la eurozona, pendiente de grecia

Grecia se engancha a la financiación de urgencia ante la fuga masiva de depósitos

Los bancos griegos han consumido ya casi toda la financiación de emergencia a la que tienen acceso. Este miércoles, el BCE decidirá si presiona más a Grecia para que acepte un acuerdo

Foto: El ministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varufakis
El ministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varufakis

Los bancos griegos cada vez están más contra las cuerdas. Cuanto más se enquistan las negociaciones entre Europa y Grecia y más se retrasa el acuerdo entre ambas partes, mayor es la fuga de depósitos que están sufriendo. Y solo están encontrando una forma de contrarrestar esta hemorragia: engancharse a la financiación de urgencia (más conocida por sus siglas ELA) que aún les permite usar el Banco Central Europeo (BCE). 

Según los datos ofrecidos este martes por la entidad presidida por Mario Draghi, durante la semana pasada los bancos griegos tomaron prestados 51.717 millones de euros mediante esta provisión urgente de liquidez. Sumados a los casi 6.000 millones que ya habían pedido en las dos semanas previas, en total han consumido 57.600 millones. O lo que es lo mismo, poco a poco se están acercando al límite impuesto por el BCE para que puedan financiarse mediante esta vía. Tras ser ampliado en 5.500 millones el pasado jueves, ese tope se sitúa en los 65.000 millones de euros

El sector, por tanto, está en manos de la respiración asistida de emergencia que le ofrece el Eurosistema. Y esta realidad queda de manifiesto justo en el momento en el que la entidad capitaneada por Draghi puede usar la ELA como una poderosa herramienta de persuasión en las negociaciones entre Europa y Grecia.

Este miércoles el BCE celebrará una reunión en la que, si dos de cada tres miembros de su Consejo de Gobierno están de acuerdo, podría reducir ese límite, poner caducidad al acceso de la banca griega a la ELA... e incluso denegar ya mismo ese acceso. Cualquiera de estas decisiones presionaría al gobierno de Alexis Tsipras para que aceptara la propuesta que está recibiendo del Eurogrupo, consistente en ampliar el actuar programa de rescate durante seis meses, porque de lo contrario el sistema financiero heleno se quedaría sin liquidez al ver reducido -o directamente anulado- el acceso a la ELA. Como el sector se quedaría sin recursos para atender las peticiones de dinero de sus clientes, el país instauraría controles de capital -corralito- y límites a la retirada de efectivo. Si Tsipras y su ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, dieran su brazo a torcer, el BCE daría marcha atrás a esas medidas y aliviaría las tensiones de liquidez de la banca griega. 

No sería la primera vez que el BCE aprovecha una reunión de su Consejo para presionar a Grecia. El pasado 4 de febrero, ya lo hizo al anunciar que dejaba de aceptar la deuda pública griega como garantía para financiar a los bancos helenos. Esta medida provocó que su financiación pasara a depender en exclusiva del acceso a la financiación de emergencia que proporciona la ELA. 

Sin embargo, el BCE también podría optar en esta ocasión por no echar más leña al fuego y dejar las cosas como están para que sean principalmente los políticos los que cierren el acuerdo. La decisión de hace dos semanas generó controversia porque sonaba más a una medida política que técnica, con lo que una segunda maniobra de este tipo en tan poco incrementaría el rol político de una institución que siempre ha marcado el territorio a los políticos para que no se metan en el terreno monetario. 

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