la eurozona, pendiente del acuerdo

El BCE accede a mantener dos semanas más la financiación de urgencia para Grecia

A la espera conocer la propuesta que haga llegar Atenas a Europa, el BCE no ha querido apretar más las tuercas en las negociaciones

Foto: El ministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varufakis
El ministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varufakis

Era lo lógico. Las dos partes perdían, pero era Grecia la que sufriría las consecuencias más graves y la que tenía más necesidad de alcanzar un acuerdo con Europa. Y fuentes oficiales del Gobierno heleno han confirmado que, en efecto, el Ejecutivo de Alexis Tsipras está dispuesto a ceder para aceptar lo que rechazó el lunes; esto es, una ampliación durante seis meses del actual programa de rescate, que vence el próximo 28 de febrero. Finalmente, por "razones de tiempo", el Gobierno griego presentará mañana jueves la solicitud de prórroga del "crédito" a los socios de la Eurozona y no hoy, como estaba previsto inicialmente.

A la espera de conocer los detalles de la propuesta helena, el Banco Central Europeo (BCE) ha decidido este miércoles que no quería apretar más las tuercas a Grecia en medio del escenario de negociaciones abierto con Europa. La entidad presidida por Mario Draghi mantendrá abierto para la banca griega el acceso a la provisión de liquidez de emergencia (ELA, en sus siglas en inglés) durante dos semanas más. Además, elevará mínimamente el dinero que tendrán a su disposición mediante este mecanismo, que crecerá de los 65.000 a los 68.300 millones de euros

El BCE ha tomado esta medida en una jornada marcada completamente por la posibilidad de que Grecia acepte defintivamente la ampliación del plan de rescate que aún está vigente y que vence el próximo 28 de febrero. Esta decisión se produciría tras el ultimátum del Eurogrupo, que el lunes dio de plazo hasta el viernes a Atenas para que aceptara esa prórroga, y ante la posibilidad de que el BCE termine retirando más adelante la respiración asistida que supone la ELA para los bancos griegos. Eso sí, como suele ocurrir, aún hay que concretar ese paso y, sobre todo, conocer los detalles del pacto al que Syriza sí da el visto bueno. 

Y en este caso, como en todo lo que acontece en esta Europa del euro, los detalles contienen todo lo importante. Porque está por ver qué es lo que acepta concretamente Grecia, porque no es lo mismo aceptar una prórroga de seis meses con las condiciones que quiere el Eurogrupo que sin ellas, y si eso que propondrá el Gobierno heleno encaja con lo que pretende Europa, que no está dispuesta a una ampliación que no esté sujeta a unas reformas tuteladas. 

 

Grecia acepta ampliar el rescate

 

Lo que también está claro es que la voluntad manifestada por Grecia se ha producido en un momento muy concreto del que no se puede desligar: la reunión que el BCE ha celebrado este miércoles.  

Su relevancia residía en que refrescaba una fecha muy concreta. La del 21 de marzo de 2013. Ese día, el BCE dijo basta. Cansado del juego que se venía trayendo Chipre en las negociaciones para recibir asistencia financiera por parte de Europa y el Fondo Monetario Internacional (FMI), la entidad presidida por Mario Draghi se plantó. Anunció que sólo mantendría abierta la ELA para los bancos chipriotas hasta el 25 de marzo; a partir de entonces, únicamente permitiría ese tipo de financiación si Chipre se sometía a un rescate

Casi dos años después, el recuerdo de aquel episodio estaba creciendo por momentos. La situación, desde luego, lo propicia. Cambia el sujeto, eso sí, porque el protagonista no es Chipre, sino Grecia. Pero el resto suena parecido. Un país con dificultades que quiere ayuda financiera sin demasiadas condiciones, unos prestamistas que exigen garantías de que el dinero de sus contribuyentes se empleará bien y para los fines propuestos, unas negociaciones que se alargan, discrepancias entre los participantes, tensiones, declaraciones cruzadas... Y sí, también la posibilidad de que la paciencia del BCE se hubiera agotado y hubiera puesto fecha de caducidad al acceso a la ELA o hubiera rebajado el dinero que pueden pedir los bancos griegos. En ese caso, la entidad capitaneada por Draghi hubiera precipitado la imposición de un corralito en Grecia para evitar la fuga masiva de dinero del país.

En concreto, el Consejo se ha visto las caras en una de esas reuniones en las que no adopta decisiones de política monetaria, pero en las que sí puede acometer otras medidas. En apariencia, sonaría a un cónclave de relevancia menor; más de carácter técnico que otra cosa. Pero en la actual Eurozona no se desaprovecha nada. Para demostrar que estas reuniones no son nada protocolarias y que si tiene que actuar en ellas lo hará, el 4 de febrero demostró de lo que es capaz. Ese día, en una de estas citas, anunció que dejaba de aceptar la deuda pública griega como garantía para financiar a los bancos helenos. 

Un grupo de ciudadanos griegos se manifiestan (EFE)
Un grupo de ciudadanos griegos se manifiestan (EFE)

 

Cortaba así una fuente de financiación importante para el sector. Pero le dejaba un resquicio: el de la financiación de urgencia que ofrece la ELA. Es menos ventajosa –más cara– y no la proporciona directamente el BCE, sino el banco central nacional correspondiente –en este caso, el Banco de Grecia–, pero algo es algo. Incluso ocho días después, Draghi dio muestras de que por ahora aprieta, pero no ahoga a los bancos griegos, porque elevó de 59.500 a 65.000 millones de euros el límite que pueden conseguir a través de la ELA. Ahora ha ampliado esa cifra hasta los 68.300 millones.

Se acaba el oxígeno

Pero los problemas se seguían acumulando. Y en varias direcciones. Por un lado, el BCE soporta crecientes presiones, principalmente de Alemania, para que haga cumplir de forma estricta la ELA. Por definición, este mecanismo se usa para casos extremos y de forma temporal, pero la sensación es que la banca griega lo está utilizando como recurso habitual, con lo que contraviene el espíritu de la provisión urgente de liquidez. Por tanto, lo que se le pide al BCE es que suspenda el acceso de Grecia a la ELA o que, en todo caso, reduzca el tope modificado el 12 de febrero. 

Por otro lado, se encuentra la realidad de los bancos griegos. Y esta dice que sin el recurso de la ELA se quedarían sin dinero para atender la fuga masiva de depósitos y las retiradas de efectivos. Así lo constatan los últimos datos difundidos por el BCE. Durante la semana pasada, la banca griega pidió 51.717 millones en la ventana de emergencia. Sumados a los casi 6.000 millones de las dos semanas anteriores, conducen a un total de 57.600 millones. O lo que es lo mismo, apenas tenían a su disposición 7.400 millones que ahora han sido ampliados hasta 10.700 millones. 

"Si el BCE retirara el acceso a la ELA, precipitaría la necesidad de imponer controles de capital para evitar la fuga de capitales y los bancos tendrían que introducir límites a la retirada de dinero", avisan desde Barclays. "Las consecuencias de introducir controles de capital o de retirar la financiación de la ELA serían desastrosas para Grecia, pero también para Europa", advierten desde RBS. Como el daño sería mutuo, siguen considerando que finalmente se producirá el acuerdo que conviene a ambas partes y que descarta las situaciones extremas.  

Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (EFE)
Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (EFE)

 

En este escenario, el Consejo del BCE manejaba este miércoles dos opciones principales. La primera, replicar lo que hizo aquel marzo de 2013 y presionar a Grecia para que acepte el acuerdo propuesto por el Eurogrupo. En ese caso, podría optar por poner caducidad al acceso a la ELA por parte de la banca griega, como hizo en su momento con Chipre, o por restringir el tope para que las entidades ya no puedan pedir más dinero en la provisión de emergencia.

¿Por qué presionaría así a Tsipras? Porque retiraría a los bancos la respiración asistida que supone la ELA, con lo que habría que imponer controles de capital y límites a la retirada de efectivo de manera inmediata para evitar que se quedaran inmediatamente sin liquidez y que el dinero huyera del país. Por tanto, un mecanismo tan técnico como la ELA se convertiría en una herramienta de persuasión política muy poderosa.

La segunda alternativa era que el BCE hiciera... lo que ha hecho. Es decir, que dejara el acceso a la ELA abierto hasta su siguiente reunión, que tendrá lugar el 5 de marzo, a la espera de ver cómo evolucionan las conversaciones. Esta opción muestra que la institución prefiere mantenerse por ahora en la retaguardia por dos motivos. Por un lado, guardarse munición para más adelante; y por otro, protegerse del sesgo político que le conferiría desempeñar un papel tan activo en las negociaciones, con dos decisiones de envergadura en dos semanas para empujar a Grecia a suscribir un acuerdo. Para una entidad como el BCE, tan celosa de su independencia con respecto a los poderes políticos, esa intromisión podría volverse en su contra en el futuro, un riesgo que Draghi debe contemplar. 

Todos los detalles cuentan. En esta cita no tendrán voto los banqueros centrales de Francia, Irlanda, Chipre... y Grecia

Como todos los detalles cuentan, en esta cita ha vuelto a ser muy relevante el sistema de rotación en las votaciones que el BCE ha instaurado en 2015 tras la incorporación de Lituania al euro. Esta vez –y como ya ocurrió el 4 de febrero–, no tendrán voto los representantes de Francia, Irlanda, Chipre... ni Grecia. Por tanto, la decisión estará en manos de los otros 21 componentes del Consejo de Gobierno. Si, al menos, 14 de esos 21 miembros están a favor de sugestionar a Grecia endureciendo –o retirando– su acceso a la ELA, ese será el veredicto, puesto que las decisiones dependen del apoyo mayoritario de dos tercios de los votos

¿Qué paso finalmente en 2013 con Chipre tras el ultimátum del BCE? Lo de costumbre. Al límite, el mismo 25 de marzo en el que caducaba el acceso de los bancos chipriotas a la ELA, Chipre alcanzó un acuerdo con la troika. 

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