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Brotes verdes para la pelota vasca que deslumbró a reinas, actores y premios Nobel
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Una nueva era

Brotes verdes para la pelota vasca que deslumbró a reinas, actores y premios Nobel

El histórico deporte del País Vasco vive una resurrección gracias a nuevas generaciones. Antaño deslumbró a monarcas, actores internacionales e incluso a premios Nobel

Foto: Instante de un partido de cesta punta. (REUTERS/Regis Duvignau)
Instante de un partido de cesta punta. (REUTERS/Regis Duvignau)

A mediados del siglo XIX, los jóvenes del País Vasco comenzaron a jugar en las plazas de los pueblos más cercanos a ambos lados del río Bidasoa a una modalidad que se parecía bastante al tenis, pero sin red. En un terreno de juego rectangular se situaba una pareja frente a otra y los pelotaris, que llevaban un guante de cuero de vaca en la mano para golpear la pelota, trataban de pasarla a campo contrario. El deporte evolucionó poco a poco hasta lo que hoy en día se conoce como cesta punta, tal vez la modalidad de pelota vasca más espectacular y conocida fuera de nuestras fronteras.

Ya con el paso de los años los puntistas comenzaron a portar una xistera (cesta) hecha de mimbre y castaño como si fuera una prolongación del brazo, a imagen y semejanza de las que se fabrican en la actualidad. Tuvo su momento de esplendor a mediados del siglo XX en países como Cuba, Argentina, México, China, Filipinas y, sobre todo, Estados Unidos donde la gente apostaba grandes cantidades de dinero. En 2022 la cesta punta agonizaba hasta que hace unas pocas semanas han aparecido brotes verdes en el mítico frontón de Gernika con la disputa de las Jai Alai Winter Series, un torneo de nueve jornadas en el que participaron seis parejas y donde en más de una sesión se colgó el cartel de "no hay billetes". A esta especie de revival se suma también la reapertura de puertas del Dania Jai Alai, el frontón que había bajado la persiana hace unos meses con un torneo de ocho parejas que acuden por invitación y donde se reparten 21.000 dólares en premios.

Foto: Mikel Goñi, durante un partido del Manomanista.

La evolución del juego fue rápida a medida que iba calando entre los aficionados. Pronto se incorporó el frontis, más tarde la pared izquierda y el juego pasó a denominarse 'ble' (trigo, en francés). Faltaba darle un toque más para convertirlo en deporte de masas. El pelotari Juan Ignacio Zulaika, con más de 14 años de experiencia en los frontones de Estados Unidos, comenta que para hacer "más atractivo" un deporte que empezaba incluso a interesar a la aristocracia se añadieron las gradas para lograr la fisonomía "tipo teatro" que tienen en la actualidad. El empresario Julio González tuvo buen ojo con este deporte autóctono vasco porque hasta la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena y todo su séquito se acercaron en numerosas ocasiones hasta el frontón recién construido en San Sebastián. La madre de Alfonso XIII estaba tan apegada al País Vasco y a la pelota que hasta se puso a estudiar euskera o "idioma vascongando" (sic) como publicó en su página 3 el periódico La Unión Católica en su edición del 23 de agosto de 1887.

El boca a boca sobre aquella novedosa y electrizante modalidad deportiva en el que la pelota alcanzaba casi los 300 km/h, llegó hasta Madrid donde se construyeron varios frontones. "Fue un boom terrible porque hasta allí acudían miles de espectadores para hacer sus apuestas", comenta Zulaika. Como recuerdo de aquella época, aun perduran en la calle marqués de Riscal vestigios de lo que un día fue el frontón Beti Jai inaugurado en 1894, y que en 2011 fue declarado Bien de Interés Cultural por la Comunidad de Madrid. Casi a la par, a finales del siglo XIX, la diáspora vasca que emigró a Sudamérica vio la posibilidad de negocio a través de las apuestas y los empresarios ávidos de dinero comenzaron a llevarse a Argentina a los mejores puntistas. La técnica del juego cambió de forma sustancial en 1887 a raíz de una lesión que sufrió en Buenos Aires del pelotari Melchor Gurutzeaga. La rehabilitación de su muñeca no fue la esperada, así que se le ocurrió diseñar una xistera con un mayor vientre que le permitiera retener la pelota antes de lanzarla, incluso al revés. Desde entonces las cestas se construyen de este modo.

Los pelotaris fueron extendiendo el nuevo deporte por todo el continente hasta otros lugares como San Francisco (Estados Unidos), Uruguay, Bolivia o Brasil, pero donde realmente se afianzó fue en México y Cuba. En Europa, ciudades italianas como Nápoles, Milán, Florencia o Turín contaron con un frontón y en España solo en Barcelona, al margen de Madrid y el País Vasco, tuvo cierto arraigo esta modalidad, si bien otras ciudades como Zaragoza, Palma de Mallorca, Valencia, Salamanca, Sevilla, Las Palmas Lérida o Vigo hicieron hueco durante un tiempo a la cesta punta. El éxito a nivel internacional de la pelota vasca fue tal que en 1900 estuvo presente en los Juegos Olímpicos de París y en otras tres citas olímpicas fue deporte de exhibición, como ocurrió la última vez en Barcelona (1992).

Fidel Castro acabó con la aventura cubana

Tal vez sorprenda a los más neófitos, pero la cesta punta también llegó a principios del siglo XX a Egipto, en concreto a las ciudades de Alejandría y El Cairo, donde el frontón estuvo abierto hasta 1950. De allí consiguió dar el salto hasta Shangai (1929), gracias a un empresario apellidado Jauregi. Ni siquiera cuando los japoneses invadieron China diez años más tarde cesó la actividad puntista. Al contrario, se fue expandiendo a otros países como Filipinas o Yakarta. Poco a poco, por motivos distintos, la cesta punta fue decayendo en algunos países y a partir de la segunda mitad del siglo XX los mejores puntistas solo hacían las américas en México y Cuba.

Hasta el frontón de Tijuana se acercaron estrellas de Hollywood como Steve McQueen, Errol Flyn, Tony Curtis, Jack Palance o Ava Gardner. Se habló mucho sobre la existencia de un affair de la actriz rebautizada como "el animal más bello del mundo" con el pelotari Estanislao Maiztegi, alias Pistón. Pero solo se quedó en eso, un rumor. También surgieron habladurías sobre una relación de Pistón con otra estrella cinematográfica como Esther Williams, pero más fiable es la historia de su idilio con la otra actriz: Ida Lupina. Y no era ninguna desconocida. Compartió cartel en un par de ocasiones con Humphrey Bogart (El último refugio y La pasión ciega) y rodó a los órdenes de directores tan célebres como Michael Curtiz, Raoul Walsh o Henry Hathaway. En México DF no era extraño ver al actor Mario Moreno, Cantinflas, o al compositor de la inolvidable melodía "Solamente una vez", Agustín Lara. Es muy conocida la anécdota de que el comediante mexicano se hizo construir un frontón en su casa del Paseo de la Reforma y que incluso participó en un festival benéfico junto al pelotari Isidoro Salsamendi.

El Jai Alai de La Habana, también conocido como "El palacio de los gritos", tuvo entre sus espectadores ilustres al escritor Ernest Hemingway acompañado de los tres mosqueteros: el actor John Wayne, Esther Williams y el pelotari más famoso por aquel entonces en la isla, Guillermo Amutxastegi. Al término de los partidos era bastante usual ver al Nobel de Literatura en "El Floridita" tomando daiquiris con los pelotaris. La llegada de Fidel Castro al poder en 1959 fue el principio del fin a la cesta punta en Cuba. Prohibir las apuestas y el profesionalismo fue la puntilla a un deporte con gran cantidad de seguidores en la isla caribeña y en 1962 cesó la actividad en un frontón que hoy todavía sigue en pie.

El periplo estadounidense

En Estados Unidos la consolidación de la cesta punta fue más lenta. Se dio a conocer en 1904 a raíz de la Exposición Universal celebrada en St. Louis, sin embargo, y por el primer frontón se inauguró en Miami 1925. "El arranque fue muy pobre porque como solo se jugaba tres meses al año no iban los mejores pelotaris", evoca Zulaika. Todo cambió cuando el empresario Richard Berenson tomó cartas en el asunto en compañía de Pedro Mir. Estados Unidos acababa de salir de la depresión económica que degeneró en el crack bursátil de 1929 y el estado de Florida comenzaba a emerger. El dinero se movía con inusitada rapidez y la gente quería apostar. O sea, ser rico de la noche a la mañana. Nada mejor que la cesta punta para cumplir sus deseos. La única pega era legalizar las apuestas, algo que no le costó mucho trabajo a Berenson gracias a que la Racing Commission se encargó de supervisar todo lo relacionado con los juegos de azar. Existe una frase de la época que se atribuye a Al Capone cuando se afirma que quiso controlar el tema de las apuestas en los frontones: "He corrompido senadores, jueces y policías pero me ha sido imposible corromper a estos santurrones vascos", dicen que dijo el capo más famoso de la mafia.

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Final del Campeonato del Cuatro en el 2021. (EFE/Luis Tejido)

El estado de Florida, en su época dorada, llegó a contar con diez frontones. Por ejemplo, en la temporada 1976-76, solo en el estado se vendieron cinco millones de entradas y un solo partido podía congregar a 15.500 espectadores. No era tampoco extraño ver por allí a personajes conocidos como el actor John Travolta o el ex campeón del mundo de los pesos pesados, Larry Holmes, con quien llegó a fotografiarse el propio Zulaika "con una máquina que no tenía carrete, así que nunca llegué a tener la foto con aquel tipo que tenía la espalda más ancha que he visto en mi vida". En la costa este se abrieron otros tres frontones en el estado de Connecticut: Hartford, Milford y Bridgeport, donde Paul Newman se dejó ver en alguna ocasión porque su mansión estaba relativamente cerca, y otro más en Newport, en el estado de Rhode Island. A la lista se sumaron posteriormente los de Las Vegas en el casino Metro Golden Mayer y el de Reno, ambos en el estado de Nevada. Mientras, en el País Vasco y en Francia la actividad pelotazale se reducía prácticamente al periodo estival en los frontones de Gernika, Durango, Hondarribia, Markina, Biarritz o San Juan de Luz.

El cine y la televisión seguían fijándose en la cesta punta, una modalidad que Estados Unidos se llamaba jai alai (fiesta alegre, en euskera). Desde Orson Welles en su serie Around the World with Orson Welles, donde el segundo capítulo era una especie de monográfico sobre la pelota vasca, hasta la mítica “Miami Vice” (Corrupción en Maimi). En los créditos aparecía Víctor María Bereikua, un pelotari de Elorrio (Vizcaya) apodado "El luchuga" con el número 43 atrapando de un gran salto una pelota apoyándose en la pared. Series de dibujos animados de culto como "Los Simpson" o algún capítulo de la exitosa Mad Men, fueron otras de las que quisieron inmortalizar la cesta punta. Más grotesca fue la aparición de Bud Spencer en la película “Par-impar” con un cuerpo que poco tenía que ver con el de un deportista de élite.

La explosividad del juego, en la que el récord de lanzar la pelota más velocidad está en poder del vizcaíno Ibon Aldazabal (305 km/h), llamó también la atención de deportistas consagrados que eran leyendas en otras modalidades como el béisbol que solían hacer la pretemporada en Florida. Fue en Estados Unidos donde se estableció la modalidad de las quinielas para apostar, aunque años atrás ya hubo un intento en Argentina. Antes, los mejores puntistas siempre jugaban partidos en México o La Habana de hasta 30 tantos. La modalidad de quinielas consiste pude jugarse con ocho parejas o con jugadores que actúan de forma individual con números del 1 al ocho. El que pierde el punto se va eliminando y el primero que consigue siete tantos se lleva la quiniela. El público puede apostar por ganador o por colocado, como los caballos. Un jugador top 5 podía ganar en la década de los ochenta unos 100.000 dólares anuales y los de segunda fila unos 40.000 dólares.

Zulaika es la memoria viva de lo que ocurrió durante aquellos años al otro lado del charco. Sin cumplir la mayoría de edad partió hacia Estados Unidos. Por entonces ya había jugado en otros frontones como Zaragoza, donde debutó, Barcelona o en Italia. Ocho años en el frontón de Tampa (Florida) y otros seis en del Bridgeport le convierten en una voz autorizada para explicar lo que ocurrió para que la cesta punta cayera en desgracia porque “no fue solo por la famosa huelga de pelotaris en 1988”. Y es que las condiciones económicas y deportivas se modificaron sustancialmente. De ocho meses y medio de partidos y diez de salarios se pasó a siete en ambos casos. Además, casi al mismo tiempo, cambiaron las leyes sobre las apuestas y se permitieron abrir casinos "por lo que la gente encontró otras formas de jugarse su dinero al margen del jai alai o la carreras de perros o de caballos". Los apostadores acudieron en masa como mariposas a la luz a la ruleta, el blackjack o las máquinas tragaperras. Fue el acta de defunción de la quinielas

Fuera el País Vasco ya no hay frontones abiertos para jugadores profesionales, salvo algún partido puntual en México o el recién reinaugurado de Dania (Florida), que había cerrado el pasado 28 de noviembre. Existe un "descafeinad" de cesta punta, como lo llama Zulaika, en el casino Magic City de Miami donde se juega con una pelota sintética. Se trata de un frontón de unos 33 metros, esto es, unos 20 metros más corto de lo que suelen medir los frontones habituales. El hecho de que haya apuestas on line y de que se hagan quinielas en streaming ha abierto nuevas posibilidades para atraer a los nuevos apostadores. "Con tanta lotería y tanto casino, Estados Unidos es como un supermercado de las apuestas y con estas nuevas técnicas los organizadores de este tipo de eventos tienen esperanzas de que la cosa pueda mejorar", añade.

placeholder El pelotari navarro Joseba Ezkurdia. (EFE/ Villar López)
El pelotari navarro Joseba Ezkurdia. (EFE/ Villar López)

De momento, el único sitio donde la cesta punta resurge de sus cenizas es el País Vasco. Hace unas semanas concluyó el Jai Alai Winter Series con gran éxito de público. Zulaika cree que hay un "optimismo colectivo" para que en Euskadi vuelva a coger fuerza la modalidad deportiva que le hizo famoso en Estados Unidos. "La televisión vasca se volcó y los promotores son gente joven que lo han bordado", añade. Se refiere al poder de convocatoria que han tenido gracias a las redes sociales, sobre todo entre la gente joven, porque "el perfil de la gente que se suele ir a ver los partidos de pelota suele ser de edad más avanzada". El veterano pelotari destaca la puesta en escena "como si fueran partidos de la NBA" donde se apagan las luces y los focos iluminan a los jugadores, al tiempo que la voz un speaker narra la presentación "a imagen y semejanza de una velada por el campeonato del mundo de los pesos pesados".

Zulaika sabe que es difícil que la cesta punta regrese con la pujanza de antaño. Aun así, no pierde la esperanza. "Todo lo que te he contado ya es historia, pero ¿quién sabe?", se pregunta. Pues ya tiene respuesta. Para esta primavera se han programado funciones en el Carmelo Balda de San Sebastián, a las que seguirán las del frontón de Markina y ya en verano tomarán el testigo Gernika y Hondarribia. Los organizadores no descartan por ahora organizar festivales de cesta punta en otros lugares del País Vasco, o incluso fuera. La idea de regresar a América todavía a sigue latente. De momento, ya ha reabierto el de Dania.

A mediados del siglo XIX, los jóvenes del País Vasco comenzaron a jugar en las plazas de los pueblos más cercanos a ambos lados del río Bidasoa a una modalidad que se parecía bastante al tenis, pero sin red. En un terreno de juego rectangular se situaba una pareja frente a otra y los pelotaris, que llevaban un guante de cuero de vaca en la mano para golpear la pelota, trataban de pasarla a campo contrario. El deporte evolucionó poco a poco hasta lo que hoy en día se conoce como cesta punta, tal vez la modalidad de pelota vasca más espectacular y conocida fuera de nuestras fronteras.

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