y un presupuesto para inversiones o paro

Bruselas apuesta por un Tesoro y un Fondo Monetario de la eurozona para 2025

La institución cree que es el momento de retomar el cambio y seguir la construcción de una Unión Monetaria y Económica aún frágil

Foto: El director gerente del Mecanismo Europeo de Estabilidad, Klaus Regling. (EFE)
El director gerente del Mecanismo Europeo de Estabilidad, Klaus Regling. (EFE)

“Es el momento de poner el pragmatismo por encima del dogma”. Toca coger el toro por los cuernos y dar un salto adelante en la eurozona, emprendiendo profundas reformas de aquí a 2025. Lo avisa la Comisión Europea en el documento sobre el futuro de la eurozona que ha presentado hoy, adelantado por El Confidencial. En él, dibuja un futuro para los países de la moneda única con proyectos tan ambiciosos como un Tesoro y un Fondo Monetario comunes, una especie de ministro del euro y un presupuesto, ya sea completo o centrado en un objetivo concreto, como mantener las inversiones o luchar contra el paro en época de vaca flacas.

“Hay que poner las actitudes constructivas por delante de las desconfianzas individuales”, reivindica la Comisión Europea. Una vez que las aguas parecen calmarse tras la crisis financiera y económica que hizo temblar los cimientos del euro, la institución cree que es el momento de retomar el cambio y seguir la construcción de una Unión Monetaria y Económica aún frágil. “No podemos permitirnos esperar a otra crisis para encontrar la voluntad necesaria para actuar”, advierte.

Un FMI para la eurozona

En su enésima propuesta para reforzar la eurozona, la Comisión plantea medidas de calado que se tendrán que llevar a cabo a medio plazo, de 2020 a 2025.Entre sus propuestas destaca su ambición de crear un Fondo Monetario Europeo. Una idea que lleva tiempo circulando por los pasillos de Bruselas, de Fráncfort, de Berlín, de París… y de Luxemburgo, donde está el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), el fondo de rescate permanente de la eurozona, nacido al calor de la crisis financiera. Bruselas plantea que esta institución 'sui generis' —de carácter intergubernamental, que se encuentra fuera de la legislación europea y que se dedica a gestionar los rescates financieros- se convierta en un futuro en un FMI europeo.

Un presupuesto del euro

La Comisión también plantea que la eurozona necesita un “mecanismo de estabilización macroeconómico” que le ayude a recuperar el equilibrio cuando un shock económico amenace con hacerle perder pie. Dicho de otro modo, Bruselas cree que se podría crear una “capacidad presupuestaria para la eurozona”, ya se completa -un verdadero presupuesto del euro- o con objetivos concretos. Por ejemplo, si la situación económica pone en apuros a las arcas públicas, contribuir a mantener el nivel de inversiones o respaldar los sistemas de ayuda al desempleo, lo que permitiría a los Diecinueve remontar de una futura crisis con más rapidez. Sea la opción que sea la elegida, Bruselas quiere que este instrumento esté en pie de aquí a 2025.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. (EFE)
El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. (EFE)

Eurobonos… pero menos deuda soberana

La receta de la Comisión incluye también la creación de unos “títulos ligados a obligaciones soberanas” que por el momento no impliquen “ninguna mutualización de la deuda de los Estados”. Un primer paso para llegar, a partir de 2019, a un “activo sin riesgo para la zona del euro”, un instrumento de emisión de deuda común en línea con la idea de los Eurobonos. No obstante, Bruselas reconoce que la cuestión de la mutualización de deudas “sigue suscitando intensos debates”. Alemania no ha tardado en dejar claro una vez más su rechazo al proyecto.

En paralelo a los Eurobonos -que sí apoyan países como España, Italia y Francia- la Comisión propone hacer una importante concesión a Alemania: introducir cambios en el tratamiento de los bonos soberanos, que hasta ahora se consideran activos de “riesgo cero”. Esto permite que los bancos no los aprovisionen y acumulen una gran cantidad de ellos, lo que desde Berlín se considera una válvula de escape para los países que se encuentran bajo presión fiscal -como en su día España e Italia-, que pierden incentivos para reformarse. Además, consideran que esto incrementa el riesgo del sector bancario, la principal preocupación germana de cara a avanzar en la integración hacia una Unión Bancaria en la eurozona completa.

Bruselas reconoce que introducir esta medida podría tener “consecuencias importantes para el funcionamiento del sistema financiero de la zona del euro” y crear perturbaciones que pongan en riesgo su estabilidad. Por ello, afirma, debe ser gestionado con suma delicadeza.

Un tesoro común para la zona del euro

La Comisión cree también que sería conveniente crear un Tesoro común para la zona del euro. Un organismo que no solo sería el encargado de emitir los eurobonos o el sucedáneo que se cree, sino que también asumiría tareas hasta ahora en manos de la propia Comisión: la vigilancia económica y presupuestaria de la zona del euro y sus Estados miembros.

Menos riesgos, más avances bancarios

Pero, antes de nada, la Comisión pide a los Diecinueve que en una primera fase —de aquí a 2019— se marquen un objetivo común y unos principios que les puedan guiar de aquí a 2025, cuando espera que la eurozona se haya al fin completado.

Hasta 2019, Bruselas cree fundamental que se completen la Unión de Mercados de Capitales y la Unión Bancaria. Para esto último sería necesario poner en marcha el cortafuegos común del Fondo de Resolución Único, pero también decidir qué va a pasar con la Garantía de Depósitos Europea. Dos medidas clave para asegurar que, aunque un banco de peso tropiece, habrá herramientas que suavicen cualquier posible caída, lo que permitirá evitar pánicos bancarios.

Sin embargo, esto no será posible si Alemania no levanta su veto a estos sistemas, en los que se muestra reacia a participar, ante el temor de que el dinero de los contribuyentes germanos acabe de nuevo rescatando bancos extranjeros. Por eso, la Comisión hace un guiño a Berlín —y sus socios, como Holanda o Finlandia— al recalcar también que es necesario que de aquí a 2019 se ponga en marcha una estrategia para reducir los créditos morosos que lastran a entidades como la frágil Monte Paschi di Siena. Y para reducir, en general, el riesgo en el sector financiero.

Un presidente permanente para el Eurogrupo

Respecto al Eurogrupo, uno de los foros con más poder e influencia de la Unión Europea, Bruselas cree que ha llegado el momento de resolver de una vez por todas su situación, a medio camino entre el club de caballeros y las instituciones democráticas. Durante la crisis del euro, el Eurogrupo ha tomado algunas de las decisiones más importantes y con más impacto sobre los europeos, como la concesión de rescates financieros a países como España. Y, sin embargo, no es un consejo formal, como sí lo es su primo mayor, el Ecofin, formado por todos los ministros de Finanzas y Economía de la UE, no solo los 19 de la eurozona.

El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem. (EFE)
El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem. (EFE)

La Comisión quiere que el Eurogrupo se formalice, y pase a formar parte del entramado europeo. Una idea que puede sonar abstracta o técnica, pero que tiene consecuencias tangibles. Por ejemplo, el foro hoy se rige por unas normas secretas —a las que tuvo acceso El Confidencial— y no está sometido a las mínimas, pero existentes, reglas de rendición de cuentas democráticas que sí cumplen el resto de foros ministeriales. Como muestra, un botón: todas las discusiones del Eurogrupo son confidenciales, mientras que los consejos Ecofin tienen una parte pública.

Además, Bruselas pide un presidente permanente para el Eurogrupo, una idea siempre presente, pero nunca concretada. La certeza de que el actual encargado de llevar las riendas del foro, el holandés Jeroen Dijsselbloem, no podrá renovar su mandato una vez que expire a finales de año, volvió a relanzar la cuestión —al igual que la idea de que Luis de Guindos podría aspirar al cargo—. Pero a ojos de la Comisión, y de buena parte de los socios europeos, es demasiado pronto para abordarla, por lo que se deja para una segunda fase, de 2020 a 2025.

Otras ideas

Bruselas también quiere simplificar las reglas europeas de disciplina fiscal, las que establecen el famoso tope del déficit en un 3% del PIB —y en un 60% de la deuda pública—. Su incumplimiento en 2015 fue la causa de que España y Portugal casi tuvieran que desembolsar una multa millonaria, aunque ambos países lograron librarse en el último momento.

Además, defiende una representación única, con todas las de la ley, de la eurozona. Es decir, que actúe con una sola voz unida, en el exterior, en foros como el Fondo Monetario Internacional, por ejemplo. Una propuesta que ya está encima de la mesa, pero que no despierta ningún entusiasmo entre los países europeos.

​Un futuro para la eurozona y la UE, sin UK

La decisión de Reino Unido de abandonar la Unión Europea supuso un profundo 'shock' que ha hecho resentirse al proyecto europeo, pero también ha obligado a los Veintisiete a detenerse y encarar de una vez por todas las incertidumbres que rodean al proyecto europeo. En este contexto, la Comisión ha preparado una serie de documentos que incluyen desde la estructura de la propia UE hasta cómo actuar ante la globalización.

El documento sobre el futuro de la eurozona forma parte del ciclo, y abre ahora una nueva discusión. El debate está servido, pero el reto reside, como de costumbre, en lograr “convertir las ideas en soluciones prácticas”. Y en dar con un camino, aún por descubrir, que sea “flexible y pragmático, a la vez que efectivo para todos”.

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