responsable de la cartera de seguridad social

Escrivá, un tecnócrata contra los apocalípticos en pensiones

El nuevo ministro tiene una ardua tarea. Convencer a Podemos de que hay que reformar las pensiones, pero también desmontar desde el rigor presupuestario a los apocalípticos

Foto: José Luis Escrivá, en un acto cuando era presidente de AIReF. (EFE)
José Luis Escrivá, en un acto cuando era presidente de AIReF. (EFE)
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La política española es tan paradójica que, a José Luis Escrivá, el futuro ministro de la Seguridad Social, le tocará lidiar con los Presupuestos de Montoro hasta el que el nuevo Gobierno sea capaz de aprobar los suyos.

Es paradójico porque Escrivá ha sido durante años el azote del anterior ministro de Hacienda, a quien, incluso, llevó a la Audiencia Nacional porque entendía que una Orden Ministerial de 2015 se extralimitaba e impedía que la AIReF tuviera acceso a información relevante para poder elaborar sus informes presupuestarios.

El tono del Acta aprobado en su día por el comité directivo de la institución que ha presidido desde su fundación lo decía todo: "Las trabas al acceso a la información por parte de la AIReF constituyen una vulneración de la autonomía e independencia funcional respecto de las Administraciones públicas". Es más, según Escrivá "la Orden es contraria al espíritu del Estatuto de la AIReF".

No es de extrañar, por lo tanto, que las relaciones entre Escrivá y Montoro fueran manifiestamente mejorables, lo que en última instancia dice mucho en favor de ambos.

En el caso del exministro de Hacienda, que fue quien lo nombró, porque metió en el gallinero al 'nuevo Barea' del PP, mientras que el propio Escrivá se ha ganado el sueldo luciendo una autonomía que ha puesto en valor una institución creada hace pocos años, en 2013, en plena recesión, pero que en pocos años se ha ganado la credibilidad que se le supone a un organismo que no nació para hacer amigos en las distintas administraciones públicas, lo que puede explicar la escasez de medios con que trabaja.

Escrivá, de trato amable y con una enorme capacidad de trabajo, es probable que no los haya ganado, al fin y al cabo, como decía Plá, en la política hay amigos, conocidos y saludados; pero a cambio se ha convertido en el compañero de viaje ideal para un Gobierno como el de Pedro Sánchez, que busca legitimarse en lo económico —otra cosa es en otras áreas— trasladando a la opinión pública que con las cosas de comer (léase Calviño y Escrivá) no se juega.

Mano izquierda

La apuesta, desde el punto de vista formal, es impecable. Otra cosa es que una vez metido en harina el nuevo Gobierno sea capaz de trasladar esa intención a los créditos presupuestarios. Y aquí Escrivá necesitará mucha mano izquierda.

Entre otros motivos, porque una cosa es elaborar informes (lo que requiere solvencia técnica) y otra muy distinta negociar un asunto tan delicado como las pensiones con sindicatos y empresarios (que se lo digan a Macron). Y en este punto, Escrivá, acostumbrado a hablar con inversores y con analistas que nunca han estado en una habitación sin aire acondicionado, como decía malévolamente Tom Wolfe de Chomsky, está todavía muy verde. Sin contar con el hecho de que uno de los sostenes del Gobierno es el PNV, que alienta las movilizaciones en el País Vasco de los colectivos de jubilados para que la pensión mínima se sitúe en 1.080 euros. Y que han convocado una huelga general para el próximo 30 de enero que será la primera prueba de fuego del nuevo ministro.

José Luis Escrivá, durante un desayuno informativo. (EFE)
José Luis Escrivá, durante un desayuno informativo. (EFE)

En su favor tiene —además del conocer la materia en profundidad— una visión muy abierta y poco estereotipada de la economía, lo cual no es en absoluto frecuente en economistas criados en entidades financieras que no han pisado nunca ni un tajo ni una fábrica, y que ven el mundo a través de modelos econométricos. Probablemente, porque en los años en que estuvo destinado por el BIS (Banco Internacional de Pagos) como director del área de las Américas (entre 2012 y 2014) le llevó a entender que una cosa es la teoría y otra la práctica.

Bancos y pensiones

Escrivá, de hecho, y pese a venir del mundo de la banca, es muy crítico en privado del funcionamiento del sistema financiero, a quien acusa de ser procíclico, sin duda porque conoce muy bien el percal.

Esta visión más abierta de la economía (y hasta más plural) es la que puede explicar que la AIReF haya huido de aquellos apocalípticos que piensan que la Seguridad Social es lo más parecido al célebre esquema Ponzi y que, por lo tanto, va a quebrar en cualquier momento, algo que ya se decía en 1985, cuando el Gobierno socialista de Felipe González hizo la primera gran reforma del sistema de pensiones. "Me preocupa mucho la sensación de que hay un problema agudo con las pensiones y que se va a mermar sensiblemente el poder de compra, porque estos análisis no están bien sustentados", llegó a decir en el Congreso hace un par de años.

Escrivá, en todo caso, tendrá que guardar un delicado equilibrio entre lo que piensa y lo que le gustaría decir. Entre la teoría y la práctica. Entre otras cosas, porque una parte significativa de la ejecutiva del PSOE quiere saber poco de políticas neoliberales (Escudero, Ferrer…), y mucho menos esos socios preferentes para el PSOE que son Unidas Podemos, que ya han tenido algún choque con Escrivá a cuenta del déficit de Correos.

Sin olvidar que fueron los diputados de Podemos, precisamente, quienes rompieron, a principios de 2019, la posibilidad de un acuerdo en el Pacto de Toledo. A Escrivá le tocará convencerlos ahora de que han llegado los tiempos de las reformas para asegurar la sostenibilidad del sistema de pensiones.

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