Los efectos del nuevo salario mínimo

Así afectará la subida del SMI a la economía española (para bien y para mal)

El incremento del salario mínimo ayudará a mejorar la productividad como ha demostrado la literatura económica. Sin embargo, el efecto no será homogéneo y también dejará perdedores

Foto: Un hombre transporta cajas en el centro de Barcelona. (EFE)
Un hombre transporta cajas en el centro de Barcelona. (EFE)
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En apenas dos años el salario mínimo interprofesional (SMI) de España ha subido un 34%, un incremento diseñado para mejorar los ingresos de los trabajadores más precarios, pero que tendrá otros efectos sobre la economía española. La literatura económica ha estudiado ampliamente el efecto de las subidas del salario mínimo y en ocasiones hay grandes dudas, como su impacto sobre la cantidad total de empleo. Sin embargo, hay otras variables en las que existe un gran consenso. Una es la productividad: aunque pueda resultar contraintuitivo, las subidas del SMI, siempre que sean razonables, contribuyen a elevar la productividad, tanto a nivel micro como macroeconómico.

El nobel de Economía, George Akerlof, fue uno de los primeros en analizar la vinculación entre los salarios y el empleo en su teoría sobre los "salarios de eficiencia". Akerlof demostró en 1982 que los salarios elevados contribuyen a motivar a los trabajadores e incentivan la acumulación de capital humano al reducir la rotación. La permanencia de un trabajador en la empresa permite mejorar sus habilidades y conocimientos con el paso del tiempo, de modo que su productividad aumenta.

Akerlof abrió una senda que han seguido jóvenes investigadores en su análisis sobre el impacto del SMI a nivel microeconómico. Los resultados muestran ganancias de productividad generalizadas para las subidas del SMI, con algunas excepciones. El canal más intuitivo por el cual el salario mínimo impacta en la productividad es el de la sustitución de mano de obra por capital físico, como señala la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en su análisis sobre el SMI.

Este cambio supone unos costes indudables para la sociedad, ya que provoca despidos en los sectores menos productivos, justo aquellos que se pretende proteger. El resultado es que las subidas del SMI corren el riesgo de dejar a una parte de la población sin trabajo y dependerá de las redes de protección social de cada país para que puedan superar esta situación. En el caso español, cuando se publiquen los microdatos de la Muestra Continua de Vidas Laborales será posible analizar el impacto concreto del SMI sobre los trabajadores beneficiados y conocer cuántos despidos generó.

Desde el punto de vista de la productividad, esta medida fomenta la inversión y elimina los trabajos de menor valor añadido. Sin embargo, los estudios más recientes apuntan a que la sustitución de mano de obra por máquinas no es tan frecuente y que, en realidad, existen otros canales por los cuales mejora la productividad sin grandes incrementos del desempleo.

[Los empleados que hayan salido de la empresa deberán reclamar el SMI]

Un estudio del Instituto Nacional de Investigación Económica y Social (NIESR) y el Centro de Macroeconomía británicos descubrió que los incrementos en la productividad no se deben a "reducciones en el empleo o a la sustitución de trabajo por capital". Al contrario, "la evidencia sugiere que estas ganancias de productividad han estado asociadas a incrementos en la eficiencia de la producción". Esto es lo que en economía se conoce como productividad total de los factores (PTF). Este concepto se refiere al crecimiento económico que se debe al aumento de los factores (capital, empleo, etc.), si no que se produce por un uso más eficiente de los recursos.

Según este estudio de Rebecca Riley y Chiara Rosazza, las subidas del salario mínimo interprofesional estimulan un uso más eficiente de los recursos disponibles para mejorar la producción total. "Este cambio es consistente con cambios organizativos, el entrenamiento y la mayor eficiencia en la asignación de salarios ante el aumento de los costes por el SMI", señalan las autoras. Además, "también es consistente con una disminución de la rotación de trabajadores como consecuencia del aumento salario mínimo".

Lo que subyace a estas investigaciones es que las empresas se adaptan a los mayores costes mejorando su gestión y eficiencia internas. Si existe la demanda, las empresas no prescindirán de los trabajadores, sino que intentarán mejorar los procesos para que las ganancias de productividad absorban el incremento del SMI.

La respuesta del trabajador

Para comprender la variación de la productividad es imprescindible analizar cómo responde el trabajador beneficiado por la subida del SMI. Los análisis señalan dos vías principalmente. Por una parte, mejora su moral por el incremento de su retribución, lo que produce mejoras en su rendimiento en el corto plazo. Por otra, aumenta el temor a ser despedidos, ya que las subidas del SMI siempre generan incertidumbre sobre el empleo.

Decio Coviello, Erika Deserranno y Nicola Persico, investigadores del HEC Montreal y la Universidad del Noroeste, en Chicago, analizaron el impacto de la subida del SMI en los comercios minoristas en EEUU. En concreto, centraron su análisis en las fronteras de los estados, ya que es aquí donde mejor se pueden comparar los efectos de los diferentes salarios mínimos (en EEUU hay estados con salarios mínimos propios superior al federal).

Son los trabajadores menos productivos quienes contribuyen con una ganancia considerable de productividad

Lo que descubrieron es que las ganancias de productividad en el sector del comercio minorista eran más intensas en las regiones con un elevado nivel de desempleo. En esos casos, el temor a perder el trabajo era superior, por lo que la respuesta del trabajador era mejorar sus niveles de eficiencia. España tiene también unos niveles de paro muy elevados, de modo que el impacto del SMI sobre la productividad debería ser más intenso.

Los investigadores también analizaron las diferencias de productividad en función del salario de los trabajadores y descubrieron que las mejoras se producían, básicamente, en las tiendas más precarias y con los salarios más bajos. "Son los trabajadores menos productivos quienes contribuyen con una ganancia considerable de productividad, que está entre el 19% y el 23% en función de su nivel salarial", señalan los autores. "Este hallazgo es consistente con un modelo donde las ganancias de productividad se deben a un mayor esfuerzo de los trabajadores menos productivos".

Las pymes y la España vacía

La subida del SMI también genera importantes costes que no todas las empresas consiguen superar. Son los efectos colaterales de esta medida que, o se compensan con políticas paralelas, o provocan el cierre de empresas y despidos. Richard Croucher y Marian Rizov publicaron un estudio en el ZBW alemán sobre el impacto del SMI en Reino Unido. Los investigadores también localizaron que "la productividad agregada de los sectores con peores salarios fue significativamente mejorada por el SMI en el largo plazo".

Mientras que las grandes empresas experimentan importantes saltos de productividad cuando están afectadas por el SMI, las pequeñas se quedan rezagadas. El motivo es que el músculo financiero para invertir y la capacidad de reorganización de las grandes es muy superior, mientras que las pequeñas empresas son mucho más rígidas. "Las empresas más grandes pueden ser capaces de desarrollar estrategias adaptativas", explican los autores, mientras que las pequeñas tienden a caracterizarse por una gestión poco profesionalizada incapaz de gestionar este cambio.

La productividad agregada de los sectores con peores salarios fue significativamente mejorada por el SMI en el largo plazo

Con este enfoque es fácil anticipar que las pymes españolas serán quienes sufran las consecuencias de la subida del SMI. Y por sectores de producción, también existen estas diferencias. Los autores descubrieron que los peores resultados se produjeron en la agricultura, las peluquerías y el ocio. En España se produjo una situación similar en la agricultura tras la subida del salario mínimo de 2019, cuyo resultado se aprecia en los datos de afiliación a la Seguridad Social del sector.

[Los peores datos del empleo se dan en los sectores precarios con más presencia del SMI]

En su caso, el principal problema es la incapacidad de trasladar el incremento de los costes laborales a los precios, ya que los productos agrícolas atraviesan una crisis estructural de precios por la competencia internacional. Su incapacidad para modificar el equilibrio del mercado hace que todo el coste del SMI tenga que ser internalizado por la empresa, lo que limita su capacidad de reacción, principalmente para invertir.

En la España vacía hay abundancia de pymes y de trabajadores en el sector agrícola, lo que supone un doble riesgo económico. Aunque todavía no existen microdatos que permitan determinar el impacto de la subida del SMI de 2019, es fácil comprender que estas regiones pueden estar entre las perdedoras de esta medida. Sin embargo, existen políticas complementarias, que pueden mitigar el impacto de los mayores costes laborales, destinadas específicamente para estas regiones o estos sectores.

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