reunión este miércoles

El Eurogrupo cierra 2019 perfeccionando el fino arte del bloqueo y la indefinición

Las capitales se han mostrado incapaces de lograr progresos sustantivos en temas clave para la eurozona a medida que se abre un nuevo capítulo para la economía europea

Foto: La ministra española de Economía, Nadia Calviño (dcha), su homólogo italiano, Giovanni Tria (c), y el ministro alemán de Finanzas, Olaf Scholz. (EFE)
La ministra española de Economía, Nadia Calviño (dcha), su homólogo italiano, Giovanni Tria (c), y el ministro alemán de Finanzas, Olaf Scholz. (EFE)

La historia del progreso de la integración europea es, a menudo, la de una vuelta en círculo sobre el mismo punto que acaba en mareo, y que, en algunas ocasiones, tras el susto inicial ante el tambaleo y la crisis, termina en éxito. Las últimas semanas del año muestran, en lo referente a la reforma de la eurozona, un menú lleno de vueltas en círculo: un debate absurdo e impenetrable en Italia sobre asuntos increíblemente técnicos y una indefinición absoluta sobre el camino a seguir en dos patas fundamentales para el futuro de la moneda única.

Los ministros de Finanzas de la eurozona se reúnen este miércoles en un Eurogrupo en el que después acogerán un formato inclusivo. El objetivo es volver a poner sobre la mesa una serie de medidas y propuestas que se llevan debatiendo años sin un excesivo éxito. En concreto, concluir la reforma del tratado del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), el instrumento presupuestario, que en realidad no lo es, para la eurozona (BICC), y el fondo de garantía de depósitos europeos (EDIS). Es un paquete que se ha negociado durante todo el año, y que muestra algunos problemas.

El estado general del debate es una muestra bastante fiel de la parálisis práctica en la que está sumido el proyecto europeo en lo que a los asuntos económicos y financieros se refiere. Jean-Claude Juncker ha señalado en varias ocasiones que “cuando el sol brilla, es tiempo de arreglar el tejado”, pero lo cierto es que mientras el cielo ha estado despejado, los ministros han sido incapaces de hacer nada más que tumbarse al sol y debatir sobre sus desencuentros.

La presidenta del BCE, Christine Lagarde, con Nadia Calviño, ministra de Economía de España, y Pierre Moscovici, de la Comisión Europea de Asuntos Económicos.
La presidenta del BCE, Christine Lagarde, con Nadia Calviño, ministra de Economía de España, y Pierre Moscovici, de la Comisión Europea de Asuntos Económicos.

Lo cual refuerza la teoría de los que defienden que Europa solo avanza en tiempos de crisis: todos los datos indican que es así, pero también toda lógica hacía pensar que la experiencia de la crisis, con muchas decisiones tomadas sobre la marcha ante la falta de éxito de los parches improvisados, haría aprender la lección sobre la necesidad de hacer los deberes cuando toca.

Una historia italiana

En Italia, todo debate es tremendamente apasionado. Y son capaces de generar una crisis política interna a raíz de la reforma del MEDE, hasta llegar al punto de que la situación amenace con bloquear un acuerdo sobre el que ya quedaban solo algunos flecos sueltos.

La Lega, el partido ultraderechista y xenófobo de Matteo Salvini, defiende que la actual estructura de la reforma del MEDE podría llevar a una reestructuración automática de la deuda italiana, unas acusaciones rechazadas por el resto de ministros y por altos funcionarios comunitarios. Una denuncia, además, algo extravagante: Salvini ha formado parte del Gobierno italiano durante un año en el que se han seguido desarrollando las negociaciones de la reforma del mecanismo sin que él abriera la boca al respecto.

El grupo La Europa de las Naciones.
El grupo La Europa de las Naciones.

El debate es absurdo. Salvini asegura que el MEDE, que tiene como objetivo mantener la respiración asistida de los países que pierden acceso ventajoso a los mercados, busca, literalmente, “quitarles dinero a los pobres para dárselo a los ricos”, señalando que elimina la soberanía de Italia y todo un discurso electoral que ha dejado perplejos a expertos, técnicos, diplomáticos y funcionarios.

La reforma del MEDE tiene sus deficiencias (como que las líneas de crédito precautorias siguen teniendo unos niveles de exigencia que las hacen solo alcanzables para economías que, en realidad, no las necesitan), pero en ningún caso existe un debate real sobre las cláusulas de acción colectiva (CAC), un tema referente a la facilitación de la reestructuración de la deuda soberana en caso necesario, una condición que ya contempla hoy por hoy el MEDE, cuyo objetivo último es, de hecho, debe ser, evitar una crisis total antes de que haya ocurrido.

Pero incluso así, con un alto nivel de irracionalidad y agresividad política interna italiana, el optimismo se mantiene entre bastantes ministerios y funcionarios. “No creemos que a pesar del clima político que se ha creado se vaya a producir un bloqueo”, aseguraba esta semana una fuente del Ministerio de Economía español.

Pero el 'show' vivido en las últimas semanas en Roma, donde ya todo es carne de plató de debate político televisado, sirve a los países más ortodoxos como demostración de que todavía no pueden fiarse de los sureños, la verdadera piedra angular de su inmovilismo.

Lo grave del asunto es que, en el marco del eterno debate entre la reducción y la mutualización de riesgos, lo cierto es que se ha recorrido un buen trecho en el primero de los caminos, como ya reconocen también algunas voces en Alemania y algunas fuentes diplomáticas germanas. El problema de este tipo de exabruptos, golpes sobre la mesa y dramas italianos es que tiran a la basura todo ese esfuerzo: aunque se hayan reducido riesgos, estos siguen siendo demasiado importantes para los países del norte debido a la inestabilidad política, los giros de guion y de timón que para Roma son perfectamente normales, como el café expreso por la mañana, pero que provocan infartos en el resto de Europa.

Presupuesto de la eurozona

En el instrumento de “crecimiento y convergencia” (BICC), también llamado instrumento presupuestario para la eurozona, la situación no es mucho más ilusionante, y en parte se vería afectado por cualquier desarrollo o bloqueo en lo referente a la reforma del MEDE. La frustración del bloqueo solo ha sido superada aquí por la del conformismo: el acuerdo de mínimos aceptado por Francia para cantar victoria en junio de 2019 está cada vez minimizándose más.

La nueva propuesta para el Marco Financiero Plurianual (MFP) 2021-2027 de la presidencia finlandesa del Consejo, otro asunto en el que persiste un bloqueo exasperante, con una presidencia presentando documentos que sabe que van a ser frontalmente rechazados por una buena parte de las capitales, ha reducido todavía más el tamaño de algo mínimo. El papel del Gobierno finlandés deja lo que en 2017 París quería que fuera un “bazuca” presupuestario en una pistola de agua: los números con los que se trabaja dejan las cuentas en un reparto anual de 1.850 millones de euros al año entre 19 países.

El comisario europeo de Presupuesto, Günther Oettinger. (EFE)
El comisario europeo de Presupuesto, Günther Oettinger. (EFE)

La situación es mala porque ni siquiera hay mucho espacio para la esperanza de los que creen que, llegada una crisis, este BICC es la base para un verdadero y genuino presupuesto. El documento finlandés explica que, en caso de querer aumentar el tamaño, las normas del BICC seguiría aplicándose a las contribuciones adicionales. Eso es, que por cada euro que un Estado meta en la hucha del instrumento, va a recibir de vuelta 70 céntimos, lo cual limita bastante cualquier efecto que pueda tener el BICC.

EDIS

Uno de los temas que abordarán los ministros es el EDIS, sobre el que existía cierta esperanza en encontrar consenso para establecer algo parecido a una hoja de ruta que marcara los pasos de cara al año 2020.

Fuentes del ministerio español admiten que habrían preferido ver más ambición en un semiacuerdo consistente en una nueva patada hacia delante, con una ruta confusa y bastante abierta, lo suficiente como para seguir empujando el asunto más adelante en el calendario.

Ha habido progresos positivos, indudablemente, como mostró, con todas sus posibles deficiencias y puntos problemáticos, la propuesta realizada por Olaf Scholz, ministro de Finanzas alemán, antes del último Eurogrupo. El primer intento de Berlín por abrirse realmente hacia el EDIS.

El problema es que son días confusos en el Gobierno alemán. No hay unidad de acción en el Ejecutivo de Angela Merkel, que tiene un nuevo frente abierto después de que las primarias hayan arrojado un nuevo liderazgo al frente de sus socios de Gobierno, los socialdemócratas (SPD), que en los próximos días tienen que decidir si siguen formando parte del equipo de Merkel o si abandonan el gabinete.

Otro año, ¿clave?

El año 2017 iba a ser clave para la reforma de la eurozona antes de que lo fuera 2018, que lo fue antes de que el momento de la verdad fuera este 2019. Por eso cuando se habla sobre el calendario que queda por delante ya solo queda armarse de paciencia, entender que los acuerdos que vayan a poder surgir van a ser deficientes y volver a aferrarse a la estampita de la crisis económica, para que asuste lo suficiente como para avanzar en las reformas clave para el futuro de la eurozona, sin ser lo suficientemente dura como para generar problemas serios.

A pesar de la falta de progreso en aspectos importantes, como son el EDIS, el instrumento fiscal, y con algunas piedras por el camino bastante molestas, como es el drama italiano del MEDE, lo cierto es que hoy Europa está mucho mejor armada para soportar un shock de lo que estaba en 2007. Tanto negar la necesidad de completar la unión económica y monetaria como negar el progreso hecho en estos años es, fundamentalmente, negar la realidad.

En cualquier caso, muchas voces apuestan en Bruselas por un cambio de ciclo en las próximas semanas que va a hacer que, siendo crucial el progreso en estos dosieres, estos vayan a quedar en un segundo plano: una nueva avalancha “verde” sobre la necesidad de reajustar el sistema, las inversiones y la estrategia industrial va a ocupar buena parte del espacio de debate y de los esfuerzos durante los próximos años.

La presentación del marco del nuevo Pacto Verde para Europa, con el cambio de modelo industrial para la adaptación a una transición ecológica, la búsqueda de un consenso sobre el objetivo de la neutralidad climática en 2050 y otros puntos en la agenda van a empezar a sonar cada vez más fuerte durante las próximas semanas, y seguramente marquen el debate.

Eso genera un par de dudas. La primera es, otra vez, y como pasó con la propuesta de reforma de la eurozona de Emmanuel Macron, la distancia que hay que recorrer entre las expectativas generadas por esta voluntad de llevar a cabo una transición ecológica, impulsadas por la llegada de la nueva presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen, y la realidad en la que finalmente nos encontremos. Los expertos siguen señalando que el camino es largo: unos 300.000 millones de euros de diferencia entre los que se está hablando y bocetando para el futuro de ese plan, y lo que en realidad sería necesario.

La segunda duda, y es la relevante para los asuntos que este jueves se abordan en el Eurogrupo, es si el protagonismo del Pacto Verde Europeo permitirá que en la oscuridad y la sombra del desinterés mediático los técnicos y ministros sean capaces de ir acercando posturas en los asuntos como el EDIS o el BICC.

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