Le Mans y McQueen o cómo puede tu mayor fracaso crear tu obra más trascendente
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La historia de Steve McQueen

Le Mans y McQueen o cómo puede tu mayor fracaso crear tu obra más trascendente

La obsesión por crear una película que reflejara los detalles del mundo de las carreras de coches que tanto le apasionaba, le arrastró a producir el mayor fracaso de taquilla de toda su carrera

Foto: Steve McQueen en la película 'La Gran Evasión'. (Getty Images)
Steve McQueen en la película 'La Gran Evasión'. (Getty Images)

La obsesión de Steve McQueen por crear una película que reflejara hasta el último de los detalles el mundo de las carreras de coches que tanto le apasionaba, le arrastró a producir el mayor fracaso de taquilla de toda su carrera cinematográfica, a la total quiebra económica y prácticamente a la ruina de su vida personal. Sin embargo, el paso de los años, fue convirtiendo aquel gran fiasco en una obra de culto y paradójicamente, hoy día es la mayor fuente de ingresos para sus herederos, así como su principal legado en la iconografía popular. Si no me creen, hagan una rápida búsqueda en Google y verán cual es la imagen mas repetida en el buscador del actor americano.

Pongamos antes que nada el contexto. A comienzos de la década de los setenta, Steve McQueen era la indiscutible estrella número 1 del mundo del cine. Taquillazos como ‘La Gran evasión’, ‘Papillon’ o ‘Bullit’ junto a un estilo de vida diferente en el que predominaba su afición a conducir coches y motos, le sirvió para alcanzar el apodo de ‘El rey del buen rollo’ (The King of cool).

Su pasión por el motor

De orígenes muy humildes, McQueen no tenía problemas en bajar de su estatus de estrella para irse por ejemplo a Checoslovaquia en plena guerra fría, a competir representando a su país en el Campeonato Mundial de Enduro, o salir a menudo con sus amigos al desierto de Mojave, a rodar a bordo de sus Triumph, Rickman, Bultaco o Montesa. Tal era su naturalidad, que compartía incluso por pura afición sus experiencias probando motos, en las modestas revistas especializadas del sector.

Aquella pasión por los vehículos a motor, llevó a obligarle a John Sturges el director de ‘La Gran Evasión, a que le permitiera exhibir sus habilidades motociclistas o de lo contrario descartar su participación en la película. A pesar de tener aquel largometraje un reparto estelar a Sturges no le quedó otra que tragar con las exigencias de la estrela, aunque tampoco le fue mal aquella decisión, pues la escena mas icónica acabó siendo el famoso salto con la moto sobre las alambradas mientras escapaba McQueen. (la escena de todos modos para evitar riesgos, aceptó que fuera realizada por su amigo Bud Ekins).

Foto: A Marc Márquez le está costando recuperarse al 100% de su operación de hombro. (EFE)

A finales de los sesenta, sus participaciones en competiciones automovilísticas cada vez fueron menos amateur y se convirtieron en mas profesionales, hasta el punto de estar a punto de vencer en las míticas 12 horas de Sebring, junto a su compatriota Peter Revson. Fruto de ello, cada carrera que participaba, aumentaba su obsesión por realizar una película que trasladara al espectador exactamente lo que el sentía al volante. El pilotaje, el coqueteo con la muerte, el ambiente de las carreras, etc. Toda la adrenalina y vértigo de la competición, sin ningún tipo de edulcorante o elemento que distrajera la atención de lo esencial. ‘Tiene que ser real’ era la máxima que decía a guionistas, directores y técnicos participantes en ‘su película’. No había grises ni soluciones de compromiso en su proyecto mas personal. O autenticidad total o no había película.

No entraré en detalles de lo infernal que resultó el rodaje de aquel largometraje. Para quien tenga interés en profundizar, hay un fantástico documental estrenado hace un par de años sobre la ‘obsesión McQueen-LeMans’, que describe con todo detalle las razones por las que el proyecto estuvo destinado al fracaso desde el rodaje de la primera toma. La enfermiza búsqueda de la autenticidad por parte de McQueen en el proyecto, motivó en gran parte que la película fuera un fracaso descomunal en taquilla y que la crítica cinematográfica de la época, la destrozara sin piedad.

Sin embargo, esa obra maldita de la que ahora se cumplen cincuenta años, cada día que pasa sigue creciendo en leyenda y es a día de hoy paradójicamente una máquina imparable de producir royalties para los herederos de Steve McQueen, así como un marchamo de valor para todo objeto histórico que huela aunque sea de lejos a aquella película.

Existen otras grandes películas del mundo de las carreras como son Grand Prix (1966) de John Frankenheimer o las mas recientes Rush (2013) de Ron Howard y LeMans66 (2019) de James Mangold. Cada película de estas analizadas por separado, puede ciertamente tener mejor guión, interpretaciones mas grandiosas de actores, mejor banda sonora, etc, pero todas salen derrotadas por goleada ante el Le Mans de McQueen, a causa de carecer el concepto definitivo que en mi opinión es necesario para trascender: La autenticidad.

Foto: Luca Zidane, guardameta del Real Madrid cedido en el Racing de Santander, se ajusta los guantes. (Efe)

Algunos ejemplos de esta autenticidad

En ‘LeMans66’ de Mangold vemos como Christian Bale echa largas miradas a sus rivales a través de la ventanilla de su coche, en principio un recurso cinematográfico sin mayor importancia. En el Le Mans de McQueen, en el único momento de la película que el piloto pierde una milésima de atención a la carretera, sufre un accidente grave. La diferencia es esa. A 350km/h, en las carreras las cosas simplemente pasan así.

En el ‘Grand Prix’ de Frankenheimer, para complacer a la taquilla estadounidense, gana el piloto americano frente a los europeos, porque acelera más en el último momento (a través de un infantil gesto de superior valentía), en el Le Mans de Mcqueen, el americano es el héroe también, pero en este caso no sólo no gana la carrera, sino que sufre un accidente y reconoce a su director de equipo que es culpa suya. Es valiente, pero de un modo mas profundo, es la valentía de reconocer el error y defender luego a su compañero de equipo para que él gane la carrera. Es una forma radicalmente diferente como podemos ver, de interpretar la heroicidad y el triunfo.

En el Rush de Ron Howard, se utilizan coches reales, pero todos los accidentes y las escenas delicadas de competición cuerpo a cuerpo tienen la mano del CGI (Imagen generada por ordenador), en el Le Mans de McQueen, los coches por supuesto son reales, pero en este caso tan reales que muchas escenas de estos coches estuvieron filmadas en la propia competición, tan reales eran algunas escenas, que los mejores pilotos profesionales de la época participaron en el rodaje e incluso alguno de ellos, sufrieron serios accidentes simulando el propio accidente (David Piper perdió una pierna), En definitiva, aquí no había trampa ni cartón, no había efectos especiales de ningún tipo. Todo se encomendaba a la famosa máxima del ‘Debe ser real’.

Estoy convencido, que en un mundo cada vez políticamente mas correcto, donde hasta la mayor nimiedad es susceptible de ofender a un colectivo, en un mundo donde los deportistas parecen surgidos de un programa de laboratorio, en un mundo donde las personalidades carecen de sello propio y la transgresión se percibe como impostada, son personajes como McQueen en su faceta de piloto-actor dispuesto a jugárselo todo por perseguir su sueño, los que suponen el auténtico ‘the real thing’. Es la búsqueda de lo genuino, frente a lo prefabricado.

Ejemplos de esta trascendencia

El Porsche 917, cada año que pasa, aparece con mayor frecuencia en las listas, como el mejor y más bonito coche de carreras de todos los tiempos y siendo indudable que fue un cochazo, ha habido coches más bonitos como el Ferrari P4 o más exitosos como incluso otros modelos de la propia casa Porsche como el modelo 962. Una rápida búsqueda en Google nos demostrará el porqué: El modelo que con mayor frecuencia aparece en los resultados, es el que porta la icónica decoración de la petrolera Gulf con el dorsal número 20, el modelo que pilotaba McQueen en la película. Es importante destacar que el Porsche 917, aunque ganó dos veces las 24 horas de LeMans, nunca lo hizo con la decoración de Gulf.

placeholder Le Mans
Le Mans

Es curioso también comprobar como hoy día, a la propia compañía Gulf, le llueven al cabo del año millones de dólares en royalties, fruto de la venta de artículos que representan su logo e imagen de la época, existiendo incluso tiendas dedicadas exclusivamente a ello donde venden todo tipo de artículos desde ropa, marroquinería o relojes. Impresionante paradoja, que en 2020, para resultar ‘cool’ sea una buena idea equiparse al estilo que lo hacía Steve McQueen hace 50 años.

Curioso también observar como la relojera TagHeuer, tiene hoy día de sus cinco relojes superventas, tres de ellos pertenecientes a la ´línea McQueen’. La casa suiza venía utilizando la imagen del famoso actor americano combinándola con la de Ayrton Senna desde hace años, pero con el propósito de romper esta dependencia, en 2014 ficharon al futbolista número 1 del mundo Cristiano Ronaldo y a Cara Delevigne, considerada la principal Top Model del momento. Se suponía aquello una apuesta ganadora, pero pasaron los años y se comprobó que los personajes no tiraban, la gente seguía pidiendo en las tiendas los relojes del team ‘Steve & Ayrton’. Te dirían loco si cuestionabas que un actor y un piloto desaparecidos hace 40 y 25 años respectivamente iban a imponerse a las megaestrellas globales de la actualidad, pero la realidad es que se comieron con patatas a los máximos ‘influencers’ del mundo con sus millones de seguidores en redes sociales. Hoy día las relojerías de todo el mundo vuelven a lucir en sus escaparates a Steve McQueen, con su uniforme de piloto en LeMans y su cronógrafo ‘Monaco’.

placeholder Steve McQueen en la publicidad de TAGHeuer.
Steve McQueen en la publicidad de TAGHeuer.

Tal impacto al final es el que ha dejado aquel proyecto fallido de McQueen que ante el abusivo uso que se está haciendo del nombre de la imagen del actor y la película en todo tipo de subastas y acciones comerciales, el ‘Steve McQueen Family Estate’ que gestiona Chad, el hijo del actor, ha ganado recientemente sucesivas demandas ante el enriquecimiento abusivo de particulares y empresas que han asociado el nombre de su padre y aquella película ‘maldita’ para promocionar sus ventas.

En definitiva, estamos ante un caso donde ser fiel a unas ideas y un sueño, puede llevarnos inicialmente al fracaso, pero sin saberlo quizá también estemos haciendo lo más trascendente y valioso de nuestras vidas, así que si fracasais en vuestro proyecto personal, acordaros de McQueen, que hoy día ya es ‘The coolest man ever’, para que nos entendamos, el tío mas enrollado de todos los tiempos.

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