El Eurogrupo zanja el debate eterno

España araña condiciones al presupuesto 'light' que va a crear la eurozona

El futuro presupuesto de la eurozona incluirá una leve función estabilizadora, casi simbólica, pero que representa una pequeña victoria para España en la negociación

Foto: Reunión del Eurogrupo en bruselas
Reunión del Eurogrupo en bruselas

Si el acuerdo del Eurogrupo respecto a los pilares del futuro presupuesto de la Eurozona se cerraba después de la medianoche, no habría rueda de prensa hasta la mañana siguiente. Y el pacto se anunció a las 00:08 de la madrugada, como si los ministros de Finanzas de la zona euro no quisieran que nadie saliera a explicar nada porque nadie se siente del todo orgulloso de lo logrado.

Se esperaba que las conversaciones pudieran adentrarse en la madrugada, con Países Bajos, Alemania y otros países ortodoxos aguantando el pulso a Madrid y París en sus reclamaciones, pero el apetito de los ministros no llegó tan lejos. Al final España y los partidarios de una propuesta más ambiciosa han podido cantar su propia victoria, aunque sea parcial, y los ortodoxos pueden celebrar que han impuesto la mayoría de sus condiciones. Nadie ha ganado. ¿No consiste en eso un acuerdo?

Hace meses que el Eurogrupo arrastra el debate de este instrumento fiscal para el crecimiento y la competitividad (BICC), que tiene una larga historia detrás. La incapacidad de avanzar, de ponerse de acuerdo, ha carcomido los nervios de todos los ministros y ha llevado a cerrar un trato que ni contenta a las exigencias de los países del sur, especialmente a España, que se quedó sola defendiendo un presupuesto real, ni a los del norte, que querían ahogar la idea, dar un nombre para contestar a los países sureños pero que estuviera completamente vacío de contenido.

A pesar de los esfuerzos por señalar las diferencias por parte de Mário Centeno, presidente del Eurogrupo, muchas de las funciones que se le dan al BICC ya forman parte del presupuesto de la UE (por ejemplo los fondos estructurales). “Esto no son fondos estructurales”, ha insistido el portugués, sabiendo que s una de las críticas más comunes a este instrumento.

España tenía dos reclamaciones. Una era que no existiera una condicionalidad directa como pedían los nórdicos, que deseaban que el presupuesto se pareciera más a un programa de rescate que a un instrumento fiscal al uso. La otra era que hubiera algún tipo de estabilización.

Dentro de lo que cabe, la ministra Nadia Calviño puede presumir de haber salido más o menos bien parada: ha logrado que aparezca la modulación, es decir, que los Estados miembros en complicaciones no tengan que aportar al presupuesto.

El presidente del Eurogrupo, Mário Centeno (d), y el comisario europeo de Ausntos Económicos, Pierre Moscovici (i)
El presidente del Eurogrupo, Mário Centeno (d), y el comisario europeo de Ausntos Económicos, Pierre Moscovici (i)

La modulación es lo poco que queda de la petición incial de España para que el presupuesto tuviera una función “estabilizadora”. Aunque alejadísimo del resultado ideal, esta victoria pírrica para España representa un buen salto hacia delante teniendo en cuenta lo hostil que era la sala a dar cualquier paso en esa dirección.

En las condiciones acordadas este miércoles por los ministros también se incluye que el 20% del presupuesto se pueda dirigir “de una forma más flexible” a países en dificultades, otra puerta abierta a esa estabilización. El problema es que con el tamaño tan pequeño que tendrá el instrumento, que sería de unos 17.000 millones, esa cifra se quedará enana comparada con las necesidades: solo unos 3.400 millones de euros para siete años, ya que, y ese es otro problema, este instrumento formará parte del Marco Financiero Plurianual (MFP).

El asunto de la condicionalidad es más espinoso. Madrid quería que desapareciera como concepto que le hiciera asemejarse a un rescate, pero ha sido imposible eliminar completamente la condicionalidad, algo que ni siquiera estaba sobre la mesa: era una cuestión más semántica que de base.

Hace solo dos años, una capacidad fiscal para el euro era solamente un objetivo académico. Anoche lo convertimos en realidad

A cambio, se abre la puerta a que aumente su tamaño a través de un acuerdo intergubernamental. El problema es que no hay ningún compromiso al respecto: es algo que se deja abierto al futuro, a lo que pueda pasar en el día de mañana. Aunque el resultado es mayoritariamente favorable a los nórdicos, que han ganado claramente el partido, lo cierto es que el simple hecho de que se haya jugado es ya una victoria para los sureños: los países ortodoxos ni siquiera querían que se debatiera. Así que la existencia del embrión de este presupuesto de la Eurozona es una victoria para Francia, España y otros Estados miembros que han impulsado esta propuesta.

“Hace solo dos años, una capacidad fiscal para el euro era solamente un objetivo académico. Anoche lo convertimos en realidad”, ha celebrado el presidente del Eurogrupo en una rueda de prensa posterior al encuentro.

Pero hay pocos motivos para la celebración. Se ha llegado a este punto tras un largo camino y una ambición inicial que queda a años luz de lo logrado esta pasada noche. Los Estados miembros recibirán, como mínimo, un 70% de lo que aporten al instrumento, es decir, solo un 30% de los que Alemania sitúe en el presupuesto irá a repartirse por el resto de la Eurozona.

Un largo camino

El foco sobre el crecimiento y la inversión, expresado por Emmanuel Macron, presidente galo, a su llegada al Elíseo, es el correcto. Sin embargo París abandonó poco a poco su ambición por un verdadero presupuesto de la Eurozona, que proponía al principio que fuera del 1-2% del PIB de la zona euro, y acabó incluso por abandonar cualquier referencia a él en los últimos meses antes de las elecciones europeas de mayo de 2019.

En junio, en el Eurogrupo de Luxemburgo Calviño se quedó prácticamente sola defendiendo la que seguía siendo la visión española frente al resto de Europa: un presupuesto que no tiene una función estabilizadora no es un presupuesto. Francia dejó a España tirada y se centró únicamente en los puntos en los que estaba de acuerdo con Alemania.

El presidente francés, Emmanuel Macron
El presidente francés, Emmanuel Macron

Se llegó a un acuerdo que no contentaba a nadie. Fuentes españolas indicaron rápidamente que la guerra no había acabado, que seguiría el pulso durante los siguientes meses. Le Maire y su homólogo alemán Olaf Scholz sin embargo daban carpetazo: en una rueda de prensa que representó a la perfección la rebaja total de las ambiciones francesas, el ministro galo celebró un acuerdo “histórico” para la Eurozona.

Los franceses están seguros de que, aunque hoy no es posible acordar una función estabilizadora para el presupuesto, esta llegará más adelante. Lo importante es sentar las bases. Esta teoría defendida por París se centra en esa idea de que Europa solo aprieta el acelerador cuando llega una crisis. La última década (2008-2018) así lo demuestra.

Es la política, estúpido

Esta negociación deja algo claro: hay una división total norte-sur sobre cómo afrontar el futuro de la zona euro. Los ministros han estado rumiando y dando vueltas a este asunto desde hace muchos meses, ha habido broncas monumentales, discusiones, negociaciones, papeles subrayados y anotados. Y se ha llegado a este punto.

Eso genera mucha preocupación. Sabiendo el mundo que está por venir, ¿cuál es el precio de que en una unión monetaria haya tantas diferencias en la interpretación de los problemas y cómo resolverlos?

El problema es que hay unas barricadas políticas que impiden avanzar. Varias encuestas lanzan que las diferencias en cuanto a los diagnósticos que hacen los economistas nórdicos y los sureños no son tan diferentes. Las distancias se reducen todavía más cuando se pregunta cómo debería gestionarse la política fiscal entre países de la Eurozona con mucha deuda, como muestra el ‘paper’ “Budgeting for Uncertainty” de Algrebris Policy & Research Forum.

No parece que vaya a haber un cambio de dinámica en el corto plazo que haga que estas trincheras ideológicas se superen y que los ministros de ambos lados sean capaces de trabajar para soluciones para una Eurozona mal equipada para el futuro.

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