otra SORPRENDENTE derrota de la española

La inexplicable estrella menguante de Muguruza, la peor de las mejores tenistas

Garbiñe perdió contra una chica de 18 años en Luxemburgo, un resbalón más en una temporada que ha estado marcada por los sinsabores y en la que no estará en la copa de maestras

Foto: Garbiñe, en el reciente torneo de Hong Kong. (EFE)
Garbiñe, en el reciente torneo de Hong Kong. (EFE)

Dayana Yastremska tuvo este jueves uno de los mejores días de su vida. A los 18 años, en Luxemburgo, acababa de borrar del cuadro a Garbiñe. "Me quedé en shock por hacerlo ante Muguruza. Había ganado a una top, vencedora de dos Grand Slams. No me esperaba ese resultado", decía tras el partido. Bien, ella no se esperaba el resultado, pero al resto de la humanidad tampoco le supuso un gran sobresalto. Al fin y al cabo, la española es una tenista excepcional, pero también es una rival casi perfecta para que una jugadora inexperta y con poco historial se marque la alegría de su vida tumbando a un gigante.

Tan real es eso en la carrera de Garbiñe como lo otro, los grandes partidos vencidos, los títulos de relumbrón. Hace unos días cumplió 25 años, a todos los efectos sigue siendo joven y sigue teniendo los mejores años de su carrera deportiva por delante. Y eso, que es así, no esconde que también ha vivido más que lo que muchas otras en su carrera completa. Porque Muguruza es un poco James Dean, viviendo muy rápido y muy intensamente.

La próxima semana se celebra la copa de maestras, el torneo final de la temporada en el que juegan las mejores tenistas del mundo. Garbiñe no estará. Con todo el merecimiento del mundo, además, pues la elección de las jugadoras es aritmética, a ella el tenis no le ha dado para estar entre las ocho mejores de la temporada. ¿es peor Garbiñe que Svitolina, Kvitova o Stephens? Probablemente no, incluso si se sube un poco en la clasificación y se apunta a Kerber, Osaka o Wozniacki, quizá la respuesta sea la misma. Esto del deporte, por supuesto, no es nunca solo una cuestión de potencial, tiene mucho más que ver con los resultados y a Muguruza no le han dado.

Perder contra jugadoras menores

Algunos datos que presentan la temporada de la carqueña, que explican por que este año ha sido el peor en lo que va de su carrera, al menos desde que explotó. En tres de los cuatro grandes no pasó de la segunda ronda. En Nueva York, esa ciudad que dice que le abruma, fue vencida por Muchkova, que llegaba de la qualy y en ese momento era la número 202 del mundo. En Wimbledon la tumbó Alison van Uytvack, en tres sets, incuído un 6-1 final. Era la número 47 del mundo, un ránking que Garbiñe supera con holgura desde que tenía 22 años. En Australia, el primero de la temporada, su verdugo fue Su-Wei Hsie, de China Taipei, que era la 88 antes de que empezase el torneo.

Ni siquiera eran jóvenes prometedoras, con juego brillante, que estuviesen en ascenso. Son tres jugadoras que viven del tenis a duras penas, que juegan torneos de ITF para completar sus temporadas porque en la mayor parte de los cuadros importantes no tienen cabida. Son, por lo tanto, deportistas que en una tarde normal no deberían suponer un problema para Garbiñe, en plenitud de edad, tremenda jugadora de tenis, campeonísima en tierra y en hierba, probablemente llamada a las más grandes cotas del tenis. No es un desprecio a esas que la ganaron, todas ellas tuvieron un buen día, pero ni siquiera esos buenos días son capaces de explicar todo lo que ocurre en Muguruza. A estas alturas la suerte se puede descartar como una opción. Cuando un suceso se repite insistentemente en el tiempo es que no está sujeto al azar.

El repaso de las oponentes que han ganado este año a Muguruza es descorazonador para la hispanovenezolana: Wang, Siniakova, Riske, Tsurenko, Gavrilova, Pavlyuchenkova, Vickery, Kasatkina, Krunic... Ninguna de ellas es parte de la nobleza del circuito, algunas son parte del top-30, otras ni siquiera eso, hay de todo en esa lista en la que ahora también encuentra un huevo Yastremska, una ucraniana de historial escaso que solo en las últimas semanas, con una victoria en Hong Kong, parece haber encontrado su juego. En este caso, al menos, se puede pensar en un gran potencial, pues en su momento fue finalista del junior de Wimbledon.

Perdió Garbiñe en Luxemburgo, un torneo que incluyó una invitación de última hora ya que, en principio, no estaba agendado en la temporada de la jugadora. El problema tiene que ver con los equilibrios, Muguruza y su técnico plantearon una temporada de estrella, con no tantos torneos pero sí muchos partidos, lo que se espera de una tenista así. Cuando vas semana tras semana sucumbiendo en las primeras rondas ves la necesidad de cambiar los planes, más torneos para igualar el número idoneo de partidos disputados.

Los problemas de cabeza

En estos muchos meses de malos resultados, sin embargo, se han ido colando algunos resultados buenos, incongruentes con el resto de la temporada y muestra por sí mismos de que el tenis de la caraqueña está lejos de agotarse. Semifinales en Roland Garros, algo que para ella es un éxito relativo y que para una abrumadora mayoría del circuito sería, sin duda, un rotundo éxito, casi un objetivo vital. Los resultados siempre deben ser cotejados con las expectativas. También hizo final en Doha, un Premier 5, y semifinal en Dubái, con el cuadro lleno de estrellas. Ganó en Monterrey, un torneo que se asume menor y en el que compitió más pensando en su visibilidad en hispanoamérica que otra cosa.

La rabia puede ser un poco mayor si se tiene en cuenta que en el circuito hay sitio para que una tenista de su nivel de un paso adelante y consiga cotas muy altas. Con Serena a medias, aún compitiendo poco y sin retomar su mejor versión después de su maternidad, hay un hueco para quien quiera cogerlo. Kerber, Halep, Wozniacki y Osaka han ganado los cuatro grandes de esta temporada. Nunca ha jugado contra la japonesa, pero con las otras tres rivales o bien tiene el historial igualado o bien lo gana Muguruza. Es decir, está al alcance, no hay hoy en día tenistas que puedan decir sin temor a equivocarse que son mejores que Garbiñe. Y esa sensación hace peor incluso el hecho de que los resultados no salen.

La explicación es compleja ¿qué hace de un potencial así una tenista vulgar? lo primero que se viene a la mente es pensar en la psicología, esa incapacidad de mantener la estabilidad y para sacar adelante partidos contra jugadoras que no tienen su capacidad. Hay argumentos sólidos para pensar que el escenario puede influir en Muguruza, como su reconocimiento, hace un par de años, de que le costaba jugar en Nueva York porque la ciudad le viene grande. O ese historial en Madrid, el torneo de casa, en el que varias veces ha asumido que jugar enfrente de los suyos le pone taquicárdica.

Sigue teniendo tirón

Los resultados, en todo caso, no suelen tener una sola explicación. Cuando Garbiñe no gana es porque las cosas no se están haciendo del todo bien. No está tan rápida como otras veces, no es capaz de dictar con su derecha la resolución del encuentro. La española es una dominadora, cuando tiene el día inspirado convierte la pista de su rival en una ensalada de 'winners'. En los días en los que no está acertada nunca parece capaz de optar por una estrategia algo más conservadora que la ayude a mantenerse en su lugar e ir sobreviviendo. Tenísticamente, ese siempre fue el dolor de Muguruza, que se mantiene desde hace años con Sam Sumyk, un entrenador que la conoce tanto que, hace unos meses, le pidió a una 'sparring' que no le tirase bolas a la derecha en el entrenamiento. Estaba fallando muchas y en esos casos lo normal es que se pruebe más todavía por ese lado, para intentar mejorarlo. Sumyk pidió todo lo contrario, consciente de que la frustración es un fantasma demasiado pesado para su pupila.

En el perfil comercial, que es importante, de momento no parece tener que preocuparse. Porque sigue siendo una de las imágenes más cotizadas de las marcas. Esta temporada han entrado la aseguradora Caser y las aguas Evian en la cartera de Muguruza. Es lógico que las empresas vean esta temporada solo como un error en algo más grande y que esperen que en un futuro no tan lejano su juego vuelva a dar alegrías. Es posible que los evaluadores de riesgo en la inversión también sepan que, con ella, esperar regularidad es inútil. Pero en el deporte no siempre importa eso, tan válido es ser una hormiguita que va haciendo poco a poco resultados como una leona que da un zarpazo y se lleva el gran trofeo. Eso es Muguruza.

También es, como se decía antiguamente, una buena chica. En tiempos recientes ha redoblado su faceta solidaria. Es embajadora de Rooms to Read, una ONG que fomenta la lectura, la igualdad de género y el desarrollo de la educación en los países menos desarrollados. También ha colaborado con UNICEF, ha tenido eventos con alumnos en escuelas chinas. Garbiñe es todo eso, la tenista que es incapaz de frenarse, la que pierde contra las peores y pelea contra las mejores. Una estrella que lleva tiempo sin iluminarse pero que, incluso en las malas, es capaz de alumbrar resultados como una semifinal en Roland Garros. Material único, para bien y para mal.

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