protagonista del título de la copa davis

Los detalles y gestos de Roberto Bautista que han 'tocado' a Rafa Nadal

El sábado, antes de saltar a la cancha, en ese pasillo donde los deportistas respiran entre ilusiones y dudas, Nadal esperaba a Bautista al cierre de la fila española para fundirse en un precioso abrazo

Foto: El abrazo entre Roberto Bautista (d) y Rafa Nadal tras la victoria de España en la Copa Davis. (EFE)
El abrazo entre Roberto Bautista (d) y Rafa Nadal tras la victoria de España en la Copa Davis. (EFE)

"Bautista es un ejemplo para el resto de mi vida". Tras lograr el punto decisivo y conquistar la sexta Copa Davis en la historia del tenis español, Rafael Nadal tenía bien claro para quién debían ser los focos. En un momento de euforia colectiva, el número uno mundial entregó el testigo a la memoria de Roberto Bautista, el gran ganador moral en una semana que habría derribado a cualquiera.

La historia es bien conocida: tres días después de perder a su padre, Bautista saltó a pista para disputar uno de los encuentros más notables de su carrera. Puso una piedra fundamental para devolver la ensaladera a España ocho años después y consagrarse como uno de los jugadores más notorios del circuito. Un hito no menor en una era de figuras históricas.

Su grandeza se vio fuera de pista. En uno de los momentos más complicados que uno puede vivir, Bautista encontró la respuesta en la que se cuajan las buenas personas. Una demostración de cariño coral a su alrededor. De Madrid, se marchó con la amargura de una pérdida y, apenas unas horas después, regresó fortalecido entre el dolor. Rodeado por una gran número de familiares y amigos, siendo con diferencia el tenista más arropado en la última jornada en la Caja Mágica.

Si el tenis es un deporte donde prima lo psicológico, Bautista volvió a demostrar haber nacido para ello. En las semifinales del sábado, justo después de despedirse para siempre de su padre, Roberto se dejó las manos animando a sus compañeros. No golpeó la pelota, pero sería injusto afirmar que no llegó a competir. Lejos de tener una actitud pasiva o cumplir con un majestuoso acto de presencia, fue una fuerza total desde el banquillo. Involucrado en cada acción, erguido en los momentos clave y cercano como siempre con los suyos. Un preludio perfecto para la final del domingo.

Rafa Nadal y el abrazo

Antes de saltar a la cancha, en ese pasillo donde los deportistas respiran entre ilusiones y dudas, le esperaba Nadal al cierre de la fila española para fundirse en un precioso abrazo. Un gesto tan confidente como intenso, lejos del ojo público, sincero, entre dos compañeros unidos por un mismo objetivo. Pocas veces se vio una comunión tan grande antes de un encuentro. Y pocas veces se vio a un hombre tan capaz de permanecer entero, decidido a rendir por todos y sobre todo.

Es la fortaleza de un hijo único que ha perdido a sus padres en dos años, que tuvo su eclosión a una edad mucho más tardía de lo habitual y que ha hecho su sello del trabajo a destajo.

La última Copa de Maestros es un ejemplo perfecto de la calidad humana que se esconde tras el Roberto competidor. La figura de un hombre comprometido con sus responsabilidades hasta las últimas consecuencias. Porque su viaje a ese torneo representa la aceptación de cualquier circunstancia, por complicada que sea. Durante una temporada excepcional, Bautista se mantuvo entre los ocho mejores jugadores del año prácticamente de principio a fin. Ocupando una de las plazas que daban acceso directo a disputar el torneo que reúne a los mejores del curso. En las últimas semanas del año, perdió su condición de titular y se quedó con la miel en los labios.

¿Cuál fue su respuesta ante una situación así? Ser suplente es una condición despreciada a menudo en el circuito. No es extraño observar renuncias para encarnar ese estatus entre diferentes figuras del vestuario. Todo lo contrario sale del interior de Roberto, una persona que ha demostrado conocer el valor de cualquier logro. Y esas virtudes no son invisibles para las mayores figuras del vestuario. Un ejemplo es bien cercano.

Roberto Bautista ganó el primer partido de la final de la Copa Davis entre España y Canadá. (EFE)
Roberto Bautista ganó el primer partido de la final de la Copa Davis entre España y Canadá. (EFE)

Su entrenamiento ejemplar

El día antes de debutar en la Copa de Maestros, Nadal tenía un menú excelente de posibilidades sobre la mesa: los mejores jugadores del mundo para sus sesiones de entrenamiento. Con el servicio entre algodones por una lesión abdominal, Rafa necesitaba probar a fondo su cuerpo ese domingo. No era una práctica cualquiera, sino toda una medida de nivel. Entrenar al 100% y comprobar hasta dónde podía llegar en la capital británica. Entre todas las opciones de que dispuso, optó por la de Bautista. Allí, recluidos en una pista inaccesible para el gran público, los dos se enzarzan en un entrenamiento de alta intensidad. Es el cierre de la temporada, pero los mejores lo son porque no se conceden miramientos.

Lo curioso sucedió al acabar el entrenamiento. Roberto era suplente y para disputar el torneo necesitaba la baja de un compañero. En una cancha con testigos contados, y siendo consciente de la dificultad de llegar a competir, allí se quedó Roberto. Entrenando, sudando, trabajando más tiempo del acordado. Exigiéndose en una temporada que a todas luces ya había terminado. Y exprimiendo el cuerpo con la posibilidad más que probable de no tener que utilizarlo. Si eso no es profesionalidad, se le parece demasiado.

"Probablemente, yo no vaya a jugar. Pero si tengo que hacerlo, créeme que voy a estar preparado".

Una actitud defendida bajo cualquier circunstancia. En Madrid, bajo una carencia antológica, volvió a quedar demostrado.

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