ya no habrá más partidos como el isner-mahut

Wimbledon se moderniza a medias: habrá 'tie break' en el 5º set a partir del 12-12

El torneo británico, el que más respeta la tradición, ha decidido quitar la incertidumbre al último parcial y tomar medidas para que los partidos no se vayan demasiado de tiempo

Foto: Djokovic y Nadal, en el último Wimbledon. (Reuters)
Djokovic y Nadal, en el último Wimbledon. (Reuters)
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Wimbledon, aunque parezca mentira, también evoluciona. El torneo londinense pelea desde hace décadas por mantener intactas sus esencias, lo cual en no pocas ocasiones ha supuesto un rechazo a la modernidad. Sus gestores, sin embargo, son especialistas en llevar al máximo el producto, y están muy atentos a las tendencias comerciales. Por eso mismo, y aunque contradiga la tradición, han decidido que los partidos no pueden eternizarse, que no es aceptable que se vayan a muchas horas. Por eso han decidido que en el último set también tiene que haber límites. Habrá 'tie break''.

Lo han hecho a la inglesa, es decir, de un modo algo extravagante. Lo normal hubiese sido seguir la senda que emprendió el US Open hace muchos años y hacer que el quinto parcial sea como todos los demás, en el momento en el que se llegue al 6-6 se dispute un desempate. En Wimbledon no será así, se seguirá disputando el partido a la manera clásica, buscando que alguien gane al otro con una ventaja de dos juegos, hasta que se llegue al 12-12. Ahí, cuando ya se hayan cumplido prácticamente dos sets enteros, se llevaría el encuentro al desempate.

"Con esta decisión, el comité ha buscado la respuesta de los jugadores y los árbitros, se han analizado dos décadas de estadísticas de partidos y se han considerado otros factores como la dificultad de planificación de partidos y la experiencia de los expertadores", señalaba el presidente del torneo, Philip Brook. "Nuestra visión ha sido introducir un 'tie-break' por partidos que no han tenido su final natural en algún momento razonable del set decisivo. Aunque sabemos que es raro que se vaya tan adelante en ese último set, creemos que hacer el desempate a partir del 12-12 llevará a un equilibrio entre dar a los jugadores una oportunidad de ganar con ventaja y también dar cierta certidumbre de que el partido terminará en un momento aceptable".

Esto último es el centro de toda esta discusión y es que el tenis -como casi todos los deportes, por otro lado- hace tiempo que está obsesionado con reducir sus tiempos y compactar lo máximo posible los partidos. Tiene, por un lado, una explicación televisiva, y es que cada vez es más difícil colocar en una parrilla un evento que puede durar muchas horas y, peor todavía, que es imposible saber con precisión cuánto tiempo va a durar.

El reloj de tiempo

Y ni siquiera es solo eso, también hay cierta obsesión entre los rectores del deporte mundial por acercarse a los más jóvenes. La estimación es que cada vez es más difícil engancharlos, sus opciones de ocio son muy diversas y es imposible tenerles delante de una pantalla durante demasiado tiempo. Hay cierta obsesión con esto, y es más acuciada incluso en el tenis, un deporte que tiende a extenderse más de lo deseable. Por eso se han puesto de moda los reloj de saque que Nadal tanto odia, y la Davis plantea su nuevo formato a tres sets, y prácticamente han desaparecido los partidos a cinco parciales, y los dobles se dirimen con un 'super tie break' en lugar de un quinto set...

Todo cambio, por definición, tiene resistencia, pero esto es especialmente notable en el tenis, un deporte orgulloso de su tradición y algo inmovilista, en el que los cambios de reglas han sido siempre un tema tabú. Y eso, en Wimbledon, se extrema, porque el torneo inglés es el que mantiene intacto desde hace décadas su esquema de colores, el que tiene al duque de Kent dando la copa y los trajes de blanco extremo, los fondos en verde pino y las toallas con detalles morados, todo eso juntado con el verde de la hierba, que hasta eso está controlado por medio del corte.

Es cierto que ese inmovilismo, en este caso, tiene algo de apariencia. Wimbledon fue el segundo grand slam en techar la pista central y, por lo general, no dudan en hacer cambios importantes si creen que el torneo, una auténtica mina de oro, lo necesita. Lo último es cambiar los desempates, una medida drástica que hará que nunca más se vuelva a dar un partido como el mítico Isner-Mahut, que se fue a un 70-68 en el último set, un partido que se extendió durante tres días y duró once horas y cinco minutos. El encuentro, eso sí, se recuerda por lo larguísimo que fue, no por la calidad de su juego, que al final del encuentro era bastante pobre.

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