ENtrevista CON JUAN TORRES LÓPEZ

“Algunos defienden la renta básica para que haya empleo precario y bajos sueldos”

El economista de la Universidad de Sevilla acaba de publicar su último libro, en el que analiza los pros y contras de una de las medidas que más odios y adhesiones suscitan

Foto: Torres, durante su visita a Madrid. Foto: Héctor G. Barnés.
Torres, durante su visita a Madrid. Foto: Héctor G. Barnés.

A muchos lectores le sonará la cara de Juan Torres López (Granada 1954), catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla, pero quizá no sepan exactamente de qué. Es probable que les suene de La Sexta Noche y del sonado enfrentamiento con Eduardo Inda (el propio Torres bromeaba el lunes con ello en Twitter); por haber sido junto a Vicenç Navarro el rostro visible del borrador del programa económico de Podemos en 2015; o quizá por libros como 'Economía para no dejarse engañar por los economistas'.

Su trayectoria de casi cuatro décadas le sitúa en algunos de los puntos calientes de la historia reciente. Fue Secretario General de Universidades de la Junta de Andalucía, trabajó con el presidente venezolano Hugo Chávez como miembro de la Fundación CEPS y bajo su ala creció Alberto Garzón. Ambos formaron parte de ATTAC, la Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras que ha terminado siendo aprobada por la Unión Europea. Una muestra de que lo que en un momento dado parece una utopía puede terminar convirtiéndose en realidad más pronto que tarde.

No es verdad que las personas que perciben una renta básica se encuentren completamente desincentivadas para buscar empleo

Algo parecido puede ocurrir con la renta básica, ese impuesto mínimo garantizado para toda la población que es el objeto de su último libro ('La renta básica', publicado por Deusto), cuya portada promete “todo lo que hay que saber para formarse una opinión propia en un debate crucial del siglo XXI”. Torres comienza derribando mitos consolidados: ni es una idea moderna, ni es exclusiva de la izquierda, ni su financiación es imposible, ni crea vagos. Charlamos con el profesor en su última visita a Madrid.

P. Empecemos por el final. Hace apenas dos semanas se publicaban los resultados del experimento finlandés, que mostraban una mejora en el nivel de estrés del trabajador pero no un gran cambio a la hora de encontrar empleo. ¿Qué lectura extrae usted?

R. Son conclusiones de sentido común. Si garantizas un ingreso mínimo a personas en desempleo, tendrán más tranquilidad. Casi no hace falta un experimento. Que no muestren un resultado positivo en cuanto al empleo es también lógico. Si fuese así de fácil, las cosas serían de otro modo. Es interesante comprobar algo que otros experimentos ya han puesto de relieve: que no es verdad que las personas que perciben una renta básica se encuentren completamente desincentivadas para buscar empleo, porque ni es suficiente para llevar una vida satisfactoria ni el empleo es solo un castigo divino, sino también una fuente de realización personal. Pero quien recibe una renta básica se planteará rechazar según qué tipos de empleo. Son resultados lógicos y esperables, pero que no se pueden extrapolar a una experiencia de renta básica universal en un territorio mucho más amplio.

P. La gran dificultad de la renta básica es la imposibilidad de saber exactamente cómo influiría a nivel global hasta que no se implante.

R. Ha habido experimentos interesantes como los que se hicieron en Estados Unidos, respecto a las horas de trabajo o la pobreza. Hay uno que no suele traerse a colación ni por defensores ni detractores, la renta básica de Irán, que, quitando Alaska –que es muy diferente– fue el país con una renta básica más extendida en la población. Disminuyó la pobreza, no desincentivó fuertemente el trabajo, pero estuvo acompañada de una inflación muy fuerte. No hay forma de saber si fue por eso, porque coincidió con un período de embargo. Es difícil sacar conclusiones, por lo que hay que ser honesto y tener generosidad intelectual y transparencia.

P. Estamos a las puertas de un período electoral, y parece poco probable que ningún partido proponga algo parecido. El concepto “renta básica” parece haberse convertido en algo tabú, especialmente para la derecha.

R. Bueno, en Andalucía el PP no solo la defiende, sino que la reclamaba cuando estaba en la oposición. En España se puede proponer una cosa y la contraria en el mismo momento. Los partidos están defendiendo propuestas de rentas garantizadas de diferentes tonos. Ni siquiera Podemos ni el PSOE plantean una renta básica universal, pero cabe la posibilidad de pensar en fórmulas de renta garantizadas, que de alguna manera se avanzara. La propuesta del impuesto negativo, por ejemplo, es liberal. En principio no veo por qué partidos de la derecha pueden estar en contra de eso. Son propuestas muy transversales, en cierta medida parecidas a la renta básica universal.

Al mismo tiempo que el PP en el Parlamento Español dice que la renta básica arruina al Estado, en Andalucía critica al gobierno por no aplicarla

Desgraciadamente, el debate político español es tan pobre y cainita que cuesta mucho pensar que pudiera haber encuentros sobre estas cuestiones sustantivas, y sería importante porque nuestra situación económica es delicada. Tenemos una población en riesgo de pobreza o sin ingresos muy elevada, si la política en España tuviese una altura mayor se estaría hablando de estas cosas en lugar del debate tan empobrecido que hay.

P. Quizá entre otras razones porque parece ligado a Podemos, que ha quedado muy asociado a ellos.

R. Ni siquiera eso, la idea la plantea en primer lugar el PSOE. Es más, fue impulsada por Jordi Sevilla, uno de sus economistas más de centro. No es verdad que Podemos haya sido el inspirador. En Francia la defiende la derecha. No se debe a que lo haya dicho uno u otro, sino a que en España tenemos una enorme dificultad para hacer las cosas con un poco de rigor, pensando que quizá el de enfrente tiene un poco de razón. Al mismo tiempo que el PP en el Parlamento Español dice que la renta básica arruina al Estado, en Andalucía critica al gobierno por no aplicarla. Son cosas que ocurren en nuestro país y que no terminamos de superar.

P. Quizá pase algo parecido a lo ocurrido con la Tasa Tobin.

R. La historia de las políticas económicas y sociales está llena de propuestas que poco tiempo antes parecía que eran irrealizables, y que en nada se aplican. Hace muy pocos años la renta básica parecía algo de cónclaves muy minoritarios y hoy se habla de ella y en ámbitos muy diferentes.

P. ¿Qué supondría una medida así en España?

R. Tendría efectos que habría que calibrar muy bien. Por una parte, depende de cómo se financiara. Lo suyo sería que se financiase a través de creación monetaria, pero tendría que crearse en unas condiciones muy determinadas para no generar inflación. Eso no podría hacerse en España salvo que se financiase con una moneda complementaria, que encajaría dentro de la ley europea y nacional, pero curiosamente es algo que no se plantea.

Torres, retrado en 2014. (Reuters)
Torres, retrado en 2014. (Reuters)

Si se financiase con impuestos, supondría un impulso en la demanda efectiva, por lo tanto un impulso a la economía, pero que tendría que garantizarse que hubiese oferta suficiente de bienes para que no crease tensiones inflacionistas. Con toda seguridad iba a mejorar la capacidad de negociación de las clases trabajadoras, y eso iba a obligar a que muchas empresas se estrujasen las neuronas para generar mayor productividad e innovación. Las empresas menos competitivas, las que compiten a través de salarios bajos y empleos más empobrecidos, iban a tener problemas. Si el tránsito no se hace bien podríamos tener problemas derivados de las buenas intenciones. Si se hiciese bien, tendría consecuencias positivas, porque aumentaría el tamaño de la tarta.

P. Hemos topado con varias iglesias. Entre ellas, la CEOE.

R. Exacto. Y con las fuerzas sindicales y políticas que, independientemente de la ideología, son muy conservadoras. Somos reacios a enfrentarnos a lo nuevo porque nos desubica. Lo nuevo trae bastante ventajas a la larga, pero hace falta un tránsito. Lo que echo de menos es que entre las fuerzas sociales, empresariales o sindicales y la vida política haya un espacio de debate ajeno a la exigencia del día a día. Cuando tienes un problema hoy, no te planteas hacer experimentos. Pero es una renuncia costosa. Sería deseable que en España tuviésemos espacio de debate donde pudiésemos observar el futuro con luces largas. Tiene que ver con nuestro conservadurismo, con los poderes establecidos, con la aversión a la competencia que hay en el conjunto de la sociedad y por el miedo horrible que se tiene a innovar y a ser valiente.

P. De Davos a Silicon Valley se ve la renta básica como una respuesta a la automatización.

R. La historia nos demuestra que los grandes cambios tecnológicos tienen dos posibles consecuencias. Si se reduce la jornada de trabajo y hay políticas de impulso a la actividad se puede crear empleo y evitar el paro masivo. Si no se reduce la jornada de trabajo, el paro masivo es inevitable. Es costoso renunciar al modelo laboral de bajos salarios y empleo muy precario, porque produce muchos beneficios, y quienes lo defienden apuestan por crear una renta básica que sería un mal menor porque así podríamos sufragarla sin ser ellos quienes lo hagan.

Otros dicen “ojo, eso va a crear un ejército de personas obligadas al subsidio”, y a lo mejor a la postre eso es igual de peligroso o más.

P. Haciendo un poco de futurólogo, ¿desde donde cree que vendrá esa propuesta en España?

R. Tengo mis dudas de que la renta básica universal sea la solución más adecuada, lo que creo es que haría falta plantearse los problemas a largo plazo de la economía y la sociedad españolas. Creo que con toda seguridad una estrategia de rentas mínimas será imprescindible, porque una gran parte de la población no tiene ingresos, y eso no parece que eso sea ni justo ni eficiente. Otra cosa es el camino. La renta básica hay que sacarla de algún sitio, porque incluso si viniera de creación monetaria, la gente tendría capacidad de pago, pero si no hay ingresos para crear oferta de bienes y servicios, no serviría para nada.

Veremos algo parecido a una renta básica porque si no esto será el infierno en la tierra

El problema no es cómo generar renta básica, sino de dónde sacar los ingresos para que pueda haberla. Y ese debate no lo estamos teniendo en España. Hace falta agricultura, industria y servicios de valor añadido, y más bien parece que todos nos conformamos en convertir la economía española en una de bajo valor, barata y de servicios. Las grandes empresas que cobran la factura mensual con puntualidad religiosa son indiferentes a lo que ocurra con la renta de la gente, y ese es un mal camino.

P. ¿Cuál es el problema más acuciante?

R. Ahora mismo, en España y Europa tenemos un problema crucial: estamos generando ingresos repartidos de forma muy desigual que en un porcentaje extremadamente elevado se dedican a actividad improductiva y a especulación, no crean bienes y servicios ni actividad que genere ingresos, y por lo tanto, está volcando la economía hacia un lado no solo improductivo, sino volátil.

Acabamos de salir de la crisis más importante de los últimos 80 años, y ya casi la totalidad de analistas advierten de que viene otra. Es inevitable cuando se desequilibran los motores de la economía. Hay un problema de desigualdad tremendo, hay otro problema de deuda que es inevitable que explote, y de prioridad a la actividad improductiva y especulativa. Ni siquiera se va a poder resolver con la renta básica, a la larga lleva a una ineficacia tremenda. Pensar que la renta básica puede ser un paliativo es utópico, los problemas sobre el tapete son de mayor envergadura.

P. Es también un arma de redistribución de la riqueza.

R. Si se financia a través de impuestos, sí. Si se financiara a través de creación monetaria, no sería exactamente redistribución. Es una de las claves de un proyecto de este tipo. Por eso sería lo ideal que en Europa se pensase en estas cosas, porque sí está en condiciones de poner en marcha políticas de generación y garantía de ingresos que permitiesen aumentar la demanda agregada hacia bienes de localización cercana, cambiando la lógica de producción y consumo para generar más sostenibilidad. Es una pena que Europa esté en otras cosas.

P. ¿Veremos alguna vez la implantación de una renta básica universal?

R. Algo parecido terminaremos viendo, porque hoy en día hay recursos para garantizar a todas las personas una vida digna. Es posible que nuestra torpeza, incapacidad y limitaciones técnicas nos obstaculicen, pero habrá un imperativo ético que determine y nos obligue a no cometer la barbaridad de que 30.000 personas mueran de hambre al día, o que casi la tercera parte de la humanidad no tenga acceso a bienes básicos, o que un 60% de los trabajadores tenga un sueldo menor a dos dólares. Antes o después habrá que enfrentarse a eso con un imperativo de moral básica, y veremos algo parecido a una renta básica, porque si no, esto será el infierno en la tierra.

P. No habíamos hablado aún del imperativo moral, una de las claves que quedan siempre fuera del cálculo económico.

R. Al final es el motor de la historia: la salud universal, la abolición de la esclavitud, el Estado de bienestar… todos los avances, incluido el capitalismo, han sido el resultado de un impulso ético, y son los que han permitido que la humanidad dé saltos. Tenemos recursos, inteligencia y tecnología, pero aún no hemos dado el paso a considerar que no podemos destruir el planeta ni condenar a una parte de las generaciones futuras a la pobreza cuando hay recursos suficientes.

P. Al fin y al cabo, ¿qué sería de la economía sin ética?

R. Está la ética del lucro, nos parece bien que 200 personas tengan la misma riqueza que la mitad de la población mundial. La cuestión está en ver qué tipo de impulso moral gobierna esto. Eso empieza en el día a día. Si no somos capaces de censurar el lenguaje más cainita de nuestros políticos más próximos, difícilmente podremos pensar en que el planeta vaya mejor. Pero si miramos hacia atrás, veremos que hemos mejorado muchísimo. Siempre hay que mantener la esperanza. La historia nos enseña que siempre vamos hacia adelante.

Alma, Corazón, Vida

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