los casos de munilla y gimeno

La alarma en el rugby español por la huida de algunos jugadores

Mientras la Liga se satura de extranjeros de nivel medio, jugadores como Facundo Munilla o Álvar Gimeno se marchan fuera buscando desafíos más atractivos

Foto: Facundo Munilla (c) durante la última final de la Copa del Rey. (EFE)
Facundo Munilla (c) durante la última final de la Copa del Rey. (EFE)

El lunes saltaba una noticia que dejaba en shock al rugby nacional. Adelantaba la revista '22' que Facundo Munilla, el medio melé de la selección española y uno de los jugadores franquicia de Alcobendas Rugby, aceptaba una oferta de Paraguay para marcharse a jugar la Superliga Sudamericana de Rugby. El jugador se enrola en el Olimpia de Asunción, una de las franquicias que participará en la competición profesional que se disputará en Sudamérica a partir del próximo febrero de 2020.

La noticia sorprendió a muchos, no porque fuese Munilla el elegido, ya que se trata de un jugador que lleva años demostrando un nivel que invita a pensar en que podría aspirar a mayores desafíos deportivos. Llama la atención que su destino sea Paraguay, un país del tercer o cuarto nivel rugbístico, muy por debajo del español. Munilla se marcha por culpa de una oferta muy superior a la que estaba cobrando en Alcobendas, que no ha podido competir con este ofrecimiento. A nadie le habría extrañado una salida a Francia o Inglaterra, países de mayor jerarquía rugbística, pero Paraguay...

Detrás de la expansión del rugby sudamericano aparece la didáctica figura de Daniel Hourcade, el exseleccionador argentino. El Huevo, como se le conoce familiarmente en el mundo rugbístico, es el hombre designado por World Rugby (y más concretamente por Agustín Pichot, vicepresidente del organismo) para relanzar el rugby en el subcontinente americano. El crecimiento de Uruguay, la emergente aparición de Brasil y la creación ahora de esta nueva liga de franquicias, al modo de la Superibérica que se jugó en España en 2009 apadrinada por Michael Robinson, son algunos de los pasos que delatan el trabajo de Hourcade y la atención de Pichot.

Facundo Munilla (i), durante un partido de la Selección española. (EFE)
Facundo Munilla (i), durante un partido de la Selección española. (EFE)

Hourcade participó en la pretemporada del año pasado trabajando con Alcobendas Rugby, donde vio de cerca a Munilla. De hecho, el tucumano fue testigo directo de cómo el medio melé se echaba el equipo a la espalda para ganar el primer partido del curso ante un rocoso recién ascendido, el UBU Colina Clinic de Burgos, al que los granates ganaron en la última jugada. Hourcade quedó gratamente impresionado por la determinación y la visión de juego de Facu, al que ahora disfrutará en la recién creada Superliga Sudamericana de Rugby.

Munilla no es la única pérdida sensible de internacionales del XV del león que ha dejado España para marcharse a jugar fuera de nuestras fronteras. Alvar Gimeno, tres cuartos valenciano del CAU que se ha consagrado como uno de los baluartes de la selección española, también eligió irse. Gimeno había ganado todo con el VRAC Quesos Entrepinares y, mientras ultimaba su viaje a Nueva Zelanda, recibió una oferta para irse a jugar a Beziers, uno de los históricos del rugby francés que hoy milita en la Pro D2, la segunda división gala.

En el caso de Alvar la decisión tuvo que ver más con lo deportivo que con lo económico, ya que en Francia gana menos dinero del que recibía en el Quesos. Sin embargo, el desafío deportivo y las ganas de crecer del apertura-centro valenciano le llevaron a dar el paso de enrolarse en Beziers y tratar de ganarse un puesto. Hoy, medio año después, el español es un habitual en las alineaciones y las convocatorias de este equipo que tiene en su vitrinas once títulos de campeón del Top 14.

Mientras los españoles se marchan atraídos por desafíos deportivos y ofertas económicas irrechazables, la División de Honor sigue aumentando su nivel competitivo a costa de fichar jugadores foráneos que copan las plantillas de los doce equipos de la competición. Jugadores que, en algunos casos, apenas pasan en sus clubes unos meses antes de volverse a casa o, en una práctica recurrente, regresan para pasar las Navidades y luego no vuelven más.

Alvar Gimeno, durante un partido de la Selección española. (EFE)
Alvar Gimeno, durante un partido de la Selección española. (EFE)

En Valladolid, capital del rugby español si atendemos a la dictadura deportiva de sus dos equipos (de las diez últimas ligas han ganado nueve), está siendo un año movido. El Salvador, que había acometido una profunda renovación de la plantilla, tuvo que fichar en octubre a Raniera Takarangi, un medio melé neozelandés que llegaba para cubrir la baja inesperada de Kaide Whiting, quien se volvió a su país por problemas familiares. En noviembre aterrizaba en Sevilla el segunda kiwi Mike McKee para reforzar al ya reforzadísimo Ciencias en su intención de lograr la permanencia tras su ascenso. Y en las últimas semanas se han concretado los fichajes del francés e internacional español Mathieu Bellie por Alcobendas y el tres cuartos neozelandés Harry Lafituanai por Bathco. El goteo es incesante y después de Navidad suele aumentar la frecuencia de los relevos ya sea por la necesidad deportiva de equipos que no cumplen las expectativas o por las espantadas de jugadores desmotivados por el nivel competitivo de la División de Honor.

En cualquier caso, estas salidas de jugadores como Alvar Gimeno o Facundo Munilla de nuestro rugby debilitan enormemente el potencial de sus clubes e incluso el de la selección. La marcha de Munilla ha hecho un agujero en enorme a Tiki Inchausti, entrenador de Alcobendas, que difícilmente podrá solucionar. Y Santiago Santos, seleccionador español, tendrá que negociar con Beziers y Olimpia la incorporación de ambos para los partidos de febrero y marzo del Campeonato de Europa, también llamado VI Naciones B, lo cual no es tarea fácil por más que la reglamentación obligue a los clubes a ceder a los jugadores para este tipo de partidos.

La liga española ha aumentado su nivel pseudoprofesionalizándose con fichajes de jugadores de más nivel físico que técnico que indirectamente cierran las puertas a las jóvenes promesas del rugby español. Estos últimos terminan optando por marcharse a jugar a las academias de clubes franceses e ingleses en busca de un futuro rugbístico. Esta nueva tipología de emigración ha llevado a decenas de jugadores jóvenes con un buen palmarés en las categorías inferiores de los Leones a emigrar buscando retos más atractivos. Además, la mayoría de esos extranjeros que llegan a nuestra liga ingresan unas cantidades que difícilmente permite calificarles de profesionales, al tiempo que comparten piso con muchos de sus compañeros para minimizar gastos.

Y a todo eso se suma que la liga vive una cruenta guerra entre los clubes y la federación presidida por Alfonso Feijoo que ha provocado que se rompiera el contrato de patrocinio que había con Heineken como patrocinador principal de la División de Honor. Y aún peor, ha llevado el rugby a negro, porque hoy no se pueden ver los partidos de División de Honor en ninguna ventana televisiva nacional. El rugby en España crece de forma desbordada por la base al tiempo que alimenta su nivel competitivo en la élite con extranjeros que malviven mientras los mejores jugadores de las canteras se marchan afuera en busca de mejores condiciones y competiciones más atractivas. Toca darle una pensada.

Rugby

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios