el valenciano álvar gimeno

El jugador de la Selección que perdió dinero para ganarse un sitio en el rugby francés

Titular en el VRAC y vicecapitán de la selección a sus 22 años, se marchó a Beziers sin plaza en la plantilla y con un sueldo inferior al que tenía en Valladolid para "seguir creciendo"

Foto: Alvar Gimeno en acción durante el España-Bélgica jugado en marzo de 2019 en Madrid. (EFE)
Alvar Gimeno en acción durante el España-Bélgica jugado en marzo de 2019 en Madrid. (EFE)

Álvar Gimeno (Valencia, 1997) chapurrea con dificultad el francés. No es fácil, pero lo va entendiendo y, sobre todo, se va haciendo entender. Es el último desafío en la vida de este joven que a sus 22 años es todo un referente en el rugby español. Hasta el punto de haber lucido ya la capitanía de la selección española de rugby en Uruguay durante la gira del pasado verano de los Leones por Sudamérica.

El internacional realizó este verano uno de los movimientos más arriesgados del mercado rugbístico al renunciar a renovar con el VRAC Quesos Entrepinares, campeón de cuatro de las últimas cinco ligas. Allí, Gimeno tenía el estatus de estrella. Era titular indiscutible como primer centro y uno de los hombres desequilibrantes de los queseros. Pero Álvar, fiel a su carácter emprendedor, decidió seguir creciendo y buscó nuevos horizontes.

"Lo cierto es que después de pasar cuatro años jugando en España en División de Honor, dos en Cisneros y dos en VRAC, tomé la decisión de irme a jugar fuera para seguir creciendo personal y deportivamente. En realidad mi intención inicial era marcharme a Nueva Zelanda, país que conocía por un viaje previo. Pero mientras andaba con las gestiones recibi un día la llamada de David Aucagne, el entrenador de Beziers (histórico equipo francés ganador de 11 ligas que hoy juega en PRO2, 2ª división francesa). Allí juega mi primo Álex, que les había hablado de mí. Y se pusieron en contacto conmigo para conocer mis intenciones de futuro. David me dijo que estaban interesados, pero la verdad es que yo seguí haciendo mis gestiones para obtener el visado para ir a Nueva Zelanda", cuenta Gimeno desde el otro lado del teléfono.

Pasaban los meses y llegaba el momento de tomar la decisión. "David seguía en contacto conmigo y me dijo que seguían interesados, pero tenían que saber de qué presupuesto disponían y si pensaba en mí como jugador profesional de la primera plantilla o como 'espoir' (promesa del segundo equipo). Yo me encontraba muy a gusto en el VRAC, donde la relación con el club y los compañeros era magnífica. Incluso me hicieron una oferta de renovación superior económicamente a lo que me podía llegar de Francia, pero estaba decidido a dar un paso y salir a jugar fuera, aunque sabía que conllevaba un riesgo", cuenta.

Y entonces llegó un momento crucial para Álvar. "Una tarde conformé la solicitud del visado para Nueva Zelanda y la mandé, pero la página web de la embajada se bloqueó y la solicitud no llegó nunca", confiesa el jugador. "Por entonces las llamadas de David eran más frecuentes y la idea de irme a jugar a Beziers se había convertido en una posibilidad real. Pero justo antes de marcharme a Sudamérica de gira con la selección, David me llamó y me dijo que no tenían el presupuesto esperado y que la oferta era inferior a lo esperado. Sin embargo, me garantizaba trabajar con la plantilla profesional, por lo que sería cosa mía ganarme el contrato. Tenía claro que mi prioridad era deportiva y lo económico era secundario, así que acepté irme a Francia a pelear por un puesto y un contrato sabiendo que partía en situación de desventaja porque llegaba siendo el cuarto o quinto centro del equipo. Además llegué diez días tarde a la pretemporada porque me obligué a descansar dos semanas a la vuelta de la gira de Sudamérica con los Leones. La verdad es que visto desde fuera era un poco arriesgado", advierte el valenciano.

Álvar dejó atrás la oferta de renovación del VRAC y se marchó a Francia con el respaldo de su padre, Toni, hombre de rugby con mucho peso en la formación en Valencia, y con el apoyo del seleccionador español Santiago Santos y su segundo, Miguel Velasco, Miguelón. Gimeno encontró rápidamente la complicidad de su primo Álex y de otros dos internacionales españoles que también juegan en Beziers, Tomy Munilla y Marco Pinto. "Fue una pretemporada larga y muy exigente en lo físico. Hice amistad especialmente con neozelandeses, polinesios, ingleses y algún francés, aunque el idioma para mi era una barrera todavía. Llegaron los partidos de pretemporada y comenzó la fase más dura porque había que hacerse un hueco", recuerda.

Álvar Gimeno (3i) cambió Valladolid por Beziers el pasado verano. (EFE)
Álvar Gimeno (3i) cambió Valladolid por Beziers el pasado verano. (EFE)

El primer partido de la pretemporada, ante Carcassonne, no jugó porque sus papeles no estaban aún tramitados. Para el segundo, ante el todopoderoso Stade Toulousain, Álvar jugó 40 minutos y fue uno de los destacados por los entrenadores. "Jugué de 13 y salí contento del partido. David y sus ayudantes me felicitaron y pensé que la cosa iba a bien", confiesa. Pero no iba a ser fácil. Un par de viajes como jugador 25 terminaron con Álvar en la grada descartado y cargado de frustración. "Quizás fueron los momentos más complicados porque después de hacerlo bien en el debut con Toulouse, no tenía otra oportunidad. Y entonces llegó el partido con Aurillac fuera. Fui titular jugando de 12 y me encontré muy cómodo. Ganamos, lo cual es muy complicado porque en PRO2 se dan pocas victorias lejos de casa y los entrenadores me eligieron hombre del partido. Además aquel día recuerdo que había venido mi madre a verme y aquello me dio alas porque me salió muy buen partido", afirma.

El partido de Aurillac fue, probablemente, un punto de inflexión. "Recuerdo que el entrenador de tres cuartos me llamó después y me dijo: 'Álvar yo no te conocía de nada, pero te has ganado mi respeto y desde hoy te considero un profesional más de nuestra plantilla". Gimeno comenzaba a dar la vuelta a la tortilla. Han pasado los meses y ya ha participado en ocho partidos, lo cual casi le garantiza la renovación del contrato con Beziers, además de una probable mejora para el año que viene. Álvar arriesgó y parece que su tesón y su trabajo van a obtener su premio.

Hoy Gimeno afirma "ser mejor jugador". "He aprendido muchas cosas, sobre todo a leer mejor las defensas rivales. Aquí la presión es muy alta y no te dejan pensar rápido. En defensa creo que siempre he tomado buenas decisiones, más allá de ser buen placador, y creo que los entrenadores están contentos conmigo en esa faceta. El 12 y el 13 deben ser líderes en defensa y creo que cumplo las exigencias de los entrenadores. Disfruto jugando a este nivel de exigencia y creo que he crecido deportiva y personalmente. Mucha de la culpa es de mi primo Alex, con quien vivo y quien me ayudó desde el primer día". Álvar, que no se ha arrepentido "ni un día" de la decisión de abandonar su zona de confort en Valladolid para jugársela en Francia, eligió dejar de ser cabeza de ratón para convertirse en cola de león. En realidad este chico de 22 años terminará siendo el jefe de la manada de los Leones. Un joven que eligió crecer en lo deportivo y luchar en un entorno desfavorable a vivir una vida más cómoda en España, lo que no quita para que recuerde que "como en España no se vive en ningún lado".

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