Elecciones Cataluña 2017: La incertidumbre política pone a prueba los pilares de la economía catalana. Noticias de Economía
Las dudas podrían acabar en una crisis de demanda

La incertidumbre política pone a prueba los pilares de la economía catalana

Los indicadores más volátiles son los que han flojeado desde el 1-O, pero la prolongación de la incertidumbre amenaza con dañar las fortalezas estructurales de la región

Foto: Manifestación a favor de la independencia de Cataluña. (Reuters)
Manifestación a favor de la independencia de Cataluña. (Reuters)

La economía española termina el año con un dinamismo que nadie esperaba hace doce meses y el foco de preocupación se centra en Cataluña. La comunidad ha liderado la recuperación y la creación de empleo desde 2013, pero tras el referéndum del 1-O sufrió un frenazo importante. Con un buen número de indicadores del tercer trimestre ya publicados, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) estima que el PIB de la región se ha ralentizado hasta el 0,5% respecto a los tres meses anteriores, un frenazo notable desde el 0,9% que llevaba hasta entonces.

Aunque no deja de ser una estimación, se apoya en los indicadores concretos que ya se han publicado, por lo que no debería estar lejos de la realidad. De hecho, las estimaciones que se realizan para el trimestre en curso, en rara ocasión se desvían más de una décima.

La revisión a la baja de las estimaciones se debe a los indicadores más volátiles, lo habitual en estas circunstancias de incertidumbre. Se trata de factores que son prescindibles o sustituibles en los momentos complicados, y que también se pueden recuperar con relativa facilidad. Un ejemplo es el consumo minorista, que en octubre sufrió una importante caída.

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Sin embargo, los pilares de la economía catalana siguen en pie y son los que sostienen este crecimiento que la AIReF estima en el 0,5%. Pero no son indestructibles. Los resultados de las elecciones del 21-D arrojan un reparto de fuerzas similar al que había hasta la activación del artículo 155, con una mayoría independentista en el Parlament y con Carles Puigdemont como líder del partido más votado.

Si la hoja de ruta a partir de enero es retomar el enfrentamiento y la vía unilateral, los pilares de este crecimiento ya se verán amenazados. Es lo habitual de las crisis económicas: en un primer momento los datos económicos son mixtos y parece que hay sectores que mantienen la fortaleza, hasta que finalmente se vienen abajo. Este es un riesgo para Cataluña que no es descartable.

Este escenario tiene también la lectura opuesta. Si el futuro gobierno catalán consigue reconducir la incertidumbre de los actores económicos, rápidamente podrá revertir el deterioro de los indicadores más volátiles y evitar que los pilares estructurales se vean afectados. En apenas tres meses de incertidumbre no se ha podido afectar el crecimiento potencial, por lo que la región tiene todavía la oportunidad de engancharse al buen momento que vive el mundo desarrollado, pero será muy complicado que pueda hacerlo sin un escenario de estabilidad.

Consumo e inversión

Un ejemplo sencillo está en dos de los indicadores que emplea la AIReF para estimar el ritmo de crecimiento: el consumo minorista y la producción industrial. Ambos impactan en el PIB, pero las causas y las consecuencias son muy diferentes. En octubre las ventas en Cataluña cayeron un 4%, su mayor descenso en cuatro años y una clara muestra de la preocupación de los hogares. La consecuencia de tal caída es que la Autoridad Fiscal rebajó en cuatro décimas su previsión del PIB para la región.

Por el contrario, el sector industrial mostró un gran dinamismo en octubre. Las fábricas funcionaron a pleno rendimiento y la producción creció un 3,2% respecto al mismo mes del año anterior (y un 3,1% respecto a septiembre), muy por encima de la media de España, donde avanzó un 1,4% en tasa mensual e interanual. Datos que muestran que la capacidad instalada es importante y que, como es evidente, no se ha deteriorado en unas semanas.

Los dos indicadores afectan al PIB, pero no es difícil comprender que el consumo es una variable mucho más volátil y, al mismo tiempo, menos preocupante en el corto plazo. Un pinchazo puntual del consumo durante unos meses es un bache que se puede superar si este descenso no se debe a factores económicos, sino a la incertidumbre política. En este tiempo no cambian los pilares del crecimiento, simplemente el consumo se pospone, pero es relativamente sencillo recuperar el escenario previo a la incertidumbre.

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El problema surge cuando estos indicadores más volátiles se prolongan y empiezan a dañar a los estructurales. Por ejemplo, un descenso recurrente en el consumo termina por afectar a la producción industrial por una doble vía. La primera es que las empresas terminan por rebajar su producción si no consiguen dar salida a los bienes que elaboran. La segunda es que dejan de invertir, lo que termina afectando a la producción potencial (si no se renueva el capital fijo, al final la producción no puede mantenerse).

El problema surge cuando estos indicadores más volátiles se prolongan y dañan a los estructurales

En este caso no se puede decir que haya sido la incertidumbre política la que haya mermado la producción, sino que ha sido consecuencia de la caída de la demanda. Eso sí, el origen sí está en la incertidumbre.

Es así como surgen las crisis económicas derivadas de un 'shock' de demanda. Cuando el descenso de la demanda afecta a la oferta del país es cuando el PIB potencial se deteriora y es mucho más complicado revertir el círculo negativo que se produce entre consumo e inversión. Este es un escenario que nadie puede descartar si la incertidumbre política y social se prolonga en Cataluña.

Gota a gota

El consumo no es la única variable de la demanda que se ha visto deteriorada en los últimos meses. Otro buen ejemplo está en la llegada de turistas, que ha sufrido un importante descenso en octubre y noviembre. En esos dos meses Cataluña perdió 52.700 viajeros internacionales respecto al mismo periodo del año anterior y 31.200 visitantes españoles. Esto supone un descenso en el número de turistas del 3% interanual, el mayor descenso de toda España cuando otras regiones con unas características similares a Cataluña siguieron creciendo. Por ejemplo, la llegada de turistas a Baleares se incrementó un 9,6%, en la Comunidad Valenciana crecieron un 4,9% y en Madrid, un 3%.

La primera consecuencia de la caída de la demanda de turistas es que las empresas han empezado a bajar el precio de las habitaciones para tratar de mantener cuota de mercado. En un momento en el que los precios suben en toda la región, los hoteles en Cataluña están cayendo y, aún así, no han logrado frenar la caída de la ocupación, que ha descendido un 7,2% respecto a la que había en el mismo período del año anterior.

Hay muchos indicadores que muestran que la economía catalana mantiene sus pilares intactos para volver a crecer al 0,9% trimestral

Este descenso no supone ningún problema grave, salvo la caída del beneficio para las empresas del sector. El problema es si este escenario se prolonga y afecta al empleo. En ese caso el impacto económico empieza a ser relevante por las consecuencias que genera sobre el crecimiento. La economía catalana perdió 4.037 afiliados en noviembre, la primera vez que la comunidad destruye empleo en un mes de noviembre sin estar en crisis. Es una caída menor y no genera demasiadas preocupaciones, pero lo hará si se mantiene en el tiempo.

Hay muchos indicadores que muestran que la economía catalana mantiene sus pilares intactos para volver a crecer a ritmos próximos al 0,9% trimestral (más del 3% anual). Un buen ejemplo está en el número de sociedades mercantiles constituidas, dato que es un buen reflejo del optimismo de los emprendedores. Según los datos del INE, en octubre se dieron de alta 1.224 sociedades en Cataluña, un incremento del 20,6% respecto al mes de septiembre y superior al 17,6% de incremento del conjunto de España.

Tampoco fue un mal mes para la matriculación de vehículos industriales, indicador que refleja la salud del sector productivo. En octubre se inscribieron 282 vehículos, un número similar al del mismo mes del año anterior, según los datos de Anfac. Cifras que muestran que la caída de la demanda todavía no ha afectado a la oferta. En 2018 se terminará por imponer una de las dos y determinará si la región recupera el dinamismo previo al 1-O, o si se consolida un escenario de ralentización. Dependerá de que los pilares de crecimiento se mantengan en pie.

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