asciende a 983.100 millones de euros

La deuda exterior de España sigue creciendo y vuelve a representar el 87% del PIB

La deuda exterior, lo que España pide al exterior y lo que, a su vez, invierte fuera, sigue creciendo. Roza el 87% del PIB, el triple de lo recomendado por los organismos económicos

Foto: Detalle de varias monedas de euro sobre una mesa. (EFE)
Detalle de varias monedas de euro sobre una mesa. (EFE)

La deuda exterior de España en términos netos vuelve a ensancharse. Y lo hace hasta situarse en 983.100 millones de euros, la cifra más elevada desde el primer trimestre del año 2016. En concreto, representa el 86,8% del producto interior bruto (PIB), un porcentaje que mantiene la posición de inversión internacional —una variable clave desde el punto de vista de la sostenibilidad de la economía— en niveles muy elevados. Los organismos multilaterales estiman como sostenible un nivel equivalente al 30-35% del PIB.

Incluyendo las cifras de lo que han invertido las empresas españolas en el exterior, el resultado es más significativo. La deuda externa bruta de España se situó en 1,92 billones de euros, lo que representa el 170% del PIB, superando así los 1,91 billones que mostró tres meses antes.

Los datos aparecen en la balanza de pagos correspondiente al segundo trimestre de este año, que refleja que la posición de inversión internacional —la deuda externa neta— se sitúa en 777.000 millones de euros si se excluyen las operaciones del Banco de España, que actúa como canal de los préstamos procedentes del Banco Central Europeo (BCE), y que han permitido financiar la recuperación económica. Esa cifra supone un aumento de 33.000 millones de euros respecto del trimestre precedente, lo que pone de relieve las enormes dificultades que tiene la economía española para financiarse con ahorro interno, lo que le obliga a endeudarse en el exterior.

Un informe realizado por Europe G —un 'think tank' especializado en economía política— lo achaca a los altos endeudamientos exteriores, que pesan como una losa sobre la solvencia de las economías. Pero también a factores de naturaleza política. Según el autor del estudio, el economista Josep Oliver, existe un “problema de solvencia exterior”, toda vez que la posición de inversión internacional (el saldo entre lo que España pide prestado al exterior para financiar su economía y lo que las empresas invierten en el extranjero) es uno de los más altos de la eurozona (ese 86,8% del PIB), un nivel que se sitúa en línea con Grecia y Portugal.

Para hacerse una idea de lo que supone la financiación procedente del eurosistema, hay que tener en cuenta que al poco tiempo de comenzar la crisis, en 2009, la posición neta frente al BCE (los préstamos) era equivalente a 29.000 millones de euros, mientras que hoy se superan los 261.000 millones. En los peores momentos de la crisis, se rozaron los 300.000 millones, pero desde entonces se ha mejorado algo.

El empeoramiento del segundo trimestre tiene que ver, sin embargo, y de forma muy significativa, con los efectos de la apreciación del euro, que fueron mucho mayores en los activos que en los pasivos. En total, 31.000 millones de euros.

Cancelación de préstamos

Como recuerda el Banco de España, las variaciones en la posición de inversión internacional vienen determinadas por las transacciones registradas en la cuenta financiera de la balanza de pagos y por los otros flujos, que incluyen las revalorizaciones (bien por variaciones en los tipos de cambio, bien por cambios en los precios) y otras variaciones en volumen (que comprenden, entre otras, cancelaciones unilaterales de préstamos o reclasificaciones).

Por lo que respecta a las rúbricas más representativas, la posición neta correspondiente a la inversión directa se situó, en el segundo trimestre de 2017, en -41.000 millones, frente a los -21.000 millones del trimestre anterior. Como se ha dicho, la aportación negativa de los otros flujos fue consecuencia, fundamentalmente, del descenso del valor en euros de las inversiones españolas en el resto del mundo debido al efecto de la apreciación del euro frente a las divisas en las que se concentran en parte dichas inversiones. La inversión de cartera, excluido el Banco de España, aumentó su posición neta deudora, pasando de -561.000 en el primer trimestre de 2017 a -573.000 en el segundo de 2017.

La elevada deuda exterior de España contrasta con lo que sucede en países como Holanda, Bélgica o Alemania, que registran una deuda exterior neta positiva que se sitúa entre el 54% y el 76% del PIB, lo que les asegura financiación en caso de un nuevo estrangulamiento del crédito, como el que se registró hasta 2012, antes de que Draghi, el presidente del BCE, comenzara la política monetaria ultraexpansiva.

España, como sostiene el informe de Europe G, está reduciendo de manera muy suave el endeudamiento exterior, lo que significa que si se consolida el actual superávit de la balanza de pagos, en torno al 2% del PIB, se necesitarían alrededor de 25 años para alcanzar el nivel que los organismos económicos multilaterales consideran compatible con la estabilidad. Es decir, una deuda situada en torno al 30-35% del producto interior bruto.

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