LA CE SIGUE ADELANTE CON SU PROCEDIMIENTO

Italia juega sus cartas ante el Eurogrupo para evitar la sanción de Bruselas

El choque entre Bruselas y Roma ha ocupado parte de un Eurogrupo clave. Italia trata de convencer a sus socios de que tengan flexibilidad y la Comisión Europea tiene una decisión difícil por delante

Foto: Giovanni Tria, ministro de Finanzas italiano. (Reuters)
Giovanni Tria, ministro de Finanzas italiano. (Reuters)

El elefante en la habitación del Eurogrupo de junio habla en italiano. Aunque la reunión de ministros de Finanzas de la zona euro está centrada en las discusiones sobre el futuro presupuesto de la eurozona, sobre el que todavía no hay un acuerdo cerrado y que promete alargar el encuentro hasta bien entrada la madrugada. Pero nadie puede dejar de mirar de reojo al tema que preocupa a todos en la capital comunitaria: Italia.

El pasado 5 de junio, la Comisión Europea dijo basta y recomendó abrir un procedimiento de déficit excesivo contra Italia por no tomar medidas para controlar su deuda. Tras años de flexibilidad con Roma, incluido un acuerdo alcanzado en diciembre para evitar un choque directo, Bruselas tuvo que poner pie en pared, al menos de puertas hacia fuera.

El Comité Económico y Financiero, un grupo de técnicos que representan a los Estados miembros, se reunió esta misma semana y bendijo las intenciones de Bruselas. Eso sí, hay que dejar margen para el acuerdo, para que Italia recule. Mientras sea posible el acuerdo y evitar el golpe, hay que intentarlo.

España es junto con Francia uno de los países que piden que Bruselas tenga cintura y trate de cerrar un acuerdo con Roma, aunque este jueves era turno de enviar señales a la capital italiana: “Mi mensaje para Italia es que acepte la mano que se le ha tendido. Va en el interés de todos los miembros de la eurozona el cumplir con las reglas comunes”, ha explicado Bruno Le Maire, ministro de Finanzas francés.

Bruno Le Maire, ministro de Finanzas francés. (Reuters)
Bruno Le Maire, ministro de Finanzas francés. (Reuters)

Pero no va a ser una tarea sencilla para Giovanni Tria, ministro de Finanzas italiano, que ya ha empezado a comprobar la profundidad del río que le toca traspasar. Valdis Dombrovskis, vicepresidente de la Comisión Europea a cargo del Euro, ha asegurado antes del Eurogrupo que Roma debe hacer “correcciones sustanciales” a sus cuentas públicas para cumplir con los objetivos de 2019 que se pactaron con Bruselas.

Dombrovskis y Tria han mantenido un encuentro este jueves en el que han contrapuesto las dos visiones del conflicto. Por un lado, el italiano ha explicado que los datos económicos italianos lanzarán una nueva luz sobre el asunto, mientras que la Comisión Europea le pide a Italia que aporte hechos, medidas, pero no más datos.

El trabajo de Tria es complicadísimo. En Roma, está sometido a la presión de un Gobierno populista al que la preocupación de los mercados y la falta de criterio a la hora de gestionar las cuentas públicas no preocupan para nada, sumido en una continua campaña electoral. En el Eurogrupo, aunque nadie le ahogue, todos aprietan con la mirada. La reunión de ministros de Finanzas de la zona euro puede ser el ambiente más asfixiante para un ministro en problemas.

Este viernes a las nueve de la mañana, al italiano le tocará seguir dando explicaciones, esta vez en un encuentro bilateral con Pierre Moscovici, comisario de Asuntos Económicos y Financieros. Será el segundo encuentro entre Tria y el francés en las últimas horas, después de que ya mantuvieran un encuentro durante el G-20 en Japón.

Fuentes italianas explican que solo se está al inicio de las negociaciones y que no quieren adelantarse al resultado que pueda salir de las conversaciones, pero que tratarán hacer entender a la Comisión Europea que no conviene seguir adelante con el procedimiento de déficit excesivo ni llegar al límite de una multa que podría alcanzar los 3.500 millones de euros.

“Estamos viendo nuestros márgenes mutuos”, explica la fuente, asegurando que el objetivo de los primeros encuentros que Tria ha mantenido en Luxemburgo, donde se celebra el encuentro de ministros, es ver el margen de maniobra con el que cuentan. En la reunión con Moscovici, el italiano tratará de justificar la desviación en los objetivos de 2019 “a través de factores relevantes”, como “la situación económica” que atraviesa el país “y el contexto”, citando como ejemplo el débil crecimiento alemán. “Si Alemania tiene un problema de crecimiento, automáticamente se transmite a Italia”, explican, tratando de justificar la desviación.

Tria charla con el presidente del Eurogrupo, el portugués Mário Centeno. (Reuters)
Tria charla con el presidente del Eurogrupo, el portugués Mário Centeno. (Reuters)

¿Cuánto vale tu palabra?

El problema es que Roma se mueve en arenas movedizas. Estas conversaciones se producen seis meses después de que, entre noviembre y diciembre, el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, y Tria trabajaran para cerrar un acuerdo con Bruselas y evitaran otro procedimiento de infracción.

Entonces Italia se comprometió a recortar su déficit en 10.250 millones de euros, dejándolo en el 2,04% frente al 2,4%. El órdago presentado por los líderes políticos del Gobierno, Matteo Salvini, de la xenófoba Lega, y Luigi di Maio, del 'antiestablishment' Movimento 5 Stelle, que prometían un otoño caliente, se había quedado en nada a la hora de la verdad en los despachos.

El desvío se ha ido cocinando a ojos de todos: el crecimiento italiano ya era débil, pero está demostrando ser todavía peor de lo esperado, y una serie de políticas expansivas llevadas a cabo por el Gobierno populista, como la renta básica para la ciudadanía, no ayuda. Roma tratará de justificar su caída por contagio de Alemania y del contexto de tensión comercial internacional. En mayo, el Gobierno italiano revisó a la baja su previsión de crecimiento para el actual curso del 0,2% al 0,1%.

Bruselas rechaza que se tiren balones fuera y culpa directamente al Ejecutivo transalpino: Cuando miramos la economía italiana, vemos el daño que están haciendo las recientes decisiones políticas”, aseguró el 5 de junio Dombrovskis.

A la Comisión Europea le toca ahora reabrir el caso Italia, cerrado hace solo unos meses. De hecho, Wopke Hoekstra, ministro de Finanzas de Países Bajos, llegó a exigir al Ejecutivo comunitario una explicación por el cierre del procedimiento de déficit excesivo, y después señaló que “hay un limitado apoyo a un cumplimiento estricto del Pacto de Estabilidad y Crecimiento por parte de los Estados miembros en el Consejo”.

Hoekstra, ministro holandés, junto a su homólogo francés. (Reuters)
Hoekstra, ministro holandés, junto a su homólogo francés. (Reuters)

Una paz cara

Las elecciones europeas dejaron un ambiente turbulento en Roma, con la coalición gubernamental a punto de colapsar, y con más ataques personales que nunca entre algunos de los líderes del Ejecutivo. Eso obligó a Conte a realizar una rueda de prensa en la que amenazó con dimitir si los dos sectores del Gobierno no enterraban el hacha.

Salvini y Di Maio mantuvieron un encuentro, orquestado por el propio Conte, en el que dieron por finalizada una nueva etapa de tensiones. Pero el precio es alto: la paz se produce con el coste de seguir avanzando en el aumento del gasto y el hundimiento de los ingresos fiscales, al dar impulsos a medidas que son imprescindibles para la Lega, como la tarifa plana del 15%.

Di Maio y Salvini, los socios del Gobierno populista italiano. (Reuters)
Di Maio y Salvini, los socios del Gobierno populista italiano. (Reuters)

Bruselas considera que la situación es insostenible. Italia va a incumplir con todos los objetivos y las perspectivas son alarmantes. No solo Roma se quedará lejos del 2,04% acordado con la Comisión Europea en diciembre, sino que escalaría hasta el 2,5% en el actual curso y se dispararía hasta el 3,5% en 2020, según los cálculos de los técnicos del Ejecutivo comunitario, lo que hará que Italia rompa la norma del 3% del déficit por primera vez desde 2011.

Otro de los datos alarmantes para Bruselas es el del déficit estructural. Prevé que el desajuste estructural de las cuentas italianas para 2019 sea del 2,4%, pero para el curso siguiente se dispararía hasta el 3,6%, mientras su deuda pública seguiría aumentando del 132,2% del PIB del año pasado hasta el 133,7% en este curso y el 135,2% para 2020.

Conte y Tria, dos de los miembros independientes del Ejecutivo italiano y los dos que deben negociar en las trincheras con Bruselas, quieren que sus jefes políticos estén quietos en Roma, que no armen lío y les dejen cierta libertad para tratar de cumplir con la Comisión Europea y la UE. Son, al fin y al cabo, los que tienen que verse las caras con sus socios: Salvini no ha acudido a ninguna de las cinco reuniones formales de ministros del Interior que se han celebrado desde que ocupa la cartera.

Lo cierto es que se auguran más turbulencias. Los círculos de la Lega, y ahora también del M5S, empiezan a mover la idea de los mini-BOT, unos títulos de deuda que el Gobierno podría llegar a utilizar como un método paralelo de pago y que serían un nuevo desafío a Bruselas, al que se opone abiertamente Tria.

Bruselas tiene también una difícil tarea por delante: ha de tratar ser flexible, aunque tener cadera con Roma, como se ha tenido durante años, no está teniendo resultados, pero al mismo tiempo los Estados miembros quieren evitar un choque frontal con Italia. La negociación continuará durante las próximas semanas y el próximo capítulo se vivirá cuando el Ejecutivo comunitario tenga que enviar su recomendación final a la reunión de ministros de Finanzas del 9 de julio.

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