribución”.

Uno de los argumentos esgrimidos por los detractores de la medida es que la limitación de sueldos espanta el talento. Es lo que ocurrió, según el sector bancario egipcio, entre los altos técnicos del país después de que en 2012 se limitasen los sueldos como una medida de austeridad. Gómez no termina de estar de acuerdo: “Lo del talento está de moda, pero yo tengo mi filosofía: hay que tratar el talento con dinero, pero también con otra serie de aspectos que muchas veces no se tienen en cuenta, como las perspectivas de crecimiento profesional”.

No es la primera vez en la historia española que la desigualdad salarial comienza a ser preocupante, recuerda el profesor. Ya ocurrió lo mismo en la época de la Transición, cuando el abanico salarial era tremendamente amplio, lo que llevó a acordar una política de rentas dentro de la política de Pactos de la Moncloa, que entre sus objetivos tenía la reducción del abanico a través de un incremento salarial lineal. De ahí que economistas como Krugman o Piketty prefieran optar por la vía de los impuestos en lugar de por el salario máximo, como los impuestos del 80% propuestos por el economista francés.

Los ciudadanos de un país suelen pensar que la brecha es más pequeña de lo que realmente es. En España, era de 127 y pensábamos que era de 6,7

En el caso español, Felber recuerda que es nuestra propia Constitución la que pone por delante la justicia (“y por lo tanto, eliminar toda injusticia excesiva”) de la libertad. “La desigualdad extrema conduce a la concentración del poder y la desigualdad política”, concluye. “Las personas superricas pueden permitirse un abogado o comprar un estudio científico, adquieren medios de comunicación o incluso partidos políticos, como el multimillonario Frank Stronach hizo en Austria. Así que una democracia liberal solo puede florecer en un entorno de desigualdad limitada en ingresos, propiedad privada y tamaño de empresa”.

Juan Torres propone un ejemplo interesante. “Si se habla en general de 'salario máximo', la gente suele ser contraria”, recuerda. “Pero hay encuestas internacionales en las que se le pregunta a la gente cuál cree que es la brecha salarial máxima en su país y cuál cree que debería ser”. Por lo general, explica el economista, siempre pensamos que es mucho menor de lo que realmente es. Un estudio de la Universidad de Harvard mostraba que España era uno de los países con mayor brecha en la ratio entre el trabajador mejor y peor pagado (127 en 2014), pero los españoles pensábamos que esta era únicamente… de 6,7.

¿Dónde está el límite? “Debería ser una decisión democrática”, responde Felber. “Si los parlamentos se niegan a poner límites, los ciudadanos soberanos deberían tener la posibilidad de hacerlo”, razona. La pelota está en el tejado del Parlamento… y del ministro.

Economía

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios