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De la rabia por Iordachescu al recuerdo de Kawa: los Leones, ante el partido de sus vidas
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En busca de un hito

De la rabia por Iordachescu al recuerdo de Kawa: los Leones, ante el partido de sus vidas

España se juega ante Portugal meterse en el Mundial de Francia, si Georgia tumba a Rumanía el sábado. Un partido que cuadraría el círculo de la Copa del Mundo 24 años después

Foto: El recuerdo del partido contra Bélgica todavía está presente. (EFE/Oliver Hoslet)
El recuerdo del partido contra Bélgica todavía está presente. (EFE/Oliver Hoslet)

La última vez que le escuché a Alberto Malo decirlo fue en su casa, en el centro de Sant Boi, con una cerveza en la mano y frente a la colección de fotos que dibujan la trayectoria del jugador más emblemático del rugby español. "Estoy deseando dejar de contar las batallitas del 99 y que esta gente recoja nuestro testigo. El rugby español ya se merece otra selección mundialista". No es el único al que se lo he escuchado. Diego Zarzosa también me lo ha repetido más de una vez: "Ya toca y este grupo se lo ha currado. Se han ganado disfrutar defendiendo la camiseta de España en un Mundial".

Este domingo el rugby español juega un partido que debería darle la clasificación para el Mundial. Algo que debería suponer, más que un cambio de ciclo, un cambio de glaciación. Una magnífica oportunidad para que los actuales dirigentes federativos, que llegaron a Ferraz antes que Mandela al rugby, merodean los 70 años y llevan más de ¡40! en la FER, se retiren con honores y dejen al rugby español abrir las ventanas. Pero contextualicemos. Los héroes son un grupo de jugadores y un staff que lleva años persiguiendo ese premio. El 18 de marzo de 2018, en Bruselas, algunos presenciamos cómo el rumano Vlad Iordachescu les robó un sueño con el arbitraje más parcial visto en un campo de rugby. Aquella tarde Santiago Santos apostó por un XV con Auzqui, Pinto, Moreno, Barrera, Gavidi, Barthere, Guillaume, Gibouin; Rouet, Belie; Ascarat, Snee, Perrin, Linklater; Malié. También jugaron Bonán, Fernando López, García, Visensang, Peluchon, Blanco y Contardi.

Después de aquello, España se relamió las heridas y se levantó. "Eso es lo que te enseña el rugby. A levantarte cuando te caes. Y pocos saben levantarse tras una caída como este grupo". A lo de Bruselas le siguió la pandemia, que alteró el calendario de manera fatal para un equipo que perdió ante Georgia, Rumanía y Portugal, complicándose la vida y quedándose sin margen de error. "Y cuando pensábamos que no nos podía pasar nada más, ocurrió lo de Kawa (su fallecimiento en un infausto accidente en Ámsterdam)". Habla Fernando López, capitán de los Leones, un pilier argentino de tono sosegado que heredó la capitanía de Jaime Nava. Fer impuso su liderazgo silencioso y trabajador, ganándose el respeto de un grupo heterodoxo en el que hay franceses de ascendencia española, argentinos y polinesios que llevan años en la liga y españoles de nacimiento con un nivel de competitividad que ha ido creciendo estos años.

Foto: Kawa, dirigiendo una hakka.

Fernando, nieto de orensanos, había pasado por el Bera Bera antes de regresar a Argentina, a Pucará, para luego volver a saltar el charco al Massy francés. Antoine Gómez le recomendó a Jean Michel Aguirre, leyenda del rugby francés que peinaba su país buscando jugadores seleccionables con España. Y López aceptó encantado el reto. Fer se planteó dejar los Leones tras lo de Heysel: "Después de lo de Bélgica me planteé dejar la Selección y que los jóvenes tomaran el relevo, pero lo pensé y me marqué como reto llegar al próximo Mundial: los que sobrevivimos a aquel partido decidimos ayudar a fortalecer a esta Selección".

Ese reto ha llegado. El día que Fernando López esperó. Y el día para el que Marco Pinto siguió trabajando. Pinto es uno de esos jugadores que se ha ganado cada centímetro de su éxito, cada día de su carrera como jugador profesional. Un talonador fuerte como el vinagre y con oficio que se ha fraguado una carrera destacada en el exigente rugby francés. Miembro de una familia de rugbiers de Sant Boi, cuna del oval español, Marco se enroló en la academia de Biarritz tras el Mundial Sub-19 de Sudáfrica de 2005. De allí se mudó a Clermont, proclamándose campeón con los espoirs (promesa). Y ya después ingresó en el profesionalismo buscando rock’n’roll durante dos años en Oyonnax y luego en Beziers, donde suma más de diez temporadas. Hoy Marco es un reputadísimo talonador, una referencia en un club campeón del Top-14, en el que acumula más de 200 partidos.

placeholder Marco Pìnto realiza una anotación. (EFE/David Fernández)
Marco Pìnto realiza una anotación. (EFE/David Fernández)

Marco estuvo en Bruselas, donde exteriorizó como pocos la frustración y la rabia por el arbitraje de Iordachescu. Pocos derramaron más lágrimas que él aquella tarde gris en Bruselas. Pero como me decía su madre antes del partido de Rumanía hace dos semanas: "Esta vez nos toca". Y tanto. Pocos sienten la camiseta del León más que Marco, que afirma cargado de razón: "Nadie nos ha regalado nada. Todo lo hemos conseguido con trabajo y disciplina. Solo si seguimos así cumpliremos el sueño de este país". Pinto se retiró del partido ante Rumanía con molestias en el gemelo, pero cuando le pregunté el jueves cómo estaba, me dijo con su sonrisa habitual: "Bien, bien". Hay que encadenarlo al banquillo para que no esté en el campo en un partido así. O en cualquier otro.

Por su parte, Thierry Futeu saltará al campo a cumplir el sueño de toda una vida de película. Este camerunés cruzó África para jugar al rugby. Un mes y medio tardó en recorrer los 5.000 kilómetros que separan Duala de Marruecos. Atravesó Nigeria, Níger y Argelia, pasando varias semanas en el Monte Gurugú antes de saltar la valla de Melilla en su tercer intento, el 28 de mayo de 2014. Una vez en España se fue a Málaga y de allí a Miraflores de la Sierra, Madrid. Comenzó a jugar al rugby en los 'Custodians', equipo de policías, siendo aún inmigrante irregular. Tiki Inchausti lo formó en Alcobendas, mientras se le ayudaba para legalizar su situación. El 17 de marzo de 2019 debutó con los Leones y su imponente presencia no pasó inadvertida en Francia, fichando por un clásico como el Stade Français, desde donde pasó al Carcassonne, su actual club. La historia de Titi, como se le conoce en el mundo del rugby, es la de alguien con un corazón que no le cabe en su descomunal cuerpo, alguien inmune al desaliento.

Este domingo se miden a Portugal sabiendo que World Rugby, que esta vez arrinconó a la Rugby Europe del rumano Octavian Morariu, ha resuelto la expulsión de Rusia de forma que primen los méritos del campo. Es decir, que España no pierda la segunda posición que se ha ganado sobre el césped ante lusos y rumanos. El sábado, Georgia, que ya está clasificada para el Mundial, debe ganar a Rumanía. Si no, pondría en peligro el título de campeón de Europa, algo que no le conviene ahora que exige plaza en el Tier 1 mundial. Si los Lelos ganan a los Robles, algo absolutamente probable, España estará clasificada directamente para el Mundial de Francia doblegando a Portugal. Por eso el partido del domingo es el partido de su vida para el grupo de Santiago Santos, el seleccionador que se ha mantenido contra viento y marea al mando de los Leones, incluso en contra de la opinión de parte de los dirigentes de la Federación.

Aunque no ha querido hacerlo público aún, hace semanas que el presidente de la FER, Alfonso Feijoo, apalabró la llegada a la Federación como director de rugby del argentino Raúl 'Aspirina' Pérez, mano derecha del exseleccionador de los Pumas, Daniel Hourcade, quien además es auditor de Alto Rendimiento de World Rugby. Esa llegada se ha leído como una amenaza, entre otras, para la figura de Santos, director técnico y seleccionador, al que en Ferraz se considera "amortizado", utilizando una forma elegante de decirlo, tras nueve años en el cargo. Sin embargo, el propio Aspirina advirtió que Santi se ha ganado la posibilidad de terminar su ciclo y, en caso de clasificar al equipo para el Mundial, de dirigirlo en Francia. Algo que pareciendo lo lógico, en el precedente de 1999, la única participación de España en un Mundial, no ocurrió así.

Foto: España se impuso a Bélgica en Bruselas y aspira a renovar el subcampeonato europeo. (Foto: SportPik.Be)

Alfonso Feijoo, hoy presidente, fue el seleccionador de España hace 24 años. Pero el baluarte de aquella clasificación fue en realidad el entrenador neozelandés Bryce Bevin, al que destituyeron antes del Mundial en una maniobra turbia para designar luego a Feijoo. Los jugadores mostraron su rechazo a aquella decisión, y el capitán, Chupao Gutiérrez, se negó a acudir. En el Mundial estuvieron Alfonso Mandado, como mánager, y Alfonso Feijoo, como seleccionador. Casualmente, el primero fue presidente de la Federación entre 2001 y 2011, y Feijoo lo es desde 2014. Y las directivas de ambos se repiten varios dirigentes, esos 'gatopardos' que son en realidad quienes dirigen la Federación desde hace décadas, independientemente de quien la presida.

Este domingo, Santos y sus chicos deberían cuadrar el círculo y cerrar una época ardua para el rugby español. "El rugby se lo debe a España, por lo de Bruselas, pero sobre todo por lo que los Leones se lo han ganado en el campo y por las veces que se han levantado tras caerse estos años", apunta el kiwi Brad Linklater, internacional español que estuvo en Little Heysel y hoy lo verá desde la barrera como jugador-entrenador en Getxo.

Si todo acaba como debe, ya no habrá que llamar más a Albert Malo a Sant Boi para que cuente sus batallitas, ni a Diego Zarzosa para que rememore aquel playoff de clasificación ante Portugal, otra vez Portugal, como en el 99. Marco se quitará un peso de encima, Fer cumplirá su promesa a la familia de Kawa y el sueño de Titi se hará realidad. Y en Ferraz los dirigentes esperan recibir como agua de mayo una lluvia de subvenciones por ir al Mundial, y de paso ver si pica algún patrocinador (tras huir casi todos). Ingresos que deberían revertir incluso en el ámbito femenino, en el que el seleccionador y la vicepresidenta han dimitido hartos del abandono federativo. ¡Suerte a los Leones! Se han ganado todo lo bueno que les pase. Como decía Albert, "¡El rugby español se merece un Mundial!". Y en la Federación veremos el enésimo ejercicio de 'lampedusismo': cambiar todo para que nada cambie.

La última vez que le escuché a Alberto Malo decirlo fue en su casa, en el centro de Sant Boi, con una cerveza en la mano y frente a la colección de fotos que dibujan la trayectoria del jugador más emblemático del rugby español. "Estoy deseando dejar de contar las batallitas del 99 y que esta gente recoja nuestro testigo. El rugby español ya se merece otra selección mundialista". No es el único al que se lo he escuchado. Diego Zarzosa también me lo ha repetido más de una vez: "Ya toca y este grupo se lo ha currado. Se han ganado disfrutar defendiendo la camiseta de España en un Mundial".

Santiago Santos
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